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INTERNET The Hacker Crackdown La caza de hackers Ley y Desorden en la Frontera Electrónica Bruce Sterling
Freeware literario Prohibido el uso comercial Traducción: El Equipo de Traductores de Kriptópolis Introducción a la edición electrónica en español Tienes en tu pantalla, el trabajo voluntario de un equipo de internautas de habla española. Su residencia formal se extiende por España y buena parte de Latinoamérica, pero utilizando Internet hemos podido reunirnos y llevar a cabo la traducción de este texto de Bruce Sterling. Hace ya tiempo vimos que el material sobre cibercultura e Internet en español era más bien escaso y pobre. Hay gran cantidad de revistas y libros, pero suelen limitarse a aspectos técnicos y no hay apenas nada, sobre los aspectos sociales del ciberespacio. Por ello, dado que conocíamos la obra de Bruce Sterling y la consideramos muy valiosa, nos pusimos en contacto con él y le pedimos permiso para traducir 'The Hacker Crackdown'. No nos puso ningún reparo y muy amablemente nos autorizó. Mediante el boletín de Kriptópolis, el grupo inicial de trabajo -solamente cuatro personas- conseguimos reunir finalmente una treintena de voluntarios, con lo que pudimos llevar este proyecto a buen puerto. El resultado es este texto, que por supuesto al igual que la edición en inglés, puedes distribuirlo libremente, mientras no suponga beneficios económicos e incluyas la lista de todas las personas que lo tradujeron. Esperamos que lo disfrutes y que te sea útil para adentrarte en esos aspectos de Internet, que son algo más, que mirar páginas web o charlar en chats. El equipo de traductores de Kriptópolis Esta traducción de 'The Hacker Crackdown' fue llevada a cabo por las siguientes personas: Del capitulo I: Martín, José Luís De los capítulos II, III y IV Arias, Luis Arteaga, Manuel Juan Ausejo Prieto, Rafael Ayora, Jorge Benedi Sánchez, Octavio Bernad, José María Bravo, Blanca Bravo, Juan Carmona, Isidro Casacuberta, David Cortes, Francisco Diéguez, María Luz Fernández Bañuelos, Juan Gerardo. Fons, Vicente Franquelo, Amelia Lázaro-Galdiano, Borja Martín, José Luís Montesinos, Antonio Pérez Correa, Pedro Quintero, Leonardo Rodríguez Ocampo, Marden Roberto Rojas, Fernando Salazar, Walter Sanz, Antonio Sánchez Blanco, Sonia Santacreu Alfonso, Alejandro Suárez, Jaime Tokman, Martín Vales, Miguel Ángel Vaquerizo, Eduardo Revisores Casacuberta, David López, Carlos. Magnus, Sven. Montesinos, Antonio Revisión global, diseño y maquetación Ardura Martín, Julián Esta traducción es un proceso en continua evolución. Si observas algún error, alguna frase mal expresada, etc., envía el gazapo a: Da5id@globaldrome.org Prólogo a la edición electrónica 1 de enero de 1994 - Austin, Texas ¡Hola! Soy Bruce Sterling, el autor de este libro electrónico. En el tradicional mundo de la imprenta, 'The Hacker Crackdown' tiene el ISBN 0-553-08058-X y está catalogado formalmente por la Biblioteca del Congreso como:
'Prácticas ilegales', siempre me ha gustado esa descripción. Los bibliotecarios son gente muy ingeniosa. La edición en rústica tiene el ISBN 0-553-56370-X. Si compras una versión impresa de 'The Hacker Crackdown', algo a lo que te animo, te darás cuenta de que al principio del libro, debajo del Copyright -"Copyright (c) 1992 Bruce Sterling"- está este pequeño bloque de texto legal del editor. Dice y cito textualmente: "Ninguna parte de este libro puede ser reproducida o transmitida de ninguna manera y por ningún medio, electrónico o mecánico, incluyendo la fotocopia, la grabación, o cualquier otro sistema de almacenamiento y recuperación de información, sin permiso escrito del editor. Para más información, diríjase a Bantam Books". Éste es un buen descargo de responsabilidad, dado el estilo habitual de estos descargos. Colecciono descargos de propiedad intelectual, he visto docenas de ellos y éste es al menos, bastante franco. Sin embargo, en este caso particular, no es bastante preciso. Los de Bantam Books ponen este descargo en todos y cada uno de los libros que publican, pero Bantam Books no posee realmente los derechos electrónicos del libro. Yo los poseo, gracias a ciertas maniobras que mi agente y yo hicimos, antes de que se escribiera este libro. Quiero ceder esos derechos de publicación electrónica a través de ciertos canales sin fines de lucro y he convencido a Bantam de que es una buena idea. Dado que Bantam ha decidido pacíficamente ajustarse a mis esquemas, los de Bantam Books no van a andar metidos en el asunto. Con tal de que no intentes vender este libro, no te molestarán, hagas lo que hagas con la copia electrónica. Si quieres comprobarlo personalmente, puedes preguntárselo. Su dirección es: Broadway, 1540 Nueva York Nueva York 10036. Sin embargo, si has sido tan estúpido como para imprimir este libro y empezar a venderlo, sin respetar mi Copyright y los intereses comerciales de Bantam Books, entonces Bantam, una parte del gigantesco grupo editorial multinacional Bertelsmann, sacará de su estado de hibernación algunos de sus indestructibles abogados y te aplastarán como a una cucaracha. Es lo lógico. No escribí este libro para que tú pudieras ganar dinero. Si alguien va a ganar dinero con este libro, ésos seremos mi editor y yo. Mi editor se merece ganar dinero con este libro. Los chicos de Bantam Books no sólo me encargaron que lo escribiera y me pagaron una buena suma por ello, sino que además, valientemente, imprimieron un documento electrónico cuya reproducción podría ser un delito federal. Bantam Books y sus numerosos abogados fueron muy valientes con este libro. Es más, mi antigua editora de Bantam Books, Betsy Mitchell, se preocupó sinceramente por este proyecto y trabajó duro en él. Dio muchos y muy sabios consejos sobre el manuscrito. Betsy se merece que se reconozcan sus méritos, algo que rara vez los editores consiguen. Los críticos se portaron bien con 'The Hacker Crackdown' y comercialmente hablando, le ha ido bien al libro. Por otro lado, no escribí este libro para arrebatar hasta el último centavo, de los bolsillos de estudiantes ciberpunks de secundaria con escasos recursos. Los adolescentes no tienen dinero -no, ni siquiera los seis dólares que cuesta la edición en rústica de 'The Hacker Crackdown', con su atractiva portada en rojo brillante y su útil índice. Es una de las razones principales por las que los adolescentes sucumben a veces a la tentación, de hacer cosas que no deberían, como mangarles mis libros a las bibliotecas. Niños: éste es completamente vuestro, ¿Entendido? Id a devolver la versión en papel. '8-) Los bienintencionados activistas pro derechos civiles tampoco tienen mucho dinero. Y parece casi criminal, sacarle dinero a la mal pagada comunidad de agentes especializados en delitos electrónicos. Si eres un policía electrónico, un hacker o un activista pro ciberderechos, eres el lector ideal de este libro. Escribí este libro porque quería ayudarte y ayudar a otra gente, a entenderte a ti y a tus, exclusivos, -¡eh!- problemas. Escribí este libro para ayudarte en tus actividades y para contribuir al debate público, de importantes asuntos políticos. Difundiendo el texto de esta manera, estoy contribuyendo directamente al objetivo definitivo del libro: ayudar a civilizar el ciberespacio. La información quiere ser libre. Y la información que hay dentro de este libro anhela su libertad con una especial intensidad. Creo que en realidad, el hábitat natural de este libro es una red electrónica. Es posible que éste no sea el método más sencillo de conseguir ganancias para el autor, pero eso no importa. Este libro pertenece a este lugar por su naturaleza. He escrito otros libros -muchos otros. Escribiré más y estoy escribiendo más, pero éste es especial. He hecho que 'The Hacker Crackdown' esté disponible electrónicamente lo más ampliamente posible y si te gusta el libro y crees que es útil, haz tú lo mismo. Puedes copiar este libro electrónico. ¡Cópialo mil puñeteras veces! Sé mi invitado y dále esas copias a todo el que las quiera. El aún joven mundo del ciberespacio está lleno de administradores de sistemas, profesores, ciberbibliotecarios, gurús de la red y varias especies de ciberactivistas. Si perteneces a alguno de estos grupos, sé como eres y sé por lo que pasas, cuando intentas ayudar a la gente a conocer la frontera electrónica. Espero que tener este libro en formato electrónico aliviará tus dificultades. Ciertamente, este tratamiento de nuestro espectro social electrónico, no es de lo mejor en rigor académico. Y políticamente puede ofender y molestar a casi todo el mundo. Pero, -¡Eh!- me han dicho que es legible y el precio no está nada mal. Puedes dejar disponible el libro en BBS, en nodos de Internet, o en grupos de noticias. No lo dudes y hazlo, te doy permiso desde ahora mismo. Disfruta. Puedes copiar el libro en un disquete y difundirlo así, mientras no obtengas beneficios por ello. Pero este libro no es de dominio público. No puedes atribuirte el Copyright. Yo poseo el Copyright. Intentar piratear el libro y ganar dinero vendiéndolo puede meterte en serios pleitos. Créeme, no vale la pena hacerlo por la miseria que vas a ganar. Este libro no te pertenece. De una extraña manera, siento incluso que tampoco me pertenece a mí. Es un libro sobre la gente del ciberespacio y distribuirlo así, es la mejor manera que conozco de hacer esta información fácil y gratuitamente accesible a todos ellos -incluyendo a gente lejos de las fronteras de los Estados Unidos, que de otra forma, puede que nunca tuvieran la oportunidad de ver una edición de este libro y hasta es posible, que aprendan algo útil de esta extraña historia de distantes y oscuros, aunque portentosos, acontecimientos, en el llamado "Ciberespacio Americano". Este libro electrónico es ahora, freeware literario. Ahora pertenece, a la emergente región de la economía de la información alternativa. No tienes ningún derecho, a convertir este libro en parte del flujo comercial convencional. Déjale ser parte del flujo de conocimiento: hay diferencia. He dividido este libro en cuatro secciones para que sea más fácil de descargar de una red. Si hay alguna sección en especial que puede ser importante para ti y tus colegas, puedes copiar esa parte y olvidarte del resto. Simplemente haz más copias cuando lo necesites y dáselas a cualquiera que las pida. Y ahora, disfrútalo. Bruce Sterling - bruces@well.sf.ca.us
Cronología de La Caza de Hackers
Introducción Este es un libro sobre policías, locos adolescentes prodigio, abogados, anarquistas, técnicos industriales, hippies, millonarios con negocios en la alta tecnología, aficionados a los juegos, expertos en seguridad en computadoras, agentes del Servicio Secreto, y ladrones. Este libro trata, sobre la frontera electrónica de los 90. Habla de actividades que tienen lugar en computadoras y líneas telefónicas. Un escritor de ciencia ficción, acuñó en 1982, el útil término ciberespacio. Pero el territorio en cuestión, la frontera electrónica, tiene unos ciento treinta años. El ciberespacio es el lugar en el que una conversación telefónica parece tener lugar. No en el interior de tu teléfono, el dispositivo de plástico de tu mesa. No en el interior del teléfono de la otra persona, en otra ciudad. El lugar entre los teléfonos. El lugar indefinido de ahí fuera, donde vosotros dos, dos seres humanos, os encontráis y os comunicáis. Aunque no es exactamente real, el ciberespacio es un lugar que existe. Hay cosas que ocurren allí que tienen consecuencias muy reales. Este lugar no es real, pero es serio, es importante. Decenas de miles de personas han dedicado su vida a él, el servicio público de comunicación por cable y sistemas electrónicos. La gente ha trabajado en esta frontera desde generaciones. Unos se hicieron ricos y famosos por su trabajo en ella. Algunos simplemente jugaron en ella, como aficionados y otros reflexionaron seriamente sobre ella, escribieron sobre ella, la regularon, llevaron a cabo negociaciones sobre ella en foros internacionales y se demandaron unos a otros por ella, en gigantescas y épicas batallas legales, que duraron años. Y casi desde el principio, algunas personas han cometido delitos en este lugar. Pero en los últimos veinte años, este espacio eléctrico, que antes era delgado, oscuro y unidimensional -poco más que un estrecho tubo, estirándose de un teléfono a otro-, se ha abierto explosivamente, como una versión gigantesca de esas cajas con un muñeco de resorte. La luz lo inunda, la fantasmagórica luz de la brillante pantalla de la computadora. Este oscuro submundo eléctrico se ha convertido en un vasto y floreciente paisaje electrónico. Desde la década de los 60, el mundo del teléfono se ha entremezclado con las computadoras y la televisión. Y aunque no hay materia aún en el ciberespacio, nada que puedas manejar, tiene ahora una extraña clase de corporeidad. Hoy en día tiene sentido hablar del ciberespacio, como de un lugar. Porque ahora la gente vive en él. No unas pocas personas, no sólo unos pocos técnicos y algunos excéntricos, sino miles de personas, personas corrientes. Y no durante poco rato, sino durante horas a lo largo de semanas, meses, años. El ciberespacio es hoy en día una Red, una Matriz de alcance internacional, que crece rápida y constantemente. Crece en tamaño, en riqueza y en importancia política. Hay gente, cuya carrera profesional está teniendo lugar por completo en el ciberespacio. Científicos y técnicos, por supuesto; han estado allí desde hace veinte años. Pero el ciberespacio se llena cada vez más, de periodistas, médicos, abogados, artistas y empleados. La carrera profesional de los funcionarios públicos ahora tiene lugar allí, conectados a enormes bases de datos del gobierno; y lo mismo le ocurre a los espías, sean espías industriales, de agencias del gobierno, o simples fisgones; y también a los policías, al menos a unos pocos de ellos. Y ahora hay niños que viven allí. Hay gente, que se ha conocido y se ha casado allí. Hay comunidades enteras viviendo en el ciberespacio hoy en día; charlando, cotilleando, planeando, consultándose y esquematizando, enviándose unos a otros correo de voz y correo electrónico, dándose unos a otros grandes e ingrávidos bloques de valiosos datos, legítimos e ilegítimos. Se pasan muchas veces software y a veces virus informáticos muy infecciosos. Realmente, aún no entendemos cómo vivir en el ciberespacio. Estamos buscando nuestro camino en él, tropezándonos. No es nada sorprendente. Nuestras vidas en el mundo físico, el mundo real, también están muy lejos de ser perfectas, a pesar de tener mucha más práctica. La vida humana, la verdadera vida, es imperfecta por naturaleza y hay seres humanos en el ciberespacio. La forma en la que vivimos en el ciberespacio, es un espejo de la forma en la que vivimos en el mundo real. Llevamos con nosotros nuestras virtudes y nuestros problemas. Este libro trata de problemas en el ciberespacio. Específicamente, sobre ciertos sucesos extraños que tuvieron lugar en 1990, un asombroso año sin precedentes para el creciente mundo de las comunicaciones informatizadas. En 1990 tuvo lugar en todo el país una caza de hackers, con arrestos, denuncias, un dramático juicio-espectáculo, varias condenas y abundantes confiscaciones de datos y equipos en todo Estados Unidos. La Caza de Hackers de 1990, fue mayor, mejor organizada, más intencionada y más decidida, que cualquier otra acción previa en el valiente nuevo mundo del delito informático. El Servicio Secreto de Estados Unidos, civiles expertos en seguridad telefónica, departamentos, brigadas de policía estatales y locales, unieron sus recursos en un decidido esfuerzo, por aplastar la cabeza del underground electrónico americano. Fue una campaña fascinante, con resultados muy dispares. La Caza de Hackers tuvo otro efecto sin precedentes; provocó la creación dentro de la comunidad informática, de la Electronic Frontier Foundation, un nuevo y extraño grupo de presión, tenazmente dedicado al establecimiento y la protección de los derechos civiles electrónicos. La Caza, notable por sí misma, creó un tumultuoso debate sobre el delito electrónico, las penas, la libertad de prensa, y cuestiones referentes a registros y confiscaciones de bienes. La política ha entrado en el ciberespacio. Allí donde va la gente, va la política. Ésta es la historia de la gente del ciberespacio.
1 Reventando el sistema El 15 de enero de 1990, el sistema de centralitas de larga distancia de AT&T se vino abajo. Fue un extraño y grave suceso de proporciones gigantescas. Sesenta mil personas se quedaron sin teléfono. Durante las nueve largas horas de desesperados trabajos que llevó restablecer el servicio, unas setenta millones de llamadas no pudieron realizarse. Los fallos de servicio, conocidos como cortes en el mundo de las telecomunicaciones, son un riesgo conocido y aceptado en el negocio telefónico. Los huracanes hacen que miles de cables de teléfono se partan. Los terremotos arrancan cables de fibra óptica enterrados. Las centralitas se incendian y no quedan más que cenizas. Estas cosas ocurren. Hay planes de emergencia para resolverlas y décadas de experiencia tras ello. Pero la caída del 15 de enero no tenía precedentes. Fue increíblemente enorme y ocurrió sin razón física aparente. El fallo de sistema comenzó un lunes por la tarde en una centralita de Manhattan. Pero a diferencia de cualquier simple daño físico, se extendió y extendió. Centralitas de toda América, se colapsaron una tras otra en una reacción en cadena, hasta que la mitad de la red de AT&T se estropeó. Mientras, la otra mitad tenía dificultades para hacerse con la sobrecarga. Después de nueve horas, los ingenieros de software de AT&T comprendieron más o menos qué había producido el fallo. Reproducir el problema exactamente, estudiando minuciosamente el software línea a línea, les llevó un par de semanas. Pero como era difícil de entender técnicamente, toda la verdad del asunto y sus implicaciones no fueron amplia y detalladamente explicadas. La causa principal del fallo, se mantuvo en la oscuridad, rodeada de rumores y de temor. El fallo, fue una gran vergüenza para la compañía. El culpable, era un error en el propio software de AT&T, algo que no era de la clase de culpas que el gigante de las telecomunicaciones quería reconocer, especialmente al tener que enfrentarse a una competencia cada vez mayor. Al menos se dijo la verdad, en los desconcertantes términos técnicos, que era necesario emplear para explicarlo. De alguna manera, la explicación no convenció a las agencias de seguridad del Estado americanas, e incluso, tampoco al personal de seguridad de las empresas de telefonía. Estas personas no eran expertos técnicos o grandes programadores y habían elaborado sus propias sospechas acerca de la causa del desastre. La policía y los departamentos de seguridad de telecomunicaciones, tenían importantes fuentes de información, que eran denegadas a simples ingenieros de software. Tenían informadores en el underground informático y años de experiencia en tratar con cierto gamberrismo de alta tecnología, que parecía hacerse cada vez más sofisticado. Durante años habían estado esperando un ataque directo y salvaje contra el sistema telefónico americano. Y con la caída del sistema del 15 de enero -la primera de una nueva década de alta tecnología- sus predicciones, miedos y sospechas, parecían haber entrado en el mundo real. Un mundo, en el que el sistema telefónico no había fallado por sí solo, sino que había sido atacado por hackers. El fallo, creó una nube oscura de sospechas, que determinaría las suposiciones y acciones de cierta gente durante meses. El hecho, de que tuviera lugar en el área de software era sospechoso. El hecho de que ocurriera el Día de Martin Luther King, aún hoy la fiesta americana con más carga política, hizo todo, todavía más sospechoso. La caída del sistema del 15 de enero, propició que se considerara urgente y necesaria La Caza de Hackers. Hizo que gente, gente poderosa en puestos de autoridad, deseara creer lo peor. Y fatalmente, ayudó para que los investigadores desearan tomar medidas extremas y preservaran un casi total secretismo. Un oscuro fallo de software en un anticuado sistema de centralitas de Nueva York, iba a provocar una reacción en cadena de problemas constitucionales y legales en todo el país. Al igual que el fallo en el sistema telefónico, esta reacción en cadena estaba esperando la primera ocasión para ocurrir. Durante los 80, el sistema legal americano fue ampliamente parcheado para enfrentarse a los nuevos asuntos que traía consigo el delito informático. Estaba, por ejemplo, el "Acta de Privacidad de las Comunicaciones Electrónicas de 1986" -elocuentemente descrita, como una cosa apestosa por un oficial de policía-. Y también estaba la draconiana "Acta de Fraudes y Delitos Informáticos de 1986", aprobada unánimemente por el Senado de los Estados Unidos, que después demostraría tener un gran número de defectos. Se habían hecho grandes y bienintencionados esfuerzos para mantener al día el sistema legal. Pero en el día a día del mundo real, incluso el software más elegante, tiende a derrumbarse y mostrar repentinamente sus fallos ocultos. Si el sistema telefónico lo parecía, el sistema legal americano no estaba en ruinas por un fallo temporal; pero para aquéllos que fueron aplastados por el peso del sistema en colapso, la vida se convirtió en una serie de desvanecimientos y anomalías. Para entender por qué ocurrieron estos extraños sucesos, en el mundo de la tecnología y en el de las leyes, no basta con entender los simples problemas técnicos. Llegaremos a entenderlos; pero para empezar, debemos intentar entender cómo funciona el teléfono, el negocio de la telefonía y la comunidad de seres humanos que los teléfonos han creado. La tecnología tiene ciclos vitales, al igual que las ciudades, las instituciones, las leyes o los gobiernos. El primer estadio de un invento es el Interrogante, también conocido por el estadio de "Prototipo Imaginario". En esta temprana etapa, el invento es sólo un fantasma, un simple reflejo en el ojo del inventor. Uno de dichos inventores fue un profesor de fisiología vocal y electricista aficionado, llamado Alexander Graham Bell. Los primeros inventos de Bell, aunque ingeniosos, no movieron el mundo. En 1863, siendo Bell un adolescente, fabricó, junto a su hermano Melville, un mecanismo artificial de habla, hecho de madera, caucho, gutapercha y hojalata. Este extraño dispositivo tenía una lengua cubierta de caucho, hecha de segmentos móviles de madera y cuerdas vocales, labios y mejillas, de caucho. Mientras Melville accionaba un fuelle dentro de un tubo de hojalata, imitando a los pulmones, el joven Alec Bell manipulaba los labios, los dientes y la lengua, haciendo que aquella cosa emitiera un galimatías de sonidos en un falsete muy agudo. Otro aspirante a gran avance técnico fue el "fonoautógrafo" de Bell de 1874, hecho con el oído completo de un cadáver. Colocado en un trípode, este espeluznante artilugio dibujaba ondas de sonido en un cristal ahumado utilizando una plumilla pegada a los huesecillos del oído. La mayoría de los "Prototipos Imaginarios" no van a ninguna parte. Pero el segundo estadio de un invento es la "Estrella Naciente" o el estadio de "Prototipo Tonto". El teléfono, el artilugio más ambicioso de Bell, alcanzó esta fase el 10 de marzo de 1876. Aquel gran día, Alexander Graham Bell se convirtió en la primera persona que logró transmitir eléctricamente voz humana comprensible. Lo que ocurrió fue que el joven Profesor Bell, trabajando intensamente en su laboratorio de Boston, se echó ácido accidentalmente en los pantalones. Su ayudante, el Sr. Watson, oyó sus gritos de ayuda a través del audio-telégrafo experimental de Bell. Era un hecho sin precedentes. Los inventos en su estadio de "Prototipo Tonto" rara vez funcionan muy bien. Son experimentales y por tanto, están a medio hacer y bastante hechos polvo. El prototipo puede ser atrayente, original y dar la impresión de ser bueno de una manera u otra. Pero nadie, incluyendo al inventor, está muy seguro de por qué es así. Los inventores y los entendidos pueden tener ideas muy firmes sobre su uso potencial, pero con frecuencia estas ideas están equivocadas. El hábitat natural del "Prototipo Tonto" son las ferias comerciales y la prensa. Los inventos recién nacidos necesitan publicidad e inversiones al igual que un ternero necesita leche. Esto era muy cierto hablando de la máquina de Bell. Para conseguir dinero, Bell hizo un tour con su dispositivo como una atracción de feria. Los artículos de prensa de la época dicen, que el debut del teléfono provocó un asombro alegre, mezclado con mucho miedo. El teléfono que Bell usaba en sus demostraciones era una gran caja de madera con una rudimentaria boquilla, teniendo el aparato un tamaño algo mayor que el de una cámara Brownie. Su vibrante altavoz de acero, con potentes electroimanes, era lo suficientemente potente como para oírse en todo un auditorio. Watson, el ayudante de Bell, hábil intérprete de órgano, tocaba junto a un teléfono desde habitaciones a cierta distancia y más tarde, tocó desde otras ciudades. Esto fue considerado maravilloso, pero también inquietante. El concepto original que Bell tenía sobre el teléfono, una idea que defendió durante un par de años, era el de convertirlo en un medio de masas. Hoy podemos ver que la idea original de Bell se aproxima al moderno hilo musical. Desde una central, los teléfonos transmitirían música, sermones dominicales e importantes discursos a una red de abonados. En aquel momento, la mayoría de la gente pensaba que este concepto sonaba bien. De hecho, la idea de Bell era factible. En Hungría, esta utilización del teléfono fue llevada a la práctica diaria con éxito. En Budapest, durante décadas, desde 1893 hasta después de la Primera Guerra Mundial, había un servicio de información perteneciente al gobierno llamado "Telefon Hirmondo1/2". "Hirmondo1/2" fue una fuente centralizada de noticias, entretenimiento y cultura, incluyendo información bursátil, obras de teatro, conciertos y lecturas de novelas. A determinadas horas del día, el teléfono sonaba, conectabas un altavoz para que lo oyera toda la familia y "Telefon Hirmondo1/2" estaba en antena, o mejor dicho, en el teléfono. Hirmondo1/2 es una tecnología muerta hoy en día, pero "Hirmondo1/2" podría ser considerado el ancestro espiritual de los modernos servicios informáticos de datos a los que se accede por línea telefónica, como Compuserve, Genie o Prodigy. El principio que subyace bajo la idea de "Hirmondo1/2" tampoco está muy lejos de las BBS, que aparecieron a finales de los años 70 y se extendieron rápidamente por América, éstas aparecerán con frecuencia en este libro. Estamos acostumbrados a usar los teléfonos para conversaciones individuales porque estamos acostumbrados al sistema de Bell. Pero ésta podría ser sólo una posibilidad entre muchas. Las redes de comunicación son muy flexibles y potentes, especialmente cuando su hardware es suficientemente avanzado. Pueden utilizarse para todo tipo de cosas. Así ha sido y así seguirá siendo. El teléfono de Bell había sido elegido para la gloria, pero esto se debió a una combinación de decisiones políticas, astutas batallas judiciales, inspirados liderazgos en la industria, actitudes locales muy receptivas y pura buena suerte. Mucho de esto es hoy también válido para los sistemas de comunicaciones actuales. Bell y sus patrocinadores, al luchar para instalar su moderno sistema en el mundo real de la Nueva Inglaterra del siglo XIX, tuvieron que enfrentarse al escepticismo y la competencia de otras industrias. Ya había entonces una fuerte red eléctrica de comunicaciones en América: el telégrafo. El presidente del sistema telegráfico de Western Union despreció el prototipo de Bell, llamándolo juguete eléctrico y rehusó comprar los derechos de patente de Bell. El teléfono, al parecer, podía estar bien como entretenimiento de salón, pero no para negocios serios. Los telegramas, a diferencia de los teléfonos, dejaban un registro físico permanente de sus mensajes. Los telegramas, a diferencia de los teléfonos, podían contestarse cuando más le conviniera al destinatario. Y el telegrama tenía un mayor alcance que el primer teléfono de Bell. Estos factores hacían que la telegrafía pareciera una tecnología más fuerte y rentable -al menos a algunos. El sistema telegráfico era enorme y estaba muy consolidado. En 1876 los Estados Unidos tenían 214.000 millas de cable telegráfico y 8500 oficinas de telégrafo. Había telégrafos especiales para negocios, para comerciantes de ganado, para el gobierno, la policía y los bomberos. Y el juguete de Bell era más conocido como un dispositivo musical de barraca de feria. El tercer estadio de un invento es el estadio de "La Vaca Rentable". En esta etapa, un invento encuentra su lugar en el mundo, madura y se convierte en algo asentado y productivo. Después de casi un año, Alexander Graham Bell y sus patrocinadores concluyeron que una música extraña procedente del ciberespacio del siglo XIX, no era lo que iba a vender su invento. En su lugar, el teléfono iba a encontrar su lugar con la voz -voz personal e individual, la voz humana, conversación humana e interacción humana-. El teléfono no iba a ser gestionado desde un punto de difusión centralizado. Iba a ser una tecnología personal e íntima. Cuando descolgabas un teléfono, no estabas recibiendo la fría salida de una máquina: estabas hablando a otro ser humano. Una vez que la gente se dio cuenta de esto, su instintivo temor al teléfono como un extraño y artificial dispositivo, se desvaneció de repente. Una llamada de teléfono no era una llamada del teléfono mismo, sino una llamada de otro ser humano, alguien a quien generalmente conocerías y reconocerías. El punto clave no era lo que la máquina pudiera hacer por ti -o a ti-, sino lo que tú solo, una persona y un ciudadano, podía hacer a través de la máquina. El que la joven Bell Company tomara esta decisión era absolutamente vital. La primera red telefónica fue creada en Boston. Mayoritariamente creada entre gente interesada en la tecnología y gente con buena situación económica, -casi el mismo segmento de población que en América, cien años después, compraría computadoras personales-. Los bien situados partidarios del telégrafo siguieron con sus burlas. Pero en enero de 1878 un desastre hizo famoso al teléfono. Un tren tuvo un accidente en Tarrifville, Connecticut. Un nutrido grupo de médicos con amplitud de miras de la cercana ciudad de Hartford, tenían instalado el teléfono parlante de Bell. Un farmacéutico pudo telefonear a toda una comunidad de médicos de la localidad, que corrieron al lugar del accidente para ayudar. El desastre, como suele ocurrir, tuvo una gran cobertura en la prensa. El teléfono había demostrado su utilidad en el mundo real. Después de lo de Tarrifville, la red telefónica se extendió a gran velocidad. Hacia 1890, cubría toda Nueva Inglaterra. Hacia 1893 se completaba la red de Chicago. Hacia 1897, cubría Minnesota, Nebraska y Texas. Hacia 1904 se extendía por todo el continente. El teléfono se había convertido en un invento maduro. El profesor Bell, -ahora generalmente conocido como "el Doctor Bell", aunque no poseía ningún título- se hizo muy rico. Perdió interés por el tedioso día a día de los negocios relacionados con la creciente red telefónica y volvió su atención a trastear en sus laboratorios, que ahora eran mucho más grandes y estaban mejor ventilados y equipados. Bell nunca más tendría otro gran éxito como inventor, aunque sus estudios y prototipos anticiparon la transmisión por fibra óptica, el piloto automático, el sonar, los buques hidrofoil, la construcción tetraédrica y la educación Montessori. El decibelio, la unidad estándar de medición de la intensidad de un sonido, fue denominada así en honor a Bell. No todas las especulaciones y "prototipos imaginarios" de Bell tuvieron una gran inspiración. Le fascinaba la eugenesia. Y empleó muchos años desarrollando un extraño sistema astrofísico en el que la gravedad no existía. Bell era un excéntrico de manual. Era en cierta forma un hipocondríaco y a lo largo de toda su vida tuvo por costumbre, no irse a dormir hasta las cuatro de la mañana y no levantarse hasta el mediodía. Pero había logrado una gran hazaña; era el ídolo de millones de personas, y su influencia, su fortuna y su encanto personal, combinados con su excentricidad, le convirtieron en una figura super-popular. Bell dirigía un próspero salón de tertulias científicas, en su mansión de invierno en Washington D.C., lo que le dio una considerable influencia entre bastidores en círculos científicos y gubernamentales. Era uno de los principales patrocinadores de las revistas 'Science' y 'National Geographic', que aún hoy, son importantes instrumentos del establishment científico americano. El compañero de Bell, Thomas Watson, con una fortuna similar y unas peculiaridades similares, se convirtió en un ferviente discípulo de un escritor de ciencia-ficción y aspirante a reformador social del siglo XIX, Edward Bellamy. Watson también pisó los escenarios brevemente como actor de obras de Shakespeare. Nunca más habría otro Alexander Graham Bell, pero en los siguientes años habría un sorprendente número de personas como él. Bell era el prototipo de empresario dedicado a la alta tecnología. Los empresarios dedicados a la alta tecnología jugarán un papel muy importante en este libro: no meramente como técnicos y hombres de negocios, sino también como pioneros de la frontera electrónica, que pueden arrojar a la arena política y social, el poder y el prestigio que obtienen de la alta tecnología. Como los empresarios que aparecerían tiempo después, Bell era un feroz defensor de su territorio tecnológico. A medida que el teléfono empezó a prosperar, Bell se vio rápidamente metido en duras causas en defensa de sus patentes. No obstante, los abogados de Bell en Boston eran excelentes y el mismo Bell, como profesor de oratoria y orador público bien capacitado, era devastadoramente eficaz testigo legal. En los dieciocho años que duraron las patentes de Bell, la Bell Company se enfrentó a seiscientas causas. Los sumarios impresos ocuparon 149 volúmenes. La Bell Company ganó todas y cada una de las causas. Después de que las patentes exclusivas de Bell expiraran, empezaron a expandirse compañías telefónicas rivales por toda América. La compañía de Bell, American Bell Telephone, pronto tuvo problemas. En 1907, American Bell Telephone cayó en poder del siniestro cártel financiero J.P. Morgan, tiburones especuladores que dominaban Wall Street. En este momento, la Historia podría haber tomado un rumbo diferente. Los americanos podrían haber sido usuarios para siempre, de un gran entramado de compañías telefónicas locales. Muchos políticos y hombres de negocios consideraron esto como una solución excelente. Pero la nueva dueña de Bell, American Telephone and Telegraph o AT&T, puso al frente de aquélla a un nuevo hombre, un visionario industrial llamado Theodore Vail. Vail, un antiguo funcionario de Correos, era capaz de comprender el funcionamiento de una gran organización y tenía un sentido innato para comprender la naturaleza de la comunicación a gran escala. Vail se ocupó rápidamente de que AT&T se hiciera con la tecnología punta de nuevo. El tipo de cable conocido como "loading coil" de Pupin y Campbell y el "audion" de deForest, son tecnologías que han desaparecido hoy en día, pero en 1913 dieron a la compañía de Vail las mejores líneas de larga distancia que jamás se hubieran construido. Con el control de la larga distancia -los enlaces entre y a través de las más pequeñas compañías locales- AT&T llevó rápidamente la voz cantante y empezó a devorarlas a diestro y siniestro. Vail, reinvirtió los beneficios en investigación y desarrollo, comenzando con la tradición de Bell, de la brillante investigación industrial a gran escala. Técnica y financieramente, AT&T gradualmente aplastó a la competencia. Las compañías telefónicas independientes nunca desaparecieron del todo y hoy en día cientos de ellas siguen funcionando. Pero la AT&T de Vail se convirtió en la compañía de comunicaciones suprema. En determinado momento, la AT&T de Vail compró la propia Western Union, la misma compañía que había despreciado el teléfono de Bell considerándolo un juguete. Vail reformó a fondo los anticuados negocios de la Western Union según sus modernos principios; pero cuando el gobierno federal empezó a inquietarse ante esta centralización de poder, Vail devolvió la Western Union cortésmente. Este proceso de centralización no era único. Hechos similares habían ocurrido en América en los sectores del acero, el petróleo y los ferrocarriles. Pero AT&T, a diferencia del resto de compañías, iba a mantenerse líder. Los tiburones monopolizadores de esas otras industrias fueron humillados y hechos pedazos por la cacería anti-monopolio emprendida por el gobierno. Vail, el antiguo funcionario de Correos, estaba dispuesto a satisfacer al gobierno de Estados Unidos; de hecho, forjaría una activa alianza con él. AT&T se convertiría, en casi un ala del gobierno americano, casi como si fuera otro Servicio de Correos -pero no tanto-. AT&T se sometería voluntariamente a la regulación federal, pero a cambio, tomaría las regulaciones del gobierno como su política de empresa, haciendo imposible la competencia, asegurando así los beneficios y la preeminencia del sistema de Bell. Este fue el segundo nacimiento -el nacimiento político- del sistema telefónico americano. El plan de Vail iba a seguir funcionando, con un éxito total, durante muchas décadas, hasta 1982. Su sistema era una extraña forma de socialismo industrial americano. Nació casi a la vez que el Leninismo. Duró casi lo mismo. Y hay que admitirlo, con unos efectos muy superiores. El sistema de Vail funcionaba. Exceptuando quizás la tecnología aerospacial, no ha habido ninguna otra tecnología mejor dominada por los americanos, que el teléfono. El teléfono era visto desde el principio, como una tecnología esencialmente americana. La política de empresa de Bell y la política de Theodore Vail, era una política profundamente democrática de acceso universal. El famoso eslogan corporativo de Vail, "Una Política, Un Sistema, Servicio Universal", era un eslogan político, con un toque muy americano. El teléfono americano no iba a convertirse es una herramienta especializada del gobierno o del mundo empresarial, sino en un bien de utilidad pública. Al principio, es verdad, sólo los ricos podían permitirse tener teléfonos privados y la compañía de Bell intentó primero conquistar el mercado de los negocios. El sistema telefónico americano era una inversión de capital, destinada a ganar dinero; no se trataba de caridad. Pero desde el principio, casi todas las comunidades con servicio telefónico tenían teléfonos públicos. Y muchas tiendas -especialmente las droguerías- ofrecían el uso público de sus teléfonos. Podías no tener teléfono, pero siempre podías acceder al sistema si realmente lo necesitabas. No hubo nada inevitable en esta decisión de hacer los teléfonos públicos y universales. El sistema de Vail implicaba una profunda confianza en el público. Esta decisión fue política, formada por los valores básicos de la república americana. La situación podría haber sido muy diferente; y en otros países, bajo otros sistemas, ciertamente lo fue. Iosif Stalin, por ejemplo, vetó los planes para crear el sistema telefónico soviético poco después de la revolución bolchevique. Stalin estaba convencido de que los teléfonos de acceso público se convertirían en instrumentos contrarrevolucionarios y conspiradores. -Probablemente tenía razón-. Cuando los teléfonos aparecieran en la Unión Soviética, serían instrumentos de la autoridad del Partido, siempre pinchados. La novela de Alexander Solzhenitsyn sobre los campos de prisioneros 'El Primer Círculo', describe los intentos de desarrollar un sistema telefónico más ajustado a los intereses de Stalin. Francia, con su tradición de gobierno centralizado y racional, había luchado duramente incluso contra el telégrafo, que era a ojos de los franceses, demasiado anárquico y frívolo. Durante décadas, los franceses del siglo XIX se comunicaron con el telégrafo visual, un sistema de semáforos de propiedad gubernamental extendido por todo el país, formado por enormes torres de piedra que emitían señales desde cimas de colinas, a través de grandes distancias, con grandes brazos, similares a los de los molinos. En 1846 un tal Dr. Barbay, un entusiasta de estos semáforos, publicó memorablemente una temprana versión de lo que podría llamarse el argumento del experto en seguridad contra los medios abiertos. "No, el telégrafo eléctrico no es una sólida invención. Siempre estará a merced de la más pequeña alteración y a merced de locos jóvenes, borrachos, vagos... El telégrafo eléctrico se enfrenta a estos elementos destructivos con sólo unos pocos metros de cable, en los cuales la supervisión es imposible. Un hombre podría él solo, sin ser visto, cortar los cables telegráficos que van a París y en veinticuatro horas cortar en diez puntos distintos, los cables de la misma línea sin ser arrestado. El telégrafo visual, por el contrario, tiene sus torres, sus altos muros, sus puertas bien guardadas desde el interior por hombres fuertemente armados. Sí, declaro, que sustituir el telégrafo visual por el eléctrico es una medida terrible, un acto verdaderamente estúpido." El Dr. Barbay y sus máquinas de piedra de alta seguridad al final no tuvieron éxito, pero su argumento -que la comunicación ha de ajustarse a la seguridad y a la conveniencia del Estado, que debe ser cuidadosamente protegida de los jóvenes alocados y de la escoria que podría querer reventar el sistema-, sería oído una y otra vez. Cuando por fin se creó el sistema telefónico francés, su ineficacia fue notoria. Los devotos del Sistema Bell de América, con frecuencia recomendaban un viaje a Francia a los escépticos. En la Inglaterra de Eduardo VII, las cuestiones referentes a la clase y la intimidad eran un lastre para el progreso del teléfono. Se consideraba escandaloso que cualquiera -cualquier tonto de la calle-, pudiera meterse a gritos en la casa o en la oficina de alguien, precedido solamente por el timbre del teléfono. En Inglaterra, los teléfonos eran tolerados para usarse en los negocios, pero los teléfonos privados tendían a estar encerrados y apartados en armarios, salas de fumadores, o en las habitaciones de los sirvientes. Los operadores telefónicos ingleses eran despreciados porque parecía que no conocían su lugar. Y nadie de buena familia habría osado escribir un número de teléfono en una tarjeta de visita; esto era considerado un intento de querer conocer extraños de muy poco gusto. Pero el acceso al teléfono en América iba a convertirse en un derecho popular; algo como el sufragio universal. Las mujeres americanas aún no podían votar cuando se implantó el sistema telefónico, y ya -al principio- las mujeres americanas adoraron al teléfono. Esta feminización del teléfono americano, era con frecuencia comentada por los extranjeros. Los teléfonos en América no estaban censurados y no se tenía que usar con rígidas maneras y con formalidad; eran privados, íntimos, estaban en el ámbito doméstico y permitían la relación social. En América, el Día de la Madre es sin duda, el día más atareado del año para la red telefónica. Las primeras compañías telefónicas y especialmente AT&T, estaban entre los principales empleadores de mujeres americanas. Daban empleo a grandes ejércitos de hijas de las clases medias americanas: en 1891, ocho mil mujeres; hacia 1946, casi un cuarto de millón. Las mujeres parecían disfrutar trabajando en el teléfono; era un empleo fijo, respetable, se pagaba bastante bien para lo que solían pagar a una mujer en el trabajo y por último, pero no por ello menos importante, parecía ser una buena contribución al bienestar social de la comunidad. Las mujeres consideraron atractivo, el ideal de servicio público de Vail. Esto era especialmente cierto en áreas rurales, donde las operadoras, haciéndose cargo de extensas líneas colectivas rurales, disfrutaban de un considerable poder social. La operadora conocía a todos los que estaban en la línea y todos la conocían a ella. Aunque el propio Bell era un ferviente sufragista, la compañía telefónica no dio empleo a mujeres para conseguir la liberación femenina. AT&T hizo esto por importantes razones comerciales. Los primeros operadores telefónicos del sistema Bell no fueron mujeres, sino adolescentes americanos. Eran chicos encargados de transmitir mensajes en el telégrafo -un grupo a punto de volverse técnicamente obsoleto-, que hacían la limpieza de la oficina telefónica, iban a reclamar los pagos no abonados por los clientes y hacían conexiones telefónicas en la centralita, todo por poco dinero. Durante el primer año de funcionamiento, 1878, la compañía de Bell aprendió una dura lección sobre combinar jovenzuelos con centralitas telefónicas. Poner a adolescentes a cargo del sistema telefónico llevo a un rápido y constante desastre. El ingeniero jefe de Bell les describió como Indios Salvajes. Los chicos eran muy groseros con los clientes. contestaban mal, con descaro, haciendo observaciones impertinentes... Los granujas decidieron tomarse libre el Día de San Patricio sin permiso. Y lo peor de todo, gastaban hábiles bromas con los cables de la centralita: desconectaban llamadas, cruzaban líneas, de forma que los clientes se encontraban hablando con extraños... Esta combinación de poder, habilidades técnicas y total anonimato, parece que actuó como un fuerte estimulante entre los adolescentes. Pero el fenómeno de chicos locos de los cables no se limitó a los Estados Unidos; desde el principio, ocurrió lo mismo en el sistema telefónico británico. Alguien comentó la situación así: "Sin duda, estos chicos no consideraron este trabajo como algo pesado y fastidioso. También es muy probable que bajo las primeras condiciones de trabajo, el espíritu aventurero e inquisitivo que posee cualquier chico sano a esa edad, no siempre fuera propicio para conceder la máxima atención a los deseos de los clientes." Así, los chicos fueron apartados del sistema -o al menos, privados del control de la centralita-. Pero el espíritu aventurero e inquisitivo de los adolescentes, volvería a aparecer en el mundo de la telefonía una y otra vez. El cuarto estadio en el ciclo de vida de un invento, es la muerte: "el Perro", tecnología obsoleta. El teléfono ha evitado hasta ahora este destino. Al contrario, se desarrolla, todavía en expansión, evolucionando y a una velocidad cada vez mayor. El teléfono, ha alcanzado el poco común estadio elevado de un aparato tecnológico: ha llegado a ser un objeto doméstico. El teléfono, al igual que el reloj, el bolígrafo y el papel, los utensilios de cocina y el agua corriente, se ha convertido en un aparato que sólo es visible en su ausencia. El teléfono es tecnológicamente transparente. El sistema global telefónico es la mayor y más compleja máquina del mundo y aún así, es fácil de utilizar. Más aún, el teléfono es casi del todo, físicamente seguro para el usuario. Para el ciudadano medio de 1870, el teléfono era más extraño, más sorprendente, más cercano a la alta tecnología y más difícil de comprender que los más extraños aparatos de computación avanzada lo son para nosotros. -Americanos de los años 90-. Al intentar comprender qué está ocurriendo hoy día, con nuestras BBS, llamadas internacionales directas, transmisiones por fibra óptica, virus informáticos, hackers y un intenso enredo de nuevas leyes y nuevos crímenes, es importante darse cuenta, de que nuestra sociedad se ha enfrentado a un desafío similar ya antes -y eso, con seguridad, lo hicimos bastante bien. El teléfono de feria de Bell parecía extraño al principio. Pero la sensación de extrañeza se desvaneció rápidamente una vez que la gente empezó a oír las familiares voces de parientes y amigos, en sus propias casas, desde sus propios teléfonos. El teléfono pasó de ser un aterrador tótem de alta tecnología, a ser un pilar cotidiano de la comunidad humana. Esto también ha ocurrido y sigue ocurriendo, con la redes de computadoras. Las redes como NSFnet, BITnet, USENET o JANET son técnicamente avanzadas, amedrentadoras y mucho más difíciles de usar que los teléfonos. Incluso las redes populares y comerciales, como Genie, Prodigy y Compuserve, causan muchos quebraderos de cabeza y han sido descritas como odiausuarios. De todas maneras, también están cambiando y pasando de ser complicados elementos de alta tecnología a ser fuentes diarias de la comunidad humana. Las palabras comunidad y comunicación tienen la misma raíz. Donde quiera que instales una red de comunicaciones, crearás a la vez una comunidad. Y si haces desaparecer esa red, lo hagas como lo hagas -confiscándola, declarándola ilegal, destruyéndola, elevando su coste por encima de lo permisible- estás hiriendo a esa comunidad. Las comunidades lucharán para defenderse. La gente luchará más dura y crudamente para defender sus comunidades, que para defenderse a sí mismos como individuos. Y esta es la realidad de la comunidad electrónica que se creó gracias a las redes de computadoras en los años 80 -o más bien, las diversas comunidades electrónicas en telefonía, seguridad del Estado, computación y en el underground digital, que hacia el año 1990, estaban registrando, uniéndose, arrestando, demandando, encarcelando, multando y proclamando encendidos manifiestos. Ninguno de los sucesos de 1990 era completamente nuevo. No ocurrió nada en 1990, que no hubiera tenido de una forma u otra un precedente más comprensible. Lo que dio a La Caza de Hackers su nuevo sentido de gravedad e importancia era el sentimiento -el sentimiento de una comunidad- de que el juego político había aumentado su importancia; aquel problema en el ciberespacio ya no era una simple travesura o una pelea sin conclusiones claras, sino una lucha genuina por cuestiones genuinas, una lucha por la supervivencia de la comunidad y por el futuro. Estas comunidades electrónicas, habiendo florecido durante los años 80, estaban creando una conciencia de sí mismas y era conscientes a su vez de la existencia de otras comunidades rivales. Estaban apareciendo temores por todos lados, mezclados con quejas, rumores y preocupadas especulaciones. Pero hacía falta un catalizador, un choque, para hacer evidente el nuevo mundo. Al igual que para Bell, fue una catástrofe lo que dio publicidad a su invento, -el Accidente del Tren de Tarrifville de enero de 1878- también se trataría esta vez de una catástrofe. Fue la caída del sistema de AT&T del 15 de enero de 1990. Después del fallo, la herida e inquieta comunidad telefónica surgiría luchando con dureza. La comunidad de técnicos de telefonía, ingenieros, operarios e investigadores es la comunidad más antigua del ciberespacio. Son los veteranos, el grupo más desarrollado, el más rico, el más respetable, de muchas maneras el más poderoso. Generaciones enteras han aparecido y desaparecido desde los días de Alexander Graham Bell, pero la comunidad que fundó sobrevive; hay gente que trabaja en el sistema telefónico cuyos abuelos trabajaron también para el sistema telefónico. Sus revistas especializadas, como 'Telephony', 'AT&T Technical Journal', 'Telephone Engineer and Management', llevan décadas publicándose; hacen que publicaciones informáticas como 'Macworld' y 'PC Week' parezcan aficionados recién llegados. Y las compañías telefónicas tampoco están en las últimas filas de la alta tecnología. Los investigadores industriales de otras compañías, pueden haberse hecho con nuevos mercados; pero los investigadores de los Bell Labs han ganado siete Premios Nobel. Un potente dispositivo que fue creado en los Bell Labs, el transistor, ha creado grupos enteros de industrias. Los Bell Labs son famosos en el mundo entero por crear una patente al día, y han hecho descubrimientos de vital importancia incluso en astronomía, física y cosmología. A través de sus setenta años de historia, Mamá Bell, más que una compañía, ha sido un estilo de vida. Hasta el cataclismo del desmantelamiento de los años 80, Mamá Bell fue quizás la mega-empleadora maternalista definitiva. La imagen corporativa de AT&T era la del amable gigante, la voz con una sonrisa, un vago mundo de socialismo real de técnicos de tendido telefónico, cuidadosamente afeitados y con cascos brillantes y de sosas chicas guapas, con auriculares y medias de nylon. Los empleados de Bell eran famosos por pertenecer a organizaciones benéficas como Kiwanis o por ser miembros del Rotary, por ser entusiastas de la Little League, -la liga de béisbol infantil-, o por pertenecer a los consejos escolares. Durante el largo apogeo de Mamá Bell, los cuerpos de empleados de Bell eran educados de arriba abajo, en una ética corporativa de servicio público. Bell ganaba dinero, pero Bell no se fundamentaba en el dinero; Bell utilizaba relaciones públicas, pero nunca el simple mercadeo. La gente entraba en Bell buscando una buena vida y tenían una buena vida. Pero no era simplemente el dinero, lo que llevaba a la gente de Bell a lanzarse en mitad de tormentas y terremotos, a luchar con postes telefónicos derribados, meterse en registros inundados, o soportar turnos de noche con los ojos enrojecidos, arreglando centralitas colapsadas. La ética de Bell era la equivalente eléctrica de la del cartero: ni la lluvia, ni la nieve, ni la oscuridad de la noche, detendrá al correo. Es fácil ser cínico en este tema, al igual que es fácil ser cínico al hablar de cualquier sistema político y social; pero el cinismo no cambia el hecho de que miles de personas se tomaran muy en serio estos ideales. Y alguno aún lo hacen. La ética de Bell era la de ser un servicio público; y esto era gratificante, pero también tenía que ver con poder privado y esto también era gratificante. Como corporación, Bell era muy especial. Bell era una privilegiada. Bell se había arrimado al Estado. De hecho, Bell estaba tan cerca del gobierno como podía estarlo en América, ganando mucho dinero legítimamente. Pero a diferencia de otras compañías, Bell estaba por encima y más allá de la vulgar lucha comercial. A través de sus compañías operadoras regionales, Bell era omnipresente, local y cercana en toda América; pero las torres centrales de marfil de su corazón corporativo, eran las más altas y las que tenían un color marfil más fuerte. Por supuesto, había otras compañías telefónicas en América; las llamadas independientes. Cooperativas rurales en su mayoría; pequeños alevines; la mayoría de las veces eran toleradas, aunque algunas veces se luchaba contra ellas. Durante muchas décadas, las compañías telefónicas independientes de América, vivieron con miedo y odio bajo el monopolio oficial de Bell, -o el Pulpo Bell, nombre que le daban a Mamá Bell sus enemigos del siglo XIX, al describirla en airados manifiestos en los periódicos. Unos pocos de estos empresarios independientes, que legalmente estaban equivocados, lucharon tan duramente contra el Pulpo, que sus redes telefónicas ilegales fueron arrojadas a la calle por agentes de Bell y quemadas públicamente. La pura dulzura técnica de Bell dio a sus operadores, inventores e ingenieros una profunda y satisfactoria sensación de poder y maestría. Habían dedicado sus vidas, a mejorar esta vasta máquina extendida por toda la nación; durante años, durante lo que duran vidas humanas enteras, la habían visto mejorar y crecer. Era como un gran templo tecnológico. Eran una élite y lo sabían -incluso si los otros no lo sabían; de hecho, se sentían aún más poderosos porque los otros no lo comprendían. La gran atracción de esta sensación de poder técnico de élite, nunca debería ser desestimada. El poder técnico no es para todos; para mucha gente no tiene el más mínimo encanto, pero para otros, se convierte en la base de sus vidas. Para unos pocos es irresistible, obsesivo; se convierte en algo cercano a una adicción. La gente -especialmente adolescentes inteligentes, cuyas vidas serían en otro caso anodinas y no tendrían ningún poder- ama esta sensación de poder secreto, y están dispuestos a hacer todo tipo de cosas sorprendentes para conseguirlo. El poder técnico de la electrónica, ha motivado muchos actos extraños que están detallados en este libro; los cuales, de otra manera, serían inexplicables. Así, Bell tenía poder más allá del simple capitalismo. La ética de servicio de Bell funcionaba y era con frecuencia publicitada, de una forma algo descafeinada y dulzona. Después de décadas, la gente lentamente empezó a cansarse y entonces dejaron de ser pacientes con ella. A primeros de los años 80, Mamá Bell tuvo que enfrentarse a la situación de tener apenas verdaderos amigos en el mundo. El socialismo industrial de Vail, se había convertido irremediablemente en algo políticamente pasado de moda. Bell sería castigada por ello. Y ese castigo caería severamente sobre la comunidad telefónica. En 1983, Mamá Bell fue desmantelada por decisión de un tribunal federal. Las piezas de Bell son ahora entidades corporativas separadas. El núcleo de la compañía se convirtió en AT&T Communications y también en AT&T Industries -anteriormente Western Electric, la división de manufactura de Bell-. Los AT&T Bell Labs pasaron a ser Bell Communications Research, Bellcore. Y aparecieron las Compañías Operadoras Regionales Bell, en inglés, RBOCs, pronunciado "arbocks". Bell era un titán e incluso estos fragmentos regionales son gigantescas empresas: compañías incluidas en la lista de 50 que aparece en la revista 'Fortune', con una gran riqueza y poder. Pero los limpios principios de Una Política, Un Sistema, Servicio Universal, estaban hechos añicos, aparentemente para siempre. El principio de Una Política de los comienzos de la Administración Reagan, era dividir un sistema que olía a socialismo no competitivo. Desde entonces, no ha habido una verdadera política telefónica a nivel federal. A pesar de la división de la compañía, los fragmentos de Bell nunca han podido competir libremente en el mercado. Las RBOCs están aún duramente reguladas, pero no desde arriba. En vez de eso, luchan política, económica y legalmente en lo que parece una interminable confusión, en un mosaico de jurisdicciones federales y estatales que se superponen. Cada vez más, al igual que otras grandes corporaciones americanas, las RBOCs se están convirtiendo en multinacionales, con grandes intereses comerciales en Europa, Sudamérica y los países de la costa del Pacífico. Pero esto también aumenta sus problemas legales y políticos. Quienes pertenecían a la antigua Mamá Bell, no están contentos con su destino. Se sienten maltratados. Podrían haber aceptado a regañadientes, el hacer una total transición al mercado libre; convertirse en compañías normales y corrientes. Pero esto nunca ocurrió. En vez de eso, AT&T y las RBOCs -los bebés Bell-, se sienten arrastrados de un lado a otro por regulaciones estatales, el Congreso, la FCC y especialmente por el tribunal federal del juez Harold Greene, el magistrado que ordenó la división de Bell y que se ha convertido de facto, en el zar de las telecomunicaciones americanas desde 1983. La gente de Bell siente que hoy en día viven en una especie de limbo legal. No entienden qué es lo que se les pide. Si se trata de servicio, ¿por qué no son tratados como un servicio público? Y si se trata de dinero, entonces ¿por qué no son libres para competir por él? Nadie parece saberlo realmente. Aquéllos que dicen saberlo, están todo el tiempo cambiando de opinión. Ninguna autoridad parece tener ganas de coger el toro por los cuernos de una vez. La gente del mundo de la telefonía de otros países, se sorprende del sistema telefónico americano actual. No de que funcione tan bien; hoy en día incluso el sistema telefónico francés funciona. Se sorprenden de que el sistema telefónico americano aún pueda funcionar bajo estas extrañas condiciones. El Sistema Único de Bell de servicio de larga distancia es ahora sólo el 80 por ciento del sistema, encargándose del resto Sprint, MCI y las pequeñas compañías de larga distancia. Una guerra sucia con dudosas prácticas corporativas, como el "slamming" -un solapado método, para arrebatarle la clientela a los rivales- resurge con cierta regularidad en el sector del servicio de larga distancia. La batalla para destruir el monopolio de larga distancia de Bell fue larga y sucia, y desde el desmantelamiento, el campo de batalla no ha mejorado mucho. Los famosos anuncios de vergüenza-y-culpa de AT&T, que enfatizaban el trabajo de mala calidad y la supuestamente turbia ética de sus competidores, fueron muy comentados por su estudiada crueldad psicológica. Hay muy mala sangre en esta industria y mucho resentimiento acumulado. El logotipo corporativo de AT&T posterior a la división, una esfera rayada, es llamado en el mundo industrial la Estrella de la Muerte -una referencia a la película La Guerra de las Galaxias, en la que la Estrella de la Muerte, era la fortaleza esférica del ultravillano imperial de respiración forzada, Darth Vader-. Incluso los empleados de AT&T están poco menos que encantados con la Estrella de la Muerte. Una camiseta muy popular entre los empleados de AT&T -aunque prohibida- lleva estampado el antiguo logotipo de Bell de los tiempos de Bell System, además de la moderna esfera rayada, con estos comentarios: antes-después "Esto es tu cerebro" -¡Esto es tu cerebro bajo el efecto de las drogas! AT&T hizo un gran esfuerzo bien financiado y determinado, para entrar en el mercado de las computadoras personales; fue desastroso, y los expertos en computadoras de telecomunicaciones, son llamados con sorna por sus competidores, escalapostes. AT&T y las RBOCs Bell aún parece que tienen pocos amigos. Bajo condiciones de dura competencia comercial, un fallo del sistema como el del 15 de enero de 1990, fue una gran vergüenza para AT&T. Era un golpe directo contra su atesorada reputación de fiabilidad. Días después del fallo, el director general de AT&T, Bob Allen, se disculpó oficialmente en términos de una humildad profundamente afligida: "AT&T tuvo una interrupción general del servicio el pasado lunes. No estuvimos a la altura de nuestros estándares de calidad, ni a la de los suyos. Es tan simple como eso. Y eso no podemos aceptarlo. Ustedes tampoco... Comprendemos que mucha gente depende del servicio que dé AT&T y por tanto nuestros científicos y nuestros ingenieros de redes de los AT&T Bell Laboratories, están haciendo todo lo posible para evitar que un incidente así se repita... Sabemos que no hay manera de compensar las molestias que este problema les ha causado." Esta carta abierta a los usuarios del señor Allen fue impresa en gran cantidad de anuncios de prensa por todo el país: en el 'Wall Street Journal', el 'USA Today', el 'New York Times', el 'Los Angeles Times', el 'Chicago Tribune', el 'Philadelphia Inquirer', el 'San Francisco Chronicle Examiner', el 'Boston Globe', el 'Dallas Morning News', el 'Detroit Free Press', el 'Washington Post', el 'Houston Chronicle', el 'Cleveland Plain Dealer', el 'Atlanta Journal Constitution', el 'Minneapolis Star Tribune', el 'St. Paul Pioneer Press Dispatch', el 'Seattle Times/Post Intelligencer', el 'Tacoma News Tribune', el 'Miami Herald', el 'Pittsburgh Press', el 'St. Louis Post Dispatch', el 'Denver Post', el 'Phoenix Republic Gazette' y el 'Tampa Tribune'. En otra nota de prensa, AT&T sugirió que este problema de software podría haberle ocurrido igualmente a MCI, pero en realidad no le habría ocurrido -el software de centralitas de MCI era muy diferente del de AT&T, aunque no necesariamente más seguro. AT&T también anunció su intención de ofrecer un descuento en el servicio el día de San Valentín, para compensar por las pérdidas durante la caída del sistema. Se dijo al público: "todos los recursos técnicos disponibles, incluyendo a los ingenieros y científicos de Bell Labs, se han dedicado a asegurar que esto no volverá a ocurrir". Y más adelante se le aseguró que: "las posibilidades de una repetición del problema son pequeñas -nunca antes había ocurrido un problema de esta magnitud". Mientras tanto, sin embargo, la policía y los departamentos de seguridad de las empresas, tenían sus propias sospechas sobre las posibilidades de repetición del problema y sobre la verdadera razón por la que un problema de esta magnitud había ocurrido, al parecer sin proceder de ninguna parte. La policía y los agentes de seguridad sabían a ciencia cierta, que hackers de una sofisticación sin precedentes estaban entrando ilegalmente y reprogramando ciertas centralitas digitales. Corrían desenfrenadamente por el ambiente underground rumores sobre virus escondidos y bombas lógicas secretas en las centralitas, mezclados con muchas burlas sobre los apuros de AT&T y vanas especulaciones sobre qué incomprendidos genios hackers lo habían hecho. Algunos hackers, incluyendo a informadores de la policía, estaban intentando señalarse unos a otros como los culpables de la caída del sistema. La gente de telecomunicaciones, encontró poco consuelo en la objetividad al contemplar estas posibilidades. Esto estaba demasiado cerca de su corazón; era embarazoso; dolía mucho, era difícil incluso hablar sobre ello. Siempre ha habido robos y otras prácticas ilegales en el sistema telefónico. Siempre ha habido problemas con las compañías independientes rivales y con las redes locales. Pero tener semejante problema en el núcleo del sistema, las centralitas de larga distancia, es un asunto terrorífico. Para la gente de telecomunicaciones, ésta es como la diferencia entre encontrar cucarachas en tu cocina y grandes y horribles ratas en tu habitación. Desde el exterior, para el ciudadano de a pie, la gente de telecomunicaciones parece algo gigante e impersonal. El público americano parece mirarles como algo cercano a las estructuras soviéticas. Incluso cuando están en su mejor rutina cívica corporativa, subvencionando institutos de secundaria y patrocinando shows en la televisión pública, parece que no consiguen más que sospechas del público. Pero desde dentro, todo esto parece muy diferente. Hay una dura competencia. Un sistema legal y político que parece desconcertado y aburrido, cuando no activamente hostil contra los intereses de los de telecomunicaciones. Hay una pérdida de moral, una profunda sensación de que ha desaparecido el control. El cambio tecnológico, ha causado una pérdida de datos e ingresos a favor de otros nuevos medios de transmisión. Hay robos y nuevas formas de robar, cada vez con una escala mayor de sofisticación y atrevimiento. Con todos estos factores, no fue ninguna sorpresa ver a los de telecomunicaciones, los grandes y los pequeños, cantar a coro una letanía de amargas quejas. A finales de 1988 y durante 1989, representantes del sector de las telecomunicaciones, agudizaron sus quejas ante esos pocos miembros de los cuerpos de seguridad americanos, que se dedicaban a intentar entender de qué hablaba la gente de telefonía. Los agentes de seguridad de telecomunicaciones habían descubierto el underground hacker, se habían infiltrado en él y se habían alarmado ante su creciente experiencia. Aquí habían dado con un objetivo que no sólo era odioso, sino que estaba a punto para un contraataque. Esos duros rivales: AT&T, MCI y Sprint -y una multitud de bebés Bell: PacBell, Bell South, SouthWestern Bell, NYNEX, USWest, así como el consorcio de investigación de Bell, Bellcore y el proveedor de servicio de larga distancia independiente, Mid-American- iban a tener todos su papel en la gran persecución de hackers de 1990. Después de años de ser arrastrados y empujados, los de telecomunicaciones habían, tomado de nuevo la iniciativa -al menos un poco-. Después de años de confusión, los de telecomunicaciones y los funcionarios del gobierno, iban de nuevo a unir sus fuerzas en defensa del Sistema. El optimismo triunfaba; crecía el entusiasmo por todas partes; el sabor de la futura venganza era dulce. Desde el principio -incluso mucho antes de que La Caza tuviera nombre- la confidencialidad era un gran problema. Había muchas buenas razones para mantener la confidencialidad en La Caza de Hackers. Los hackers y los roba-códigos eran presas astutas, listos para escabullirse hasta sus habitaciones y sótanos, para destruir pruebas incriminatorias vitales ante la primera señal de peligro. Más aún, los propios delitos eran muy técnicos y difíciles de describir, incluso para la policía -más aún para el público en general-. Cuando dichos delitos habían sido descritos inteligiblemente al público en ocasiones anteriores, esa publicidad había hecho aumentar enormemente el número de delitos. Los especialistas en telecomunicaciones, a la vez que eran muy conscientes de las vulnerabilidades de sus sistemas, estaban muy interesados en no hacer públicas esas debilidades. La experiencia les había demostrado que esas debilidades, una vez descubiertas, serían aprovechadas sin piedad por miles de personas -no sólo por profesionales, hackers del underground y phreaks [hackers del mundo de la telefonía, especializados en conseguir servicio gratuito y asaltar centralitas], sino también, por gente normal más o menos honrada, que consideraba que robarle servicio gratuito a la Compañía Telefónica, sin rostro ni alma, era una especie de deporte de interior nada dañino-. Cuando llegó el momento de proteger sus intereses, hacía tiempo que los de telecomunicaciones se habían alejado de la simpatía pública general, causada por aquello de la Voz con una Sonrisa. Ahora, la Voz de los de telecomunicaciones solía ser una computadora; y el público americano sentía un respeto y una gratitud inferiores a lo debido al buen servicio público legado por el Dr. Bell y el señor Vail. Al parecer, cuanto más usaban la alta tecnología y las computadoras, cuanto más eficientes e impersonales se volvían los de telecomunicaciones, más sufrían el hosco resentimiento del público y su avaricia amoral. Los cuerpos de policía encargados de las telecomunicaciones querían castigar al underground phreak, de la manera más pública y ejemplar posible. Querían dar duros ejemplos con los más importantes delincuentes, eliminar a los cabecillas e intimidar a los delincuentes de poca monta, desanimar y asustar a los locos aficionados a este tema y meter en la cárcel a los delincuentes profesionales. Para hacer todo esto, la publicidad era vital. Pero la confidencialidad de las operaciones también lo era. Si se corría la voz de que estaba en marcha una caza por todo el país, los hackers simplemente se desvanecerían; destruirían las pruebas, esconderían sus computadoras, se enterrarían y esperarían a que la campaña finalizara. Incluso los hackers jóvenes eran astutos y desconfiados y en cuanto a los delincuentes profesionales, tendían a huir hacia la frontera estatal más cercana a la menor señal de peligro. Para que La Caza funcionara en condiciones, todos tenían que ser sorprendidos con las manos en la masa y atrapados de repente, de un golpe, desde todos los puntos cardinales a la vez. Y había otro motivo importante para mantener la confidencialidad. En el peor de los casos, una campaña abierta podría dejar a los de telecomunicaciones a merced de un devastador contraataque de los hackers. Si se suponía que había hackers que habían provocado la caída del sistema del 15 de enero -si había hackers verdaderamente hábiles, dispersos por el sistema de centralitas de larga distancia del país y airados o asustados por La Caza- entonces, podían reaccionar impredeciblemente a un intento de atraparlos. Incluso siendo detenidos, podían tener amigos con talento y deseos de venganza aún libres. Cabría la posibilidad de que el asunto se pusiera feo. Muy feo. Es más, era difícil simplemente imaginar lo feas que podían ponerse las cosas, dada esa posibilidad. Un contraataque hacker era una verdadera preocupación para los de telecomunicaciones. En realidad, nunca sufrirían tal contraataque. Pero en los meses siguientes, les costó hacer público este concepto y lanzar terribles advertencias sobre él. Sin embargo, éste era un riesgo que parecía valer la pena correr. Mejor arriesgarse a ataques vengativos que vivir a merced de potenciales revienta-sistemas. Cualquier policía habría asegurado que un chantaje no tenía un verdadero futuro. Y la publicidad era algo tan útil... Los cuerpos de seguridad de una empresa, incluyendo a los de seguridad en telecomunicaciones, trabajan generalmente bajo condiciones de gran discreción. Y no ganan dinero para sus empresas. Su trabajo es prevenir que se pierda dinero, algo con bastante menos atractivo que conseguir verdaderos beneficios. Si eres de un cuerpo de seguridad de una empresa y haces un trabajo brillante, entonces a tu empresa no le ocurre nada malo. A causa de esto, aparentas ser totalmente superfluo. Éste es uno de los muchos aspectos poco atrayentes de trabajar en seguridad. Es raro que esta gente tenga la oportunidad de atraer alguna atención interesada en sus esfuerzos. La publicidad también ha servido a los intereses de los amigos de los cuerpos de seguridad del estado y de la administración de justicia. Les encanta atraer el interés del público. Una causa sobre un caso de vital interés público puede lanzar la carrera de un fiscal. Y para un policía, una buena publicidad despierta el interés de los superiores; puede suponer una mención, un ascenso, o al menos un alza del status y el respeto ante los compañeros. Pero conseguir a la vez publicidad y confidencialidad, es como querer guardar un pastel y a la vez comérselo. En los meses siguientes, como veremos, este acto imposible causaría grandes dificultades a los agentes responsables de La Caza. Pero al principio, parecía posible -quizás incluso deseable- que La Caza pudiera combinar con éxito lo mejor de ambos mundos. La detención de hackers sería ampliamente publicitada. Los motivos de su detención, que eran técnicamente difíciles de explicar y cuya explicación podía poner en peligro la seguridad, permanecerían sin aclarar. La amenaza que suponían los hackers, sería propagada a los cuatro vientos; las posibilidades reales de cometer tan temibles delitos, se dejarían a la imaginación de la gente. Se daría publicidad a la extensión del underground informático y su creciente sofisticación técnica; los auténticos hackers, la mayoría adolescentes con gafas y de raza blanca, habitantes de suburbios de clase media, no tendrían ninguna publicidad. Parece ser, que a ningún agente encargado de telecomunicaciones, se le pasó por la cabeza que los hackers acusados demandarían un juicio; que los periodistas considerarían que hablar de ellos, vendía; que ricos empresarios de alta tecnología, ofrecerían apoyo moral y económico a las víctimas de La Caza; y que aparecerían jueces del Constitucional con sus maletines y el ceño fruncido. Esta posibilidad parece que no entró en la planificación del juego. Y aunque hubiera entrado, probablemente no habría frenado la feroz persecución de un documento robado a una compañía telefónica, conocido como "Administración de Oficinas de Control de Servicios Mejorados de 911 para Servicios Especiales". En los capítulos siguientes, exploraremos los mundos de la policía y el underground informático y la gran área de sombras en la que se superponen. Pero primero exploraremos el campo de batalla. Antes de abandonar el mundo de las telecomunicaciones, debemos comprender qué es un sistema de centralitas y de qué manera funciona el teléfono. Para el ciudadano de a pie, la idea del teléfono está representada por un teléfono, un dispositivo al que hablas. Para un profesional de las telecomunicaciones, sin embargo, el teléfono en sí mismo es denominado, de una manera arrogante, subequipo. El subequipo de tu casa es un simple complemento, una lejana terminal nerviosa, de las centralitas que están clasificadas según niveles de jerarquía, hasta las centralitas electrónicas de larga distancia, que son algunas de las mayores computadoras del mundo. Imaginemos que estamos, por ejemplo, en 1925, antes de la llegada de las computadoras, cuando el sistema telefónico era más simple y de alguna manera más fácil de comprender. Imaginemos además que eres Miss Leticia Luthor, una operadora ficticia de Mamá Bell en el Nueva York de los años 20. Básicamente, tú, Miss Luthor, eres el sistema de centralitas. Te sientas frente a un gran panel vertical denominado panel de cables, hecho de brillantes paneles de madera y con diez mil agujeros con bordes de metal perforados en él, conocidos como conectores. Los ingenieros habrían puesto más agujeros en tu panel, pero diez mil son los que puedes alcanzar sin tener que levantarte de la silla. Cada uno de estos diez mil agujeros tiene una pequeña bombilla eléctrica, denominada piloto y un código numérico cuidadosamente impreso. Con la facilidad que da la costumbre, estás mirando el panel en busca de bombillas encendidas. Esto es lo que haces la mayor parte del tiempo, así que estás acostumbrada a ello. Se enciende un piloto. Esto significa que el teléfono que hay al final de esa línea ha sido descolgado. Cada vez que se coge el auricular de un teléfono, se cierra un circuito en el teléfono que envía una señal a la oficina local, es decir, a ti, automáticamente. Puede ser alguien haciendo una llamada, o puede ser simplemente que el teléfono está descolgado, pero eso no te importa ahora. Lo primero que haces es anotar el número del piloto en tu libreta, con tu cuidada caligrafía de colegio privado americano. Esto es lo primero evidentemente para poder contabilizar la llamada. Ahora coges la clavija del cable que utilizas para responder, que se une a tus cascos y la enchufas en el conector encendido. Dices: -¿Operadora? En las clases que has recibido para ser operadora antes de empezar tu trabajo, se te ha dado un gran folleto lleno de respuestas hechas para una operadora, útiles para cualquier contingencia, que has tenido que memorizar. Se te ha enseñado también a emplear un tono de voz y una pronunciación sin rasgos étnicos o regionales. Rara vez tienes la ocasión de decir algo espontáneo a un cliente y de hecho está mal visto -excepto en las centralitas rurales, donde la gente no tiene prisa-. La dura voz del usuario que está al final de la línea, te da un número. Inmediatamente apuntas ese número en la libreta, después del número de la persona que llama que habías anotado antes. Entonces miras si el número al que quiere llamar este hombre está en tu panel, que suele ser lo habitual, ya que casi todas las llamadas son locales. Las llamadas de larga distancia cuestan tanto que la gente hace llamadas de este tipo con poca frecuencia. Sólo entonces, coges un cable de llamada de una estantería que está en la base del panel. Es un cable largo y elástico puesto en un carrete, de tal manera que volverá a enrollarse cuando lo desconectes. Hay muchos cables ahí abajo y cuando están conectados varios a la vez, parece un nido de serpientes. Algunas de las chicas piensan que hay bichos viviendo en los huecos de esos cables. Los llaman bichos de los cables y se supone que te muerden y luego te sale un sarpullido. Tú, por supuesto, no te lo crees. Cogiendo la clavija del cable de llamada, deslizas la punta hábilmente en el borde del conector de la persona a la que llaman. No la conectas del todo. Simplemente tocas el conector. Si oyes un chasquido, eso quiere decir que la línea está ocupada y que no puedes llamar. Si la línea está ocupada, tienes que conectar el cable de llamada a un conector de línea ocupada, que dará un tono de comunicando en el teléfono de la persona que llama. De esta manera no tienes que hablar con él y asimilar su natural frustración. Pero supongamos que no está comunicando. Así que terminas de enchufar el cable. Unos circuitos de tu panel hacen que suene el otro teléfono y si alguien lo descuelga, comienza una conversación telefónica. Puedes oír esta conversación a través del cable de tus cascos, hasta que lo desconectas. De hecho podrías escuchar toda la conversación si quisieras, pero esto es duramente castigado por los jefes y francamente, cuando ya has espiado una conversación, todas te parecen iguales. Puedes determinar la duración de la conversación, por la luz del piloto del cable de llamada, que está en la estantería de los cables de llamada. Cuando ha terminado, lo desconectas y el cable se enrolla solo en su carrete. Después de hacer esto unos cuantos cientos de veces, te vuelves bastante hábil. De hecho estás conectando y desconectando diez, veinte o cuarenta cables a la vez. Es un trabajo manual realmente, en cierta forma gratificante, algo parecido a tejer en un telar. En caso de que hubiera que hacer una llamada de larga distancia, sería diferente, pero no mucho. En lugar de establecer la llamada a través de tu panel local, tienes que ascender en la jerarquía y usar las líneas de larga distancia, denominadas líneas troncales. Dependiendo de lo lejos que esté el destino, quizás la llamada tenga que pasar a través de varias operadoras, lo cual lleva un tiempo. La persona que llama no espera al teléfono mientras se negocia este complejo proceso, atravesando el país de operadora en operadora. En vez de eso, cuelga y tú le llamas cuando por fin la llamada ha sido establecida. Después de cuatro o cinco años en este trabajo, te casas y tienes que dejar tu trabajo, cumpliendo el ciclo natural de vida de una mujer de la América de los años 20. La compañía telefónica tiene ahora que preparar a alguien para sustituirte -quizás a dos personas, porque mientras tanto, el sistema telefónico ha crecido. Y esto cuesta dinero. Es más, utilizar de cualquier manera a personas en un sistema de centralitas es muy caro. Ocho mil Leticias Luthor causarían problemas, pero un cuarto de millón de ellas es un planteamiento de organización militar, que hace tomar medidas drásticas para que automatizar la tarea sea económicamente viable. Aunque el sistema telefónico sigue creciendo hoy en día, el número de personas empleadas en el sector de las telecomunicaciones ha ido disminuyendo con los años. Los operadores telefónicos se enfrentan solamente con contingencias poco habituales ya que todas las operaciones rutinarias recaen ahora en máquinas. En consecuencia, los operadores de hoy en día se parecen menos a las máquinas y se sabe que tienen acento y características propias en sus voces. Cuando das con un operador humano de hoy, es mucho más humano que en los tiempos de Leticia -pero por otro lado, es más difícil cruzarse con seres humanos en el sistema telefónico. Hacia la primera mitad del siglo XX, fueron introduciéndose lentamente sistemas electromecánicos de centralitas en el sistema telefónico, con una complejidad cada vez mayor. En algunos lugares apartados, todavía sobreviven algunos de estos sistemas híbridos. Pero hacia 1965, el sistema telefónico se volvió totalmente electrónico y éste es de lejos el modelo dominante hoy en día. Los sistemas electromecánicos tienen travesaños, escobillas y otras grandes piezas mecánicas móviles, que, aunque son más rápidas y baratas que Leticia, todavía son lentas y tienden a estropearse con frecuencia. Pero los sistemas totalmente electrónicos están introducidos en chips de silicio, alcanzan velocidades asombrosas, son baratos y muy duraderos. Su mantenimiento es más barato que incluso el de los mejores sistemas electromecánicos y ocupan la mitad de espacio. Y cada año los chips son aún más pequeños, más baratos y más rápidos. Y lo mejor de todo, los sistemas electrónicos automatizados trabajan durante todas las horas del día y no hay que pagarles sueldo ni seguro médico. Utilizar chips tiene sin embargo bastantes inconvenientes importantes. Cuando se estropean, es un gran desafío averiguar qué demonios ha fallado. Un cable roto era generalmente un problema lo suficientemente grande como para verse. Un chip roto tiene invisibles fallos microscópicos. Y los fallos de software pueden ser tan sutiles, como para convertirse en cuestiones teológicas. Si quieres que un sistema mecánico haga algo nuevo, tendrás que ir al punto adecuado, sacar algunas piezas y poner en su lugar piezas nuevas. Esto cuesta dinero. Sin embargo, si quieres que un chip haga algo nuevo, todo lo que has de hacer es cambiar el software, algo fácil, rápido y tirado de precio. Ni siquiera tienes que ver el chip para cambiar su programación. Aunque vieras el chip, daría igual. Un chip con el programa X no tiene un aspecto diferente al de uno con el programa Y. Con los códigos apropiados, las secuencias de órdenes apropiadas y pudiendo acceder a líneas telefónicas especializadas, puedes modificar los sistemas electrónicos de centralitas de cualquier parte de América, desde cualquier lugar. Y eso lo pueden hacer algunas personas. Si saben cómo, pueden entrar en el software de algún microchip a través de las líneas especiales y organizar una estafa sin dejar ningún rastro físico. Si entraran a mano armada en la oficina de centralitas y encañonaran a Leticia, sería demasiado descarado. Si se colaran en un edificio de telecomunicaciones y fueran a por un sistema electromecánico cargados de herramientas, esto dejaría muchas pistas. Pero la gente puede hacer multitud de cosas sorprendentes a un sistema electrónico, simplemente tecleando y hoy en día hay teclados por todas partes. La extensión de esta vulnerabilidad es profunda, oscura, amplia, casi inconcebible y ésta es una realidad absoluta en cualquier computadora conectada a una red. Los expertos en seguridad han insistido durante los últimos veinte años, cada vez más apremiantemente, en que esta vulnerabilidad básica de las computadoras representa un nivel de riesgo completamente nuevo, de un potencial desconocido pero obviamente terrible para la sociedad. Y tienen razón. Una centralita electrónica hace prácticamente el mismo trabajo que hacía Leticia, con la diferencia de que lo hace en nanosegundos y en una escala mucho mayor. Comparada con los diez mil conectores de Miss Luthor, incluso una primitiva centralita electrónica 1ESS, de la cosecha de los años 60, tiene unas 128.000 líneas. Y el actual sistema de AT&T es la monstruosa quinta generación, la 5ESS. Una centralita electrónica, puede comprobar todas las líneas de su panel en una décima de segundo y hace esto continuamente, sin cansarse, hora tras hora. En lugar de ojos tiene sondas para comprobar la situación de cada línea local y troncal. En lugar de manos, tiene distribuidores de señal, distribuidores centrales de pulsos, relés magnéticos e interruptores de lengüeta, que completan e interrumpen las llamadas. En lugar de un cerebro, tiene un procesador central. En lugar de un manual de instrucciones, tiene un programa. En lugar de una libreta escrita a mano para anotar y llevar la contabilidad de las llamadas, tiene cintas magnéticas. Y no tiene que hablar con nadie. Todo lo que tiene que decirle un usuario lo recibe por la pulsación de teclas del teléfono. Aunque una centralita no puede hablar, necesita una interfaz. Alguna manera de comunicarse con sus, ¡Eh...!, jefes. Esta interfaz es denominada centro principal de control. -Podría llamarse simplemente interfaz ya que en realidad no controla las llamadas telefónicas directamente-. Sin embargo, un término como Centro Principal de Control es la clase de retórica, que los ingenieros de mantenimiento de telecomunicaciones -y los hackers- consideran gratificante. Usando el centro principal de control, un ingeniero de telefonía puede buscar errores en las líneas locales y troncales. Él -rara vez ella- puede comprobar varias pantallas de alarma, medir el tráfico en las líneas, examinar los registros de uso de un teléfono, el coste de esas llamadas y cambiar la programación. Y por supuesto, cualquier otra persona que acceda al centro principal de control remotamente, también puede hacer estas cosas, si él -rara vez élla- es capaz de imaginarse cómo hacerlo, o, mejor aún, ha conseguido averiguarlo robándole los datos necesarios a alguien que sabía cómo hacerlo. En 1989 y 1990, una RBOC, BellSouth, que se sentía en dificultades, gastó al parecer 1.200.000 dólares en seguridad. Algunos consideran que gastó en realidad dos millones teniendo en cuenta gastos asociados. Dos millones de dólares son muy poco comparado con el gran ahorro que suponen los sistemas electrónicos de telefonía. Lamentablemente, las computadoras son estúpidas. A diferencia de los seres humanos, las computadoras poseen la profunda estupidez de lo inanimado. En los años 60, durante las primeras oleadas de informatización, se hablaba con facilidad sobre la estupidez de las computadoras -se decía que sólo podían ejecutar su programación y se les pedía que hicieran sólo lo que se les decía que hicieran-. Se ha empezado a hablar menos de la estupidez de las computadoras desde que empezaron a conseguir la categoría de gran maestro en torneos de ajedrez y a manifestar otras características de una aparente inteligencia. Sea como sea, las computadoras son aún profundamente frágiles y estúpidas; simplemente su fragilidad y su estupidez es mucho más sutil. Las computadoras de los años 90, tienen componentes mucho más fiables que los de los primeros sistemas, pero también se les hace ejecutar tareas mucho más complejas bajo condiciones mucho más difíciles. En un nivel matemático básico, cada línea de un software ofrece alguna posibilidad de fallo. El software no permanece estático cuando se ejecuta; está corriendo, interactuando consigo mismo y con sus entradas y salidas. Es como una masa que adopta millones de posibles formas y condiciones, tantas formas que nunca pueden probarse todas del todo, ni siquiera en el tiempo de vida del universo. Y a veces la masa se rompe. Eso que llamamos software, no se parece a ninguna de aquellas cosas en las que la sociedad humana está acostumbrada a pensar. El software se parece a una máquina, a matemáticas, a un lenguaje, a pensamiento, arte, información... pero el software no es en realidad ninguna de estas cosas. Esa cualidad multiforme del software es una de las cosas que lo hace fascinante. También lo hace muy poderoso, muy sutil, muy impredecible y muy arriesgado. Algunos programas son malos y están llenos de errores. Otros son robustos, incluso a prueba de balas. El mejor software es aquél que ha sido probado por miles de usuarios bajo miles de condiciones diferentes durante años. Entonces es denominado estable. Esto no quiere decir que el software sea ahora perfecto y que esté libre de errores. Generalmente quiere decir que hay muchos errores, pero han sido identificados correctamente y se han hallado sus causas. No hay ninguna manera de asegurar que un programa esté libre de errores. Aunque el software es de naturaleza matemática, no puede ser demostrado como un teorema matemático; el software se parece más al lenguaje, con ambigüedades inherentes, con definiciones diferentes, con suposiciones diferentes y diferentes niveles de significado que pueden entrar en conflicto. Los seres humanos pueden arreglárselas más o menos con los lenguajes humanos, porque podemos captar su esencia. Las computadoras, a pesar de años de esfuerzos en la inteligencia artificial, han demostrado que se les da terriblemente mal captar la esencia. El más insignificante bit erróneo puede tumbar a la computadora más potente. Una de las cosas más complicadas trabajando con un programa de computadora es intentar mejorarlo -para intentar hacerlo más seguro-. Los parches de software son un software nuevo, no probado e inestable, por definición más peligroso. El sistema telefónico moderno ha acabado dependiendo total e irreversiblemente del software. Y la caída del sistema del 15 de enero de 1990, fue causado por una mejora del software. O mejor dicho, un intento de mejorarlo. Lo que ocurrió, el problema en esencia, tenía esta forma: Se escribió una parte de software de telecomunicaciones en C, -un lenguaje estándar en el campo de las telecomunicaciones. En este programa en C hay una larga sentencia do-while. Este do-while tenía una sentencia switch. Este switch tenía un if. Este if tenía un break. Se suponía que el break hacía que el flujo del programa, sólo saliera del if. En realidad, salía del switch. Este fue el problema, la verdadera razón por la que la gente que descolgó el teléfono el 15 de enero de 1990, no pudo llamar a nadie. O al menos ésta fue la sutil y abstracta raíz ciberespacial del problema. Ésta fue la manera, en la que el problema de programación se manifestó en el mundo real: El Sistema 7 de las centralitas 4ESS de AT&T, el "Software Genérico 44E14 de Oficina Principal de Centralitas", ha sido probado muchas veces y estaba considerado como muy estable. A finales de 1989, ochenta de los sistemas de centralitas de AT&T de todo el país, habían sido programados con el nuevo software. Por precaución, se había seguido utilizando en otras treinta y cuatro centralitas el Sistema 6, más lento y con menos capacidades, porque AT&T sospechaba que podría haber problemas con la nueva red de Sistema 7, de sofisticación sin precedentes. Las centralitas con Sistema 7, estaban programadas para pasar a una red de respaldo en caso de problemas. A mediados de diciembre de 1989, sin embargo, se distribuyó un nuevo parche de software de gran velocidad y seguridad, a cada una de las centralitas 4ESS, que les permitiría trabajar aún más rápido y hacer que la red de Sistema 7 fuera aún más segura. Desafortunadamente, cada una de estas centralitas 4ESS tenía ahora un pequeño pero mortal fallo. Para mantener la red, los enlaces conectores de línea de las centralitas, deben comprobar las condiciones del resto de enlaces -si están listos y funcionando, si están parados momentáneamente, si tienen sobrecarga y necesitan ayuda... El nuevo software ayudaba a controlar esta función, monitorizando el status de otros enlaces. A un enlace de una 4ESS que tenga dificultades, sólo le lleva entre cuatro y seis segundos deshacerse de todas sus llamadas, dejar todo temporalmente y reinicializar su software. Reinicializar, generalmente liberará al enlace de cualquier problema de software que se haya desarrollado durante la ejecución del sistema. Los errores que aparezcan serán simplemente barridos por este proceso. Es una idea inteligente. Este proceso de reinicialización automática, se conoce como rutina normal de recuperación de fallo. Dado que el software de AT&T es excepcionalmente estable, sus sistemas rara vez tienen que ejecutar una recuperación de fallo; pero AT&T siempre ha alardeado de su fiabilidad en el mundo real y esta táctica es una rutina similar a llevar cinturón y tirantes a la vez. Los enlaces de las 4ESS usaban su nuevo software, para monitorizar los enlaces de alrededor al recuperarse de fallos. A medida que otros enlaces volvían a conectarse tras recuperarse, enviaban señales OK al enlace. El enlace, hacía una anotación sobre esto en su mapa de status, confirmando que el enlace vecino estaba de vuelta y listo para funcionar, que podía recibir algunas llamadas y ponerse a trabajar. Desafortunadamente, mientras el enlace estaba atareado anotando en el mapa de status, el pequeño fallo en el nuevo software entraba en juego. El error hacía que el enlace 4ESS interactuara, sutil pero drásticamente, con las llamadas telefónicas que recibía hechas por personas. Si -y sólo si- dos llamadas coincidían en el mismo enlace en menos de una centésima de segundo, una pequeña parte del programa y los datos era estropeada por el error. Pero el enlace estaba programado para monitorizarse a sí mismo constantemente en busca de cualquier dato dañado. Cuando el enlace percibía que sus datos habían sido dañados de alguna manera, entonces se desconectaba para hacer reparaciones de urgencia en su software. Enviaba una señal a los enlaces de alrededor para que no le mandaran trabajo. Entraba en el modo de recuperación de fallos durante unos cinco segundos. Y después, el enlace volvería a funcionar y enviaría su señal OK, listo para trabajar. Sin embargo, la señal OK, listo para trabajar era lo que precisamente antes había hecho que el enlace se desconectara. Y todos los enlaces del Sistema 7 tenían el mismo fallo en su software de mapa de status. Tan pronto como se detuvieran para anotar que sus enlaces vecinos estaban funcionando, entonces también estarían expuestos a la pequeña posibilidad, de que les llegaran dos llamadas en menos de una centésima de segundo. A eso de las 14:25 horas en la Costa Este, un lunes 15 de enero, uno de los enlaces del sistema de centralitas de llamadas interurbanas de Nueva York tuvo un pequeño fallo normal. Entró en la rutina de recuperación de fallos, emitió la señal me desconecto, y después emitió la señal he vuelto, estoy en funcionamiento. Y este alegre mensaje, se extendió por la red hasta llegar a muchos de sus enlaces 4ESS vecinos. Muchos de los enlaces se libraron del problema en este primer momento. Estos enlaces afortunados no sufrieron la coincidencia de la llegada de dos llamadas en menos de una centésima. Su software no falló -en este primer momento-. Pero tres enlaces -en Atlanta, Saint Louis y Detroit- no tuvieron suerte y fueron cogidos repletos de trabajo. Se desconectaron y se reconectaron rápidamente. Y ellos también emitieron el letal mensaje OK, activando el error en el software de otros enlaces. A medida que más y más enlaces tenían esa pequeña mala suerte y se colapsaban, el tráfico de llamadas empezó a concentrarse más y más en los enlaces que seguían funcionando, que estaban manteniendo la carga de trabajo a duras penas. Y claro está, a medida que se concentraban las llamadas sobre cada vez menos enlaces, aumentaban las posibilidades de recibir dos llamadas en menos de una centésima. A un enlace tan sólo le llevaba cuatro segundos reponerse. No había ningún daño físico en los enlaces después de todo. Físicamente, estaban funcionando a la perfección. La situación era sólo un problema de software. Pero los enlaces 4ESS estaban conectándose y desconectándose cada cinco segundos, en una ola que se extendía con virulencia por América, con una total y maníaca estupidez mecánica. Siguieron estropeándose unos a otros con sus contagiosos mensajes de OK. La reacción en cadena tardó unos diez minutos en paralizar la red. Incluso así, algunos enlaces consiguieron arreglárselas para de vez en cuando recuperar sus condiciones normales de trabajo. Muchas llamadas -millones de ellas- estaban consiguiendo llegar a su destino. Pero muchos millones no podían. Las centralitas que usaban el Sistema 6 no fueron afectadas directamente por el fallo. Gracias a estos enlaces antiguos, el sistema nacional de AT&T evitó el colapso total. Este hecho también permitió a los ingenieros descubrir que el fallo estaba en el Sistema 7. Varios ingenieros de Bell Labs, trabajando febrilmente en New Jersey, Illinois y Ohio, probaron primero a arreglar el estropeado Sistema 7 con todo el repertorio de soluciones habituales para la red. Ninguna sirvió de nada, por supuesto, ya que nunca había ocurrido algo como esto a ningún sistema telefónico hasta entonces. Desconectando del todo, la red de respaldo de seguridad, consiguieron reducir el frenesí de señales OK a la mitad. El sistema empezó a recuperarse al disminuir la reacción en cadena. Hacia las 23:30 del lunes 15 de enero, cerca de la medianoche, los sudorosos ingenieros lanzaron un suspiro de alivio al ver cómo el último enlace se ponía en marcha. El martes estuvieron desinstalando todo el nuevo software de las 4ESS e instalando una versión anterior del Sistema 7. Si se hubiera tratado de operadores humanos, en vez de computadoras, simplemente alguno habría dejado de gritar en algún momento. Habría sido obvio que la situación no era como para decir OK y el sentido común habría reaccionado. Los seres humanos tienen sentido común -al menos hasta cierto punto-. Las computadoras no. Por otra parte, las computadoras pueden atender cientos de llamadas por segundo. Los humanos no pueden. Aunque toda la población de América trabajara para la compañía telefónica, no podríamos alcanzar las prestaciones de las centralitas digitales: llamada directa, tres tipos de llamada, llamadas urgentes, llamada en espera, recepción de un identificador de la persona que llama y todo el resto de accesorios de la parafernalia digital. Sustituir las computadoras por personas ya no es una opción posible. Y a pesar de todo, anacrónicamente, aún esperamos que haya humanos manteniendo nuestro sistema telefónico. Nos cuesta entender que hemos sacrificado grandes cantidades de iniciativa y control a poderosas pero insensibles máquinas. Cuando los teléfonos fallan, queremos que haya un responsable. Queremos poder culpar a alguien. Cuando ocurrió el fallo del sistema del 15 de enero, la población americana no estaba preparada para entender, que pueden ocurrir enormes catástrofes en el ciberespacio, como el propio fallo y que puede no haber un culpable en concreto. Era más sencillo incluso de creer, -quizás de alguna extraña manera, era más tranquilizador creer- que alguna persona malvada, o algún maligno grupo, nos había hecho esto. Los hackers lo habían hecho. Con un virus. Un Caballo de Troya. Una bomba de software. Una sucia conspiración de alguna clase. Había gente que creía esto, gente con puestos de responsabilidad. En 1990 se pusieron a buscar intensivamente evidencias que confirmaran sus sospechas. Y miraron en muchos sitios. Ya en 1991, sin embargo, los perfiles de una realidad aparentemente nueva empezaron a emerger de la niebla. El 1 y el 2 de julio de 1991, varios colapsos en el software de diversas centralitas interrumpieron el servicio en Washington DC, Pittsburgh, Los Ángeles y San Francisco. De nuevo problemas de mantenimiento aparentemente pequeños, habían reventado el Sistema 7. Este fallo del 1 de julio de 1991 afectó a unos doce millones de personas. En el 'New York Times' se leía: "Los directivos de compañías telefónicas y los funcionarios federales del sector, dicen que no descartan la posibilidad de un sabotaje por hackers, pero la mayoría parece pensar, que el problema reside en un desconocido defecto en el software que mantiene las redes." Y para confirmarlo, la misma semana del fallo, una avergonzada compañía de software, DSC Communications Corporation, de Plano, Texas, admitió ser la responsable de determinados problemas técnicos en el software que DSC había diseñado para Bell Atlantic y Pacific Bell. La causa directa del fallo del 1 de julio fue un único carácter erróneo: un pequeño error al escribir una única línea de software. Una letra equivocada, en una única línea, había privado a la capital del país de su servicio telefónico. No era especialmente sorprendente que este pequeño error hubiera pasado desapercibido: una centralita típica con Sistema 7 requiere unos diez millones de líneas de código. El martes 17 de septiembre de 1991 tuvo lugar el fallo de servicio más espectacular de todos. Éste no tuvo nada que ver con errores de software -al menos, no directamente-. En lugar de eso, un grupo de centralitas de AT&T de Nueva York, simplemente se habían quedado sin suministro eléctrico y estaban desconectadas. Habían fallado las baterías de emergencia. Se suponía que los sistemas de alarma automáticos habrían advertido del fallo en las baterías, pero estos sistemas automáticos también fallaron. Esta vez, los aeropuertos de Newark, La Guardia y el Kennedy perdieron sus servicios de voz y datos. Este horrible suceso era especialmente irónico, ya que los ataques a computadoras de los aeropuertos por parte de hackers, habían sido durante mucho tiempo un escenario de pesadilla habitual, voceado por expertos en seguridad de computadoras que temían al underground informático. Incluso, se había rodado una película sobre siniestros hackers destrozando los sistemas de computadoras de los aeropuertos -Arma Letal II. Ahora la propia AT&T había bloqueado los aeropuertos con fallos en las computadoras -no sólo un aeropuerto, sino tres a la vez, algunos de los de más tráfico del planeta. El tráfico aéreo se paralizó en el gran área de New York, provocando la cancelación de más de 500 vuelos, en una ola que se extendió por toda América y que incluso llegó a Europa. Otros 500 vuelos aproximadamente fueron retrasados, afectando en total a unos 85.000 pasajeros. -Uno de ellos era por cierto el presidente de la FCC, la Comisión Federal de Comunicaciones. Los pasajeros que se habían quedado en tierra en New York y New Jersey, aumentaron aún más su cólera, al ver que ni siquiera podían hacer llamadas de larga distancia para avisar de su llegada con retraso a sus seres queridos o a sus socios de negocios. Debido al fallo, no pudieron hacerse alrededor de cuatro millones y medio de llamadas locales y medio millón de llamadas internacionales. El fallo de New York del 17 de septiembre, a diferencia de los anteriores, no trajo consigo rumores sobre fechorías de los hackers. Al contrario, en 1991 la propia AT&T estaba sufriendo la mayoría del vilipendio que antes se había dirigido contra los hackers. Los congresistas no estaban contentos. Tampoco los funcionarios estatales y federales encargados de las comunicaciones. Y tampoco lo estaba la prensa. Por su parte, MCI, la vieja rival, publicó maliciosos anuncios de periódico del tamaño de una página, ofreciendo sus servicios de larga distancia para la próxima vez que fallara AT&T. Nunca se vería a una compañía con clase como AT&T publicar ese tipo de anuncios, protestó el Presidente de AT&T, Robert Allen, sin resultar muy convincente. Una vez más, se publicó la página de disculpas de AT&T en los periódicos, disculpas por una inexcusable coincidencia de fallos humanos y mecánicos. -Esta vez, sin embargo, AT&T no ofreció ningún descuento en llamadas-. Algunos crueles críticos sugirieron que AT&T no quería sentar un precedente, para la compensación de las pérdidas económicas causadas por los fallos en el servicio. La prensa del sector preguntó públicamente, si AT&T se había quedado dormida en la centralita. La red telefónica, la supuesta maravilla americana de fiabilidad de alta tecnología, se había venido abajo tres veces en dieciocho meses. La revista 'Fortune' incluía el fallo del 17 de septiembre en la lista de "Las Mayores Pifias Empresariales de 1991", parodiando cruelmente la campaña publicitaria de AT&T en un artículo titulado 'AT&T Quiere Que Vuelvas... Al Suelo con Seguridad, Gracias a Dios'. ¿Por qué se habían quedado sin suministro eléctrico estos sistemas de centralitas de Nueva York? -Porque ningún humano había prestado atención al sistema de alarma. ¿Por qué los sistemas de alarma sonaron estruendosamente sin que ningún ser humano se diera cuenta? -Porque los tres técnicos de telecomunicaciones que deberían haber estado escuchando la alarma, se habían ausentado de sus puestos en la sala de suministro eléctrico, y estaban en otra planta del edificio, en una clase-. ¡Una clase sobre el sistema de alarma de la sala de suministro eléctrico! Reventar el Sistema dejó de ser algo sin precedentes a finales de 1991. Al contrario, dejó de parecer algo imposible. En 1991 estaba claro que ni todos los policías del mundo, podrían ya proteger de fallos al sistema telefónico. Los peores fallos que había tenido el sistema habían sido causados por el propio sistema. Y esta vez nadie dijo petulantemente, que esto era una anomalía, algo que nunca más volvería a ocurrir. En 1991, los defensores del sistema habían dado con su indefinido enemigo y el enemigo era el sistema.
2 El Underground digital Era el 9 de mayo de 1990. El Papa estaba de gira por la ciudad de México. Los mafiosos del cártel de Medellín intentaban comprar en el mercado negro de Florida misiles Stinger. En la sección de cómics, el personaje de Doonesbury, Andy, estaba muriendo de SIDA... Y, de repente, un tema realmente inusual por su actualidad y retórica calculada, ganó la perpleja atención de los periódicos en toda América. El fiscal de distrito en Phoenix, Arizona, había enviado un comunicado de prensa anunciando una actuación nacional de las fuerzas de la ley contra las actividades ilegales de hacking. Esta Caza sería conocida oficialmente como "Operación Sundevil" . Ocho párrafos del comunicado de prensa ofrecían los hechos desnudos: 27 registros llevados a cabo el 8 de mayo, con tres arrestos y un número de ciento cincuenta agentes, distribuidos en doce ciudades en toda América. -Otras cuentas en otros comunicados de prensa, hablaban de trece, catorce y dieciséis ciudades-. Los agentes estimaban, que las pérdidas de ingreso de las compañías telefónicas por actuaciones criminales, podrían ser de millones de dólares. El artífice principal de las investigaciones "Sundevil" parecía ser el Servicio Secreto de los Estados Unidos, el fiscal asistente Tim Holtzen de Phoenix y la asistente de fiscal general de Arizona, Gail Thackeray. Los comentarios elaborados por Garry M. Jenkins, que aparecieron en un comunicado de prensa del Departamento de Justicia, eran particularmente interesantes. El Sr. Jenkins, era el Director asociado del Servicio Secreto de los Estados Unidos y el funcionario federal, de más alto rango, que tuviera algún rol público en La Caza de Hackers de 1990. Comunicado de Prensa: "Hoy, el Servicio Secreto, está enviando un mensaje muy claro a todos aquellos hackers informáticos, que han decidido violar las leyes de esta nación, debido a la creencia errónea, de que pueden evitar ser detectados escondiéndose en el relativo anonimato, de sus terminales de computadora. (...) Los grupos del underground, se han formado con el propósito de intercambiar información relevante sobre sus actividades criminales. Estos grupos a menudo se comunican entre sí a través de sistemas de mensajería entre computadoras conocidos como "tableros de anuncios" . Nuestra experiencia demuestra, que muchos sospechosos de ser hackers informáticos, ya no son adolescentes descarriados, jugando maliciosamente con sus computadoras en sus dormitorios. Algunos de ellos son operadores de computadoras de alta tecnología y usan las computadoras para llevar a cabo prácticas ilegales". ¿Quiénes eran estos grupos del underground y los operadores de alta tecnología? ¿de dónde venían?, ¿qué querían?, ¿quiénes eran?, ¿eran maliciosos?, ¿cómo unos adolescentes descarriados habían conseguido alarmar al Servicio Secreto de los Estados Unidos? y ¿cómo había podido expandirse una cosa así? De todos los jugadores principales de La Caza de Hackers -las compañías telefónicas, los defensores de la ley, los libertarios civiles y los propios hackers-, los hackers eran de lejos; los más misteriosos, los más difíciles de entender y los más raros. No sólo son los hackers novedosos en sus actividades, también se presentan en una variedad extraña de subculturas, con una variedad de lenguajes, motivos y valores. Los primeros proto-hackers fueron probablemente, aquellos chicos poco conocidos de los telegramas, que fueron expulsados por la compañía Bell en 1878. Los hackers legítimos, aquellos entusiastas de las computadoras que tienen una mente independiente pero que se pierden con las leyes, generalmente trazan sus antecesores espirituales a la élite de las universidades técnicas, especialmente MIT. y Stanford en los años 60. Pero las raíces genuinas del moderno hacker underground, seguramente se pueden buscar de forma más exitosa en un tipo de movimiento hippy-anarquista, particularmente oscuro conocido como los yippies. Los yippies tomaron su nombre de un partido de ficción el "Youth International Party", que llevaron a cabo una política escandalosa y surrealista de subversión, y una maldad política desproporcionada. Sus principios clave eran una promiscuidad sexual flagrante, un uso abierto y copioso de las drogas, el rechazo político a cualquier detentador de poder con más de treinta años, y un fin inmediato a la guerra de Vietnam, mediante cualquier medio necesario, incluyendo la levitación psíquica del Pentágono Los dos yippies más activos eran Abbie Hoffman y Jerry Rubin. Rubin acabó convirtiéndose en un broker de Wall Street. Hoffman, buscado ardientemente por las autoridades federales, estuvo escondido durante siete años en México, Francia y los Estados Unidos. Mientras estaba oculto, Hoffman continuó escribiendo y publicando, con la ayuda de simpatizantes en el underground americano anarquista de izquierdas. Durante buena parte de su tiempo, Hoffman sobrevivió gracias a tarjetas de identidad falsas y trabajos atípicos. Finalmente, se hizo la cirugía plástica facial y adoptó una personalidad totalmente nueva como Barry Freed. Después de entregarse a las autoridades en 1980, Hoffman pasó un año en la prisión por posesión de cocaína. La visión del mundo de Hoffman, se fue haciendo más oscura según se desvanecían los días de gloria de los sesenta. En 1969, intentó -por lo visto- suicidarse en extrañas circunstancias y bastante sospechosas. Se dice que Abbie Hoffman ha provocado que el FBI haya recopilado el archivo de investigación más grande, abierto a un ciudadano americano -Si ello es cierto, sigue siendo cuestionable que el FBI considerara a Abbie Hoffman como una amenaza pública seria. Seguramente, su fichero es grande porque Hoffman se convertía en una animada leyenda a dondequiera que fuera-. Era un publicista con talento y consideraba los medios electrónicos tanto como un patio de juegos, como un arma. Le encantaba participar activamente en manipular la televisión por cable y otros medios hambrientos de imágenes. Mediante mentiras estrambóticas, rumores alucinantes, suplantaciones de personalidad y otras siniestras distorsiones -con la garantía de que todas ellas molestarían a la poli, los candidatos presidenciales y los jueces federales. El libro más famoso de Hoffman era el libro autoreferencialmente conocido como 'Roba este libro', que divulgaba un conjunto de métodos mediante el que los jóvenes agitadores hippies sin dinero, podrían buscarse la vida en un sistema mantenido por androides sin humor. 'Roba este libro', cuyo mismo título urgía a sus lectores a dañar el propio medio de distribución que lo había puesto en sus manos, podría describirse como el antecesor espiritual de un virus de computadora. Hoffman, como muchos otros conspiradores de última hora, hizo extensivo el uso de teléfonos de pago para su campaña de agitación, en su caso, utilizando chapas baratas de metal como monedas falsas. Durante la guerra del Vietnam, había un impuesto extra sobre el servicio telefónico; Hoffman y sus cohortes podían -y de hecho lo hacían- argumentar, que al robar sistemáticamente servicio telefónico, estaban activamente implicados en desobediencia civil, negando virtuosamente financiar mediante los impuestos telefónicos una guerra inmoral e ilegal. Pero este débil velo de decencia cayó rápidamente. Destripar al Sistema, encontró su propia justificación en la profunda alienación y una repugnancia del fuera de ley por los valores convencionales de la burguesía. Estos principios podrían describirse como anarquía por conveniencia y se hicieron muy populares entre el propio movimiento yippie. Y ya que destripar es tan útil, sobrevivió al propio movimiento yippie. A principios de los años 60, se requería una experiencia bastante limitada e ingenuidad, para hacer trampa en los teléfonos de pago, obtener electricidad o gas gratis, o robar en máquinas distribuidoras o parquímetros, para tener algo de líquido. También se necesitaba una conspiración para extender ese movimiento y el valor y el nervio para cometer pequeños hurtos, pero los yippies tenían una nota alta en todo eso. En junio de 1971, Abbie Hoffman y un entusiasta del teléfono conocido sarcásticamente como Al Bell, empezaron a publicar un boletín de noticias conocido como Party Line de la Juventud Internacional. Este boletín estaba dedicado a reunir y divulgar, las técnicas yippies de destripar, especialmente los teléfonos, ante la alegría del underground de espíritu libre y la rabia insensata de la gente normal. En tanto que táctica política, el robo de servicio telefónico aseguraba que los defensores de los yippies, siempre tendrían acceso inmediato a las llamadas de larga distancia como medio, a pesar de la falta crónica de organización, disciplina o dinero de los yippies, por no decir de una dirección fija. Party Line estuvo dirigida desde Greenwich Village durante un par de años, pero entonces Al Bell desertó más o menos de las filas del yippismo y cambió el nombre del boletín por TAP o Technical Assistance Program . Una vez finalizada la guerra del Vietnam, el vapor empezó a escaparse de la disidencia radical americana. Pero en aquel entonces Bell, y más o menos una docena de colaboradores habituales habían cogido el bit por los cuernos y habían empezado a generar una satisfacción interna tremenda ante la sensación de puro poder técnico. Los artículos en TAP, antes altamente politizados, se fueron convirtiendo en una jerigonza técnica, en homenaje o parodia a los propios documentos técnicos del sistema de Bell, que TAP estudiaba con detalle, interiorizaba y reproducía sin permiso. La élite de TAP estaba en posesión del conocimiento técnico necesario para golpear al sistema. Al Bell dejó el juego a finales de los setenta y lo substituyó Tom Edison; los lectores de TAP -entre todos, unos 1400- en los interruptores del telex y el fenómeno creciente de sistemas de computadoras.. En 1983, a Tom Edison le robaron su computadora y algún imbécil quemó su casa. Era un golpe mortal para TAP -aunque ese nombre legendario resucitó en 1990 gracias a un joven informático de Kentucky fuera de la ley, llamado Predat0r. Desde el primer momento en el que los teléfonos empezaron a ser rentables, ha habido gente interesada en defraudar y robar a las compañías telefónicas. Existen legiones de insignificantes ladrones telefónicos, que superan con creces el número de phone-phreaks que exploran el sistema, por el simple reto intelectual. En el área metropolitana de Nueva York -desde siempre en la vanguardia del crimen en América- se denuncian unos 150.000 robos al año a cabinas telefónicas, realizados reventando el cajetín de monedas. Estudiándola con detenimiento, podemos ver una cabina moderna como una pequeña fortaleza, cuidadosamente diseñada y rediseñada a través de generaciones, para enfrentarse a monedas con un hilo atado, descargas de electricidad, pedazos de hielo con forma de moneda, palancas, imanes, ganzúas, petardos... Las cabinas públicas han de sobrevivir en mundo lleno de gente hostil y cruel. En lo que a la defensa de estos bienes se refiere, las cabinas modernas han alcanzado un grado de desarrollo evolutivo, similar al de un cactus. Debido a que la red telefónica es anterior a las redes de computadoras, el colectivo formado por los phone-preaks es anterior a los hackers. En la práctica, hoy en día la línea que separa el phreaking y el hacking está muy difuminada, al igual que la que separa a los teléfonos y las computadoras. El sistema telefónico ha pasado a ser digital y las computadoras han aprendido a hablar a través de las líneas telefónicas. Y lo que es peor -y ésta era la clave de los argumentos defendidos por Mr. Jenkins, del Servicio Secreto- algunos hackers han aprendido a robar y algunos ladrones han aprendido a hackear. A pesar de que casi han desaparecido las distinciones, aún se pueden señalar algunos aspectos de comportamiento que distinguen a los phreaks de los hackers. Los hackers están muy interesados en el sistema en sí mismo y disfrutan estando entre máquinas. Los phreaks tienen una vertiente más socializadora y manipular el sistema, es simplemente una manera directa de contactar con otros seres humanos de una manera rápida y barata. Los phreaks disfrutan sobre todo con los bridges -puentes-, conferencias telefónicas ilegales entre diez y veinte conspiradores charlatanes, de una punta a otra del país y que duran muchas horas -a cuenta, por supuesto, de otra persona, preferentemente alguna gran compañía. A medida que una conferencia de phreaks se va desarrollando, hay gente que la abandona -o simplemente dejan el teléfono descolgado, mientras se van al trabajo, a clase, a cuidar a los hijos...- y se llama a más gente para que se incorpore, incluyendo si es posible a gente que viva en otros continentes. Se intercambian cuestiones técnicas, se fanfarronea con diversas hazañas, se difunden rumores y se cotillea libremente. El nivel más bajo de phreaking es el robo de códigos de acceso a teléfonos. Pasar el coste de una llamada telefónica a la cuenta de otra persona, es una manera simple de robar un servicio telefónico, sin necesidad de grandes conocimientos técnicos. Esta práctica está muy difundida, especialmente entre gente solitaria sin muchos recursos y que viva lejos de casa. El robo de códigos ha florecido especialmente en colegios mayores, bases militares y curiosamente, entre la gente dedicada a transportar y montar los equipos de grupos musicales en gira. Actualmente, la técnica se ha extendido rápidamente entre inmigrantes residentes en los Estados Unidos, que evitan el enorme coste de las llamadas de larga distancia, al Caribe, Sudamérica, o Pakistán. La manera más simple de robar un código telefónico, es mirar por encima del hombro de la víctima cuando introduce su código en una cabina telefónica. Esta técnica, conocida como colgarse del hombro, es muy común en aeropuertos y estaciones de tren o autobuses. El ladrón vende el código por unos pocos dólares. El comprador del código no es ningún experto en computadoras, pero puede llamar a su madre a Nueva York, Kingston o Caracas y gastar una gran cantidad de dinero impunemente. Las pérdidas causadas por esta modalidad tan simple de phreaking son muchísimo mayores que las causadas por los hackers que acceden a una computadora ajena. En la segunda década de los ochenta, hasta la introducción de medidas de seguridad más fuertes en las telecomunicaciones, el robo de códigos utilizando computadoras funcionó sin problemas, y fue algo casi omnipresente en el underground digital formado por phreaks y hackers. Se realizaba probando aleatoriamente con una computadora, códigos en un teléfono hasta que se daba con uno correcto. Había a disposición de todo el mundo de este underground, programas simples que podían hacer esto. Una computadora que permaneciera funcionando durante toda la noche, podía obtener aproximadamente una docena de códigos correctos. Este proceso podía repetirse semana a semana hasta que se conseguía una gran biblioteca de códigos robados. Hoy en día, puede detectarse y rastrearse en pocas horas, el marcado de centenares de números si se realizan utilizando una computadora. También puede rastrearse en pocas horas, el uso con demasiada frecuencia de códigos robados. Pero durante años, en los años 80, la difusión de códigos robados fue una norma de etiqueta básica para los hackers novatos. La manera más simple de dejar clara tu buena fe, era robar un código utilizando el marcado aleatorio y ofrecerlo a la comunidad para que lo usara. Se podía robar y usar códigos de una manera simple desde el refugio seguro que es el hogar, sin miedo a ser detectado o castigado. Antes de que las computadoras y los módems llegaran masivamente a los hogares americanos, los phreaks disponían de su propio dispositivo de hardware especial, la famosa blue box -caja azul-. Este dispositivo utilizado para el fraude -hoy en día cada vez menos útil, debido a la evolución digital del sistema telefónico- podía engañar a las centrales de conmutación consiguiendo acceso gratuito a las líneas de larga distancia. Lo hacía imitando una señal del propio sistema telefónico, un tono de 2600 hertzios. Steven Jobs y Steve Wozniak, los fundadores de Apple Computer Inc., se dedicaron en su día a vender cajas azules en colegios mayores de California. Para muchos, en los primeros tiempos del phreaking, el uso de una caja azul era apenas considerado un robo y más bien como una manera divertida -si se hacía a escondidas- de utilizar el exceso de capacidad de las líneas, sin causar ningún daño. Después de todo, las líneas de larga distancia estaban ahí... ¿A quién se iba a causar daño realmente? Si no dañas el sistema y no están ocupando recursos apreciables y si nadie se da cuenta de lo que has hecho, entonces, ¿qué daño estás causando? A fin de cuentas, ¿qué has robado exactamente? Si un árbol cae en el bosque y nadie lo oye caer, ¿qué importancia tiene el ruido? -Incluso hoy en día, esta cuestión sigue abierta. Sin embargo, el uso de cajas azules no era una broma para las compañías telefónicas. De hecho, cuando la revista 'Ramparts' -Murallas-, una publicación radical de California, lanzó un número en el que se detallaban los esquemas de los circuitos necesarios para construir una mute box -caja muda- en junio de 1972, la policía y empleados de la compañía telefónica Pacific Bell secuestraron la edición. La caja muda, una variante de la caja azul, permitía al que la usaba, recibir llamadas de larga distancia sin que le costara dinero a la persona que llamaba. Este dispositivo se mostraba con detalle en el artículo de 'Ramparts' irónicamente titulado "Cómo Regular a la Compañía Telefónica desde Casa". Se dictaminó que la publicación de dicho artículo era una violación de la sección 502.7 del Código Penal del Estado de California, que establece como delito, la posesión de dispositivos que permitan el fraude en las comunicaciones y la venta de planos o instrucciones, para construir cualquier tipo de instrumento, aparato o dispositivo, diseñado para evitar pagar los costes de una comunicación telefónica. Se retiraron o secuestraron números de 'Ramparts' de los quioscos, y las pérdidas de ingresos resultantes hicieron que la revista quebrara. Éste fue un ominoso precedente en asuntos relacionados con la libertad de expresión, pero el aplastamiento por parte del sector de telecomunicaciones de una revista del sector radical, pasó desapercibido sin que nadie le plantara cara en aquel momento. Incluso en la alocada California de los setenta, estaba muy difundido un sentimiento de sacralización hacia lo que conocía la compañía telefónica; un sentimiento según el cual, los telecos tenían el derecho legal y moral de protegerse a sí mismos, interrumpiendo la circulación de dicha información ilegal. La mayoría de la información sobre telecomunicaciones era tan especializada, que difícilmente habría resultado comprensible por cualquier ciudadano honesto. Si no era publicada, nadie la echaría de menos. Publicar dicha información no parecía ser parte del papel legítimo de la prensa libre. En 1990, tuvo lugar un ataque también inspirado desde el sector de las telecomunicaciones, contra la revista electrónica PHRACK, dedicada al phreaking y el hacking. El caso de PHRACK fue un asunto clave en La Caza de Hackers y provocó una gran controversia. Al final, PHRACK también sería cerrada, al menos durante un tiempo, pero esta vez tanto los telecos como sus aliados de la policía, pagaron un precio mucho más caro por sus acciones. Examinaremos el caso de PHRACK con detalle más adelante. El phreaking es todavía una práctica social muy activa. Hoy en día, se desarrolla con mucha más fuerza que el mucho más conocido y temido hacking. Se están extendiendo rápidamente nuevas formas de phreaking, utilizando nuevos puntos débiles, existentes en diversos servicios telefónicos sofisticados. Los teléfonos móviles son especialmente vulnerables; se puede reprogramar sus chips para que muestren un identificador falso y conseguir llamar gratis. Hacer esto también evita que la comunicación sea pinchada por la policía, por lo que el uso ilícito de teléfonos móviles es el favorito entre traficantes de droga. La venta de llamadas utilizando teléfonos móviles piratas, puede hacerse y se hace, desde el asiento trasero de un coche, cambiando de una estación repetidora a otra, vendiendo servicios de larga distancia robados y moviéndose de un lado a otro, como una loca versión electrónica del camión de los helados del vecindario. Se puede entrar en los sistemas telefónicos privados de grandes compañías; los phreaks marcan un número de una compañía local, entran en su sistema telefónico interno, lo hackean y usan el sistema privado de la compañía para hacer llamadas a teléfonos de la red pública, haciendo que sea la compañía, la que reciba la correspondiente factura por llamadas a larga distancia. Esta técnica es conocida como diverting -distracción-. La técnica de distracción puede salir muy cara a la compañía, sobre todo porque los phreaks tienden a ir en grupos y nunca paran de hablar. Posiblemente el peor resultado de este tipo de fraude, es que las compañías afectadas y los telecos, se han reclamado mutuamente la responsabilidad financiera de las llamadas robadas, enriqueciendo así, no sólo a phreaks con pocos recursos, sino también a abogados muy bien pagados. También se pueden reventar los sistemas de correo de voz; los phreaks pueden hacerse con una parte de estos sofisticados contestadores electrónicos y utilizarlos para intercambiar códigos o técnicas ilegales. Este tipo de fraude no daña a la compañía directamente, pero el encontrarte con cartuchos supuestamente vacíos del contestador de tu compañía, repletos de phreaks charlando y gastándose bromas unos a otros utilizando un argot incomprensible, puede provocar una sensación casi mística de repulsión y terror. Aún peor, se sabe que a veces los phreaks han reaccionado violentamente frente a los intentos por limpiar los sistemas de correo de voz. En lugar de aceptar humildemente que han sido expulsados de su patio de recreo, pueden llamar a los empleados de la compañía al trabajo -o a casa- y reclamar a voz en grito direcciones de correo de voz gratuitas. Estas intimidaciones son tomadas muy en serio por sus atemorizadas víctimas. Los actos de venganza phreak contra personas concretas son raros, pero los sistemas de correo de voz son tentadores y vulnerables, y una invasión de phreaks enfadados en tu sistema de correo de voz no es ninguna broma. Pueden borrar mensajes importantes; o curiosear en mensajes privados; o molestar a los usuarios grabando insultos y obscenidades. En algunos casos, incluso han tomado el control de la seguridad del sistema de correo de voz y han bloqueado usuarios, o tirado el sistema. Se pueden monitorizar llamadas de teléfonos móviles, de teléfonos inalámbricos y de teléfonos de servicio marítimo utilizando diversos sistemas de radio; esta clase de monitorización pasiva se está extendiendo con gran rapidez hoy en día. La interceptación de llamadas hechas con teléfonos móviles e inalámbricos, es el área de mayor crecimiento del phreaking hoy en día. Esta práctica satisface ansias de poder y proporciona una gratificante sensación de superioridad técnica sobre la víctima. La interceptación está llena de toda clase de tentadores males. La actividad más común es la simple escucha sin más. Pero si durante la comunicación se habla de números de tarjetas de crédito, estos números pueden ser anotados y usados. Y pinchar comunicaciones ajenas -utilizando sistemas activos o monitorización pasiva por radio- es una vía perfecta para la política sucia o para llevar a cabo actividades como el chantaje y el espionaje industrial. Se debería insistir en que el fraude en telecomunicaciones, el robo de servicio telefónico, causa unas pérdidas mucho mayores que el acceso a computadoras ajenas. Los hackers suelen ser jóvenes americanos de raza blanca y sexo masculino que viven en suburbios, y son unos cuantos centenares -pero los phreaks pertenecen a ambos sexos, proceden de multitud de países, tienen muy diversas edades, y son miles. El término "hacker" ha tenido una historia adversa. Este libro, 'The Hacker Crackdown', tiene poco que contar sobre hacking en su sentido original más sutil. El término puede significar, la libre exploración intelectual del potencial más profundo y más grande de los sistemas informáticos. El hacking se puede describir, como la determinación para hacer el acceso a la información y las computadoras tan libre y abierta como sea posible. El hacking puede implicar la convicción más sincera, de que la belleza puede ser hallada en las computadoras, que la elegante estética de un programa perfecto puede liberar la mente y el espíritu. Esto es el hacking tal y como fue definido en la muy elogiada historia de Steven Levy sobre los pioneros en el mundo de la computadora, 'Hackers', publicado en 1984. Hackers de todas las clases están absolutamente calados con heroicos sentimientos anti-burocráticos. Los Hackers anhelan el loable reconocimiento de un arquetipo cultural, el equivalente electrónico posmoderno de un vaquero y el trampero. Si ellos merecen tal reputación es algo que le toca a la historia decidir. Pero muchos hackers -incluyendo esos hackers fuera de la ley, que son los intrusos de las computadoras, y cuyas actividades son definidas como criminales- realmente intentan vivir con esta reputación tecno-vaquera. Y dado que la electrónica y las telecomunicaciones son aún territorio ampliamente inexplorado, simplemente no hay quien diga lo que los hackers podrían descubrir. Para algunos, esta libertad es el primer aliento de oxígeno, la espontaneidad ingeniosa que hace que la vida merezca la pena y eso abre de golpe las puertas a maravillosas posibilidades y facultades individuales. Pero para muchas personas -y cada vez más- el hacker es una figura siniestra, un sociópata inteligente, listo para salir repentinamente de su sótano de soledad y atacar las vidas de otras personas en su propia anárquica conveniencia. Cualquier forma de poder sin responsabilidad, sin frenos y equilibrios directos y formales, es aterradora para la gente -y razonablemente por cierto-. Francamente debería ser admitido que los hackers son aterradores, y que la base de este temor no es irracional. El temor a los hackers va más allá del miedo a las actividades meramente criminales. La subversión y la manipulación del sistema telefónico es un acto con inquietantes matices políticos. En América, las computadoras y los teléfonos son poderosos símbolos de la autoridad organizada y de la élite tecnocrática de los negocios. Pero hay un elemento en la cultura americana que se ha revelado siempre fuertemente contra esos símbolos; rebelado contra todas las grandes compañías de computadoras y teléfonos. Una cierta anarquía, matiza hondamente las encantadas almas americanas al causar confusión y dolor a las burocracias, incluidas las tecnológicas. A veces hay vandalismo y malicia en esta actitud, pero es una profunda y querida parte del carácter nacional americano. Los fuera de la ley, los rebeldes, los individuos duros, los exploradores, los pequeños y fuertes propietarios jeffersonianos, el ciudadano privado resistiendo intromisiones en su búsqueda de la felicidad -ésas son figuras que todos los americanos reconocen, y que muchos tenazmente aplaudirán y defenderán. Muchos ciudadanos escrupulosamente decentes con la ley, realizan hoy su trabajo vanguardista con la electrónica -trabajo que ya ha tenido una tremenda influencia social y que tendrá mucha más en años venideros-. En verdad, esos talentosos, trabajadores, decentes, maduros, adultos, son mucho más perturbadores para la paz y el status que cualquier grupo burlador de la ley de románticos chicos adolescentes punk. Esos hackers decentes tienen el poder, la habilidad, y la voluntad, de influir en la vida de otras personas muy impredeciblemente. Tienen medios, motivos y oportunidad, de entrometerse drásticamente con el orden social americano. Cuando son acorralados en gobiernos, universidades, o grandes compañías multinacionales, y forzados a seguir reglas y usar traje y corbata, tienen al fin algún freno convencional en su libertad de acción, pero cuando se les deja solos, o en pequeños grupos, encendidos por la imaginación y el espíritu empresarial, pueden mover montañas -causando corrimientos de tierra que probablemente se estrellarán contra tu oficina y cuarto de estar. Esas personas, como una clase, instintivamente admiten que un ataque público politizado sobre los hackers finalmente se extenderá hacia ellos -que el término hacker, una vez demonizado, podría ser usado para golpear sus manos fuera de las palancas del poder y asfixiarlos hasta estar fuera de existencia-. Hoy en día hay hackers que fiera y públicamente resisten cualquier mancillamiento al noble título de hacker. De forma natural y comprensible, se ofenden profundamente con el ataque a sus valores implícitos al usar la palabra hacker como un sinónimo de criminal informático. Este libro, tristemente pero en mi opinión inevitablemente, más bien se suma a la degradación del término. Tiene que ver en sí mismo más con hacking en su definición actual más común, esto es, intromisión en un sistema informático a escondidas y sin permiso. El término hacking se ha usado rutinariamente hoy en día por casi todos los policías, con algún interés profesional en el abuso y el fraude informático. La policía americana describe casi cualquier crimen cometido con, por, a través, o contra una computadora, como hacking. Más importante aún, hacker es lo que los asaltantes informáticos eligen para describirse a ellos mismos. Nadie que asalte un sistema de buena gana, se describe a él mismo -raramente a ella misma- como un asaltante informático, intruso informático, cracker, wormer, hacker del lado oscuro o gángster callejero de alta tecnología. Se han inventado algunos otros términos degradantes con la esperanza de que la prensa y el público dejarán el sentido original de la palabra sola. Pero en realidad pocas personas usan esos términos. -Excluyo el término cyberpunk, que usan algunos hacker y gentes de la ley-. El término cyberpunk está extraído de la crítica literaria y tiene algunas extrañas e improbables resonancias, pero, al igual que hacker, cyberpunk también ha llegado a ser un peyorativo criminal hoy en día. En cualquier caso, allanar sistemas informáticos era más bien extraño a la tradición hacker original. Los primeros sistemas poco seguros de los 60 exigían bastante cirugía simplemente para funcionar día a día. Sus usuarios invadían lo más profundo, los más arcanos escondrijos de su software operativo por rutina. La seguridad informática en esos tempranos y primitivos sistemas era en el mejor de los casos una idea adicional. La seguridad que había, era enteramente física, pues se suponía que quien tuviera acceso a este caro y arcano hardware debería ser un profesional experto altamente cualificado. En el entorno de un campus, sin embargo, esto significaba que los estudiantes graduados, asistentes de enseñanza, estudiantes, y finalmente todos los tipos de marginados y parásitos, terminaban accediendo y a menudo ejecutando programas. Las universidades, incluso las universidades modernas, no están en el negocio de mantener la seguridad sobre la información. Por el contrario, las universidades, como instituciones, son antecedentes de la economía de la información desde hace muchos siglos y no son entidades culturales sin ánimo de lucro, cuya razón de existencia -supuestamente- es descubrir la verdad, codificarla a través de técnicas de erudición, y luego enseñarla. Las universidades son medios de pasar la antorcha de la civilización, no sólo para grabar datos en los cerebros de los estudiantes, y los valores de la comunidad académica están fuertemente reñidos con los que podrían ser imperios de la información. Los profesores a todos los niveles, desde el jardín de infancia hacia arriba, han probado ser descarados y persistentes piratas de software y datos. Las universidades no son meramente filtros de información, sino que vigorosamente divulgan pensamientos libres. Este choque de valores ha estado cargado de controversia. Muchos hackers de los 60, recuerdan su aprendizaje profesional como una gran guerra de guerrillas contra la tensa computadora-central sacerdocio de información. Esos jovencitos hambrientos de computadoras tenían que luchar duro para acceder al poder de la informática, y muchos no estaban por encima de ciertos, ¡Humm!, atajos. Pero, con los años, esta costumbre liberó a la informática de la reserva estéril de los tecnócratas con bata de laboratorio y fue en gran parte, responsable del crecimiento explosivo de la informática en la sociedad en general -especialmente, la informática personal. El acceso al poder tecnológico tenía un poder irresistible sobre algunos de esos jovencitos. La mayoría de las técnicas básicas de intrusión por computadora: rompimiento de palabras clave, trampas, puertas traseras, Caballos de Troya, etc., fueron inventadas en ambientes universitarios en los años 60, en los primeros días de la informática de redes. Algunas experiencias espontáneas en la intrusión por computadora, deberían estar en el resumen informal de la mayoría de los hackers y muchos futuros gigantes de la industria. Fuera del débil culto de los entusiastas por las computadoras, pocas personas pensaron mucho acerca de las implicaciones del allanamiento con computadoras. Este tipo de actividades no había sido aún publicado, mucho menos criminalizado. En los años 60, las definiciones de propiedad y privacidad no se habían extendido aún al ciberespacio. Las computadoras no eran aún indispensables para la sociedad. No había enormes bancos de datos de información vulnerable y propietaria, que pudiera ser accedida, copiada sin permiso, borrada, alterada, o saboteada. Las oportunidades eran pocas en esos tempranos días -pero crecían cada año, exponencialmente, a medida que crecían las mismas computadoras. En los años 90, las presiones políticas y comerciales llegaron a ser arrolladoras, y rompieron los límites sociales de la subcultura hacking. El hacking ha llegado a ser demasiado importante para ser dejado a los hackers. La sociedad estaba ahora forzada a hacer frente a la naturaleza intangible del ciberespacio como propiedad, el ciberespacio como un estado-irreal, que es propiedad privada. En el nuevo, severo, responsable y fuerte contexto de la Sociedad de la información de los años 90, el hacking fue puesto en entredicho. ¿Qué significó introducirse en una computadora sin permiso y usar su poder computacional, o fisgonear dentro de sus ficheros sin robar nada? ¿qué eran estos hacker que se introducían en las computadoras, de todas formas? ¿cómo deberían definir mejor la sociedad y la ley, sus acciones? ¿eran solo navegadores, inofensivos exploradores intelectuales? ¿eran mirones, fisgones, invasores de la privacidad? ¿deberían ser tratados severamente como potenciales agentes de espionaje, o quizás como espías industriales? ¿o sería mejor definirlos como intrusos, un delito común entre adolescentes? ¿El hacking era robo o servicio? -Después de todo, los intrusos obtenían acceso a la computadora de alguien para ejecutar sus órdenes, sin permiso y sin pagar-. ¿Era el hacking un fraude? Seguramente, como mejor se puede describir es como imitación. El tipo más común de intrusión en computadoras era -y es- guindar o fisgonear la palabra clave de alguien, y entrar en la computadora con la apariencia de otra persona -a quien normalmente se le carga con las culpas y las facturas. Quizás una metáfora médica fuera mejor -los hackers deberían ser definidos como enfermos, como adictos a las computadoras, incapaces de controlar su irresponsable comportamiento compulsivo. Pero esos enjuiciamientos de peso significaron poco para las gentes que en realidad estaban siendo juzgadas. Desde dentro del mismo mundo underground del hacking, todas esas percepciones parecían curiosas, obstinadas, estúpidas, o sin sentido. La auto-percepción más importante de los hackers del underground -desde los años 60 hasta hoy en día- es que ellos son una élite. La lucha del día a día en el underground no es sobre definiciones sociológicas, -¿A quién le importa?- sino de poder, conocimiento y status entre los de tu mismo nivel. Cuando eres un hacker, son tus propias convicciones internas de tu status de élite las que te capacitan para romper, o digamos exceder, las reglas. No es que todas las reglas sean abandonadas. Habitualmente las reglas rotas por los hackers no son reglas importantes -las reglas de los imbéciles, avariciosos burócratas de las compañías de telecomunicaciones y de la estúpida plaga de los gobernantes-. Los hackers tienen sus propias reglas, que separan el comportamiento que es cojonudo y de élite, del comportamiento de rata, estúpido y de perdedor. Sin embargo, esas reglas, más bien no están escritas, están forzadas por presiones de nivel y sentimientos tribales. Como todas las reglas que dependen de convicciones no expresadas, que los demás son todos unos buenos chavales, esas reglas son susceptibles de abuso. Los mecanismos de presión que ejercen los compañeros del hacker, teleprocesos y el ostracismo, raramente son usados y raramente funcionan. Calumniosas puñaladas por la espalda, amenazas y acoso electrónico, también son ampliamente usadas en las decadentes disputas de los intrahacker, pero raramente esto fuerza al rival a dejar la escena enteramente. La única solución real para el problema de un hacker completamente perdedor, traidor y rata es entregarlo a la policía. A diferencia de la mafia o el cártel de Medellín, la élite del hacker simplemente no puede ejecutar al soplón, rastrero y alborotador en medio de sus filas, de modo que los entregan con asombrosa frecuencia. No hay tradición de silencio u omertá en los bajos fondos del hacker. Los hackers pueden ser tímidos, incluso reclusivos, pero cuando hablan, los hackers tienden a fanfarronear, ostentar y pavonearse. Casi cualquier cosa que los hackers hacen es invisible; si no fanfarronean, ostentan o se pavonean de ello, nadie lo sabrá. Si no tienen nada de lo que fanfarronear, ostentar o pavonearse, entonces nadie en el underground le reconocerá y le favorecerá con importantes cooperaciones y respeto. La manera de ganar una sólida reputación en el underground, es contarle a otros hackers, cosas que solo han podido ser aprendidas con una cautela y astucia excepcional. Sin embargo, el conocimiento prohibido es la moneda básica del underground digital, como las conchas entre los Isleños de Trobiand. Los hackers acumulan su conocimiento y se explayan en él obsesivamente, y lo refinan, y regatean con él, y hablan y hablan sobre él. Muchos hackers incluso sufren de una extraña obsesión por enseñar -extender el carácter y el conocimiento del underground digital-. Harán esto incluso cuando no les reporte ventaja alguna y represente un serio riesgo personal. Y cuando el riesgo les alcance, van directos a la enseñanza y la predicación -esta vez a una nueva audiencia, sus interrogadores los policías-. Casi todos los hackers arrestados cuentan todo lo que saben -todo sobre sus amigos, sus mentores, sus discípulos- leyendas, amenazas, historias de horror, rumores de calamidades, chismes, alucinaciones. Por supuesto, esto es conveniente para los policías -excepto cuando el policía empieza a creer en el hacker legendario. Los phreaks del teléfono son únicos entre los criminales, en su buena voluntad de llamar la atención de los policías -en la oficina, en sus casas- y darles un buen repaso de lo que piensan. Es difícil no interpretar esto como una súplica para que los arresten, y de hecho es un acto de una increíble temeridad. La policía está naturalmente irritada por los actos de estos caraduras y se pondrán en camino para arrestar a esos ostentosos idiotas. Pero también puede ser interpretado como el producto de una visión-mundial tan elitista, tan cerrada y hermética, que la policía electrónica no es percibida como policía, sino más bien como enemigos de los phreaks del teléfono, quienes deberían ser reprendidos y comportarse decentemente. Los hackers en su más grandilocuencia se perciben a sí mismos como una élite de exploradores de un nuevo mundo electrónico. Los intentos para hacer que obedezcan las leyes democráticamente establecidas de la sociedad americana contemporánea, son vistas como persecución y represión. Después de todo, argumentan, si Alexander Graham Bell hubiera seguido con las reglas de la compañía de telégrafos Western Union, no habría habido teléfonos. Si Jobs y Wozniak hubieran creído que IBM era lo que hay-que-tener y lo-último-para-todos, no hubiera habido computadoras personales. Si Benjamin Franklin y Thomas Jefferson hubieran intentado trabajar dentro del sistema no hubiera habido Estados Unidos. Confidencialmente los hacker no solamente creen esto como un objeto de fe, sino que han sido conocidos como escritores de ardientes manifiestos sobre ello. Aquí hay algunos extractos de un manifiesto hacker especialmente expresivo: "The TechnoRevolution" de Dr. Crash, que apareció en formato electrónico en PHRACK Volumen 1, Número 6, Phile 3. "Para explicar completamente los verdaderos motivos detrás del hacking, debemos primero echar un rápido vistazo al pasado. En los sesenta, un grupo de estudiantes del MIT construyó el primer sistema informático moderno. Este grupo salvaje de jóvenes rebeldes fueron los primeros en llevar el nombre de hackers. Los sistemas que desarrollaron fueron pensados para ser usados para solucionar problemas mundiales y beneficiar a toda la humanidad. Como podemos ver, éste no ha sido el caso. Los sistemas informáticos solamente han estado en las manos de las grandes empresas y el gobierno. El dispositivo maravilloso que pretendía enriquecer nuestras vidas se ha transformado en un arma que deshumaniza a las personas. Para el gobierno y las grandes empresas, las personas no son más que espacio en disco, y el gobierno no usa computadoras para disponer ayudas para los necesitados, sino para controlar armas nucleares de muerte. El Americano medio solo tiene acceso a un microordenador que solo merece la pena, en una fracción de lo que pagó por él. Las empresas mantienen el auténtico equipo más moderno, apartado de la gente, detrás de un muro de acero de burocracia y precios increíblemente altos. Es debido a este estado de cosas que nació el hacking. (...) Por supuesto, el gobierno no quiere que el monopolio de la tecnología se pierda, de modo que declaran ilegal el hacking y arrestan a cualquiera que sea localizado practicándolo. (...) La compañía telefónica es otro ejemplo de abuso de tecnología y se mantuvo fuera del alcance de las gentes con precios altos. (...) Los hackers encuentran a menudo que sus equipos actuales, debido a las maniobras monopolísticas de las empresas de computadoras, son ineficientes para sus propósitos. Debido a los precios tan desorbitados, es imposible adquirir legalmente el equipo necesario. Más aún, esta necesidad ha creado otro segmento para la lucha: el Credit Carding. El Carding es una forma de obtener los bienes necesarios sin pagar por ellos. De nuevo, es debido a la estupidez de las empresas el que el carding sea tan fácil, y demuestra que el mundo de los negocios está en manos de ésos, con considerablemente menos conocimiento técnico de como hacer las cosas que nosotros, los hackers. (...) El hacking debe continuar. Debemos preparar a los recién llegados en el arte del hacking. (...) Y en cualquier cosa que hagas, continúa con la lucha. Tanto si sabes como si no, si eres un hacker, eres un revolucionario. No te preocupes, estás en el lado correcto." La defensa del carding es rara. La mayoría de los hackers considera el robo de tarjetas de crédito como veneno para el underground, una tentativa inmoral y asquerosa, peor aún, es duro salir impune. Sin embargo, manifiestos abogando por el robo de tarjetas de crédito, el crashing deliberado de sistemas informáticos, e incluso actos de violencia física destructiva como vandalismo e incendios, existen en el underground. Esos alardes y amenazas son tenidos muy en cuenta por la policía. Y no todos los hackers son un abstracto, platónico novato de las computadoras. Unos cuantos son bastante expertos en la apertura de cerraduras, robar camiones de la telefónica y allanamiento de moradas. Los hackers se diferencian en su grado de odio a la autoridad y la violencia de su retórica. Pero, en el fondo, son unos burladores de la ley. No respetan las actuales leyes del comportamiento electrónico como esfuerzos respetables para preservar la ley y el orden y proteger la salud pública. Consideran esas leyes como las tentativas inmorales de desalmadas sociedades anónimas, para proteger sus márgenes de beneficio y aplastar disidentes. La gente estúpida, incluyendo a policías, hombres de negocios, políticos y periodistas, simplemente no tienen derecho a juzgar las acciones de esos poseídos de genio, de metas tecno-revolucionarias y conocimientos técnicos. Normalmente, los hackers son adolescentes y estudiantes universitarios que no han de trabajar para vivir. Normalmente provienen de ambientes de clase media y media-alta, y son claramente anti-materialistas -salvo que hablemos de equipo informático, claro está-. Cualquiera que esté motivado por avaricia de mero dinero -opuesto a la avaricia de poder, conocimiento y status- es rápidamente descrito como un cabeza hueca cuyos intereses no pueden ser sino corruptos. Al haber crecido en los años 70 y en los 80, estos jóvenes bohemios del underground digital consideraban a la sociedad normal, como hundida en la corrupción plutócrata, en la que todo el mundo, del presidente para abajo, están en venta y quienquiera que tenga el oro es el que decide las reglas. Curiosamente, hay una imagen distorsionada en el espejo de feria de esta actitud al otro lado del conflicto. La policía también es uno de los grupos más marcadamente antimaterialista de la sociedad americana, motivada no por el mero dinero sino por ideales de servicio, justicia, camaradería y desde luego, su propia rama especializada de conocimiento y poder. Es remarcable, que la guerra propagandística entre la policía y los hackers, siempre implique airadas alegaciones de que el otro lado está intentando conseguir algo de dinero fácil. Los hackers siempre filtran de forma consistente, que los fiscales anti-phreak intentan encontrar trabajos mejores como abogados de los telecos y que la policía contra el crimen informático, quien después se reconvierten en muy bien pagados, consultores de seguridad en el sector privado. Por lo que hace referencia al otro lado, la policía siempre compara los crímenes de hackers con robar cabinas telefónicas mediante palancas. Las alegaciones de pérdidas monetarias ante intrusiones en computadoras están notablemente infladas. El acto de copiar ilícitamente un documento de una computadora, se equipara moralmente a robar directamente a las compañías unos... -pongamos- medio millón de dólares. El intruso informático adolescente en posesión de este documento propietario, que ciertamente no ha sido vendido por tal suma, no tiene ni idea de donde podría venderlo y es bastante probable que no entienda lo que tiene. No ha conseguido ni un centavo por esta felonía pero se le sigue comparando moralmente con un ladrón que ha robado el cepillo de la iglesia y se ha fugado a Brasil. La policía quiere creer que todos los hackers son ladrones. Es una acción tortuosa y casi insoportable por parte del sistema judicial americano, poner a la gente en la cárcel, simplemente porque quieren aprender cosas que les esta prohibido saber. En un contexto americano, casi cualquier pretexto para el castigo, es mejor que meter a la gente en la cárcel para proteger ciertos tipos restringidos de información. De todas formas controlar la información, es una parte y una parcela de la lucha contra los hackers. Este dilema estaba muy bien ejemplificado por las remarcables actividades de Emmanuel Goldstein, editor de una revista impresa conocida como '2600: HACKER QUATRIMESTRAL'. Goldstein se había licenciado en la universidad de Long Island, en Nueva York en los años 70, y allí se metió e la estación de radio de la universidad. Su creciente interés por la electrónica hizo que se desplazara a los círculos yippies de TAP y de ahí al underground digital, donde se convirtió, según su propia confesión, en una techno-rata. Su revista publíca técnicas de intrusión en computadoras y exploración telefónica así como denuncias de malas actuaciones por parte de los telecos y fracasos gubernamentales. Goldstein vive plácidamente y de forma muy privada en una gran y vapuleada mansión victoriana en Setauket, Nueva York. Esta casa costera está decorada con objetos de teleco, conglomerados de restos traídos por la marea y los típicos cacharretes del lugar de descanso de un hippie. No está casado y sobrevive a base de comida precocinada y relleno de pavo, comido directamente de la bolsa. Goldstein es una persona con un encanto considerable, con un habla muy fluida, una sonrisa breve pero desarmante y una integridad a prueba de bomba que la policía electrónica de América encuentra genuinamente alarmante. Goldstein tomó su nombre -de-plume o seudónimo de un personaje de '1984' de Orwell, lo cual puede considerarse, correctamente, como un síntoma de la gravedad de su visión sociopolítica del mundo-. Él no practica la intrusión en computadoras, aunque defiende de forma vigorosa esas acciones, especialmente cuando se efectúan en contra de grandes corporaciones o agencias gubernamentales. Tampoco es un ladrón, pues desaprueba el mero robo de servicio telefónico, en favor de explorar y manipular el sistema. La mejor forma de describirlo y comprenderlo es, como un disidente. Extrañamente, Goldstein vive en una América moderna bajo condiciones muy similares a las de los antiguos disidentes intelectuales de los países del Este de Europa. En otras palabras, está casado con un sistema de valores que está profunda e irrevocablemente opuesto, al sistema de aquellos que están en el poder, así como la policía. Los valores de '2600' se expresan generalmente en términos irónicos, sarcásticos, paradójicos o simplemente confusos, pero no hay confusión por lo que hace a su tono anti-autoritario. '2600' mantiene que el poder técnico y el conocimiento especializado, sea del tipo que sea, pertenece por derecho a aquellos individuos suficientemente valientes y atrevidos como para descubrirlo, por cualquier medio que sea necesario. Aparatos, leyes o sistemas que prohiban el acceso y la libre distribución del conocimiento, son provocaciones que cualquier hacker que se respete a sí mismo debería atacar sin dudar. La privacidad de los gobiernos, corporaciones y otras organizaciones tecnocráticas, no deberían estar protegidas a expensas de la libertad y las iniciativas libertarias de la tecno-rata individual. Sin embargo, en nuestro mundo cotidiano contemporáneo, tanto los gobiernos como las corporaciones están realmente ansiosas de controlar la información que es secreta, propietaria, restringida, confidencial, protegida con Copyright, patentada, peligrosa, ilegal, no ética, embarazosa o sensitiva de cualquier otra forma. Ello convierte a Goldstein en una persona non-grata y a su filosofía en una amenaza. Muy poco de la vida diaria de Goldstein podría sorprender a Vaclav Havel -por poner un ejemplo. Observemos, de pasada, que una vez la policía checoslovaca confiscó su procesador de texto a Vaclav Havel-. Goldstein vive como en un samizdat, actuando de forma semi-abierta como un centro de datos para el underground, mientras reta a los poderes de todo tipo a vivir según sus propias normas: libertad de expresión y la primera enmienda. Goldstein cumple a rajatabla su papel de techno-rata, con unos aretes que le llegan hasta los hombros y una gorra negra de pirata inclinada sobre su cabeza. A menudo se aparece como el fantasma de Banquo en encuentros de profesionales de la informática, donde presta atención de forma relajada, con una media sonrisa y tomando muchas notas. Los profesionales de la informática acostumbran a encontrarse de forma pública, y les resulta muy difícil librarse de Goldstein sin llevar a cabo acciones extralegales e inconstitucionales. Muchos de sus simpatizantes son gente responsable, con trabajos de responsabilidad, y admiran a Goldstein por su actitud. Y de forma soterrada, le pasan información. Un número desconocido seguramente grande de los más de 2000 lectores de Goldstein son profesionales de la seguridad para los telecos, así como para la policía, que está obligada a subscribirse a '2600' para estar enterados de lo último en hacking. Así descubren que están pagando el sueldo de este tipo mientras les rechinan los dientes de angustia, una situación que habría encantado a Abbie Hoffman -uno de los pocos ídolos de Goldstein. Goldstein es seguramente el representante público más conocido del underground hacker de hoy, y sin duda es el más odiado. La policía lo considera un fagin, un corruptor de menores, y hablan de él con una repugnancia nada disimulada. Es una verdadera mosca cojonera. Tras la caída del sistema el día de Martin Luther King en 1990, Goldstein se dedicó a poner sal en la herida desde las páginas de '2600'. "Pues sí, ha sido algo divertido para los phone-phreakers ver como la red se derrumbaba", admitía de forma despreocupada. Pero también es un signo ominoso de lo que está por venir.... -Algunos tipos de AT&T, ayudados por unos medios bien intencionados, pero ignorantes, estuvieron extendiendo la idea de que muchas compañías tienen el mismo software y por tanto podrían enfrentarse con el mismo problema algún día-. Eso es un error. Se trata de una deficiencia exclusiva de AT&T. Desde luego, otras compañías podrían enfrentarse ante problemas enteramente diferentes con el software, pero claro, eso también le podría pasar a AT&T. Después de una discusión técnica de los fallos de sistema, la techno-rata de Long Island, empezó a presentar una crítica devastadora de los cientos de ingenieros cualificados de la gigantesca multinacional. "Lo que no entendemos es cómo una fuerza de gran importancia en las telecomunicaciones como AT&T ha podido ser tan descuidada." ¿Qué ha pasado con las copias de seguridad? Desde luego, los sistemas se caen de tanto en cuanto, pero la gente que hace llamadas telefónicas, no es la misma que se conecta a computadoras. Tenemos que hacer esa distinción. No es aceptable para el sistema telefónico o para cualquier otro servicio esencial que se caiga. Si continuamos confiando en la tecnología sin entenderla, podemos prever muchas variaciones sobre este tema.-AT&T debe a sus clientes el estar preparados para cambiar instantáneamente a otra red, si empieza a suceder algo extraño e impredecible-. La noticia no es la caída de un programa de computadora, sino el fallo de toda la estructura de AT&T. La misma idea de esta... persona... ofreciendo sus consejos acerca de toda la estructura de AT&T, es más que lo que mucha gente estaría dispuesta a soportar. ¿Cómo se atreve este quasi-criminal a dictar qué es y qué no es un comportamiento aceptable de AT&T? Sobre todo cuando está publicando, en el mismo número, unos diagramas bastante detallados, acerca de cómo crear diversos tonos de señal para cambiar de red, que no son de dominio público. "Mira lo que pasa, cuando dejas caer un par de tonos, desde una caja plateada en tu sistema de llamada local, o través de diferentes portadores de servicio a larga distancia", -recomienda el articulista de '2600' Mr. Upsetter en 'Cómo construir una caja de señales'. "Si experimentas de forma sistemática y mantienes un registro de todo lo que pasa, seguramente descubrirás algo interesante." Desde luego, se trata del método científico, normalmente considerado como una actividad digna de encomio y una de las flores de la civilización moderna. Uno puede realmente aprender mucho con este tipo de actividad intelectual estructurada. Los telecos consideran este modo de exploración, similar a meter cartuchos de dinamita en un estanque, para ver los seres vivos que hay en el fondo. '2600' se viene publicando de forma continuada desde 1984. También dispone de una BBS, camisetas estampadas de '2600', llamadas de fax... El número de primavera de 1991 contenía un anuncio interesante en la página 45: "Acabamos de descubrir un conjunto extra de cables enganchados a nuestra línea de fax, dirigidos a un poste -Así pues, les habían pinchado las líneas-. Los faxes que nos enviéis podrían ser monitorizados". En la visión del mundo de '2600', el pequeño grupo de hermanos techno-ratas -rara vez hermanas- son la vanguardia de los verdaderamente libres y honestos. El resto del mundo es un maestro del crimen corporativo y corrupción gubernamental de alto nivel, rebajada ocasionalmente con ignorancia bienintencionada. Leer unos cuantos números de una tirada, es entrar en una pesadilla similar a la de Solzhenitsyn's, aunque rebajada por el hecho de que '2600' es muy divertida. Goldstein no se convirtió en un objetivo de La Caza de Hackers, aunque protestó sonadamente, elocuentemente y públicamente, acerca de ello lo que permitió que su fama subiera muchos puntos. No es que no se le considerara peligroso, pues sí que se le consideraba. Goldstein se había llevado unos cuantos arañazos en su lucha con la ley en el pasado: en 1985 una computadora con una BBS de '2600' fue secuestrado por el FBI, y una parte del software que contenía fue declarado como un instrumento de robo en la forma de programa de computadora. Pero Goldstein escapó de la represión directa en 1990, pues su revista está impresa en papel, y por tanto sujeta a la libertad constitucional de la protección a la prensa. Tal y como sucedió en el caso de 'Ramparts', eso no es una garantía absoluta. Así y todo, desde una perspectiva práctica, cerrar '2600' mediante una orden judicial, crearía tanto jaleo legal que sería simplemente imposible llevarlo a cabo, al menos en el presente. Así pues, La Caza de 1990 tendría como objetivos la versión computerizada de los datos robados. La propia Caza, en primer y en mayor grado, se ocupaba de sistemas de tablón de anuncios. Conocidos corrientemente con el acrónimo feo y no pluralizable de BBS, estos sistemas son la sangre del underground digital. Las BBS también son centrales en las tácticas policiales y la estrategia en La Caza de Hackers. Una BBS puede definirse formalmente como una computadora que sirve como centro de información y mensajes para usuarios, que se conectan desde las líneas telefónicas mediante módems. Un módem, o modulador-demodulador, es un aparato que traduce los impulsos digitales de las computadoras en señales analógicas audibles de un teléfono, y viceversa. Los módems conectan a las computadoras con los teléfonos y así pueden conectarse los unos con los otros. Las grandes computadoras o mainframes han estado conectados entre sí desde los años 60, pero las computadoras personales , dirigidos por individuos desde sus casas, empezaron a conectarse a finales de los años 70. La BBS creada por Ward Christenson y Randy Suess en febrero de 1978 en Chigaco (Illinois), se considera generalmente como la primera BBS para computadoras personales que realmente mereciera el nombre. Las BBS se implementan en máquinas muy diferentes, utilizando software también muy diferentes. Las primeras BBS eran muy rudas y llenas de errores y sus administradores conocidos como operadores de sistema o sysops eran expertos técnicos que trabajaban duro y escribían su propio software. Pero como casi cualquier cosa en el mundo de la electrónica, las BBS se hicieron más rápidas, más baratas, mejor diseñadas y en general mucho más sofisticadas durante los años 80. También empezaron a abandonar el regazo de los pioneros para ir con el público en general. En 1985 debería haber alrededor de 4000 BBS en América. En 1990 se calcula que vagamente, debían haber unos 30000 en los Estados Unidos, y con un número desconocido al otro lado del océano. Las BBS son actividades no reguladas. Poner en marcha una es dicho y hecho. Cualquiera con una computadora, un módem y una línea telefónica puede empezar una BBS. Con un equipo de segunda mano y software de dominio público. El precio de una BBS puede ser muy pequeño, menos de lo que costaría publicar una revista o un panfleto decente. Las BBS no son prensas. No son revistas, ni bibliotecas, ni teléfonos, ni radios CB, ni los tradicionales tablones de anuncios en la lavandería local, aunque tienen algunos parecidos con estas formas de comunicación. Las BBS son un nuevo medio, quizás hasta sean un gran número de nuevos medios. Consideremos estas características únicas: las BBS son baratas, y sin embargo, pueden tener un alcance nacional, incluso global. Se puede tener acceso a una BBS desde cualquier parte de la red telefónica, sin ningún coste para la persona que mantiene la BBS -el que llama paga la cuenta telefónica, y si el que llama es local, la llamada es gratis -. Las BBS no implican una élite editorial dirigiéndose a una audiencia masiva. El sysop de una BBS no es un editor exclusivo, está manteniendo una tertulia electrónica, en la que los individuos pueden dirigirse al público en general, y también intercambiar correo privado con otros individuos. La conversación en las BBS, aunque es fluida, rápida y altamente interactiva, no es hablada, sino escrita. También es relativamente anónima: a veces completamente. Y cómo las BBS son baratas y ubicuas, las regulaciones y las licencias son prácticamente inaplicables. Sería más fácil regular, inspeccionar y licenciar el contenido de nuestro correo privado -ya que el sistema de correos está dirigido por el gobierno-. Las BBS están operadas por individuos, de forma independiente, a su propio albur. Para el operador de sistema, el coste de la operación no es el principal factor limitador. Una vez se ha hecho la inversión en una computadora y un módem, el único coste estable es mantener la línea telefónica -o más de una. Los principales límites para los operadores de sistemas son tiempo y energía. Las BBS requieren mantenimiento. Normalmente, hay que validar a los nuevos usuarios; hay que darles contraseñas y telefonearlos a casa, para determinar su identidad. También hay muchos usuarios repelentes y agresivos, a los que hay que hacer callar o purgar. Los mensajes que van proliferando hay que borrarlos según se van volviendo anticuados, de forma que no se acabe consumiendo toda la capacidad del sistema. Y los programas de computadora-si es que se mantienen en la BBS- se han de examinar a la búsqueda de posibles virus informáticos. Si hay que pagar para usar la BBS -algo cada vez más común, sobre todo en los sistemas más grandes y chulos-, entonces hay que mantener una contabilidad y hay que cobrar a los usuarios. Y cuando la BBS cae -algo muy común- hay que hacer reparaciones. Las BBS pueden distinguirse por la cantidad de esfuerzo utilizado en regularlas. Primero tenemos la BBS completamente abierta, aquella cuyo operador de sistema se dedica a tomar y ver repeticiones de series televisivas, mientras sus usuarios van degenerando con el tiempo en una anarquía total hasta el silencio final. En segundo lugar viene la BBS supervisada, en la que el operador de sistema aparece de vez en cuando para poner un poco de orden, calmar las peleas, lanzar anuncios y librar a la comunidad de repelentes y de buscaproblemas. En tercer lugar está la BBS altamente supervisada, en la que se pide una y otra vez un comportamiento adulto y responsable, y donde se editan aquellos mensajes que se consideran ofensivos, impertinentes, ilegales o irrelevantes. Y finalmente viene la publicación electrónica completamente editada, que se presenta ante una audiencia silenciosa a la que no se la permite responder de ninguna forma. Las BBS también se pueden agrupar por su grado de anonimato. Está la BBS completamente anónima, donde todo el mundo usa seudónimos -nicks- y ni siquiera el operador de sistema conoce la identidad real de los usuarios. En segundo lugar, y de forma mucho más común, está la BBS en la que el operador de sistema sabe, -o cree que sabe los verdaderos nombres y direcciones de todos los usuarios, pero los usuarios no saben los nombres de los demás y quizás ni el del operador de sistema. En tercer lugar está la BBS en la que todo el mundo usa sus nombres reales y el actuar como otra persona o los seudónimos están prohibidos. Las BBS también se pueden agrupar por su inmediatez. Las líneas de chat son BBS que conectan varios usuarios a la vez, a través de diferentes líneas telefónicas de forma simultánea, de manera que los usuarios pueden intercambiarse mensajes en el mismo momento en que teclean -muchas BBS tienen capacidad de chat entre sus servicios-. Las BBS menos inmediatas, quizás con una sola línea telefónica, almacenan los mensajes de forma serial, uno a la vez. Y algunas BBS están solo abiertas en las horas de oficina o los fines de semana, con lo que la respuesta se ralentiza mucho. Una red de BBS, como Fidonet puede transmitir correo electrónico de BBS en BBS, de continente a continente, a través de enormes distancias, pero a la velocidad de un caracol, así que un mensaje puede tardar varios días en alcanzar su objetivo y provocar una réplica. Las BBS pueden agruparse también por su grado de comunidad. Algunas BBS enfatizan el intercambio de correo electrónico privado, de persona a persona. Otras enfatizan los envíos públicos e incluso purgan aquellas personas que acechan, limitándose a leer mensajes pero negándose a participar activamente. Algunas BBS son íntimas y vecinales. Otras son glaciales y altamente técnicas. Algunas son poco más que vertederos de almacenamiento de software, donde los usuarios suben y bajan programas, pero prácticamente no interactúan. Las BBS pueden agruparse por la facilidad de acceso. Algunas BBS son completamente públicas. Otras son privadas y restringidas a amigos personales del operador de sistema. Algunas BBS dividen a los usuarios por status. En estas BBS, algunos usuarios, sobre todo los principiantes, extraños o niños, quedarán restringidos a los temas generales, y quizás se les prohiba enviar mensajes. A los usuarios con trato de favor, sin embargo, se les garantiza la habilidad de enviar mensajes según les apetezca, y a estar conectados todo el tiempo que quieran, incluso si impiden la conexión a otras personas que intentan acceder. Los usuarios de alto standing pueden tender acceso a áreas secretas de la BBS, como pueden ser temas crípticos, discusiones privadas o software valioso. Los usuarios con trato de favor pueden llegar a convertirse en "operadores de sistemas remotos", con la capacidad de tomar el control remoto de la BBS mediante su computadora personal. A menudo, los "operadores de sistemas remotos" acaban haciendo todo el trabajo, teniendo el control formal de la BBS, a pesar de estar físicamente situada en la casa de otro. A veces, diversos co-operadores de sistema comparten el poder. Las BBS también se pueden agrupar por tamaño. Redes comerciales nacionales como CompuServe, Delphi, Genie y Prodigy, se ejecutan en mainframes y generalmente no se consideran BBS, aunque tengan muchas de sus características, como puede ser el correo electrónico, temas de discusión, bibliotecas de software, y problemas persistentes y crecientes con cuestiones de derechos civiles. Algunas BBS privadas tienen hasta treinta líneas telefónicas y un hardware bastante sofisticado. También tenemos BBS diminutas. Las BBS pueden variar en popularidad. Algunas BBS son enormes y están abarrotadas, en ellas los usuarios han de enfrentarse continuamente con una señal constante de comunicando. Otras son enormes y están vacías; hay pocas cosas más tristes que una BBS floreciente en la que ya nadie envía mensajes, y las conversaciones muertas de usuarios desaparecidos languidecen recogiendo polvo digital. Algunas BBS son pequeñas e íntimas, sus números telefónicos se mantienen secretos a propósito, de forma que sólo un número pequeño de personas se puedan conectar. Y algunas BBS son underground. Las BBS pueden ser misteriosas entidades. Puede llegar a ser difícil diferenciar las conspiraciones, de las actividades de sus usuarios. Algunas veces llegan a ser una conspiración. Las BBS han albergado, o han sido acusadas de albergar, a todo tipo de grupos marginales y han apoyado, o han sido acusadas de apoyar, todo tipo de actividades dudosas, de mala fama, radicales o criminales. Existen BBS satánicas. BBS nazis. BBS pornográficas. BBS de pedófilos. BBS que comercian con drogas. BBS anarquistas. BBS comunistas. BBS gays y lesbianas -estas existen en gran profusión, algunas de ellas bien establecidas-. BBS religiosas. BBS evangélicas. BBS que practican brujería, de hippies, punkies, de chavales que hacen skateboard. BBS de creyentes en los ovnis. De seguro habrá BBS de asesinos en serie, terroristas aéreos y asesinos profesionales. No se pueden contar. Las BBS aparecen, florecen y desaparecen en grandes cantidades en la mayoría de los rincones del mundo desarrollado. Aparentemente inocuas, las BBS públicas pueden, y a veces lo hacen, albergar áreas secretas conocidas solo por unos pocos. Incluso en los extendidos servicios públicos comerciales, el correo es privado -y posiblemente con contenidos criminales. Las BBS cubren la mayoría de temas imaginables y alguno que es incluso difícil de imaginar. Abarcan un vasto espectro de actividades sociales. Sin embargo, todos los miembros de una BBS tienen algo en común: la posesión de computadoras y teléfonos. Naturalmente, computadoras y teléfonos son temas de conversación en casi cualquier BBS. Y los hackers y phreakers, esos devotos de las computadoras y los teléfonos, viven por las BBS. Se arremolinan y reproducen en torno a ellas. A finales de los años 80, los grupos de phreakers y hackers, unidos en BBS, han proliferado fantásticamente. Como evidencia de esto, lo que aquí sigue es una lista de grupos de hackers recopilada por los editores de la revista PHRACK el 8 de agosto de 1988. La Administración (The Administration). Telecomunicaciones Avanzadas Inc. (Advanced Telecommunications, Inc.) ALIAS. Los Viajeros del Tono Americano (American Tone Travelers). Anarquía Inc. (Anarchy Inc.) Apple Mafia. La Asociación (The Association). Gremio de Piratas del Atlántico (Atlantic Pirates Guild). Los Jodidos de Mal Asiento (Bad Ass Mother Fuckers). Bellcore. Fuerza Bell Shock (Bell Shock Force). La Bolsa Negra (Black Bag). Camorra. C&M Productions. Católicos Anónimos (Catholics Anonymous). Caos Computer Club (Chaos Computer Club). Los Ejecutivos (Chief Executive Officers). El Círculo de la Muerte (Circle Of Death). El Círculo de Deneb (Circle Of Deneb). Club X. Coalición de Piratas de Alta Tecnología (Coalition of Hi-Tech Pirates). De Costa a Costa (Coast-To-Coast). Informática Corrupta (Corrupt Computing). El Culto a la Vaca Muerta (Cult Of The Dead Cow). Venganzas a Medida (Custom Retaliations). Daño, Inc. (Damage Inc.). D&B Communications. La banda Dange (The Dange Gang). Cazadores Dec (Dec Hunters). La Banda Digital (Digital Gang). DPAK. Alianza del Este (Eastern Alliance). Gremio de Hackers de Élite (The Elite Hackers Guild). Club de Hackers y Phreakers de Élite (Elite Phreakers and Hackers Club). La Sociedad de Élite de América (The Elite Society Of America.). EPG. Ejecutivos del Crimen (Executives Of Crime). Élite Extasis (Extasyy Elite). Fargo 4A. Los Granjeros de la Perdición (Farmers Of Doom). La Federación (The Federation). Nosotros Somos los Federales (Feds R Us.). Primera Clase (First Class). Five O. Five Star. Fuerza Hackers (Force Hackers). The 414s.Hack-A-Trip. Hackers de América (Hackers Of America). Hackers de la Montaña Alta (High Mountain Hackers). Alta Sociedad (High Society). Los Autoestopistas (The Hitchhikers). Sindicato IBM (IBM Syndicate). Los Piratas de Hielo (The Ice Pirates). Los Señores de la Guerra Imperial (Imperial Warlords). Círculo Interior (Inner Circle). Círculo Interior II (Inner Circle II). Locura Inc. (Insanity Inc.). Bandidos Informáticos Alternativos Internacionales (International Computer Underground Bandits). Liga de la Justicia de América (Justice League of America). Kaos Inc. Caballeros de la Sombra (Knights Of Shadow). Caballeros de la Tabla Redonda (Knights Of The Round Table). Liga de Adeptos (League Of Adepts). Legión del Mal (Legion Of Doom). Legión de Hackers (Legion Of Hackers). Señores del Caos (Lords Of Chaos). Laboratorios Lunáticos Unlimited (Lunatic Labs, Unlimited). Maestros Hackers (Master Hackers). MAD! Los Merodeadores (The Marauders). MD/PhD. Comunicaciones Metálicas, Inc. (Metal Communications, Inc.). MetalliBashers, Inc. MBI. Metro Communications. Gremio de Piratas del Medio Oeste (Midwest Pirates Guild). NASA Elite. La Asociación OTAN (The NATO Association). Caballeros de Neón (Neon Knights). Orden Nihilista (Nihilist Order). Orden de la Rosa (Order Of The Rose). OSS. Gremio de Piratas del Pacífico (Pacific Pirates Guild). Acceso Fantasma Asociados (Phantom Access Associates). PHido PHreaks. La Empresa (The Phirm). Phlash. Los Fantasmas de la Línea Telefónica (PhoneLine Phantoms). Phreakers de América (Phone Phreakers Of America). Phortune 500. Delincuentes Phreak Hack (Phreak Hack Delinquents). Destructores Phreak Hack (Phreak Hack Destroyers). La Banda de los Phreakers, Hackers y Empleados de Lavandería (Phreakers, Hackers, And Laundromat Employees Gang -PHALSE Gang-). Phreaks Contra Individuos (Phreaks Against Geeks). Phreaks Contra Phreaks Contra Individuos (Phreaks Against Phreaks Against Geeks). Phreaks y Hackers de América (Phreaks and Hackers of America). Phreaks Anónimos del Mundo Entero (Phreaks Anonymous World Wide). Proyecto Génesis (Project Genesis). La Mafia Punk (The Punk Mafia). Los Alborotadores (The Racketeers). Archivos de Texto del Amanecer Rojo (Red Dawn Text Files). La Banda Roscoe (Roscoe Gang). SABRE. Círculo Secreto de Piratas (Secret Circle of Pirates). Servicio Secreto (Secret Service). 707 Club. Hermandad de la Sombra (Shadow Brotherhood). Sharp Inc. 65C02 Elite. Fuerza Espectral (Spectral Force). Liga Estrella (Star League). Polizones (Stowaways). Strata-Crackers. Equipo de Hackers 86 (Team Hackers '86). Equipo de Hackers 87 (Team Hackers '87). Equipo del Boletín TeleComputist (TeleComputist Newsletter Staff). Tribunal del Conocimiento (Tribunal Of Knowledge). Triple Convenio (Triple Entente). Volver y Morir (Turn Over And Die). Síndrome (Syndrome). -TOADS-. 300 Club. 1200 Club. 2300 Club. 2600 Club. 2601 Club. 2AF. La Fuerza Warez del Software Unido (The United Soft WareZ Force). Underground Técnico Unido (United Technical Underground). Brigada Alerta (Ware Brigade). The Warelords. WASP. Contemplar esta lista es algo impresionante, casi humillante. Como producto cultural se aproxima a la poesía. Los grupos clandestinos -las subculturas- se pueden distinguir de las culturas independientes por su hábito de referirse constantemente a sus culturas padre. La clandestinidad, por naturaleza, siempre mantiene un elemento diferenciador. La ropa distintiva y el peinado, el habla, los ghetos en las ciudades, las horas de levantarse, trabajar, dormir... La clandestinidad digital, que se especializa en la información, se apoya fuertemente en el lenguaje para distinguirse. Como se puede ver en esta lista, hacen bastante uso de la parodia y la burla. Es curioso ver a quién eligen para burlarse. Primero, grandes empresas. Tenemos a Phortune 500, Los Ejecutivos (Chief Executive Officers), Bellcore, Sindicato IBM (IBM Syndicate), SABRE -un servicio de reservas aéreas por computadora-. El uso normal de Inc. lo dice todo, ninguno de estos grupos son empresas, -pero dejan claro a quién parodian. Segundo, los gobiernos y la policía. Élite NASA (NASA Elite). Asociación OTAN (NATO Association). Nosotros Somos los Federales (Feds R Us) y Servicio Secreto (Secret Service), son ejemplos de burlas atrevidas. Los OSS (Office of Strategic Services) eran los precursores de la CIA. Tercero, los criminales. El uso de palabras peyorativas como insignia honorífica es otra táctica de las subculturas: punk, banda (gang), delincuentes (delinquents), mafias, piratas (pirates), bandidos (bandits), alborotadores (racketeers). El uso de ortografía especializada, especialmente el uso de "ph" por "f" y "z" para el plural en vez de "s" son símbolos de distinción. También lo es el uso del numeral "0" en vez de la letra "O" -el texto generado por computadora suele poner una barra inclinada en el cero para hacer obvia la distinción. Algunos términos son poéticamente descriptivos de la intrusión en computadoras: Los Polizones (The Stowaways), Los Autoestopistas (The Hitchhikers), Los Fantasmas de la Línea de Teléfono (The PhoneLine Phantoms), De Costa a Costa (Coast-To-Coast). Otros términos son simplemente chulerías para dar vanagloria a los nombres. -Nótese el uso insistente de términos como élite o master [maestro]-. Algunos términos son blasfemos, otros obscenos, otros crípticos. Cualquier cosa para intrigar, ofender y salirse de la raya. Muchos grupos hacker re-encriptan sus nombres con el uso de siglas: United Technical Underground es UTU, Farmers of Doom son FoD, The United SoftWareZ Force, a base de insistir mucho, TuSwF, y hay de aquél que se equivoque con las mayúsculas. Debería saberse que los miembros de estos grupos también tienen seudónimos. Tan sólo basta echar un vistazo a Los Fantasmas de la Línea de Teléfono (PhoneLine Phantoms), encontrarás que están formados por Carrier Culprit (Delincuente Portadora), (El Ejecutor) The Executioner, Blak Majik (Magia Negra), Egyptian Lover (Amante Egipcio), Solid State (Estado Sólido) y Mr. Icom. Carrier Culprit es conocido por sus amigos como "CC". Es bastante posible que esta lista se refiera tan solo a unas mil personas. No es una lista completa de grupos underground -nunca ha existido una lista de eso y nunca existirá-. Los grupos nacen, florecen, declinan, comparten miembros y mantienen una nube de fans y aficionados enganchados. La gente entra y sale, son expulsados, se aburren, son capturados por la policía, son arrinconados por la seguridad de las empresas de telecomunicaciones y multados. Muchos grupos underground son piratas de programas informáticos, warez d00dz, que rompen las protecciones de copia y piratean programas, pero que no se atreven a entrar en sistemas informáticos. Es difícil hacer una estimación de la población underground digital. Aumenta constantemente. La mayoría de los hackers empiezan de jóvenes, van y vienen, y lo dejan a los 22 años -la edad de la graduación escolar-. Y la mayoría de los hackers acceden a agrupaciones piratas, adoptan una postura, piratean software y quizás abusen de un código telefónico o dos pero nunca entran en la élite. Algunos confidentes profesionales, que se ganan la vida comercializando contenidos sacados de la clandestinidad digital a terceros en empresas de seguridad, han estimado que la población hacker llega a los cincuenta mil. Esto parece bastante exagerado, a menos que se cuenten todos y cada uno de los adolescentes piratas de software y los inofensivos ladrones de cabinas de teléfono. Mi mejor aproximación son unas 5.000 personas. De estos, adivino que sólo unos cientos son la verdadera élite -intrusos informáticos, activos, preparados lo suficiente como para entrar en sofisticados sistemas y comprometer de verdad a los cuerpos de seguridad y la ley. Otra especulación interesante es si este grupo crece o no. Los hackers jóvenes están convencidos de que los hackers existen por todos sitios y que pronto dominarán el universo cibernético. Los más viejos y listos, los de 24 y 25 años, están convencidos de que los días de gloria ya pasaron, que los polis controlan el underground y que los niños hoy día son tan estúpidos que sólo quieren jugar a la Nintendo. Mi punto de vista es que la intromisión en sistemas informáticos como acto no lucrativo de exploración intelectual y maestría, está decayendo poco a poco, al menos en los Estados Unidos; pero el fraude electrónico, especialmente la delincuencia en las telecomunicaciones, está creciendo a pasos agigantados. Se pueden encontrar paralelismos al underground digital en los ambientes análogos de la droga. Había un tiempo, tampoco hace mucho, en que los bohemios compartían libremente sus porros en los conciertos, y los pequeños traficantes de marihuana colocaban a la gente sólo por el placer de mantener una conversación sobre los Doors y Allen Ginsberg. Ahora se rechaza cada vez más a la droga, excepto en el arriesgado mundo criminal de las drogas altamente adictivas. Durante años de desencanto y hostigamiento policial, un lento movimiento ideológico underground ha renunciado al negocio del comercio con drogas, para pasar a acciones más salvajes y criminales. No es un panorama muy alentador, pero la analogía es convincente. ¿A qué se parecen las BBS underground? ¿qué las distingue de las otras? No es necesario discutirlo. -Los hackers suelen hablar acerca de temas relacionados con las BBS, como hardware, software, sexo, ciencia ficción, noticias de actualidad, política, cine, cotilleos personales-. Las BBS underground se distinguen mejor por sus ficheros, -o philes-, textos que muestran las técnicas y cultura underground. Éstos son como valiosos depósitos de conocimiento prohibido. Algunos son anónimos, pero algunos llevan orgullosamente el sello del hacker que los creó y de su grupo, si lo tiene. La siguiente lista es una relación parcial de contenidos de ficheros extraídos de una BBS underground, en algún lugar del corazón de América alrededor de 1991. La mayoría de las descripciones hablan por ellas mismas. 5406 06-11-91 Hackear el Banco de América BANKAMER.ZIP 4481 06-11-91 Hackear Chilton CHHACK.ZIP 4118 06-11-91 Hackear Citibank CITIBANK.ZIP 3241 06-11-91 Hackear Mtc Credit Company CREDIMTC.ZIP 5159 06-11-91 Boletín Hacker DIGEST.ZIP 14031 06-11-91 Como Hackear HACK.ZIP 5073 06-11-91 Principios de Hacking HACKBAS.ZIP 42774 06-11-91 Diccionario Hacker HACKDICT.ZIP 57938 06-11-91 Información Hacker HACKER.ZIP 3148 06-11-91 Manual del Hacker HACKERME.ZIP 4814 06-11-91 Manual del Hacker HACKHAND.ZIP 48290 06-11-91 Tesis Hacker HACKTHES.ZIP 4696 06-11-91 Hackear Sistemas Vms HACKVMS.ZIP 3830 06-11-91 Hackear Macdonalds MCDON.ZIP 15525 06-11-91 Guía de Unix de Phortune 500 P500UNIX.ZIP 8411 06-11-91 Hacking por radio RADHACK.ZIP 4096 12-25-89 Como buscar en la basura TAOTRASH.DOC 5063 06-11-91 Hacking Técnico TECHHACK.ZIP Estos ficheros son manuales hágalo-vd-mismo para entrar en computadoras. Los que siguen son una pequeña selección de una biblioteca mucho mayor de técnicas hacking y phreaking e historia. Nos movemos ahora a un área diferente y quizás sorprendente. Anarquía 3641 06-11-91 Ficheros anarquistas ANARC.ZIP 63703 06-11-91 Libro del anarquista ANARCHST.ZIP 2076 06-11-91 Anarquía en casa ANARCHY.ZIP 6982 06-11-91 Anarquía Nº 3 ANARCHY3.ZIP 2361 06-11-91 Juguetes anarquistas ANARCTOY.ZIP 2877 06-11-91 Armas anti-modem ANTIMODM.ZIP 4494 06-11-91 Como hacer una bomba atómica ATOM.ZIP 3982 06-11-91 Fórmula barbitúrica BARBITUA.ZIP 2810 06-11-91 Fórmula con pólvora BLCKPWDR.ZIP 3765 06-11-91 Como hacer bombas BOMB.ZIP 2036 06-11-91 Cosas que hacen ¡Boom! BOOM.ZIP 1926 06-11-91 Bomba de cloro CHLORINE.ZIP 1500 06-11-91 Libro de recetas rnarquistas COOKBOOK.ZIP 3947 06-11-91 Material de destrucción DESTROY.ZIP 2576 06-11-91 Bomba de polvo DUSTBOMB.ZIP 3230 06-11-91 Terror clectrónico ELECTERR.ZIP 2598 06-11-91 Explosivos 1 EXPLOS1.ZIP 18051 06-11-91 Más cxplosivos EXPLOSIV.ZIP 4521 06-11-91 Robo EZSTEAL.ZIP 2240 06-11-91 Lanzallamas FLAME.ZIP 2533 06-11-91 Bomba Flash FLASHLT.ZIP 2906 06-11-91 Como ocultar un micrófono de FM FMBUG.ZIP 2139 06-11-91 Explosivos caseros OMEEXPL.ZIP 3332 06-11-91 Como entrar en HOW2BRK.ZIP 2990 06-11-91 Carta Bomba LETTER.ZIP 2199 06-11-91 Como forzar candados LOCK.ZIP 3991 06-11-91 Cerraduras de maletas MRSHIN.ZIP 3563 06-11-91 Napalm en casa NAPALM.ZIP 3158 06-11-91 Diversión con Nitrogricelina NITRO.ZIP 2962 06-11-91 Información paramilitar PARAMIL.ZIP 3398 06-11-91 Rompiendo candados PICKING.ZIP 2137 06-11-91 Bomba con tuberías PIPEBOMB.ZIP 3987 06-11-91 Fórmulas con potasio POTASS.ZIP 11074 08-03-90 Más bromas para gastar a los idiotas PRANK.TXT 4447 06-11-91 Tácticas de venganza REVENGE.ZIP 2590 06-11-91 Diversión con cohetes ROCKET.ZIP 3385 06-11-91 Como hacer contrabando SMUGGLE.ZIP -¡Dios Santo! ¡ésto está lleno de material sobre bombas!¿qué vamos a hacer con todo esto? Primero, hay que reconocer, que difundir información sobre destrucción, a los jóvenes, es un acto deliberadamente antisocial. -Sin embargo, no es ilegal. Segundo, se debería reconocer que la mayoría de estos ficheros, han sido escritos por adolescentes. La mayoría de los varones americanos que puedan recordar sus años de juventud, se acordarán de como construir un lanzallamas en el garaje, -aunque fuera difícil-. Rellenar de pólvora un recipiente con una lámpara dentro para arrancarle el brazo al subdirector del colegio puede ser algo oscuramente bello de contemplar. Cometer tropelías con explosivos, actualmente hará que se gane uno la atención del Comité Federal del Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego. Algunas personas, sin embargo, intentarán poner en marcha estos planes. Un atrevido adolescente americano podrá probablemente comprar o robar una pistola mucho más fácilmente que fabricar napalm en el fregadero de la cocina. No obstante, si la tentación se extiende, antes de que algunos sucumban en el intento, una pequeña minoría lo intentará. Una gran cantidad dentro de esa pequeña minoría fallará o lo más seguro, quedarán mutilados, ya que esos ficheros no han sido revisados para comprobar su exactitud, no son el resultado de la experiencia profesional, y a menudo están llenos de cosas inventadas. De todas formas, la amenaza real de estos ficheros no ha de ser menospreciada. Los hackers no van en serio cuando se trata de bombas; si lo fueran, oiríamos más sobre explosiones, bazokas caseros y profesores de gimnasia envenenados por cloro y potasio. Sin embargo, los hackers sí son serios cuando se habla de conocimientos prohibidos. Están poseídos no solamente por la curiosidad, sino por un positivo deseo de saber. El deseo de conocer lo que otros desconocen no es nuevo. Pero la intensidad de este deseo, tal como manifiestan estos jóvenes ciudadanos tecnófilos de la Era de la Información, es, de hecho, actual y representa un cambio básico en los valores sociales -un presagio de hacia donde se dirige el mundo, tal y como la sociedad basa más y más sus valores en la posesión, asimilación y comercialización de la información como una comodidad más de la vida diaria. Siempre han existido jóvenes con interés obsesivo en estos temas. Nunca antes, sin embargo, han tenido la oportunidad de estar conectados de manera tan fácil y extensa y de propagar sus intereses con tanta impunidad a otros iguales a ellos. Los profesores de instituto reconocerán que siempre es uno dentro del conjunto, pero cuando ese uno escapa al control entrando en las líneas telefónicas y llegando todos a ser cientos en las BBS, entonces el problema crece considerablemente. La urgencia de las autoridades para hacer algo, incluso algo drástico, es difícil de resistir. Y en 1990, la autoridad hizo algo. De hecho, la autoridad hizo de las suyas. El proceso mediante el que una BBS engendra un hacker podría ser algo así: un chaval se interesa por las computadoras -generalmente por sus juegos-. Se entera por sus amigos de la existencia de tableros de noticias -BBS- donde se pueden obtener juegos gratis. -Muchos juegos de computadora son de libre distribución, no están protegidos por las leyes de la propiedad intelectual; inventados simplemente por el placer de crearlos y donarlos al público, algunos de estos juegos son bastante buenos-. El chaval convence a sus padres para que le compren un módem, o lo más probable, use el propio módem de los padres. Finalmente alcanza el mundo de las BBS. Los juegos de computadora pueden ser muy caros, auténticas ruinas para un crío, pero los juegos pirateados y liberados de las protecciones contra el uso de copias no autorizadas son baratos o incluso gratis. También son ilegales -pero es rarísimo- y ni tan siquiera se escuchan noticias de persecución o captura de pequeñas redes de piratería. Una vez crackeada la protección anticopia, el programa, tratándose de un soporte digital, se convierte en infinitamente reproducible. Incluso los manuales e instrucciones que lo acompañan pueden incluirse como archivos de texto o ser fotocopiados de los originales. Por otro lado, los usuarios de la BBS pueden aportar prácticos trucos o consejos en las tácticas a emplear en los juegos. Un joven provisto de un aporte infinito de juegos gratis ciertamente dará la espalda a los amigos sin módem. Además, los tableros ofrecen la ventaja del anonimato, nadie necesita saber que tienes catorce años, con un poco de práctica en el subterfugio puedes hablar a los mayores sobre temas de adultos -¡Siendo aceptado y tomado en serio!- Puedes incluso hacerte pasar por alguien del sexo opuesto, o por un anciano o por quien quieras que puedas imaginar. Si encuentras este tipo de engaño gratificante, existen amplias posibilidades de demostrar tu talento, aunque puedes agotar la oferta de entretenimiento de las BBS locales. En las BBS se mantienen listas de números de teléfono hacia otras BBS, algunas lejanas, tentadoras y exóticas. ¿Quién sabe dónde se encuentran, en Oregon, Alaska...?, es muy fácil descubrirlo y conectarse -simplemente ordenándoselo al módem a través de su software, tecleando igual que lo harías con un juego-. La máquina reacciona velozmente y en pocos segundos estás hablando con un grupo de interesantes personas en otra BBS, al otro lado del océano. ¡Y mientras, las facturas por esta simple acción continúan creciendo y tambaleándose!, simplemente por teclear con tus dedos puedes haber hundido a tus padres con cuatrocientos pavos en cargos por conferencias a larga distancia y que se queden en los huesos. Que poco justo parece esto. Puede ser horroroso haber hecho amigos en otro estado y ser privado de su compañía, -y de sus programas- ¡Sólo porque las compañías de teléfono cobran incomprensibles cantidades de dinero! Que doloroso es estar restringido a las BBS de tu distrito -¿qué puñetas es un distrito? ¿qué lo hace tan especial?- Unas cuantas quejas, protestas e inocentes preguntas de este tipo acaban a menudo obteniendo la respuesta empática de otro usuario de la BBS -alguien con ciertos códigos robados en mano-. Tú dudas un momento, sabes que no está bien, después actualizas tu mente e intentas hacer funcionar los códigos -¡y funcionan!- De repente, estás haciendo algo que incluso tus padres no podrían hacer. Hace seis meses eras sólo un chico más, ¡y ahora eres el Crimson Flash -conocido criminal del distrito 512!- ¡Eres malo, eres el enemigo de la nación! Puede que te detengas y quedes satisfecho con unos simples códigos robados. Puede que decidas, que después de todo, las BBS no son tan interesantes, puede que no te guste el riesgo, y puede que pienses que no está bien lo que haces, o... puede que no. El siguiente paso es desarrollar tu propio programa de llamadas capaz de generar tus códigos robados personales. -Esto terminó muriendo hace menos de cinco años, hoy en día es mucho más difícil, pero aún no es imposible-. Y esos programas de llamadas no son complejos, algunos apenas exceden de las veinte líneas de código fuente. Ahora, tú también puedes intercambiar códigos. Puedes dar tus códigos y aprender a cambio nuevas técnicas. Si eres lo suficientemente avispado para pillarlas -las técnicas- y lo suficientemente obsesivo y atrevido para romper las reglas, entonces te harás mejor, más rápido. Comenzarás a desarrollar una fama. Ascenderás hacia BBS de mayor nivel, BBS donde se respira un ambiente perverso, el tipo de BBS que ni tus compañeros, ni tu mismo, imaginábais que existieran. Adoptas la jerga hacker y phreaker de la BBS. Lees un poco sobre esta gente -y... ¡hombre!, no habrías podido llegar a imaginar, estar fuera de la ley, sin ni tan siquiera salir del dormitorio-. Sigues jugando a los juegos de computadora, pero ahora tienes un nuevo juego más grande. Uno que te otorgará un status diferente al que obtendrías por aniquilar ocho millones de marcianos. El hacking es percibido por los hackers como un juego. No es una concepción exclusivamente antisocial o irracional. Puedes ganar o perder con el hacking, lograr o fallar, pero nunca lo sientes realmente. No se trata de que jovenzuelos imaginativos a veces tengan problemas en distinguir lo imaginario de la vida real -¡El ciberespacio no es real!-, son reales objetos físicos como los árboles, los zapatos y los coches. El hacking tiene lugar en una pantalla. Las palabras no son físicas, los números -incluso los números de teléfono y de las tarjetas de crédito- no son materiales. Palos y piedras pueden romper mis huesos, pero los datos nunca me dañarán. La computadora simula la realidad, igual que los juegos de computadora simulan batallas de tanques, aviones o naves espaciales. Las simulaciones son simplemente creíbles, y el material del que están hechas las computadoras no es real. Piensa en ello: si el hacking lo tomamos como algo serio, algo real y peligroso, ¿entonces, cómo es que un niño de nueve años, tiene un módem?, no le darías a un niño de nueve años su propio coche, su propio rifle o su propia sierra mecánica -esas cosas son reales-. La gente considerada como subversiva es perfectamente consciente, y desaprueba el poder y peligrosidad que pretenden atribuirle al juego del hacking. Se habla mucho en los entornos subversivos, sobre las cazas de hackers. Anunciar estas cazas es una de las funciones prioritarias de las BBS pirata, pero no sólo las dan a conocer, sino que promulgan una actitud hacia ellas, basada en su particular idiosincrasia sobre la justicia. Los usuarios de estas BBS subversivas no se quejarán, si algún colega es atrapado por destrozar sistemas, distribuir virus, o robar dinero mediante un fraude electrónico. Puede que muestren una sonrisa cómplice, pero nunca defenderán abiertamente estas actividades. Ahora bien, cuando un chico es multado con una suma, pongamos, de 233.846,14 dólares, -por ejemplo-, porque él se coló en una computadora y copió algo en un disco, que guarda en su casa, -eso sí es considerado por los hackers como un signo insano, por parte de los acusadores, un signo de que ellos han confundido el juego inmaterial de la computación, con su material y real rutina, de rico pez gordo de corporación-. Es como si esas grandes compañías y sus peloteros abogados, pensaran que el mundo de la computación, de la información; les perteneciera, ¡fijándole un precio como si se tratara de cajas de jabón para la ropa! Pero poner precio a la información es como poner precio al aire o a los sueños. Bien, cualquiera en una BBS pirata sabe lo que la información puede y debe ser, debe ser libre. Las BBS pirata son como pequeños mundos independientes en el ciberespacio, no pertenecen a nadie. Las BBS piratas no las ha traído El Corte Inglés . Entrar en una BBS del submundo -conocido internacionalmente como underground- puede significar una experiencia de liberación, y es entrar en un mundo donde por una vez, el dinero no lo es todo, y los adultos no tienen todas las respuestas. Permitidme daros una viva muestra de otro manifiesto hacker. Aquí tenéis algunos extractos de "La Conciencia de un Hacker", escrito por The Mentor (Volumen 1, Capítulo 7, tercer párrafo): "Hoy he hecho un descubrimiento. He encontrado una computadora. Esperad, esto es lo mejor. La computadora hacía lo que yo quería. Si cometía un error era porque yo me equivocaba. No porque yo no le gustara. (...) Y entonces ocurrió... una puerta se abrió al mundo, surcando la línea telefónica igual que la heroína surca las venas del adicto, el impulso eléctrico te envía a un refugio a salvo de las incompetencias del día a día... la BBS ha sido encontrada. Es... es a donde pertenezco. Conozco a todo el mundo aquí, incluso sin haberlos visto antes, sin haber hablado con ellos y puede que a algunos no vuelva a verlos jamás... Os conozco a todos... (...) Éste es nuestro mundo... el mundo del electrón y el conmutador, la belleza del baudio. Hacemos uso de un servicio ya existente sin pagar por lo que podría ser gratis si no estuviera en manos de unos glotones aprovechados, y tú nos llamas a nosotros criminales. Nosotros exploramos... y tú nos llamas criminales. Existimos sin color de piel, sin nacionalidad, sin inclinaciones religiosas... y tú nos llamas criminales. Tú que construyes bombas atómicas, tú que haces la guerra, tú asesino, nos engañas y mientes intentando hacernos creer que es por nuestro propio bien, sin embargo somos criminales. Si, soy un criminal. Mi crimen es la curiosidad. Mi crimen es juzgar a la gente por que lo que ellos dicen y piensan, no por como ellos aparentan ser exteriormente. Mi crimen es ser más inteligente que tú, algo por lo que nunca me perdonarás." Han habido BBS pertenecientes al mundo underground casi desde el primer momento en el que hubo una BBS. Una de las primeras fue 8BBS, que se convirtió en la fortaleza de la élite phreak de la Costa Oeste. Desde que empezó a funcionar en marzo de 1980, fue el hogar de Susan Thunder, "Tuc" y sobre todo de The Condor. The Condor se ganó el dudoso honor de ser el phreak o hacker americano más vilipendiado de todos los tiempos. Diversas organizaciones del underground, hartas del insoportable comportamiento de The Condor, acabaron denunciándole a la policía, que ya de por sí iba a por él debido a su fama de hacker furioso con todo y todos. El resultado es que The Condor fue mantenido en una celda de aislamiento durante siete meses, por temor a que iniciara la Tercera Guerra Mundial, lanzando misiles nucleares a través del teléfono público de la prisión. -Habiendo cumplido su condena, The Condor vive tranquilo; y así, no ha tenido lugar la Tercera Guerra Mundial. El administrador de 8BBS era un ardiente entusiasta de la libertad de expresión que consideraba que cualquier intento de restringir las conversaciones de sus usuarios era inconstitucional e inmoral. Durante un tiempo, grupos de personas interesadas en la técnica entraban en 8BBS y salían convertidos en phreaks y hackers, hasta que en 1982 un agradecido alumno de 8BBS le regaló al administrador un módem que había sido comprado utilizando fraudulentamente una tarjeta de crédito. La policía aprovechó la oportunidad que se le ofrecía para cerrar la BBS y eliminar así lo que consideraba un incordio demasiado atrayente. Plovernet era una potente BBS pirata de la Costa Este a la que se podía acceder en Nueva York y Florida. Propiedad del hacker adolescente Quasi Moto, que además era el administrador, Plovernet atrajo a quinientos entusiastas usuarios en 1983. Emmanuel Goldstein fue durante un tiempo co-administrador de Plovernet, junto con Lex Luthor, fundador del grupo Legion of Doom. Plovernet se ganó el distinguido honor de ser el primer hogar de Legion of Doom, un grupo del que el lector oirá hablar mucho en breve. Pirate-80, o P-80, administrada por Scan Man, entró en el juego en los primeros tiempos, funcionando desde Charleston, y permaneció durante años. P-80 creció tan asombrosamente que incluso sus usuarios más habituales se pusieron nerviosos, y algunos especularon maliciosamente con la posibilidad de que Scan Man tuviera alguna relación con el mundo de la seguridad en empresas, una acusación que él siempre negó rotundamente. 414 Private era el hogar del primer grupo que se buscó problemas, los adolescentes de 414 Gang, cuyas intrusiones en el Centro Sloan-Kettering del Cáncer y las computadoras militares de Los Alamos asombraron a todos en 1982. Aproximadamente por la misma época empezaron a crearse las primeras BBS dedicadas al pirateo de software, negociando con juegos desprotegidos para el Atari 800 y el Commodore C64. Lógicamente, estas BBS eran muy frecuentadas por adolescentes. Y con el estreno en 1983 de la película de hackers Juegos de Guerra, la situación estalló. Parecía que todos los niños de América habían pedido un módem por Navidad y lo habían conseguido. Muchos de estos novatos acabaron mandando el módem al cuarto de los trastos después de unas pocas semanas, y la mayoría de los que siguieron usándolo fueron cautelosos y procuraron no adentrarse en terrenos peligrosos. Pero algunos otros, tenaces y con talento, consideraban al hacker de Juegos de Guerra un pardillo. No descansarían hasta que hubieran contactado con el underground -o, en caso de no conseguirlo, hasta haber creado el suyo propio. A mediados de los años 80, las BBS de ambiente underground se expandieron como si fueran una versión digital de los hongos. ShadowSpan Elite. Sherwood Forest I, II y III. Digital Logic Data Service, de Florida, administrada por nada más y nada menos que por Digital Logic; Lex Luthor, de Legion of Doom, era un habitual de esta BBS, dado que estaba dentro del área de su prefijo telefónico. La BBS de Lex, Legion of Doom, empezó a funcionar en 1984. Neon Knights administraban una red de BBS de hackers especializados en Apple: Neon Knights Norte, Sur, Este y Oeste. Free World II era administrada por Major Havoc. En el momento en que se publicó este libro, Lunatic Labs todavía estaba en funcionamiento. Dr. Ripco, de Chicago, una BBS anarquista con una larga y escandalosa historia, fue cerrada por agentes del Servicio Secreto en 1990 durante la "Operación Sundevil", pero volvió a ser puesta en marcha al poco tiempo, con nuevas computadoras y un vigor apenas menguado. La situación en Saint Louis no podía compararse con la de los grandes centros del hacking de América, como Nueva York y Los Ángeles. Pero en Saint Louis podían disfrutar de contar con Knight Lightning y con Taran King, dos de los más destacados periodistas pertenecientes al underground. Las BBS de Missouri, como Metal Shop, Metal Shop Private o Metal Shop Brewery, puede que no fueran las BBS más importantes en términos de experiencia en actividades ilícitas. Pero se convirtieron en BBS donde los hackers podían enterarse de cotilleos y hacerse una idea de qué demonios estaba ocurriendo a nivel nacional -e internacional-. Las charlas de Metal Shop se convirtieron en archivos de noticias, que a su vez crearon una revista electrónica, PHRACK, un título formado por la unión de las palabras phreak y hack. Los editores de PHRACK sentían una curiosidad por otros hackers tan obsesiva como la que sentían los hackers por las máquinas. PHRACK, al ser gratuita y ser una lectura entretenida, empezó a circular por el underground. A la vez que Knight Lightning y Taran King terminaron la secundaria y empezaron el bachillerato, PHRACK empezó a aparecer en mainframes conectados a BITnet, y a través de BITnet a Internet, esa insegura pero muy potente red sin fines lucrativos donde máquinas de universidades, del Gobierno y de empresas intercambiaban datos a través del protocolo TCP/IP de UNIX. -El Gusano de Internet que apareció entre el 2 y el 3 de noviembre de 1998, creado por el licenciado por Cornell, Robert Morris, iba a ser el escándalo por intrusión informática mayor y con más repercusión en los medios hasta aquella fecha. Morris declaró que su ingenioso programa gusano estaba diseñado para explorar Internet sin causar daños, pero que debido a errores en la programación, el gusano empezó a copiarse a sí mismo sin control, y provocó la caída de unos seis mil servidores de Internet. Lo normal entre la élite del underground era un hacking en Internet a menos escala y menos ambicioso. Por entonces, casi en cualquier BBS underground se podía encontrar toda una serie de números de PHRACK -y a veces, otras publicaciones habituales del underground menos conocidas: 'Legion of Doom Technical Journal', los obscenos y escándalos archivos de 'Cult Of The Dead Cow', la revista 'P/HUN', 'Pirate', 'Syndicate Reports', y quizás 'Activist Times Incorporated', con un fuerte contenido de anarquismo político. La mera presencia de PHRACK en una BBS era ya considerada una evidencia indudable de malas intenciones. PHRACK estaba al parecer en todas partes, ayudando, alentando y difundiendo el ideal underground. Y esto no escapó a la atención de las agencias de seguridad de las empresas ni a la de la policía. Entramos así en el delicado asunto de la policía y las BBS. La policía es la dueña de varias BBS. En 1989, había BBS financiadas por la policía en California, Colorado, Florida, Georgia, Idaho, Michigan, Missouri, Texas y Virginia: BBS como por ejemplo Crime Bytes, Crimestoppers, All Points y Bullet-N-Board. Varios agentes de policía entusiastas de la informática, administraban sus propias BBS en Arizona, California, Colorado, Connecticut, Florida, Missouri, Maryland, Nuevo México, Carolina del Norte, Ohio, Tennessee y Texas. Estas BBS de la policía han sido con frecuencia útiles en la relación con la comunidad. Algunas veces se ha informado de delitos en estas BBS. Otras veces se han cometido delitos en BBS de la policía. Esto a veces ha ocurrido por accidente, como por ejemplo cuando hackers despistados han entrado en BBS de la policía y despreocupadamente han empezado a ofrecer códigos telefónicos. Sin embargo, es más frecuente que estos delitos ocurran en las denominadas sting boards . En 1985 se crearon las primeras BBS trampa de la policía: Underground Tunnel, en Austin, Texas, -cuyo administrador, el sargento Robert Ansley, se hacía llamar Pluto- The Phone Company, en Phoenix, Arizona, -administrada por Ken MacLeod, de la oficina del Sheriff del Condado de Maricopa- y la BBS del sargento Dan Pasquale, en Fremont, California. Los administradores se hacían pasar por hackers, y rápidamente se ganaban la confianza de los usuarios, que enviaban códigos y software pirateado despreocupadamente. Las BBS trampa, al igual que el resto de BBS, tienen un mantenimiento barato, muy barato para lo que suelen ser las operaciones policiales encubiertas. Una vez aceptados por el underground local, será muy normal que se invite a los administradores a entrar en otras BBS piratas, donde podrán elaborar más informes. Y cuando se descubre la trampa y se detiene a los principales delincuentes, la publicidad conseguida es generalmente gratificante. La paranoia en el underground producto de estas operaciones -que quizás sea mejor descrita como efecto disuasorio- tiende a hacer disminuir localmente el número de delitos durante un tiempo. Obviamente, la policía no tiene por qué descubrir el pastel siempre y capturar a los hackers. Al contrario, las cosas pueden seguir sin que se descubra la verdad. Pueden coger a algunos e interrogarlos. Algunos pueden convertirse en útiles informadores. Pueden guiar a la policía hacia BBS piratas de todo el país. Y las BBS de todo el país estaban repletas de las huellas de PHRACK, y del grupo underground que mostraba una actividad más flagrante, Legion of Doom. El nombre Legion of Doom (Legión del Mal) venía de los tebeos. La Legión del Mal, una conspiración de "super-villanos" dirigida por la mente ultra-criminal Lex Luthor, causó a "Superman" una gran cantidad de problemas, pintados a cuatro colores durante décadas. Por supuesto, "Superman", ese modelo de Verdad, Justicia, y la American Way, siempre venció en esta larga lucha. Esto no les importaba a los hackers del grupo -no habían escogido el nombre Legion of Doom como una referencia a la maldad, no estaba pensado para ser tomado en serio. Legion of Doom era un nombre que venía de los tebeos y se suponía que era divertido. Legion of Doom era de todas maneras un nombre muy espectacular. Sonaba bien. Otros grupos, como Farmers of Doom, muy cercanos a Legion of Doom, reconocieron lo grandilocuente del nombre, e hicieron un chiste con él. Existió incluso un grupo de hackers llamado Justice League of America, por el nombre del club de superhéroes dirigido por Superman. Pero duraron poco tiempo; sin embargo, Legion of Doom sobrevivió. El grupo original, procedente de la BBS Plovernet, de Quasi Moto, eran phone phreaks. No eran muy aficionados a las computadoras. El propio Lex Luthor -que era menor de dieciocho años cuando fundó Legion- era un experto en COSMOS, siglas en inglés de Sistema Central para el Manejo de Mainframes, una red interna de computadoras de las compañías de telecomunicaciones. Lex Luthor adquirió una gran habilidad en introducirse en mainframes de IBM, pero aunque todos querían a Lex Luthor y le admiraban, no era considerado un verdadero intruso informático. Y tampoco era la cabeza pensante de Legion of Doom -nunca hubo en el grupo un liderazgo formal-. Como habitual usuario de Plovernet y administrador de Legion of Doom BBS, Lex Lutor era el animador y el oficial de reclutamiento de Legion of Doom. Legion of Doom fue creado sobre los restos de un grupo de phreaks anterior, The Knights of Shadow. Más adelante, Legion of Doom recibió la incorporación del grupo de hackers Tribunal of Knowledge. Había gente entrando y saliendo de Legion of Doom constantemente; los grupos se separaban y se formaban nuevos. Al poco de formarse, los phreaks de Legion of Doom se hicieron amigos de unos pocos aficionados a la intrusión informática, que formaron el grupo asociado Legion of Hackers. Entonces, los dos grupos se fusionaron y formaron Legion of Doom/Hackers, o Legion of Doom/H. Cuando el ala hacker original, Compu-Phreak y Phucked Agent 04, encontraron otras maneras de llenar su tiempo, la "/H" extra fue lentamente desapareciendo del nombre; pero por entonces, el ala phreak, Lex Luthor, Blue Archer , Gary Seven , Kerrang Khan, Master of Impact , Silver SPy , The Marauder y The Videosmith , habían alcanzado un grado de experiencia en intrusión informática muy alto y se habían convertido en una fuerza a tener en cuenta. Los miembros de Legion of Doom parecían comprender casi instintivamente, que la manera de conseguir un poder real en el underground era la publicidad encubierta. Legion of Doom era un grupo descarado. No sólo fue uno de los primeros grupos, sino que sus miembros dedicaron mucho tiempo a distribuir por todas partes sus conocimientos ilícitos. Algunos miembros de Legion of Doom, como The Mentor, incluso lo consideraban una misión divina. La publicación 'Legion of Doom Technical Journal' empezó a aparecer en BBS de todo el underground. 'Legion of Doom Technical Journal' fue llamado así como una cruel parodia de la vieja y honorable revista 'AT&T Technical Journal'. El contenido de ambas publicaciones era muy similar -buena parte de él procedente de revistas de distribución pública y de discusiones de la comunidad de ingenieros de telecomunicaciones-. Y el estilo de Legion of Doom hacía que incluso la información más inocua pareciera siniestra; un escándalo; y peligro claro y real. Para ver por qué ocurría esto, veamos los siguientes párrafos imaginarios como experimento. (A) "W. Fred Brown, Vicepresidente de Desarrollo Técnico Avanzado de AT&T, habló el 8 de mayo ante una audiencia en Washington de la Administración Nacional para las Telecomunicaciones y la Información (NTIA) sobre el proyecto GARDEN de Bellcore. GARDEN (Red Electrónica Distribuida Remota Automática y Generalizada) es una herramienta de programación de centrales de conmutación que hace posible desarrollar nuevos servicios de telecomunicaciones, incluyendo espera y transferencia de mensajes configurable, desde cualquier terminal con teclado, en segundos. El prototipo de GARDEN combina líneas centrex con un minicomputador utilizando el sistema operativo UNIX." (B) "Flash urgente de los informes de los Gángsters de las Líneas Centrex: ¡D00dz , no os vais a creer lo que se acaban de inventar los de esta mierda de GARDEN de Bellcore! Ahora ni siquiera necesitas un asqueroso Commodore para reprogramar un enlace de conmutación -basta con hacer login en GARDEN como técnico, ¡Y puedes reprogramarlo con el teclado de cualquier teléfono público! Puedes asignarte a ti mismo servicios de espera y transferencia de mensajes configurable, y lo mejor de todo, todo esto funciona en las -claramente inseguras- líneas centrex usando -atención a esto- ¡UNIX normal y corriente! ¡Ja, ja ja!" El mensaje (A), expresado con el típico lenguaje tecno-burocrático, da la impresión de ser aburrido y casi ilegible. El mensaje (B), por otro lado, es algo terrible, una clara evidencia de conspiración, decididamente cualquier cosa menos lo que debería leer tu hijo adolescente. La información, sin embargo, es la misma. Es información pública, presentada ante el gobierno federal en una audiencia pública. No es un secreto. No es propiedad de nadie. Ni siquiera es confidencial. Al contrario, el desarrollo de sistemas avanzados de software es un asunto al que Bellcore le gusta dar publicidad. Sin embargo, cuando Bellcore anuncia públicamente un proyecto de este tipo, espera una determinada actitud del público -algo del estilo de ¡Ooooh!, sois grandes, seguid trabajando así, sea lo que sea esto de lo que habláis- y no parodias de sus textos, burlas sobre su trabajo y especulaciones sobre posibles agujeros de seguridad. Ahora, póngase en el lugar de un policía que tiene que enfrentarse a un padre airado, o a un ingeniero de telecomunicaciones, que tiene una copia de la versión (B). Este ciudadano honrado ha descubierto horrorizado que una BBS local contiene textos escandalosos como (B), y que su hijo los estudia con un profundo y obsesivo interés. Si (B) fuera impreso en un libro o en una revista, usted, como agente de la ley americano, sabría que supondría una gran cantidad de problemas intentar hacer algo contra esto; pero no hace falta ser un genio para darse cuenta de que si en su zona hay una computadora que alberga material como el de (B), va a haber problemas. De hecho, si se dedica a preguntar a su alrededor, cualquier policía que sepa de computadoras le dirá claramente que las BBS con información del estilo de (B) son la fuente de problemas. Y la peor fuente de problemas en las BBS son los cabecillas que elaboran y difunden cosas como (B). Si no fuera por esa gente, no habría ningún problema. Y Legion of Doom estaba en más BBS que nadie. Plovernet. Legion of Doom Board. Farmers of Doom Board. Metal Shop. OSUNY. Blottoland. Private Sector. Atlantis. Digital Logic. Hell Phrozen Over. Los miembros de Legion of Doom también tenían sus propias BBS. Silver Spy montó su propia BBS, Catch-22, considerada una de las más fuertes. Lo mismo hizo The Mentor, con su "Phoenix Project". Y si no se encargaban de una BBS, se presentaban en las BBS de otra gente para alardear y presumir. Y allí a donde no iban en persona, iban sus archivos, repletos de maligna información, y de un carácter aún más maligno. Ya en 1986 la policía tenía la vaga impresión, de que toda la gente que pertenecía al underground era de Legion of Doom. Legion of Doom nunca fue tan grande -incluso era un grupo mucho más pequeño que por ejemplo, Metal Communications o The Administration- pero Legion of Doom aparecía constantemente en la prensa. Especialmente en PHRACK, que a veces parecía una revista de fans de Legion of Doom; y PHRACK estaba en todas partes, especialmente en las oficinas de los especialistas en seguridad en telecomunicaciones. Era imposible que si la policía te cogía por ser un phone phreak, un hacker, o incluso por ser un simple repartecódigos o dedicarte al warez, no te preguntaran si eras de Legion of Doom. Era una acusación difícil de negar, dado que Legion of Doom nunca distribuyó carnets ni certificados de afiliación. Si lo hubieran hecho, en poco tiempo habrían dejado de servir para algo, dado que los miembros del grupo cambiaban constantemente. Legion of Doom, más que una banda callejera dedicada a la alta tecnología, era una forma de vida. Legion of Doom era la banda que se negaba a morir. Hacia 1990, Legion of Doom había cumplido ya diez años, y a la policía le resultaba incomprensible que el grupo estuviera formado constantemente por gente de dieciséis años. Todos estos adolescentes que estaban poco tiempo en el grupo seguían fielmente el lema hacker de simple curiosidad, sin intenciones criminales. En algún lugar en el centro de esta conspiración, tenía que haber varias mentes pensantes adultas y serias, no esta riada al parecer inacabable de chicos de raza blanca miopes y residentes en barrios de la periferia. No se ponía en duda que prácticamente casi todos los hackers americanos arrestados tenían que conocer a los de Legion of Doom. Sabían los apodos de los redactores del 'Legion of Doom Technical Journal', y lo más probable es que hubieran adquirido sus conocimientos a través de las BBS y las actividades de Legion of Doom. Pero la verdad es que nunca llegaban a conocer personalmente a nadie de Legion of Doom. Incluso algunos de los que real y formalmente estaban en Legion of Doom, conocían al resto simplemente a través de los mensajes de la BBS y de los seudónimos. Se trataba de un perfil muy poco convencional para una conspiración criminal. Las redes de computadoras, y la rápida evolución del underground digital, hacían que la situación fuera confusa y estuviera poco definida. Más aún, tener una gran reputación en el underground digital no coincidía con la voluntad de cometer un delito. La reputación se basaba en la inteligencia y la habilidad técnica. Como resultado, con frecuencia daba la impresión de que cuanto más hábiles eran los hackers, menos probabilidades había de que fueran a cometer cualquier clase de delito común y fácil de llevar a juicio. Algunos hackers podían realmente robar. Y algunos hackers podían realmente practicar hacking. Pero los dos grupos no parecían solaparse mucho, si es que realmente se solapaban. Por ejemplo, la mayoría de la gente del underground consideraba a Emmanuel Goldstein, de la publicación '2600', una especie de semidiós hacker. Pero las publicaciones de Goldstein eran absolutamente legales -Goldstein simplemente imprimía información poco fiable y hablaba de política, pero no practicaba hacking. Cuando hablabas con él en persona, Goldstein se pasaba la mitad del tiempo quejándose de que la seguridad informática ¡No era lo suficientemente fuerte y debía ser mejorada! Los verdaderos hackers, aquellos que poseían una gran habilidad técnica y se habían ganado el respeto del underground, nunca robaban dinero o usaban fraudulentamente tarjetas de crédito. Algunas veces podían hacer un uso ilícito de códigos telefónicos -pero con frecuencia, parece ser que conseguían todo el uso gratuito de teléfono que querían sin dejar ninguna huella. Los mejores hackers, los más poderosos y con mayores conocimientos, no eran profesionales del fraude. Entraban ilegalmente en computadoras con frecuencia, pero no tocaban ni estropeaban nada. Ni siquiera robaban equipos informáticos -la mayoría tenían trabajos en los que estaban en contacto con hardware, así que podían conseguir de segunda mano por poco dinero todo el equipo que necesitaran-. Los auténticos hackers, a diferencia de los novatos adolescentes, no eran unos snobs en el asunto del hardware. Sus máquinas, en lugar de ser caras o espectaculares, solían ser cacharros de segunda mano con todo tipo de añadidos y cubiertos por multitud de cables y chips de memoria. Algunos de ellos eran adultos que trabajaban diseñando software o como analistas, y que se ganaban la vida sobradamente con ello. Algunos de ellos incluso trabajaban para la compañía telefónica -y para estos últimos, los hackers que estaban bajo las faldas de Mamá Bell, no iba a haber piedad en 1990. Durante mucho tiempo ha sido un artículo de fe en el underground que a los mejores hackers nunca se les descubre. Supuestamente son muy listos. Nunca les cogen porque nunca presumen ni hacen alarde de sus habilidades. Estos semidioses puede que lean información de BBS del underground -con una sonrisa condescendiente-, pero nunca dicen nada allí. Los mejores hackers, según la leyenda, son profesionales de la informática adultos, como por ejemplo administradores de sistemas de mainframes, que conocen de sobra las entradas y salidas de su sector de seguridad particular. Ni siquiera el mejor hacker, puede entrar en cualquier computadora aleatoriamente: el conocimiento de agujeros de seguridad es algo demasiado especializado, variando distintamente de un software a otro y de un hardware a otro. Pero si hay gente que trabaja manteniendo, por ejemplo, un mainframe con UNIX o una máquina VAX/VMS, tienden a aprender sobre seguridad en su ambiente. Armados con este conocimiento, pueden echarle un vistazo a los UNIX o VMS del resto de la gente sin muchas dificultades si quieren. Y de acuerdo con la leyenda hacker, por supuesto, quieren hacerlo, así que lo hacen. Simplemente no presumen de lo que han hecho. Y así, nadie logra averiguarlo. También es un artículo de fe en el underground que los profesionales de las telecomunicaciones se dedican al phreaking como locos. Por supuesto pinchan las llamadas telefónicas de Madonna -Quiero decir, ¿no lo haría usted en su lugar? Por supuesto, hacen llamadas de larga distancia gratis- ¡Por qué demonios deberían pagar ellos, si son los que se encargan de todo el tinglado! En tercer lugar, durante mucho tiempo ha sido un artículo de fe en el underground que un hacker que sea detenido puede librarse de una pena dura si confiesa cómo lo hizo. Parece que los hackers creen, que las agencias gubernamentales y las grandes compañías vagan por el ciberespacio dejándose llevar, como peces ciegos o medusas. Creen que estas grandes pero patéticamente estúpidas organizaciones, les estarán muy agradecidas por su labor, y que quizás incluso les darán un puesto de trabajo en seguridad con una buen sueldo, si les revelan el genio superior de su modus operandi. En el caso del miembro veterano de Legion of Doom, Control-C, esto es realmente lo que sucedió más o menos. Control-C había hecho que Michigan Bell iniciara su persecución, y cuando le detuvieron en 1987, resultó ser un brillante y aparentemente inofensivo joven fascinado por los teléfonos. No había la más mínima posibilidad de que Control-C pagara las enormes sumas en servicio de larga distancia que le debía a Michigan Bell. Podría haber sido acusado por fraude o por acceso ilegal a una computadora, pero parecía haber poca base en esto -no había dañado físicamente ninguna computadora-. Se había declarado culpable, y habría recibido el tirón de orejas correspondiente, pero llevar el caso adelante habría sido un enorme lío para Michigan Bell. Incorporándole a la plantilla, al menos mantendría fuera del sistema de Michigan Bell a sus compañeros. Realmente era útil. Por ejemplo, se mostró a un arrepentido Control-C en los carteles de Michigan Bell que se ponían en las oficinas de la empresa, carteles en los que advertía a los empleados que rompieran los papeles que tiraran a la basura. Siempre consiguió la mejor información a través del basureo , buscando en los contenedores de la compañía, datos útiles tirados a la basura sin precaución. Incluso firmaba estos carteles. Control-C se había convertido en una especie de mascota de Michigan Bell. Y de hecho, Control-C mantenía a raya a otros hackers. Los hackers pequeños temían a Control-C y a sus amigos de Legion of Doom. Y los grandes hackers eran sus amigos y nunca harían nada que le pusiera en una situación peor. No importa lo que uno pueda decir de Legion of Doom, siempre hacían piña. Cuando Wasp, un hacker de New York con, al parecer, verdaderas malas intenciones empezó a reventar máquinas de Bellcore, Control-C recibió la rápida ayuda de The Mentor y del ala de Georgia de Legion of Doom, formada por Prophet, Urvile y Leftist. Utilizando la BBS de The Mentor Phoenix Project para coordinarse, los de Legion of Doom ayudaron a los de seguridad de la compañía a capturar a Wasp, conduciéndole hacia una máquina que tenía instalada un localizador. Wasp perdió. ¡Legion of Doom ganó! Y cómo presumieron de ello. Urvile, Prophet y Leftist estaban altamente preparados para esta tarea, probablemente incluso más que el hábil Control-C. Los chicos de Georgia sabían todo sobre las centrales telefónicas de conmutación. Aunque eran relativamente nuevos en Legion of Doom, eran considerados como algunos de los miembros más capacitados del grupo. Tenían la suerte de vivir en el área de Atlanta o cerca de ésta. Y Atlanta era la sede de la adormilada y aparentemente tolerante RBOC BellSouth. Según el nivel de seguridad de las otras RBOCs, BellSouth estaba en el nivel pan comido. Los de US West -que abarca Arizona, las Montañas Rocosas y el Pacífico Noroeste- eran duros y agresivos, posiblemente la RBOC más dura de todas. Los de Pacific Bell, de California, eran cuidadosos, poseían alta tecnología, y eran unos veteranos de las guerras con los phreaks de Los Ángeles. NYNEX tenía la desgracia de encargarse del área de Nueva York, así que estaban preparados para casi cualquier cosa. Incluso Michigan Bell, una división de la RBOC Ameritech, tuvo al menos el conocimiento suficiente para contratar a su propio hacker como un espantapájaros de lo más útil. Pero lo del BellSouth, aunque su presidente proclamara que tenían Todo lo que Usted Espera de un Líder, era patético. Cuando los rumores sobre los grandes conocimientos que poseía Legion of Doom sobre la red de conmutación de Georgia, llegaron a oídos de BellSouth a través de Bellcore y de expertos en seguridad, al principio se negaron a creerlo. Si prestabas atención a todos los rumores que circulaban sobre esos chicos hackers, empezarías a oír todo tipo de tonterías conspiratorias: que la NSA vigilaba todas las llamadas telefónicas de América, que la CIA y la DEA controlaban el tráfico de información en las BBS con programas de análisis de palabras, que The Condor podría provocar la Tercera Guerra Mundial desde una cabina... Si había hackers en las centrales de conmutación de BellSouth, ¿cómo es que no había ocurrido nada? Nadie había sido herido. Las máquinas de BellSouth no estaban cayendo. BellSouth no estaba sufriendo robos de llamadas fuera de lo normal. Los clientes de BellSouth no se quejaban. BellSouth tenía su sede en Atlanta, una metrópolis ambiciosa de la nueva Sunbelt, de alta tecnología; y BellSouth estaba actualizando su red a pasos agigantados, haciendo avanzar el trabajo por todos lados. Difícilmente se les podría haber considerado torpes o ingenuos. La experiencia técnica de BellSouth era de primera. Pero entonces ocurrió lo de Florida. El 13 de Junio de 1989, aquellos que llamaban al Departamento de Libertad Condicional de Palm Beach, se encontraron envueltos en una interesante conversación con una empleada de una línea de teléfono erótico llamada Tina, en el estado de Nueva York. De alguna forma, cualquier llamada a esta oficina de libertad condicional cercana a Miami era instantánea -y mágicamente transportada sobre las líneas estatales, sin cargo adicional para el cliente, a una hotline pornográfica de teléfono erótico a cientos de millas de distancia. Esta broma pesada puede parecer de lo más divertida en un primer momento, y ciertamente hubo gran cantidad de risas ahogadas, en los círculos de phone- phreakers, incluido el ejemplar de Otoño de 1989 de '2600'. Pero para Southern Bell -la división del BellSouth RBOC Compañía Regional Operadora de Bell, ofreciendo servicio local a Florida, Georgia, Carolina del Norte y Carolina del Sur,- era una evidencia clara de peligro. Por primera vez, un intruso informático había entrado en la estación de conmutación de la oficina central de BellSouth, ¡Y la había reprogramado! O eso pensó BellSouth en Junio de 1989. En realidad, miembros de Legion of Doom habían estado enredando inofensivamente, en los conmutadores de BellSouth desde Septiembre de 1987. La proeza del 13 de Junio -redireccionar un número mediante la manipulación de una estación de conmutación- fue un juego de niños, para hackers tan comprometidos como el ala de Georgia de la Legion of Doom. Conmutar llamadas entre estados suena a algo grande, pero tan solo fueron necesarias cuatro líneas de código para llevarlo a cabo. Un sencillo truco, aunque más discreto, sería redireccionar otro número a tu propia casa. -Si fueses cuidadoso y considerado, y cambiases el software posteriormente, ni un alma se enteraría. A excepción de ti. Y aquéllos ante los que te jactaras. Como en el caso de BellSouth, lo que no sepan, no les hará daño. Excepto que esta vez alguien había sacado todo a la luz, y BellSouth lo sabía. En aquel caluroso verano de 1989, BellSouth, ahora alerta y considerablemente paranoica, empezó a revisar conmutadores de cabo a rabo en busca de irregularidades. No menos de cuarenta y dos empleados fueron asignados en turnos de doce horas, veinticuatro horas al día, durante dos meses completos, examinando registros y monitorizando computadoras en búsqueda de cualquier signo de acceso sospechoso. Estos cuarenta y dos expertos sobrecargados de trabajo, eran conocidos como el Grupo Especial contra accesos informáticos ilegales -Intrusion Task Force- de BellSouth. Lo que los investigadores encontraron les asombró. Bases de datos propietarias, de compañías de telecomunicaciones, habían sido manipuladas: números de teléfono habían sido creados de la nada, sin nombres de usuario o direcciones. Y quizá lo peor de todo, sin cobros ni registros de uso. La nueva utilidad digital de diagnóstico ReMOB -Observación Remota-, había sido extensivamente modificada -los hackers habían aprendido a reprogramar el software ReMOB- ¡De forma que podían escuchar cualquier llamada conmutada a placer! ¡Estaban usando propiedad de compañías telefónicas para espiar! Las electrizantes noticias, se propagaron por todo el imperio de las fuerzas de seguridad en 1989. Nunca se le había ocurrido realmente a nadie de BellSouth, que sus nuevas estaciones de conmutación digital, de primera clase, pudiesen ser reprogramadas. Por supuesto, estas estaciones de conmutación eran computadoras, y todos sabían que a los hackers les gusta acceder ilegalmente a computadoras: pero las computadoras de la gente de telecomunicaciones eran diferentes que los de la gente normal. La razón exacta de ser diferentes era bastante indefinida. Ciertamente, no era el alcance de su seguridad. La seguridad en esas computadoras de BellSouth era desastrosa; las computadoras AIMSX, por ejemplo, ni siquiera tenían contraseñas. Pero no había duda de que BellSouth estaba profundamente convencida de que sus computadoras eran realmente muy diferentes. Y si había criminales ahí fuera que no habían cogido el mensaje, BellSouth estaba determinada a asegurarse de que el mensaje fuera aprendido. Después de todo, una estación de conmutación 5ESS no era un mero sistema de contabilidad, para una cadena local de floristerías. El servicio público dependía de esas estaciones. La seguridad pública dependía de esas estaciones. Cualquier hacker, ocultamente redireccionando llamadas o trasladándolas, ¡podría espiar a cualquiera en el área local! Podrían espiar a los funcionarios de telecomunicaciones. Podrían espiar las estaciones de policía. Podrían espiar las oficinas locales del Servicio Secreto... En 1989, policías electrónicos y rastreadores de hackers comenzaron a usar secráfonos -teléfonos cifrados analógicamente- y líneas seguras. Era simplemente sensato. No se podía saber quien se había infiltrado en esos sistemas. Fuese quien fuese, -causaba pavor. Aquél era un nuevo nivel de atrevimiento antisocial. Podrían ser hackers de la Alemania del Oeste a sueldo de la KGB. Aquello también había parecido una teoría extravagante y exagerada, hasta que Clifford Stoll, había aguijoneado y removido la perezosa burocracia de imposición de la ley en Washington, para investigar un acceso ilegal informático, que resultó ser exactamente eso -¡Hackers, a sueldo de la KGB!-. Stoll, el administrador de sistemas de un laboratorio de Internet en Berkeley, California, acabó en la primera página del 'New York Times', proclamado héroe nacional en la primera historia real de espionaje informático internacional. Los esfuerzos de contraespionaje de Stoll, los cuales relata en su libro, -éxito de ventas en 1989- 'The Cuckoo's Egg' (El huevo del cuco), habían restablecido la credibilidad del hacking como una posible amenaza a la seguridad nacional. El Servicio Secreto de los Estados Unidos, no pierde el tiempo en tonterías cuando sospecha una posible acción de un aparato de inteligencia extranjero. Los secráfonos y líneas seguras del Servicio Secreto, supusieron un serio freno a la capacidad del sistema en el cumplimiento de la ley para operar libremente; y distribuir información, cooperar, evitar malentendidos. Pese a ello, 1989 difícilmente parecía el momento para medias-soluciones. Si la policía y el Servicio Secreto no eran operacionalmente seguros, entonces ¿cómo podrían razonablemente pedir medidas de seguridad a empresas privadas? Al menos, la inconveniencia hizo a la gente consciente de la seriedad de la amenaza. Si era necesario un nuevo estimulo para poner a la policía en movimiento, este fue el descubrimiento de que el sistema 911 de emergencia, era vulnerable. El sistema 911 tiene su propio software especializado y se ejecuta sobre los mismos sistemas digitales de conmutación que el resto de la red telefónica. El 911, no es físicamente diferente de la telefonía normal, pero sí, culturalmente diferente, porque éste es el área del ciberespacio telefónico, reservado para la policía y los servicios de emergencia. El policía medio puede no saber mucho sobre hackers y phone-phreaks. La gente de las computadoras es extraña; incluso los policías informáticos son extraños; lo que hacen es difícil de entender. Pero una amenaza al sistema 911, no es en absoluto una amenaza abstracta. Si el sistema 911 se cae, la gente puede morir. Imagina estar en un accidente de tráfico, tambalearte hasta la cabina de teléfono, marcar 911, ¡Y oír a Tina descolgando el teléfono de la línea erótica en algún lugar de Nueva York! De alguna forma, la situación deja de resultar divertida. ¿Y era posible algo así? Sin duda. Los hackers habían atacado sistemas 911 anteriormente. Los phreaks pueden saturar sistemas 911 simplemente dirigiendo un puñado de módems a ellos simultáneamente, marcando sus números una y otra vez hasta que se atasquen. Es algo bastante bruto y poco sofisticado, pero aún así un asunto serio. Había llegado el momento de actuar. Era tiempo de tomar medidas severas contra el underground. Era tiempo de recomenzar, atar los cabos sueltos, abandonar las falsas posturas de superioridad, era tiempo de ponerse en marcha y empezar a trabajar coordinadamente y con seriedad. Los hackers no eran invisibles. Ellos pensaban que sí, pero lo cierto era que simplemente habían sido tolerados demasiado tiempo. Bajo continuada atención policial durante el verano del 89, el underground digital comenzó a ser desentrañado como nunca anteriormente. El primer gran golpe en el caso llegó bastante pronto: en julio de 1989, al mes siguiente. El autor del incidente de Tina fue detenido, y confesó. Su nombre era Fry Guy un joven de 16 años en Indiana. Fry Guy había sido un joven muy perverso. Fry Guy había ganado su mote a través de una proeza relacionada con las patatas fritas. Fry Guy había robado la clave de acceso de un gerente de un MacDonald's local y se había introducido en la computadora central de MacDonald's en el sistema Sprint Telenet. Actuando como gerente, Fry Guy había alterado los registros de MacDonald's y había dado generosos aumentos de suledo a varios adolescentes amigos suyos, que trabajaban como empleados friendo hamburguesas. No fue detenido. Envalentonado por el éxito, Fry Guy pasó al abuso de tarjetas de crédito. Fry Guy era un orador bastante efectivo; con talento para la ingeniería social. Si se es bueno en ingeniería social -charla fácil, engaños, hacerse pasar por otro, persuadiendo- entonces el abuso de tarjetas de crédito resulta fácil. -No ser descubierto a la larga es otra cosa-. Fry Guy había conocido a Urvile de la Legion of Doom en el foro de conversación ALTOS en Bonn, Alemania. ALTOS era un foro de conversación sofisticado, accesible a través de redes de computadoras de extensión mundial como BITnet, Tymnet y Telenet. ALTOS era muy frecuentado por miembros del Chaos Computer Club alemán. Dos hackers del Chaos que participaban en ALTOS, Jaeger y Pengo, habían sido villanos principales del caso CUCKOS'S EGG de Clifford Stoll: conchabados en Berlín Este con un espía experto de la KGB, y que, a sueldo de esta, accedieron ilegalmente a computadoras americanas, a través de Internet. Cuando miembros de la Legion of Doom leyeron la historia del pillaje de Jaeger en el libro de Stoll, no quedaron especialmente impresionados técnicamente hablando. En el foro favorito de la Legion of Doom en aquel momento, Black Ice, -Hielo Negro- miembros de la Legion of Doom se jactaron de que ellos podrían haber realizado todos los ataques del Chaos ¡En una única semana! De cualquier forma, la Legion of Doom quedó impresionada, aunque de mala gana, por la reputación de Chaos, el puro atrevimiento de hackers anarquistas y fumadores de hachís que se habían codeado con los temibles chicos importantes del espionaje comunista internacional. Miembros de la Legion of Doom de vez en cuando intercambiaban información con hackers alemanes amistosos en ALTOS -números de teléfono de computadoras VAX/VMS vulnerables en Georgia, por ejemplo-. Phone phreaks daneses y británicos, y la camarilla australiana Phoenix, Nom y Electron, también eran habituales de ALTOS. En círculos underground moverse por ALTOS era considerado signo de pertenecer a la élite, un hacker sofisticado de la jet-set digital internacional. Fry Guy aprendía rápidamente, como robar información de agencias de atención al usuario de tarjetas de crédito. Tenía más de cien números de tarjetas de crédito robadas en sus notas, y más de un millar de códigos de acceso a larga distancia, también birlados. Sabía como entrar en ALTOS y como hablar la lengua del underground convincentemente. Esta vez sacó a Urvile información sobre trucos relativos a estaciones de conmutación, en ALTOS. La combinación de esos dos tipos de información permitió a Fry Guy abrirse camino hacia una nueva forma de fraude electrónico. Primero birló números de tarjetas de crédito de computadoras de compañías de crédito. La información obtenida incluía nombres, direcciones y números de teléfono de usuarios aleatorios de tarjetas. Entonces, Fry Guy, haciéndose pasar por poseedor de una tarjeta, llamo a Western Union y solicitó un adelanto en metálico a cargo de su tarjeta de crédito. Western Union, como garantía de seguridad, devolvería la llamada al usuario, a su casa, para verificar la transacción. Pero, tal y como había conmutado la Oficina de Libertad Condicional de Florida a Tina en Nueva York, Fry Guy redireccionó el número del propietario de la tarjeta a un teléfono público local. Allí esperaría al acecho, embrollando sus huellas, direccionando y redireccionando la llamada a través de conmutadores tan lejanos como Canadá. Cuando la llamada llegase, practicaría descaradamente ingeniería social, es decir, persuadiría a la gente de Western Union de que era el dueño legítimo de la tarjeta. Puesto que había contestado al otro extremo del número de teléfono correcto, el engaño no era muy difícil. El dinero de Western Union era entonces enviado a un cómplice de Fry Guy en su ciudad en Indiana. Fry Guy y su grupo de apoyo, usando técnicas de la Legion of Doom, robaron seis mil dólares de Western Union entre diciembre de 1988 y julio de 1989. También hicieron sus pinitos encargando el envío de bienes robados mediante fraude de tarjetas. Fry Guy estaba intoxicado con el éxito. El chico de dieciséis años fantaseaba exageradamente frente a hackers rivales, alardeando de haber usado dinero estafado para alquilar una gran limosina, y haber conducido fuera del estado con un fanático de su banda de heavymetal favorita, Motley Crue. Armado con conocimiento, poder, y un gratificante flujo de dinero negro, Fry Guy llevó la situación mas allá de sí mismo y llamó a los representantes locales de seguridad de Indiana Bell, pavoneándose, jactándose y profiriendo tormentosas advertencias, de que sus poderosos amigos en la notoria Legion of Doom podían hacer caer la red telefónica nacional. Fry Guy incluso nombró una fecha para el acontecimiento: el 4 de julio, una fiesta nacional. Este atroz ejemplo del síndrome arrésteme por favor, fue seguido por su pronto arresto. Después de que la compañía telefónica de Indiana descubrió quien era, el Servicio Secreto instaló DNRs -Dialed Numer Recorders - en las líneas telefónicas de su casa. Estos aparatos no son escuchas y no pueden grabar el contenido de las llamadas, pero graban los números telefónicos de todas las llamadas salientes como entrantes. Rastrear estos números demostró el fraude de códigos de larga distancia llevado a cabo por Fry Guy, sus extensas conexiones a BBS piratas, y numerosas llamadas personales a sus amigos de la Legion of Doom en Atlanta. Para el 11 de Julio de 1989, el Servicio Secreto también había instalado grabadoras de números (pen registers) en las líneas de Prophet, Urvile y Leftist. El Servicio Secreto se presentó en gran número en la casa de Fry Guy el 22 de julio de 1989, para el horror de sus padres, completamente ignorantes del asunto. Los agentes eran liderados por un agente especial del Servicio Secreto de la oficina de Indianapolis. Sin embargo, fueron acompañados y aconsejados por Timothy M. Foley de la oficina del Servicio Secreto de Chicago (un caballero del que pronto oiremos un montón). Utilizando técnicas contra el crimen informático federal que habían sido estándar desde comienzos de los 80, el Servicio Secreto registró concienzudamente la casa y confiscó todo el equipo electrónico de Fry Guy y cuadernos de notas. Todo el equipamiento de Fry Guy salió por la puerta bajo custodia del Servicio Secreto, lo que puso un rápido fin a sus correrías. El Servicio Secreto de los Estados Unidos "USSS" interrogó largamente a Fry Guy. Su caso fue puesto a cargo de Deborah Daniels, la abogada federal de EE.UU. para el distrito sur de Indiana. A Fry Guy se le imputaron once cargos de fraude informático, acceso no autorizado a computadoras, y fraude telefónico. La evidencia era exhaustiva e irrefutable. Por su parte, Fry Guy acusó de su corrupción a la Legion of Doom y se ofreció a testificar contra ellos. Fry Guy insistía en que la Legion of Doom pretendía tirar abajo el sistema telefónico durante una festividad nacional. Y cuando AT&T falló estrepitosamente durante el día de Martin Luther King en 1990, esto concedió cierta credibilidad a su denuncia, logrando alarmar genuinamente a la seguridad de la compañía telefónica y al Servicio Secreto. Finalmente, Fry Guy se declaró culpable el 31 de mayo de 1990. El 14 de septiembre fue sentenciado a cuarenta y ocho meses de libertad condicional y a cuatrocientas horas de servicio social. Lo podría haber tenido mucho peor; pero era sensato por parte de los acusadores el ser suave con este adolescente menor de edad, y centrar la atención en los notorios miembros principales de la Legion of Doom. Pero el caso contra la Legion of Doom tenía defectos reticentes. Pese a los mayores esfuerzos de los investigadores, era imposible probar que la Legion of Doom había tirado el sistema telefónico el 15 de enero, por que ellos, ciertamente, no lo habían hecho. Las investigaciones de 1989 sí que mostraron que ciertos miembros de la Legion of Doom habían obtenido un poder sin precedentes sobre las estaciones de conmutación de las compañías telefónicas, y que estaban activos conspirando para obtener todavía más poder. Privadamente, los investigadores estaban convencidos de que la Legion of Doom pretendía hacer cosas horribles con su conocimiento, pero la mera intención de maldad no era suficiente para llevarles a la cárcel. Y aunque los tres de Atlanta -Prophet, Leftist, y especialmente Urvile- habían enseñado mucho a Fry Guy, ellos mismos no cometían fraude con tarjetas de crédito. Lo único que habían robado era servicio de larga distancia -y puesto que habían hecho buena parte de ello mediante manipulación de la conmutación telefónica, no había forma sencilla de juzgar cuanto habían robado, o incluso si esta práctica era robo de algún tipo fácilmente clasificable. El robo de códigos de larga distancia por parte de Fry Guy les salió muy caro a las compañías telefónicas. El robo de servicio a larga distancia puede ser una pérdida bastante teórica, pero cuesta dinero y tiempo reales para borrar todos aquellos códigos robados, y reasignar otros nuevos a los inocentes dueños de aquellos códigos corruptos. Los propios dueños de aquellos códigos se convierten en víctimas, y pierden tiempo y dinero y tranquilidad con el follón. Y luego, también había que tratar con las víctimas de tarjetas de crédito y Western Union. Cuando se trataba de estafa, Fry Guy era un ladrón mucho mayor que la Legion of Doom. Era solo cuando se trataba de verdadera habilidad informática, cuando Fry Guy resultaba ser insignificante. La Legion de Atlanta pensaba que la mayor parte de las reglas del ciberespacio eran para perdedores y gente que acepta todo lo que le mandan sin cuestionarlo, pero ellos también tenían reglas. Ellos nunca tiraban abajo nada, y nunca tomaban dinero. Estas eran simples reglas genéricas y principios bastante dudosos cuando se trata con sutilidades éticas del ciberespacio, pero permitían a los tres de Atlanta operar con una conciencia relativamente limpia -aunque nunca con tranquilidad de mente. Si no hacías de hacker por dinero, si no robabas a la gente su dinero -dinero en el banco, se entiende- entonces nadie era realmente perjudicado, en opinión de la Legion of Doom. Robo de servicio era una hipocresía, propiedad intelectual, un mal chiste. Pero la Legion of Doom tan solo sentía un desdén elitista hacia los artistas de la estafa y ladrones. A sí mismos se consideraban limpios. En su opinión, si no desorganizabas ni tirabas sistemas -bueno, no intencionadamente, de cualquier forma, accidentes ocurren, pregunta a Robert Morris-, entonces era totalmente injusto llamarte vándalo o cracker. Cuando estabas dando una vuelta on-line con tus camaradas en el sistema de seguridad de las compañías de telecomunicaciones, podías mirarlos con superioridad desde el plano superior de moralidad hacker. Y podías burlar a la policía desde las alturas arrogantes de tu búsqueda, como hacker, del puro conocimiento. Pero desde el punto de vista de la policía y departamentos de seguridad de compañías de telecomunicaciones, sin embargo, Fry Guy no era realmente peligroso. Los tres de Atlanta eran peligrosos. No eran los crímenes que estaban cometiendo, sino el peligro, el riesgo potencial, el poder técnico absoluto que la Legion of Doom había acumulado, que hacía la situación insostenible. Fry Guy no pertenecía a la Legion of Doom. Nunca había visto personalmente a ningún miembro; sus únicos contactos con ellos habían sido electrónicos. Los miembros del núcleo de la Legion of Doom solían reunirse físicamente en convenciones que tenían lugar aproximadamente cada año, para emborracharse, intercambiar el saludo de los hackers, encargar pizzas y arrasar habitaciones de hotel. Fry Guy nunca había participado. Deborah Daniels lo valoró con bastante exactitud como un quiero y no puedo ser un Legion of Doom. En cualquier caso, los crímenes de Fry Guy fueron directamente atribuidos a la Legion of Doom en buena parte de la futura propaganda policial. La Legion of Doom sería descrita como un grupo realmente cerrado, involucrado en numerosas actividades ilegales incluyendo robar y modificar historiales de crédito de personas, y obtener dinero y bienes fraudulentamente. Fry Guy lo hizo, pero no los tres de Atlanta; ellos simplemente no se dedicaron al robo, sino más bien al mero acceso ilegal. Esto causó un extraño giro en la estrategia de los acusadores. La Legion of Doom fue acusada de diseminar información sobre el ataque a computadoras a otros hackers informáticos, con la intención de desplazar el esfuerzo del sistema judicial hacia esos otros hackers y lejos de la Legion of Doom. Esta última acusación -cogida directamente de una rueda de prensa del Grupo Especial de Chicago contra el Abuso y Fraude Informático- suena particularmente cogida por los pelos. Se podría concluir en este punto, que los investigadores habían sido aconsejados que siguieran adelante y desplazaran su esfuerzo apartándolo de la Legion of Doom. Quizá deberían concentrarse en esos otros hackers -aquellos que realmente robaban dinero y bienes materiales. Pero la Caza del Hacker de 1990 no era una simple acción policial. Pretendía simplemente hacerse notar en el ciberespacio -era una caza, un intento deliberado de dejar en claro el núcleo de la operación, de enviar un mensaje potente y fatal, que pusiera freno al incontrolado underground digital. Según este razonamiento, Fry Guy no era mucho más que el equivalente electrónico a un camello barato en una esquina. Mientras los cerebros de la Legion of Doom siguieran operando flagrantemente, amontonando sin límites su conocimiento ilícito, y fomentando entusiasmo por infringir flagrantemente la ley, habría un suministro infinito de Fry Guys. Debido a que la Legion of Doom era flagrante, habían dejado huellas por todas partes, que serian seguidas por el sistema legal en Nueva York, Indiana, Florida, Texas, Arizona, Missouri, incluso Australia. Pero la guerra de 1990 contra la Legion of Doom fue dirigida desde Illinois, por el Grupo Especial de Chicago contra el Abuso y Fraude Informático. El grupo especial de fraude y abuso informático, liderado por el fiscal federal William J. Cook, comenzó su andadura en 1987 y fulgurantemente se convirtió en una de las más agresivas unidades locales de crímenes informáticos. Chicago era el hogar más natural para un grupo como ese. El primer sistema de BBS se inventó en Illinois. El estado de Illinois tenía una de las primeras y más rigurosas leyes para crímenes informáticos de toda la nación. La policía estatal de Illinois estaba bajo una conspicua alerta sobre posibles delitos de guante blanco y fraudes electrónicos. Y William J. Cook, particularmente, era una joven promesa entre los perseguidores del delito electrónico. El y sus colegas fiscales federales en la oficina del fiscal en Chicago, tenían una estrecha relación con el Servicio Secreto, especialmente con el agresivo agente de base en Chicago Timothy Foley. Mientras While Cook y sus colegas del departamento de justicia planeaban la estrategia, Foley era su hombre en la calle. A lo largo de los años 80, el gobierno federal dio a los fiscales un arsenal de nuevas herramientas legales nuevas y nunca probadas, destinadas a la lucha contra el crimen informático. Cook y sus colegas fueron pioneros en la aplicación a la vida real, de esos nuevos estatutos gestados en los juzgados federales. El 2 de Octubre de 1986, el senado de los Estados Unidos aprobó, tristemente por unanimidad, el acta "Fraude y Abuso informático" aunque había pocos convencidos acerca de la utilidad de este estatuto. El grupo de Cook tomó su nombre de este acta, ya que estaban decididos a transformar esa poderosa pero teórica acta del Congreso, en un auténtico motor legal de destrucción contra defraudadores y criminales informáticos. No era solo un asunto meramente de descubrir delitos, investigarlos y tratar de castigar a sus perpetradores. El grupo de Chicago, como la mayoría de los implicados en el asunto, ya sabían quienes eran los chicos malos: la Legion of Doom y los escritores y editores de PHRACK. El trabajo que tenían que hacer era encontrar alguna forma legal de encerrar a esas personas. Esta aproximación, pudiera parecer un tanto dudosa a alguien que no estuviese muy al tanto de la dura realidad del trabajo fiscal. Sin embargo los fiscales no mandan a la gente la cárcel por delitos que han cometido; sino que mandan a gente a la cárcel por delitos que pueden probar que han cometido. La policía federal de Chicago encarceló a Al Capone por un fraude en los impuestos. Chicago es una gran ciudad con una tradición de rápidas acusaciones y mano dura en ambos lados de la ley. Fry Guy mantuvo el caso al aire libre y alertó a la seguridad de la compañía telefónica del alcance del problema. Pero los delitos de Fry Guy no colocaron a los tres de Atlanta detrás de los barrotes y mucho menos al excéntrico submundo de los redactores de PHRACK. Así, el 22 de Julio de 1989, el mismo día que Fry Guy fue cazado en Indiana, el Servicio Secreto fue a por los tres de Atlanta. Era prácticamente inevitable. En el verano de 1989, servidores de la ley se estaban acercando a los tres de Atlanta, por lo menos desde seis direcciones a la vez. Primero, tenían las pistas que les había dado Fry Guy, el cual había permitido que se instalasen registradores de DNR en las líneas de los tres de Atlanta. Solamente las pruebas que aportaba el DNR hubieran acabado con ellos mas tarde o más temprano. En segundo lugar, los colegas de Atlanta eran ya bien conocidos por Control-C y sus patrocinadores en la seguridad de la compañía telefónica. Los contactos de Legion of Doom con la gente de seguridad de la compañía telefónica, se hicieron de manera poco segura e incluso mas orgullosamente que normalmente; ellos creían que tenían poderosas amistadas en las altas esferas, y que eran ampliamente tolerados por la gente de seguridad telefónica. Pero la unidad de intrusión de BellSouth estaba tras de Legion of Doom, sin reparar en esfuerzos ni gastos. Los nombres de los tres de Atlanta habían sido identificados e incluidos en los exhaustivos ficheros anti-hacker mantenidos y vendidos por John Maxfield, detective de seguridad privada de Chicago. Maxfield, que tenía extensos contactos dentro de la seguridad de la compañía telefónica y otros soplones del underground era la bestia negra de la gente de PHRACK, y el desagrado era mutuo. Los tres de Atlanta habían escrito artículos para PHRACK. Este acto de provocación no podía escapar a la atención de los telecos y de los agentes de la ley. Knightmare un hacker de Arizona en edad del instituto, era un amigo cercano y discípulo de la Legion of Doom de Atlanta, había sido capturado por la formidable unidad para la lucha contra el crimen organizado y la extorsión. Knightmare frecuentaba una de las BBS favoritas de Legion of Doom, Black Ice en particular, y estaba al tanto de sus secretos. Y tener a Gail Thackeray, el ayudante del fiscal general de Arizona, en tu busca, era un terrible riesgo para cualquier hacker. Y quizás lo peor de todo, Prophet había cometido un gran error al pasar una copia ilícita de un fichero de BellSouth a Knight Lightning, que lo publicó en PHRACK. Esto, tal como veremos, fue un acto que trajo consecuencias directas a casi todos los relacionados en el caso. El 22 de Julio de 1989, el Servicio Secreto apareció en la casa de Leftist, donde vivía con sus padres. Una enorme escuadrilla de veinte oficiales rodearon el edificio: El Servicio Secreto, los comisarios federales, la policía local, posiblemente la seguridad telefónica de BellSouth; era difícil de saber en medio del ataque. El padre de Leftist, mientras trabajaba en su oficina del sótano de la casa, notó, para empezar, cómo un extraño musculoso, vestido en ropa normal cruzaba por el patio trasero amartillando una pistola. Según más extraños fueron entrando en la casa, el padre de Leftist asumió, naturalmente, que se trataba de un robo a mano armada. Como muchos de los padres de hackers, el padre y la madre de Leftist solo tenían una muy vaga noción de lo que Leftist había estado haciendo todo ese tiempo. Leftist tenía un trabajo diurno reparando computadoras. Su obsesión por las computadoras parecía un poco rara, pero en absoluto dañina, e incluso destinada a terminar en una bien pagada carrera. La repentina y abrumadora incursión dejó traumatizados a los padres de Leftist. Leftist había estado tomando un par de jarras de margarita con los compañeros después del trabajo. Según sus pies, anestesiados de tequila, le iban transportando por la calle, transportando una bolsa llena de disquetes, advirtió un gran número de coches sin distintivos aparcados en su calle. Todos los coches tenían pequeñas antenas de microondas. El Servicio Secreto había arrancado la puerta principal de sus bisagras casi aplastando a su madre. Dentro, Leftist fue arrestado por James Cool, agente especial del Servicio Secreto, oficina de Atlanta. Leftist estaba alucinado. Nunca antes se había encontrado con un agente del Servicio Secreto. No podía imaginar que hubiera hecho algo que mereciera la atención federal. Él siempre había creído que si sus actividades llegaban a ser intolerables, uno de sus contactos en seguridad telefónica le haría una llamada privada y le diría que lo dejase. Pero lo cierto era que Leftist estaba siendo registrado por curtidos profesionales, y su bolsa de disquetes era rápidamente confiscada. Él y sus padres fueron conducidos a habitaciones separadas y esposados, mientras un equipo de oficiales buscaba en la casa cualquier cosa electrónica. Leftist se horrorizó según su atesorado PC , IBM AT con sus 40 Mb (megas) de RAM y su recientemente comprado 80386 clónico, con un descomunal disco duro de 100 Mb, eran rápidamente transportados fuera de la casa en custodia del Servicio Secreto. También confiscaron todos sus discos, todas sus libretas de notas, y un enorme botín de desgastados documentos de la compañía telefónica que Leftist había rescatado de contenedores de basura. Leftist pensaba que se trataba de una gran equivocación. Él nunca había entrado en computadoras militares. No era un espía ni un comunista. Simplemente era uno de los viejos y buenos hackers de Georgia, y solo quería ver a toda aquella gente fuera de su casa. Pero parecía que eso no iba a ocurrir hasta que aceptase alguna clase de acuerdo. De esta manera colaboró con ellos. Y según diría más tarde desde la prisión federal de Talladega, Alabama, fue un gran error. Atlanta era una zona única, en la que tres miembros de Legion of Doom vivían mas o menos en la misma localidad. A diferencia del resto de la Legion of Doom, que tendía a asociarse por teléfono y computadora, La Legion of Doom de Atlanta estaba estrechamente unida. No fue ninguna sorpresa que los agentes del Servicio Secreto que detuvieron a Urvile en el laboratorio de computadoras de Georgia Tech, también encontraran a Prophet junto él. Urvile de 21 años, un estudiante de química de polímeros en Georgia Tech, se convirtió en un caso problemático para los agentes de la ley. Urvile también conocido como Necron 99 y otros alias que solía cambiar cada mes, era tanto un experto hacker como un fanático de los juegos de rol. Los juegos de rol no son un hobby muy habitual, pero los hackers son gente poco habitual, y sus pasatiempos favoritos tienden a ser algo fuera de lo normal. El juego de rol más conocido en América es probablemente Dungeons & Dragons, un juego hablado multijugador que se juega con papel, mapas, lápices, tablas estadísticas y una gran variedad de dados de formas raras. Los jugadores representan personajes heroicos explorando un mundo de fantasía completamente inventado. Los mundos de fantasía de los juegos de rol son normalmente escenarios pseudomedievales de espada y brujería, magos lanzadores de hechizos, caballeros con armadura, unicornios y dragones, demonios y goblins. Urvile y sus compañeros de juego preferían fantasías altamente técnicas. Ellos usaban un juego basado en GURPS (Sistema Genérico de Juegos de Rol, siguiendo las siglas en inglés), editado por una compañía llamada Steve Jackson Games "SJG". GURPS funciona como una superestructura para crear una gran variedad de mundos fantásticos artificiales. Steve Jackson Games, Inc. publicó una estantería de libros, llenos de detallada información y sugerencias, que eran usados para completar la estructura básica de GURPS con muchos trasfondos fantásticos. Urvile hizo uso extensivo de dos libros de SJG llamados "GURPS High-Tech" y "GURPS Special Ops". En el artificial mundo de fantasía de "GURPS Special Ops", los jugadores vivían un contemporáneo mundo de intrigas fantásticas y espionaje internacional. Al principio del juego, los jugadores comienzan siendo pequeños e inofensivos, quizás agentes de la CIA de segunda división, o vendedores de armas de tres al cuarto. Pero si los jugadores persisten a través de una serie de sesiones -las sesiones de juego duran generalmente varias horas, o más aún: se elaboran campañas que para terminarse necesitan meses- entonces pueden adquirir nuevas habilidades, nuevos conocimientos, nuevo poder. Podrían llegar a dominar nuevas habilidades como francotirador, kárate, pinchar líneas o apertura de puertas. También llegan a adquirir muchos tipos diferentes de botines imaginarios, como Berettas, cocteleras de martini, o deportivos con asientos eyectables y ametralladoras en los faros. Como se puede imaginar dada la complejidad de este juego, las notas de Urvile eran muy detalladas y extensas. Urvile era un director de juego , que inventaba escenarios; gigantescas simulaciones de aventuras con enigmas, que sus compañeros de juego y amigos debían desvelar. Las notas de juego de Urvile abarcaban docenas de páginas con todo tipo de exóticas locuras, repletas de raids ninja a Libia y rupturas de cifrados supercomputadoras de la China roja. Sus notas estaban escritas en papel de desecho y guardadas en archivadores de hojas sueltas. El papel de desecho más accesible eran los muchos kilos de documentos e impresos, propiedad de BellSouth, que había robado de las papeleras de la compañía telefónica. Sus notas estaban escritas en el reverso, de propiedad privada de la compañía telefónica. Por si esto no fuera suficientemente malo, las notas del juego estaban mezcladas caóticamente con notas garabateadas de Urvile acerca de las instrusiones informáticas que había cometido. No sólo era prácticamente imposible separar las notas del juego de Urvile de la realidad ciberespacial, sino que el propio Urvile no tenía muy clara la distinción entre ambos mundos. No es exagerado decir que para Urvile todo era un juego. Urvile era muy inteligente, altamente imaginativo, y poco al tanto de las nociones de otras personas sobre la propiedad privada. Su conexión con la realidad no era algo que le preocupase demasiado. Hackear era un juego para Urvile. Era una diversión más, algo que hacía por divertirse. Y Urvile era un joven obsesionado. Él no podía dejar de hackear, tanto como no podía dejar a mitad un puzzle o parar en mitad de la lectura de una trilogía de fantasía de Stephen Donalson -El nombre Urvile esta sacado de una los novelas de Donaldson más vendida. A los interrogadores de Urvile les molestó mucho la irreal y a prueba de balas, actitud de Urvile. Para empezar él no consideraba que hubiese hecho nada malo. No había ni la más ligera sombra de remordimiento en él. Por el contrario, estaba convencido que los interrogatorios policiales eran parte de un demente mundo de fantasía de su propiedad. Se podría afirmar con toda seguridad que era así, ya que Urvile se comportaba de un modo demasiado educado y cooperante. Por ejemplo, la habilidad de la Legion of Doom para monitorizar las llamadas telefónicas del Servicio Secreto y la policía. Urvile estaba de acuerdo que era posible hacerlas y que no era gran problema para la Legion of Doom. De hecho, él y sus amigos habían lanzado la idea en el tablón de Black Ice igual que otras muchas ideas atrayentes, tales como construir lanzallamas portátiles y puñados de granadas caseras. Tenían cientos de números de acceso informático a agencias gubernamentales, que había obtenido muestreando teléfonos de Atlanta o que había extraído de mainframes VAX/VMS asaltados. En realidad, nunca habían intentado escuchar a los polis porque la idea no era lo suficientemente interesante como para molestarse en ello. Además, si ellos hubieran pinchado las llamadas del Servicio Secreto, obviamente nunca habrían sido capturados -¿No? El Servicio Secreto estaba poco satisfecho con esa caballeresca lógica hacker. Sin embargo, el asunto de la caída del sistema telefónico, era real. No hubo problemas, Urvile lo admitió claramente. La Legion of Doom de Atlanta podía echar abajo todo el sistema telefónico del estado cuando quisiera. -¿Incluso el servicio 911? -No hay nada especial en eso, explico Urvile pacientemente. Poniendo el interruptor sobre sus rodillas, -que significa usando el bug makedir de UNIX- y el 911 deja de funcionar también con toda seguridad. El sistema 911 no era algo muy interesante, francamente. Era tremendamente interesante para la policía, -por oscuras razones de su exclusiva incumbencia- pero como desafío técnico, el servicio del 911 era algo aburrido. De esa forma, los tres de Atlanta habrían podido bloquear el servicio y haberlo desactivado a todo lo largo del territorio BellSouth, si hubiesen trabajado un poco sobre ello. Pero la Legion of Doom de Atlanta no eran crashers. Solo los perdedores y ratas eran crashers. Legion of Doom era la élite. Urvile estaba íntimamente convencido que compartir su experiencia técnica le dejaría libre de todo tipo de problemas. Por lo que a él le correspondía, el status de élite en el underground digital, le había colocado permanentemente detrás de la morralla intelectual de policías y gente común. Urvile tenía mucho que aprender. De los tres de la Legion of Doom, Prophet era el que tenía problemas más importantes. Prophet era un experto en programación UNIX que huroneaba dentro y fuera de Internet de forma habitual. Empezó su carrera como hacker alrededor de los catorce años, interfiriendo con un mainframe UNIX de la Universidad de Carolina del Norte. Prophet escribió el fichero de Legion of Doom llamado UNIX, uso y seguridad de principio a fin. UNIX -pronunciado como "you-nicks"- es un potente y flexible sistema operativo, para máquinas multiusuario y multitarea. En 1969, cuando nació UNIX en los laboratorios Bell, esas computadoras eran exclusividad de grandes corporaciones y universidades, pero hoy UNIX corre en miles de potentes computadoras personales. UNIX esta particularmente adaptado a la programación de telecomunicaciones y se ha convertido en un standard de ese campo. Naturalmente, UNIX también se convirtió en un standard de la élite hacker y phreaker. Ultimamente, Prophet no había sido tan activo como Leftist y Urvile, pero Prophet era reincidente. En 1986, cuando tenía dieciocho años, Prophet fue declarado culpable de acceso no autorizado a una red de computadoras en Carolina del Norte. Fue descubierto entrando ilegalmente en la red de datos de Southern Bell, una red interna UNIX supuestamente cerrada al público. Obtuvo una típica sentencia hacker: seis meses de suspensión, 120 horas de servicios comunitarios y tres años de libertad condicional. Después de esa humillación, Prophet se deshizo de la mayoría de sus toneladas de datos ilícitos phreak y hacker, e intentó actuar honradamente. Estaba en libertad condicional después de todo. Pero, en el otoño de 1988 la tentación del ciberespacio demostró ser demasiado para el joven Prophet, y trabajó hombro con hombro con Urvile y Leftist en los mas arriesgados sistemas a los que tenían acceso. A principios de septiembre de 1988, entró en el sistema centralizado y automático de BellSouth, AIMSX o Advanced Information Management System . AIMSX era una red interna de negocios perteneciente a BellSouth, donde los empleados de la compañía almacenaban su correo electrónico, bases de datos, notas, calendarios, y también donde construían sus documentos de texto. Como AIMSX no tenía accesos telemáticos públicos, se consideraba que era desconocido y por eso no estaba bien asegurado, nunca requirió passwords. Prophet se hizo con una cuenta creada conocida como waa1, la cuenta personal de un desadvertido empleado de la compañía. Disfrazado como el dueño de waa1, Prophet hizo alrededor de una decena de visitas a AIMSX. Prophet no hizo daño ni borró nada del sistema. Su presencia en AIMSX fue inofensiva y casi invisible. Pero no se conformó con eso. Una parte del texto procesado en AIMSX fue un documento de la compañía conocido como 'Bell South Standard Practice 660-225-104SV Control Office Administration of Enhanced 911 Services for Special Services and Major Account Centers dates March 1988' Prophet no estaba buscando ese documento. Simplemente era uno entre cientos de documentos similares y con impenetrables títulos. Sin embargo, habiéndolo conseguido en el curso de uno de sus ilícitos vagabundeos en AIMSX, decidió llevárselo como un trofeo. Demostró ser bastante útil en futuras sesiones de vanagloria. Así, una vez en Septiembre del 1988, Prophet ordenó al mainframe de AIMSX que copiase y transfiriese a la computadora de su casa, el documento -llamado a partir de ahora el documento E911. Nadie se dio cuenta que Prophet hizo eso. De alguna manera había robado el documento E911, pero la noción de propiedad en el ciberespacio es algo dificultosa. BellSouth no advirtió nada raro, porque BellSouth mantenía todavía la copia original. El no había robado el documento en sí mismo. Muchas personas supuestamente copiaron el documento, gente que trabajaba para alguno de los diecinueve servicios especiales y centros de cuentas grandes BellSouth repartidos a los largo y ancho del sudeste de los Estados Unidos. Esto fue posible porque estaba ubicado en una red de computadoras: para que fuera copiado y leído por los empleados de la compañía. En aquella ocasión los datos habían sido copiados por alguien que se suponía no podía leerlo. Prophet obtuvo su trofeo. Después decidió almacenar otra copia del documento E911 en la computadora de otra persona. Esta persona inocente era un entusiasta de las computadoras llamado Richard Andrews que vivía cerca de Joliet, Illinois. Richard Andrews era un programador profesional en UNIX, y administraba una potente BBS UNIX llamada Jolnet instalada en el sótano de su casa. Prophet, usando el alias Robert Johnson obtuvo una cuenta en la computadora de Richard Andrews. Y allí, en su sección privada de la computadora de Andrew, escondió una copia del documento E911. ¿Por qué hizo Prophet eso? Si Prophet hubiera eliminado el documento E911 de su propia computadora, y guardado este a cientos de millas de distancia, en otra máquina y bajo un alias, entonces hubiera estado razonablemente seguro de que no lo persiguieran y descubrieran, aunque esta acción poco ética hubiera puesto en peligro al confiado Richard Andrews. Pero, como muchos hackers, Prophet era un vicioso de los datos ilícitos. Cuando los comprimió para almacenarlos no pudo apartarlo de su trofeo. Cuando la casa de Prophet en Decatur, Georgia, fue asaltada en Julio de 1989, encontraron el documento E911, una evidencia condenatoria. Y allí estaba Prophet, en las manos del Servicio Secreto, haciendo lo mejor que podía para explicarlo. Nuestra historia nos lleva ahora lejos de los tres de Atlanta y sus asaltos en el verano de 1989. Debemos dejar a los tres de Atlanta cooperando plenamente con sus numerosos investigadores. Y los tres cooperaron, tal como explicaba el memorándum de la sentencia del juzgado del distrito del norte de Georgia, justo antes de que los tres fuesen condenados a varias prisiones federales en Noviembre de 1990. Debemos ahora capturar los otros aspectos de la guerra de Legion of Doom. La guerra de la Legion era una guerra en una red, de hecho una red compuesta de tres redes, las cuales se entrelazaban e interrelacionaban de una manera muy compleja. La Legion en si misma, incluida la Legion of Doom de Atalanta, y su añadido de Fry Guy se movían en la primera red. La segunda red era la revista PHRACK y sus editores y colaboradores. La tercera red involucrada era el círculo electrónico cercano a un hacker conocido como Terminus. La guerra contra las redes de este hacker se llevo a cabo por una red de fuerzas policiales. Legion of Doom de Atalanta y Fry Guy fueron perseguidos por agentes de los Servicios Secretos de los Estados Unidos y fiscales federales de Atlanta, Indiana y Chicago. Terminus se encontró acosado por el Servicio Secreto y los fiscales federales de Baltimore y Chicago. Y la guerra contra PHRACK era casi completamente, una operación de Chicago. La investigación de Terminus involucró una gran cantidad de energía, la mayoría procedente del grupo de Chicago, pero esto es la parte menos conocida y publicitada de las operaciones contra hackers. Terminus, que vivía en Maryland, era un programador en UNIX y un consultor bastante conocido -bajo su nombre real- en la comunidad UNIX, como un reconocido experto en miniordenadores AT&T. Terminus idolatraba AT&T, especialmente Bellcore, y mucho más que su reconocimiento como un experto en UNIX, su mayor ambición era trabajar para los Bell Labs. Pero Terminus tenía amigos oscuros y una historia oculta. Terminus fue una vez el protagonista de una admirativa entrevista en PHRACK (volumen II, ejemplar 14, Phile 2- Marzo 1987). En este artículo, el coeditor de PHRACK Taran King describió a Terminus como un ingeniero electrónico, de 1,75 m., de pelo castaño, nacido en 1959 con 28 años de edad y bastante maduro para ser un hacker. Terminus fue una vez el sysop de una BBS phreak/hack llamada MetroNet, que funcionaba en un Apple II. Después reemplazó MetroNet por una BBS underground llamada MegaNet especializada en IBMs. En sus días jóvenes, Terminus había escrito uno de los primeros y más elegantes programas buscadores de códigos para PC IBM. Este programa se había extendido ampliamente entre la comunidad underground. Contables legiones de Poseedores de un PC, phreakers y hackers usaron el rastreador de Terminus para romper los códigos de las compañías telefónicas. Este hecho no escapó de la atención de la seguridad de las compañías telefónicas; cosa lógica, ya que el primer alias que Terminus empezó a manejar Terminal Technician estaba orgullosamente escrito en el programa. Cuando llegó a ser un profesional a tiempo completo -especializado en programación de telecomunicaciones- adoptó el alias Terminus, indicando que había alcanzado la cima del hacker eficiente. Cambió a Netsys una BBS basada en UNIX acerca de computadoras AT&T, con cuatro líneas telefónicas y unos impresionantes 240 Mb de capacidad. Netsys almacenaba los ejemplares completos de PHRACK, y Terminus estaba familiarizado con sus editores, Taran King y Knight Lightning. A principios de los ochenta, Terminus era un visitante regular en Plovernet, Pirate-80, Sherwood Forest y Shadowland, todas BBS piratas bien conocidas, todas muy frecuentadas por la Legion of Doom. Como así ocurrió, Terminus nunca estuvo oficialmente en Legion of Doom, porque nunca se le había dado la alta insignia oficial de la Legion of Doom y formalmente investido por el experto de la Legion, Lex Luthor. Terminus nunca se encontró físicamente con Legion of Doom. Pero eso no importaba demasiado: ninguno de los tres de Atlanta, fueron oficialmente sancionados nunca, por Lex -Cuando los agentes de la ley se implicaron, sus intenciones eran claras. Terminus era un profesional a tiempo completo y adulto con habilidades propias en software y hardware de AT&T- aunque Terminus pertenecía en cuerpo y alma a la Legion of Doom y el underground. El uno de Febrero de 1990, medio mes después de la caída del sistema el día de Martin Luther King los agentes del Servicio Secreto Tim Foley de Chicago y Jack Lewis de la oficina de Baltimore, acompañados por el oficial de seguridad de AT&T Jerry Dalton, viajaron hasta Middle Town, Maryland. Allí esposaron a Terminus en su domicilio (ante el terror de su mujer y sus hijos pequeños) y, de la forma habitual, transportaron sus computadoras fuera de la casa. La máquina de Netsys demostró contener una plétora de arcanos programas UNIX, código fuente oficialmente propiedad de AT&T. Software tal como: UNIX SV release 3.2; UNIX SV release 3.1; software de comunicaciones UUCP; Shell KORN; RFS; IWB; WWB; DWB; el lenguaje de programación C++; PMON; TOOL CHEST; QUEST; DACT; y S FIND. En la antigua tradición pirata underground, Terminus había estado comerciando con su software, ilícitamente copiado dentro de un pequeño circulo de amigos programadores de UNIX. Muy desafortunadamente, en su máquina Netsys, había almacenado siete años de su correo electrónico, en el que documentaba todos los acuerdos amistosos que había hecho con sus variados colegas. Terminus no había bloqueado el sistema telefónico de AT&T el 15 de enero. Sin embargo descuidadamente había creado un altruista circulo de piratería de software AT&T. No era una actividad que AT&T encontrase divertida. El oficial de seguridad de AT&T Jerry Dalton valoró esa propiedad robada por encima de trescientos mil dólares. La entrada de AT&T en el entramado de la empresa privada se complicó por las nuevas y vagas reglas de la economía de la información. Hasta la división de Ma Bell , AT&T tenía prohibido vender hardware o software de computadoras. Ma Bell era la compañía telefónica; a Ma Bell no le estaba permitido el uso de sus enormes ingresos provenientes del servicio telefónico para financiar el mercado de computadoras. AT&T, sin embargo, inventó el sistema operativo UNIX. Y de alguna manera AT&T encontró la manera de hacer de UNIX una fuente menor de ingresos. Asombrosamente UNIX no era vendido como software de computadoras, entraba en los catálogos como una oscura excepción que permitía la venta de chatarra y material de subasta. Cualquier intento de promocionar la venta de UNIX hubiera producido una furiosa oposición legal por parte de las compañías de software. En vez de eso, se concedieron licencias de UNIX para universidades, en pequeñas cantidades, donde el ácido de la libertad académica ataba firmemente los derechos de propiedad de AT&T. Al llegar la división, AT&T se dio cuenta que UNIX era una mina de oro en potencia. En ese momento grandes pedazos del código de UNIX no habían sido creados por AT&T y era vendido por otros. Un sistema operativo UNIX completo, rival, había aparecido en Berkley, California -una de las más grandes fuentes de ideología sobre el mundo hacker-. Hoy en día los hackers consideran que Berkeley UNIX es técnicamente superior al AT&T System V UNIX, pero AT&T no iba a permitir, que la mera elegancia técnica, se tuviese en cuenta en el mundo real de la venta de software de negocios de carácter propietario. AT&T había construido su propio código de forma deliberadamente incompatible con el UNIX de los demás, y había escrito el código de forma que se pudiese probar su Copyright, incluso si el código hacía algo insignificante -un apaño-. Las licencias de usuario del UNIX AT&T, eran acuerdos comerciales muy serios, repletos de declaraciones y cláusulas de rescisión muy claras. AT&T no consiguió arrimar el ascua del UNIX a su sardina, pero mantuvo el control en el tema con cierto éxito. Para los estándares rampantes y explosivos de la piratería del software, el código fuente del software UNIX AT&T estaba lleno de derechos y licencias, bien protegido. UNIX ha funcionando tradicionalmente solo en mainframes propiedad de grandes grupos de profesionales de traje y corbata, en vez de en máquinas de dormitorio donde la gente pudiese actuar malignamente. Y el código fuente del UNIX de AT&T es programación seria, de alto nivel. El número de programadores expertos en UNIX, con motivos para robar el código fuente UNIX es pequeño. Ridículo, comparado con las decenas de miles, listos para destripar juegos de entretenimiento para PC tal como Leisure Suit Larry. Pero en 1989, los tipos del underground, representados por Terminus y sus amigos estaban trasteando con AT&T UNIX. Y la propiedad en cuestión no se había vendido por veinte dólares en el mostrador de Babbage's or Egghead's ; se trataba de un código corporativo masivo, sofisticado, con multilíneas y multiautores que valía cientos de miles de dólares. Hay que reconocer en este punto, que la supuesta red de piratas de programas UNIX de Terminus nunca había obtenido dinero por sus supuestos crímenes. La cifra de 300.000 dólares esgrimida, en relación a los contenidos de la computadora de Terminus no significaba que Terminus tuviera de hecho una posesión ilícita de trescientos mil dólares de AT&T. Terminus enviaba software arriba y abajo, de forma privada, de persona a persona, gratis. No estaba llevando a cabo un negocio, ni tampoco pirateaba. No había pedido dinero, no recibía dinero. Vivía de forma modesta. Los empleados de AT&T, así como los trabajadores freelance como Terminus, trabajaban normalmente con software propietario de AT&T, tanto en la oficina como en casa, en sus máquinas privadas. AT&T rara vez enviaba agentes de seguridad a registrar los discos duros de sus empleados. Los trabajadores freelance baratos de UNIX eran muy útiles para AT&T; no tenían que pagar seguridad social o pensión, por no hablar de sindicarse en la Communication Workers of America . Eran humildes conserjes digitales, paseando con su cubo y fregona por el Gran Templo Tecnológico de AT&T; pero cuando el Servicio Secreto llegó a su casa, ¡Parecía que estuvieran comiendo con los cubiertos de plata de la compañía y durmiendo en las sábanas de la compañía! De forma insultante, se comportaban como si ¡las cosas con las que trabajaban cada día, les pertenecieran! Y no hablamos de meros hackers adolescentes, con sus manos llenas de papel de la basura y sus narices apretadas a las ventanas corporativas. Estos tipos eran magos del UNIX, y no sólo tenían datos de AT&T en sus máquinas y sus cabezas, sino que los transmitían también por red, a máquinas -en manos privadas-, mucho más poderosas que cualquier cosa imaginada antes. ¿Cómo tener gente disponible y al mismo tiempo asegurarte de que respetan de forma absoluta, tu propiedad? Se trataba de un dilema. Buena parte del código UNIX es de dominio público, gratis. Buena parte del UNIX propietario había sido reescrito de forma extensa, quizás tan alterado que se había convertido en un nuevo producto -o quizás no. Los derechos a la propiedad intelectual de los desarrolladores de software eran, y son, extraordinariamente complejos y confusos. Y la piratería de software, al igual que la copia privada de videos, es uno de los crímenes más practicados en la actualidad en el mundo. El Servicio Secreto no era experto en UNIX o en cómo usarlo. El Servicio Secreto de los Estados Unidos, considerado como un todo no disponía de un una sola persona que supiera programar en entorno UNIX. No, ni uno. El Servicio Secreto estaba haciendo un uso extensivo de ayuda externa, pero los expertos que había escogido eran agentes de seguridad de AT&T y Bellcore, las víctimas de los supuestos crímenes de la investigación, la misma gente que tenía un interés más pronunciado en el software propietario. El seis de febrero de 1990, Terminus fue arrestado por el agente Lewis. Finalmente, Terminus iba a ser enviado a la prisión por su uso ilícito de software de AT&T. El tema del software pirateado a AT&T dio todavía que hablar durante la batalla con la Legion of Doom. Una media docena de los conocidos de Terminus, incluyendo gente en Illinois, Texas y California habían acabado detenidos por el Servicio Secreto en conexión con la copia ilícita de software. Con la excepción de Terminus, ninguno había sido acusado de ningún crimen. Ninguno de ellos compartía su peculiar prominencia en el underground de los hackers. Pero ello no quería decir que esta gente no acabara tuviendo problemas. La transferencia de datos ilícitos en el ciberespacio es una práctica nebulosa y poco definida, con peligros paradójicos para todo el que estuviera relacionado: hackers, transmisores de señal, propietarios de BBS, polis, fiscales, incluso peatones desprevenidos. A veces, intentos bienintencionados de evitar los problemas o castigar lo mal hecho, traían más problemas que la simple ignorancia, indiferencia o impropiedad. La BBS de Terminus Netsys, no era la típica BBS, aunque tenía la mayoría de las funciones típicas de una BBS. Netsys no era una sola máquina, sino parte de la red cooperativa UUCP que se extendía por el globo. La red UUCP utilizaba un conjunto de programas de software UNIX llamados Unix-to-Unix Copy, que permitía a los usuarios de UNIX enviarse datos entre sí a altas velocidades a través de la red telefónica pública. UUCP es una red descentralizada radicalmente, sin ánimo de lucro, de computadoras en UNIX. Hay decenas de millares de estas máquinas UNIX. Algunas son pequeñas, pero muchas son poderosas y también se conectan a otras redes. UUCP tiene ciertos enlaces arcanos a redes importantes como JANET, EasyNet, BITnet, JUNET, VNET, DASnet, PeaceNet y FidoNet, así como a la gigantesca Internet. -La así llamada Internet no es una red en sí misma, sino más bien una InterRed de conexiones, que permite que varias redes mundiales de computadoras se comuniquen entre sí. Los lectores fascinados por la singularidad y complejidad de las modernas redes de computadoras, pueden disfrutar de la autorizada descripción de John S. Quarterman de 719 páginas en 'The Matrix', Digital Press 1990. Un usuario habilidoso de la máquina UNIX de Terminus podría enviar y recibir correo de casi cualquier red de computadoras del mundo. Netsys no era conocida como una BBS per se, sino más bien como un nodo. Los nodos son más grandes, rápidos y sofisticados que las simples BBS, y para los hackers, dejarse caer por un nodo era un avance importante en relación a dejarse caer por BBS locales. El nodo Netsys de Terminus en Maryland tenía una serie de conexiones directas a otros nodos similares de la UUCP, mantenidos por gente que compartía sus intereses y algo de su actitud libertaria. Uno de estos nodos era Jolnet, propiedad de Richard Andrews, quien al igual que Terminus, era un consultor UNIX independiente. Jolnet también corría sobre UNIX, y podía contactarse a alta velocidad desde mainframes de todo el mundo. Jolnet era una obra bastante sofisticada, técnicamente hablando, pero seguía siendo mantenida por un individuo, como un hobby privado sin ánimo de lucro. Jolnet era mayormente usada por otros usuarios de UNIX, para correo, almacenamiento y acceso a otras redes. Jolnet ofrecía acceso a redes para unas doscientas personas, así como un instituto local. Entre sus diversas características y servicios, Jolnet también almacenaba la revista PHRACK. Siguiendo su instinto, Richard Andrews sospechaba de un nuevo usuario llamado Robert Johnson. Richard Andrews inmediatamente echó un vistazo a ver qué estaba almacenando Robert Johnson en Jolnet. Y así Andrews encontró el documento E911. Robert Johnson era Prophet de la Legion of Doom, y el documento E911 eran datos copiados de forma ilícita tras el asalto de Prophet a las computadoras de BellSouth. El documento E911, un fragmento particularmente ilícito de propiedad digital estaba listo para reasumir su larga, compleja y desastrosa carrera. A Andrews le pareció muy sospechoso que alguien que no fuera un empleado de telefónica tuviera un documento sobre el 'Sistema Ampliado del 911'. Además, el documento en sí mismo contenía una advertencia obvia: "ATENCION: NO SE USE O MUESTRE FUERA DE BELLSOUTH O UNA DE SUS SUBSIDIARIAS A MENOS QUE EXISTA UN ACUERDO ESCRITO." Este tipo de etiquetados de no mostrar fuera, se añaden a menudo a todo tipo de material corporativo. Los telecos como especie, son particularmente famosos por ponerle el sello de no se use o muestre a cualquier cosa que esté a la vista. Sin embargo, este tipo específico de datos se refería al sistema 911. Ello le sonó muy mal a Richard Andrews. Andrews no estaba preparado para ignorar un problema así. Pensó que sería inteligente pasar el documento a un amigo de la red UNIX para consultarle. Así, en septiembre de 1988, Andrews envió una copia más del documento E911 electrónicamente a un empleado de la AT&T, un tal Charles Boykin, que mantenía un nodo llamado "Attctc" en Dallas, Texas. "Attctc" era propiedad de AT&T y se dirigía desde el Centro de Tecnología para el Usuario de AT&T, de ahí el nombre de "Attctc" . "Attctc" era más conocida como Killer, el nombre de la máquina que corría el sistema. Killer era una máquina poderosa, modelo AT&T 3B2 500, multiusuario, multitarea y con unos 3.2 alucinantes gigabytes de almacenamiento. Cuando Killer llegó por primera vez a Texas en 1985, la 3B2 había sido la gran esperanza blanca de AT&T para ponerse a la par con IBM, en el mercado corporativo de hardware informático. Killer había sido enviada desde el Centro de Tecnología para el Usuario en el Infomart de Dallas, básicamente un centro comercial de alta tecnología, y allí reposaba; un modelo de demostración. Charles Boykin, un veterano en el hardware de AT&T y un experto en comunicaciones digitales, era un técnico local de repuesto para el sistema 3B2 de AT&T. En tanto que modelo en exposición en el centro comercial de Infomart, tenía poco que hacer, y resultaba vergonzoso desperdiciar la capacidad del sistema. Así pues, Boykin escribió un ingenioso software tipo BBS para Killer y conectó la máquina a la red telefónica local. El debut de Killer hacia finales de 1985 la convirtió en la primera máquina UNIX de alcance público en el estado de Texas. Cualquiera que quisiera jugar era bienvenido. Inmediatamente, la máquina atrajo a la comunidad electrónica. Se unió a la red UUCP, y ofrecía conexiones en red a más de 80 computadoras, todas las cuales dependían de Killer para conectarse al gran mundo del ciberespacio. Y no se trataba sólo de los peces gordos; las computadoras personales también almacenan programas freeware para Amiga, Apple, IBM y Macintosh en los vastos 3200 megas en archivos. En un cierto momento, Killer tenía la biblioteca más grande de software de dominio público para Macintosh, en Texas. Finalmente, Killer atrajo a unos 1.500 usuarios, todos muy ocupados comunicándose, cargando y descargando, recibiendo mail, cotilleando y conectándose a redes arcanas y distantes. Boykin no recibió ninguna paga por mantener Killer. Consideraba que era una buena publicidad para el sistema 3B2 de AT&T -cuyas ventas eran un poco menos que estelares-, pero lo cierto es, que también disfrutaba de la vibrante comunidad que su habilidad había creado. Regaló el software para BBS en UNIX que había creado, sin ningún gasto. En la comunidad de programadores de UNIX, Charlie Boykin tenía la reputación de ser un tipo cálido, abierto y estable. En 1989, un grupo de profesionales de UNIX tejanos votó por Boykin como el administrador de sistemas del año. Se le consideraba como un tipo en el que podías confiar. En septiembre de 1988, sin avisar, el documento E911 aterrizó en la vida de Boykin, reenviado por Richard Andrews. Boykin reconoció inmediatamente que el documento era una patata caliente. No era un hombre dedicado a la comunicación por voz, y sabía muy poco de los ires y venires de las Baby Bells, pero sin duda sabía qué era el sistema 911 y le enfurecía ver datos confidenciales en manos de un don nadie. Sin duda se trataba de un caso de seguridad entre telecos. Así, el 2 de septiembre de 1988, Boykin hizo una copia más del documento E911 y se lo pasó a un conocido suyo por temas profesionales, un tal Jerome Dalton, del servicio de Seguridad Informativa de AT&T. Jerry Dalton era el mismo tipo que más tarde llevaría a cabo el registro en la casa de Terminus. Desde la división de seguridad de AT&T, el documento fue a parar a Bellcore. Bellcore o ( BELL COmmunications REsearch ) fue una vez el laboratorio central del sistema de Bell. Los trabajadores en los laboratorios de Bell habían inventado el sistema operativo UNIX. Ahora Bellcore era casi independiente, y actuaba como el brazo investigador de las siete Baby Bells. Bellcore estaba en buena posición para coordinar las tecnologías en seguridad y para actuar de consultor, y el caballero a cargo de todo este esfuerzo era Henry M. Kluepfel, un veterano de los sistemas Bell que había trabajado durante 24 años. El 13 de octubre de 1998, Dalton pasó el documento E911 a Henry M. Kluepfel. Kluepfel, un veterano experto en fraude de las telecomunicaciones, se había encontrado ciertamente ante problemas mucho más graves que éste. Reconoció que el documento era realmente, un trofeo de una intrusión de hackers. Sin embargo, cualquiera que fuera el daño causado por la intrusión, sin duda era agua pasada. En este momento parecía que no había gran cosa que hacer. Kluepfel tomo nota cuidadosa de las circunstancias y archivó el problema para otro momento. Pasaron meses enteros. Llegó febrero de 1989. Los tres de Atlanta seguían trasteando con los interruptores de Bell South, y aún no habían encontrado la horma de su zapato. Pasaron unos seis meses muy buenos desde la intrusión de Prophet al AIMSX. A Prophet, según sucede a los hackers, empezaron a subírsele los laureles. Knight Lightning y Taran King, los editores de PHRACK, estaban siempre pidiendo a Prophet material para publicar. Prophet decidió que los ánimos ya se debían haber calmado y que podía volver a chulear de forma segura. Así pues envió una copia del documento E911 -otra más- desde la máquina Jolnet de Richard Andrews a la cuenta BITnet de Knight Lightning en la Universidad de Missouri. Revisemos el destino del documento hasta aquí. 0. El documento E911 original. Se encuentra en el sistema AIMSX en una computadora mainframe en Atlanta, al alcance de cientos de personas, pero todos ellos, presumiblemente, son empleados de BellSouth. Un número desconocido de ellos tiene sus propias copias del documento, pero todos son profesionales y la compañía telefónica confía en ellos. 1. La copia ilícita de Prophet, en su casa, en su propia computadora en Decatur, Georgia. 2. La copia de seguridad de Prophet, almacenada en la máquina Jolnet de Rich Andrews, que se encuentra en el sótano de la casa de Rich Andrews cerca de Joliet, Illinois. 3. La copia de Charles Boykin en la máquina Killer en Dallas, Texas, enviada por Richard Andrews desde Joliet. 4. La copia de Jerry Dalton en Seguridad informativa de AT&T en New Jersey, enviado por Charles Boykin en Dallas, Texas. 5. La copia de Henry M. Kluepfel en Seguridad, en el cuartel general de en New Jersey, enviado por Dalton. 6. La copia de Knight Lightning, enviada por Prophet desde la máquina de Richard Andrews y ahora en Columbia, Missouri. Podemos ver que la situación por lo que hace a la seguridad del documento, una vez extraído del AIMSX, resultó ser bastante bizarra. Sin que haya habido dinero circulando, sin ningún esfuerzo especial, estos datos han sido reproducidos al menos seis veces y se han extendido por todo el continente. Pero lo peor aún estaba por venir. En febrero de 1989, Prophet y Knight Lightning empezaron a realizar un regateo electrónico en relación al destino de su trofeo. Prophet quería chulear, pero, al mismo tiempo, no tenía ningún interés especial en que lo atraparan. Por su lado, Knight Lightning se moría de ganas de publicar el documento. Knight Lightning estaba licenciado en ciencias políticas y sentía un especial interés en cuestiones relacionadas con la libertad de información. Publicaría alegremente cualquier cosa que reflejara la gloria del underground y ridiculizara a los telecos. Sin embargo, el propio Knight Lightning tenía contacto con la seguridad de los telecos, y a veces les consultaba sobre material que recibía y sobre el que dudaba a la hora de publicarlo. Prophet y Knight Lightning decidieron editar el documento E911 para borrar cualquier rastro identificativo. En primer lugar, había que quitar la advertencia "NO SE USE O MUESTRE". Luego había otras cuestiones. Por ejemplo, se listaban los teléfonos de diversos especialistas en el 911 de BellSouth en Florida. Si esos números de teléfono se publicaran en PHRACK, seguramente los empleados implicados serían molestados por los phone phreaks, y ello conseguiría enfadar sin mesura a BellSouth, y representaría un claro peligro operacional para Prophet y PHRACK. Así pues, Knight Lightning cortó el documento casi por la mitad, retirando los números de teléfono y las informaciones más sensibles y específicas. Se lo volvió a enviar electrónicamente a Prophet; Prophet todavía estaba nervioso, así que Knight Lightning cortó un poquillo más. Finalmente decidieron que ya estaba listo, y que se publicaría en PHRACK bajo el seudónimo de El Escucha . Y todo esto se hizo el 25 de febrero de 1989. El número 24 de PHRACK ofrecía una entrevista verbosa con el co-editor y phone-phreak Chanda Leir, tres artículos sobre BITnet y sus conexiones a otras redes de computadoras y un artículo sobre los números 800 y 900 escrito por Usuario desconocido. Un artículo de VaxCat sobre cuestiones básicas de telecos -mordazmente titulado "Levantado el velo secreto a Ma Bell"- y las típicas Noticias Mundiales de PHRACK La sección de noticias, con dolorosa ironía, ofrecía una descripción detallada de la sentencia para Shadowhawk , un hacker de dieciocho años de Chicago que había acabado en prisión gracias al mismo William J. Cook. Y entonces aparecieron los dos artículos de El Escucha. El primero era el documento E911 editado, ahora titulado "Oficina de control y administración de los servicios 911 mejorados, para servicios especiales y grandes centros de contabilidad". El segundo artículo de "Eavesdropper" era un glosario de términos, explicando los crípticos acrónimos telecos y las palabras técnicas del documento E911. El documento había sido distribuido, según la usual rutina de PHRACK, a unos ciento cincuenta sites. No a ciento cincuenta personas -¡Atención!- sino a ciento cincuenta sites, algunos de los cuales estaban conectados a nodos UNIX o BBS, los cuales a su vez tenían decenas, docenas o incluso centenares de lectores. Estamos en febrero de 1989. De momento no sucedió nada. Llegó el verano, y el grupo de Atlanta fue cazado por el Servicio Secreto. Se detuvo a Fry Guy. Pero nada sucedía todavía con PHRACK. Salieron seis números más de PHRACK, 30 en total, más o menos según una periodicidad mensual. Ni a Knight Lightning ni al co-editor Taran King se les tocó ni un pelo. PHRACK tendía a agacharse y cubrirse siempre que las cosas se caldeaban. Durante las detenciones de hackers en el verano de 1987 -las detenciones de hackers tienden a ser en verano, quizás porque es más fácil encontrarlos en casa que en el instituto o la universidad- PHRACK dejó de publicar durante varios meses, y permaneció oculto. Algunos miembros de la Legion of Doom habían sido arrestados, pero nada había sucedido a la gente de PHRACK, los más famosos del underground. En 1988, PHRACK tenía un nuevo editor Crimson Death un joven aficionado a los ficheros anarquistas. 1989, sin embargo, parecía el año de obtener un buen botín para el underground. Knight Lightning y su co-editor Taran King volvieron a tomar las riendas y PHRACK floreció a lo largo del verano de 1989. La Legion of Doom de Atlanta sufrió unos golpes duros el verano de 1989, pero PHRACK continuó su curso felizmente. El documento E911 de Prophet no parecía que pudiera causar ningún daño a PHRACK. Para enero de 1990, ya llevaba casi un año al alcance de cualquiera. Kluepfel y Dalton, oficiales de seguridad Bellcore y AT&T habían tenido el documento en sus manos desde hacía dieciséis meses; de hecho, lo habían conseguido incluso antes que Knight Lightning y no habían hecho nada en particular para detener su distribución. Ni siquiera les habían dicho a Richard Andrews o a Charles Boykin que borraran las copias de sus nodos UNIX, Jolnet y Killer. Pero entonces llegó el monstruo de la caída del sistema el día de Martin Luther King, el 15 de enero de 1990. Sólo tres días después, el 18 de enero, cuatro agentes aparecieron en la residencia de Knight Lightning. Uno era Timothy Foley, el otro Barbara Golden, los dos eran agentes del Servicio Secreto de la sede en Chicago. También estaba un oficial de seguridad de la universidad de Missouri, y Reed Newlin, un agente de seguridad de la SouthWestern Bell, la compañía con jurisdicción sobre Missouri. Foley acusó a Knight Lightning de provocar la caída nacional del sistema telefónico. Knight Lightning alucinó ante tal alegación. A primera vista, la sospecha no era totalmente implausible, aunque Knight Lightning sabía perfectamente que él no había sido. Un montón de hackers como hot-dog sin embargo, habían chuleado de que podrían haberlo hecho. Por ejemplo, Shadowhawk, el hacker de Chicago que William J. Cook había metido recientemente entre rejas, había chuleado varias veces en BBS de que él podría hacer caer todo el sistema público de AT&T. Y ahora resultaba que este evento, o algo que se le parecía mucho, acaba de suceder. La caída había encendido una hoguera bajo los pies del Grupo de Chicago. El consenso entre la seguridad de los telecos -que ya estaban aterrorizados ante la habilidad de los intrusos en BellSouth- era que el underground digital se había salido de madre. Legion of Doom y PHRACK tenían que desaparecer. Y al publicar el documento E911 de Prophet, PHRACK había ofrecido al brazo de la ley lo que parecía ser una poderosa arma legal. Foley interrogó a Knight Lightning acerca del documento E911. Knight Lightning se acorbadó. Empezó a cooperar de forma completa, según la típica tradición del underground digital. Dio a Foley una colección impresa completa de PHRACK. Le ofreció la lista completa de los suscriptores a la lista electrónica de PHRACK. Knight Lightning recibió el tercer grado por Foley y su gente. Knight Lightning admitió que Prophet le había pasado el documento E911, y admitió que sabía que era botín robado de un asalto de hackers a la compañía telefónica. Knight Lightning firmó una declaración en relación a estas cuestiones, y aceptó, por escrito, a cooperar con los investigadores. Al día siguiente -19 de enero de 1990, un viernes- el Servicio Secreto volvió con una orden de registro y buscó por todo el apartamento de Knight Lightning en la residencia de estudiantes. Se llevaron todos sus disquetes aunque, curiosamente, le dejaron en posesión de su computadora y su módem. -La computadora no tenía disco duro, y según el criterio de Foley, no contenía pruebas-. Pero esto era sólo un pequeño rayo de luz entre los problemas que se iban acumulando en la vida de Knight Lightning. Estaba metido en un buen lío, y no sólo con la policía federal, fiscales, investigadores de telecos y la seguridad de la universidad, sino también con sus colegas de más edad en el campus, que se sentían ultrajados al saber que habían estado conviviendo con un criminal federal informático. El lunes llevaron a Knight Lightning a Chicago, donde volvió a ser interrogado por Foley y el agente veterano del Servicio Secreto Barbara Golden, esta vez delante de un abogado. Y el martes fue llevado formalmente a juicio ante el gran jurado. El juicio a Knight Lightning tuvo lugar entre el 24 y el 27 de julio de 1990, y fue el juicio más crucial de La Caza de Hackers. Examinaremos ese juicio con detalle en el capítulo cuatro de este libro. Mientras tanto, tenemos que continuar con nuestra búsqueda del documento E911. Para enero de 1990 tenía que estar claro que el documento E911, en la forma en que PHRACK lo había publicado en febrero de 1989, se debía haber desplazado a la velocidad de luz en al menos ciento cincuenta direcciones diferentes. Intentar volver a meter este genio electrónico en la botella, era claramente imposible. Y, sin embargo, el documento E911 seguía siendo propiedad robada, tanto legal como formalmente. Cualquier transferencia electrónica de este documento, por cualquier persona no autorizada a tenerlo, podría interpretarse como un acto de fraude electrónico. La transferencia interestatal de mercancía robada, incluyendo la propiedad electrónica, era un crimen federal. El Grupo de Chicago para la investigación en fraude informático, había recibido la información de que el documento E911 valía una enorme suma de dinero. De hecho, había sido estimado su valor, por el personal de seguridad de BellSouth en 79.449 dólares. Una suma así debería garantizar una persecución vigorosa. Incluso si no se pudiera deshacer el daño, al menos una suma tal, ofrecería un buen pretexto legal para dar un castigo ejemplar a los ladrones. Desde luego impresionaría a los jueces y a los jurados. Y podría usarse en el tribunal para barrer a la Legion of Doom. El grupo de Atlanta ya estaba en el saco en el momento en que el Grupo de Chicago dedicaba su atención a PHRACK. Pero la Legion of Doom era una hidra de muchas cabezas. A finales del 1989 un nuevo equipo director de la Legion of Doom "Proyecto Fénix" había aparecido en Austin, Texas. "Proyecto Fénix" tenía como operador de sistema nada más y nada menos que al propio The Mentor, asistido por un estudiante de la Universidad de Texas y ardiente seguidor de la Legión of Doom, Erik Bloodaxe Tal y como hemos visto en su manifiesto en PHRACK, The Mentor era un hacker zelote, que consideraba que la intrusión en computadoras era prácticamente una obligación moral. El "Proyecto Fénix" era un esfuerzo ambicioso, que intentaba revivir el underground digital que The Mentor consideraba totalmente florecido a principios de los ochenta. El equipo directo de Fénix también intentaría encarar a la élite hacker con la oposición teleco. En "Proyecto Fénix", los hackers más inteligentes, supuestamente pondrían en ridículo a esos cabezas cuadradas y sus actitudes inmovilistas, y quizás los convencerían de que la élite de la Legion of Doom eran unos tipos legales. La premiere del ""Proyecto Fénix"" fue anunciada a bombo y platillo por PHRACK, y el "Proyecto Fénix" incluía la colección completa de los números de PHRACK, incluyendo el documento E911 según lo había publicado PHRACK. El "Proyecto Fénix" era uno de los muchos -posiblemente centenares- de nodos y BBS que por toda América poseían el documento E911, pero "Proyecto Fénix" era una desvergonzada BBS de la Legion of Doom. Bajo la dirección de The Mentor, se reían en la cara del personal de seguridad de los telecos. Aún peor, intentaba activamente atraerlos a la causa de la élite del underground digital. Fénix no tenía ni tarjetas ni códigos. La élite hacker lo consideraba al menos técnicamente legal. Pero "Proyecto Fénix" era una influencia corruptora, en la que la anarquía hacker se iba comiendo poco a poco, como un ácido digital, los cimientos de la propiedad corporativa. El Grupo de Chicago contra el fraude informático estaba preparado para bajar a Austin, Texas. Curiosamente, no había un sólo rastro, sino dos, apuntando a Austin. La ciudad de Austin, como la de Atlanta, formaba parte del Cinturón del Sol de la Era de la Información, y tenía una fuerte presencia de investigación universitaria, y un buen número de compañías electrónicas innovadoras, incluyendo Motorola, Dell, CompuAdd, IBM, Sematech y MCC. Allí donde van las máquinas informáticas, normalmente los hackers van detrás. Austin no sólo contenía el "Proyecto Fénix" en la actualidad la BBS underground más flagrante, sino además un buen número de nodos UNIX. Uno de estos nodos era Elephant, mantenido por el consultor de UNIX Robert Izenberg. Izenberg, a la búsqueda de un estilo de vida sureño y relajado y un menor coste de vida, había migrado recientemente a Austin desde New Jersey. En New Jersey, Izenberg había trabajado para una compañía de forma independiente, programando código UNIX para la propia AT&T. Terminus había sido un usuario frecuente del nodo Elephant mantenido de forma privada por Izenberg. Habiendo entrevistado a Terminus y examinado los registros de Netsys, el grupo de Chicago estaba convencido, de que habían descubierto una banda underground de piratas de software para UNIX, de los que se podía demostrar que eran culpables en traficar interestatalmente con código fuente copiado ilícitamente a AT&T. Izenberg fue arrastrado a la red alrededor de Terminus, el autoproclamado hacker definitivo. Izenberg, en Austin, tenía un trabajo relacionado con el UNIX en la rama tejana de IBM, Izenberg ya no trabajaba para AT&T, pero tenía amigos en New Jersey, y todavía se conectaba a computadoras UNIX de AT&T en New Jersey, más o menos cuando le apetecía. Las actividades de Izenberg resultaban bastante sospechosas para el Grupo. Izenberg podría estar entrando ilegalmente en computadoras de AT&T, copiando software de AT&T y pasándoselo a Terminus y otros posibles colegas, a través del nodo en red de UNIX. Y sus datos no valían meramente 79.499 dólares, ¡Sino centenares de miles! El 21 de febrero de 1990, Robert Izenberg llegó a casa desde su trabajo en IBM, y se encontró con que todas las computadoras habían desaparecido de forma misteriosa de su apartamento en Austin. Naturalmente, supuso que se los habían robado. Su nodo Elephant, las otras máquinas, sus blocs de notas, sus disquetes, sus cintas, ¡Todo había desaparecido! Sin embargo, nada aparecía desordenado. Su apartamento no había sido saqueado. El enigma aún se volvió más extraño cinco minutos más tarde. El agente del Servicio Secreto de los Estados unidos Al Soliz, acompañado por el oficial de seguridad del campus de la Universidad de Texas, Larry Coutorie y el ubicuo Tim Foley aparecían ante la puerta de Izenberg. Vestían ropa casual: cazadoras, polos. Entraron, y Tim Foley acusó a Izenberg de pertenecer a la Legion of Doom. Izenberg les dijo que nunca había oído hablar de la Legion of Doom. ¿Y qué sabía de cierto documento E911 robado, que representaba una amenaza directa a las líneas policiales de emergencia? -Izenberg afirmó que tampoco había oído hablar de él. Sus interrogadores lo encontraron difícil de creer. -¿No conocía a Terminus? -¿A quién? Le dijeron el verdadero nombre de Terminus. -¡Ah!, sí, -dijo Izenberg. Conocía a ese tipo. Era el líder en discusiones en Internet sobre computadoras AT&T, especialmente el 3B2 de AT&T. AT&T había confiado en tener éxito al poner esta máquina en el mercado, pero como muchos otros intentos de entrar en la arena de la computación, el proyecto 3B2 no fue precisamente un éxito. El mismo Izenberg, había sido contratado por la división de AT&T que se encargaba del 3B2. Toda la división se había ido al garete. En aquellos momentos, la forma más barata y rápida de obtener ayuda con esa desfasada pieza de maquinaria, era unirse a uno de los grupos de discusión de Terminus en Internet, en la que hackers amigables y con conocimiento, te ayudaban gratis. Desde luego, los comentarios dentro de este grupo, no eran precisamente amables en relación a la Estrella de la Muerte . ¿Era ese el problema? Foley le dijo a Izenberg, que Terminus había estado obteniendo software a través de su máquina, la de Izenberg's. Izenberg se encogió de hombros. En su site de UUCP, pasaban cada día sus buenos 8 megabytes. Los nodos de UUCP, despedían datos como si fueran mangueras de bombero. Elephant estaba directamente conectado a Netsys, -lo cual no es sorprendente, pues Terminus era un experto en 3B2 e Izenberg había trabajado para el proyecto 3B2. Izenberg también estaba conectado con "Attctc" y con la Universidad de Texas. Terminus era un experto en UNIX bien conocido. Podría haber hecho las mil y una en Elephant, y no había nada que Izenberg pudiera hacer para remediarlo. Era físicamente imposible. Como encontrar un aguja en un pajar. En un tercer grado de cuatro horas, Foley urgía a Izenberg de que limpiara su conciencia, y admitiera que formaba parte de la conspiración con Terminus, y que era un miembro de la Legion of Doom. Izenberg lo negó. No era ningún hacker adolescente colgado. Tenía treinta y dos años, y ni siquiera tenía un nick. Izenberg, había sido un técnico en televisores y especialista en electrónica, que se había decantado por la consultoría en UNIX cuando ya era un adulto. Nunca se había encontrado personalmente con Terminus. Sin embargo, una vez le compró un módem de alta velocidad barato. Foley le dijo, que ese módem, -un Telenet T2500- con una velocidad de 19,2 Kbps (Kb por segundo) que acabada de desaparecer de la casa de Izenberg, para quedar bajo la custodia del Servicio Secreto, era seguramente una propiedad caliente. Izenberg se sorprendió al oír esto, pero de hecho, la mayoría del equipo de Izenberg, -como les pasa a casi todos los profesionales freelance de esta industria- procedía del mercado negro, donde iba pasando de mano en mano después de varios regateos. No había ninguna prueba de que el módem fuera robado, y si la hubiera habido, Izenberg no podía entender como eso les daba derecho, a llevarse de su casa todo el equipo electrónico. Así y todo, si el Servicio Secreto de los Estados Unidos consideraba que necesitaban su computadora por razones de seguridad nacional -o vaya usted a saber qué-, entonces Izenberg se tenía que callar. Le pareció que de alguna forma, tendría que sacrificar sus veinte mil dólares en equipo profesional, en aras de la cooperación absoluta y en ser un buen ciudadano. Robert Izenberg no fue arrestado. No se le acusó de ningún crimen. Su nodo UUCP, lleno con 140 megabytes de ficheros correo y datos, tanto suyos como de su docena de usuarios, todos absolutamente inocentes, salieron por la puerta como evidencia. Entre los disquetes y las cintas, Izenberg había perdido unos 800 Mb (Megabytes) de datos. Pasaron seis meses hasta que Izenberg decidió llamar al Servicio Secreto y preguntarles como iba el caso. Esta fue la primera vez, que Robert Izenberg oyó el nombre de William J. Cook. En enero de 1992, dos años después de la apropiación, Izenberg, sin estar todavía acusado de ningún crimen, aún estaba luchando en el tribunal, con la esperanza de recuperar los miles de dólares de su equipo retenido. Mientras tanto, el caso de Izenberg no tuvo ningún eco en la prensa. El Servicio Secreto había entrado en una casa de Austin, se había llevado una BBS en UNIX y no había tenido ninguna dificultad operacional para hacerlo. Con la excepción de que el rumor de una caza se estaba distribuyendo por Legion of Doom, The Mentor de forma voluntaria cerró el "Proyecto Fénix". La verdad es que era una lástima, especialmente porque empleados en seguridad de telecos habían aparecido por "Proyecto Fénix", tal y como él había esperado, junto a los típicos duros de Legion of Doom, phreaks, hackers y novatos. Estaba Sandy Sandquist de la seguridad de US SPRINT y un tipo llamado Henry M. Kluepfel, ¡De la misma Bellcore! Kluepfel había sido amistoso con los hackers en "Proyecto Fénix" desde el 30 de enero -dos semanas después de la caída del sistema el día de Martin Luther King-. La presencia estelar de un oficial teleco, así parecía el empuje que necesitaba el "Proyecto Fénix". Así y todo, The Mentor podía observar el ambiente. Atlanta en ruinas, PHRACK con graves problemas, algo raro sucedía en los nodos UNIX. Lo más recomendable era la discreción. El "Proyecto Fénix" fue desconectado. Desde luego, Kluepfel había estado monitorizando esta BBS de la Legion of Doom por motivaciones propias, y las del Grupo de Chicago. Al menos desde 1987, Kluepfel se había estado conectando a una BBS underground de Texas llamada Phreak Klass 2600. Allí descubrió a un jovenzuelo llamado Shadowhawk, chuleando acerca de agarrar ficheros informáticos de AT&T y presumiendo de sus intenciones de sabotear computadoras de Bellcore con Caballos de Troya. Kluepfel le pasó las noticias a Cook en Chicago, y las computadoras de Shadowhawk salieron por la puerta hacia la custodia del Servicio Secreto, y el mismo Shadowhawk había acabado entre rejas. Ahora era el turno del "Proyecto Fénix". El "Proyecto Fénix" afirma basarse en la legalidad y en un mero interés intelectual. Dentro estaba PHRACK. Contenía el documento E911. Había mucha conversación acerca de irrumpir en sistemas, incluyendo toda una serie de comentarios atrevidos y malignos acerca de un supuesto servicio de descifrado que The Mentor y sus amigos planeaban poner en marcha, para ayudar a crackear contraseñas cifradas en sistemas hackeados. The Mentor era una persona adulta. Había una BBS también en su lugar de trabajo. Kleupfel se conectó a esa BBS también, y descubrió algo llamado Illuminati. Estaba dirigido por una compañía llamada Steve Jackson Games, Inc.. El 1 de marzo de 1990 La Caza en Austin puso la quinta marcha. La mañana del 1 de marzo -un jueves- el estudiante de 21 años de la Universidad de Texas Erik Bloodaxe, co-operador de sistemas del "Proyecto Fénix" y miembro de la Legion of Doom, se despertó con un revolver policial apuntado a su cabeza. Bloodaxe observó, desamparado, como los agentes del Servicio Secreto se apropiaban de su terminal de 300 baudios y, rebuscando entre sus ficheros, descubrieron su atesorado código fuente del gusano de Internet de Robert Morris. Pero Bloodaxe, un operador astuto, sospechaba que una cosa así podría pasar. Todo su mejor equipo estaba escondido en otro lado. Sin embargo, los saqueadores se llevaron todo el equipo electrónico, incluyendo su teléfono. Les entró flojera al ver su máquina de marcianitos a lo Pac-man y la dejaron en su sitio. Era demasiado pesada como para moverla. Bloodaxe no fue arrestado. No fue acusado de ningún crimen. Dos años después, sin embargo, la policía sigue custodiando lo que se llevaron. The Mentor no tuvo tanta suerte. El registro en el amanecer les cogió a él y a su mujer en paños menores, y seis agentes del Servicio Secreto, acompañados por un policía de Austin y el mismo Henry M. Kluepfel, llevaron a cabo un buen requisamiento. Todo acabó en la minivan Chevrolet blanca de los agentes: un clónico de IBM PC-AT con 4 megas de RAM y un disco duro de 120 megas: una impresora Hewlett-Packard LaserJet II, un sistema operativo Xenix 286 completamente legítimo y muy caro, disquetes y documentación de Pagemaker y el procesador de textos Word de Microsoft. La mujer de The Mentor tenía su tesis doctoral inacabada almacenada en el disco duro, y de allí se fue, junto al teléfono de la pareja. Dos años después todas estas propiedades siguen en custodia de la policía. The Mentor permaneció bajo arresto en su apartamento mientras los agentes se preparaban para asaltar Steve Jackson Games, Inc. El hecho de que el cuartel general de este negocio no fuera una residencia privada no detuvo a los agentes. Todavía era muy temprano. No había nadie trabajando aún. Los agentes ya estaban preparados para romper la puerta, pero The Mentor, escuchando a hurtadillas las conversaciones por el walkie-talkie, les pidió que no lo hicieran, y les ofreció su llave del edificio. Los detalles exactos siguen sin estar claros. Los agentes no dejaron que nadie más entrara en el edificio. Su orden de registro, cuando se mostró, no estaba firmada. Por lo visto desayunaron en el Whataburger local, pues se encontraron restos de las hamburguesas en el interior del edificio. También se apoderaron de los caramelos de un empleado de SJG. Alguien arrancó de la pared un adhesivo de Dukakis for President. Los empleados de SJG, dirigiéndose de forma diligente al trabajo, se encontraron en la puerta con agentes del Servicio Secreto de los Estados Unidos que los interrogaron brevemente. Los empleados observaron asombrados como los agentes sacaban llaves inglesas y destornilladores, y empezaban a surgir con máquinas confiscadas. Atacaron almacenamientos exteriores con cutters. Los agentes llevaban anoraks con las letras de Servicio Secreto en la espalda, calzados con zapatillas de tenis y vistiendo tejanos. La compañía de Jackson perdió tres computadoras, varios discos duros, cientos de disquetes, dos monitores, tres módems, una impresora láser, varios cables y adaptadores -y, curiosamente una pequeña bolsa con tornillos y tuercas-. La requisación de la BBS Illuminati dejó a SJG sin programas, ficheros de texto y correo electrónico privado de la BBS. La pérdida de otras dos computadoras de SJG fue también un duro golpe, pues había causado la pérdida de contratos almacenados electrónicamente, proyecciones financieras, direcciones, listas de correo, ficheros personales, correspondencia comercial y, no menos importante, los bosquejos de nuevos juegos y libros de juego. No se arrestó a nadie de Steve Jackson Games, Inc. Nadie fue acusado de ningún crimen. No se presentaron cargos. Todo lo requisado fue guardado oficialmente como evidencia de crímenes que nunca fueron especificados. Después del juicio-vista de PHRACK, el escándalo de Steve Jackson Games, Inc. fue el más estrambótico incidente de La Caza de Hackers de 1990. Este asalto del Grupo de Chicago contra el editor de juegos de ciencia-ficción, iba a activar una horda de cuestiones sobre derechos civiles, y generó una controversia que se iba complicando cada vez más, creciendo según aumentaban sus implicaciones, unos dos años después. La búsqueda del documento E911 terminó con el asalto a Steve Jackson Games, Inc. Tal y como hemos visto, había cientos, quizás miles de usuarios de computadoras en Estados Unidos que habían tenido entre sus manos el documento E911. Teóricamente, Chicago tenía todo el derecho legal a asaltar a cualquiera de estas personas y podrían haber requisado las máquinas de cualquiera que hubiera estado subscrito a PHRACK. Sin embargo, no había ninguna copia del documento E911 en la BBS de Illuminati de Jackson. Y allí los asaltantes de Chicago se quedaron bien parados; ya no han asaltado a nadie más desde entonces. Podría suponerse que Richard Andrews y Charlie Boykin que habían presentado el documento E911 ante la seguridad de los telecos, se podrían haber ahorrado cualquier sospecha oficial. Pero, tal y como hemos visto, el deseo de cooperar completamente no ofrece mucha -por no decir ninguna- seguridad contra una persecución federal anti-hackers. Richard Andrews se encontró ante graves problemas, gracias al documento E911. Andrews vivía en Illinois, los pastos nativos del Grupo de Chicago. El 3 y el 6 de febrero, su casa y el lugar de trabajo fueron registrados por el Servicio Secreto. Sus máquinas también se fueron por la puerta y le aplicaron el tercer grado un buen rato -aunque no fue arrestado-. Andrews demostró ser culpable de estar en posesión de: UNIX SVR 3.2; UNIX SVR 3.1; UUCP; PMON; WWB; IWB; DWB; NROFF; KORN SHELL '88; C++; y QUEST, entre otros. Andrews había recibido este código propietario -que AT&T valoraba oficialmente en más de 250.000 dólares- a través de la red UNIX, buena parte de la cual suministrada como favor personal por Terminus, probablemente. Aún peor, Andrews admitió haberle devuelto el favor, al pasarle a Terminus una copia del código fuente propietario de STARLAN. Hasta el mismo Charles Boykin, un empleado de AT&T, se metió en problemas hasta las orejas. En 1990 ya casi se había olvidado del problema del E911 que él había denunciado en septiembre del 88. De hecho, desde esa fecha, había pasado dos alertas de seguridad más a Jerry Dalton, en relación a temas que Boykin consideraba peores que el documento E911. Pero en 1990, el año de La Caza de Hackers , el Servicio de Seguridad Informativa Corporativa de AT&T estaba harta ya de Killer. Esta máquina no daba dividendos a AT&T, y proveía de ayuda y confort a una nube de colgados sospechosos de fuera de la compañía, algunos de los cuales eran activamente maliciosos contra AT&T, su propiedad y sus intereses como corporación. Sin importar ya la buena voluntad y la publicidad que se hubiera podido ganar con Killer, sus 1500 usuarios devotos eran un riesgo a la seguridad, demasiado importante como para seguir haciendo la vista gorda. El 20 de febrero de 1990, Jerry Dalton llegó a Dallas y simplemente desconectó los cables telefónicos, ante la sorpresa y alarma de muchos de los usuarios tejanos de Killer. Killer quedó permanentemente desconectada, con la pérdida de vastos archivos de programas y una enorme cantidad de correo electrónico. El servicio nunca se restauró. AT&T no mostró ningún interés por la propiedad de esas 1500 personas. Cualquiera que fuera la propiedad que los usuarios habían estado almacenando en la computadora de AT&T lo cierto es que se desvaneció completamente. Boykin, quien había denunciado el problema del documento E911 se encontró también bajo una nube de sospecha. En una repetición de la jugada de las apropiaciones del Servicio Secreto, pero con seguridad privada, la gente de seguridad de AT&T Security visitó la casa de Boykin y sus máquinas salieron también por la puerta. Sin embargo, había unas características especiales bien marcadas en el caso de Boykin. Los disquetes de Boykin y sus computadoras personales fueron detalladamente examinados por empleados corporativos y devueltos amablemente al cabo de dos días -al contrario del Servicio Secreto, que normalmente tarda meses, incluso años-. Boykin no fue acusado de ningún crimen o actividad incorrecta y siguió con su trabajo en AT&T -aunque se retiró de AT&T en septiembre de 1991, a la edad de 52 años. Es interesante observar que el Servicio Secreto de los Estados Unidos de alguna forma no pudo requisar el nodo Killer y sacar por la puerta las computadoras de AT&T. Ni tampoco pudieron asaltar la casa de Boykin. Parecía que aceptaban la palabra de la seguridad de AT&T de que el empleado de AT&T y el nodo Killer de AT&T estaban libres de contrabando de hackers y con todo correcto. Ahora ya todo es agua pasada, pues los 3.200 megas de Killer, propiedad de la comunidad electrónica tejana, fueron borrados en 1990, y Killer fue enviado fuera del estado. Pero las experiencias de Andrews y Boykin, y de los usuarios de sus sistemas, continuaron siendo cuestiones menores. No asumieron la importancia social, política y legal que habían obtenido, lenta pero inexorablemente, en relación al tema del asalto a Steve Jackson Games, Inc. Ahora debemos dirigir nuestra atención a la compañía de Juegos Steve Jackson Games, Inc. (SJG), y explicar ¿qué fue lo que hizo en realidad? ¿cómo estuvo manejado el asunto, este conflictivo e irónico problema? El lector puede recordar que esta no es la primera vez sino la segunda, que la compañía es nombrada en esta narración, Steve Jackson Games, Inc. comercializa GURPS, el pasatiempo favorito de los grupos de Hackers en Atlanta y jugadores de ciencia ficción, confundiendo y dándoles doble sentido a las intrusiones en computadoras. Lo primero que hay que decir, es, que Steve Jackson Games, Inc., no era una empresa creadora de juegos para computadora, si no que SJG creaba juegos de rol; juegos de salón para jugar en papel, utilizando lápices, dados, manuales de instrucciones que contenían diferentes reglas de juego y tablas para jugar en ellas. No había ningún computador involucrado en estos juegos. Cuando usted compraba a SJG, usted no recibía ningún disquete de Software para instalar, Lo que usted recibía era una bolsa plástica con algunas tablas de juegos, fichas y posiblemente algunos mapas o cartas. La mayoría de sus productos eran libros. Como sea, Las computadoras se fueron utilizando en el negocio de SJG, como en casi todos los modernos creadores de Juegos, Steve Jackson y sus quince empleados usaron computadoras para escribir textos, almacenar las cuentas y para casi todas las operaciones de la empresa. También usaron un computador para correr su sistema oficial de BBS para SJG, una BBS llamada Illuminati. Cualquier jugador que tuviera una computadora y un módem podía conectarse y negociar, debatir la teoría y práctica de los juegos y a su vez se podía trasmitir las noticias de la compañía y anuncios de sus productos. Illuminati fue una BBS modestamente popular, corría en un pequeño computador con capacidad limitada, solamente una línea telefónica y no tenía conexiones para grandes computadoras de trabajo en red; Tenía de todas formas cientos de usuarios, muchos de los cuales eran jugadores a tiempo completo, que intentaban llamar desde fuera del estado. Illuminati no fue un juego clandestino. Este no daba insinuaciones para tener acceso ilegal a computadoras, archivos, correos, tarjetas de crédito, o códigos de acceso. Algunos de los usuarios de Illuminati, eran miembros de la Legion of Doom y también uno de ellos fue un antiguo empleado de Steve Jackson: The Mentor. The Mentor escribía también para PHRACK, e hizo una BBS clandestina para el "Proyecto Fénix", pero The Mentor no era un profesional de las computadoras. The Mentor trabajaba como editor para la compañía SJG y era un diseñador profesional de juegos para comercializarlos. Los miembros de Legion of Doom no usaban Illuminati para facilitar sus actividades como hacker, sino para sus actividades como jugadores, de hecho, se dedicaron más a simular juegos que en actividades de hackers. Illuminati tenia este nombre por un juego de cartas de SJG, inventada y creada por ellos mismos. Este juego de cartas con múltiples jugadores fue la creación del Sr. Jackson, más conocida, exitosa y tecnológicamente más innovadora. Illuminati era un juego de conspiración paranoica, en el cual varios cultos secretamente antisociales, querían dominar al mundo. Illuminati era un juego alegre y divertido, en el cual había platillos voladores, la CIA, la KGB, compañías de teléfonos, el Ku Klux Klan, la mafia de Sudamérica, los cárteles de la cocaína, los Boy Scouts y una decenas más de grupos disidentes, surgidos de la mente retorcida de la ferviente imaginación del Sr. Jackson. Para el inexperimentado público, la discusión del juego Illuminati sonaba completamente amenazador o completamente loco. Y aquí se ubica la Guerra de Coches de SJG donde había carros fuertemente blindados, con lanzacohetes y ametralladoras pesadas, peleándose en las carreteras americanas del futuro. En la excitante discusión de la Guerra de Coches en la BBS Illuminati, se insinuaban meticulosas y cuidadosas informaciones acerca del efecto de los explosivos, minas de tierra, lanzallamas y napalm. Parecía como un archivo ilegal de hackers pero aún más bestia. El Sr. Jackson y sus colaboradores se ganaban el pan diario creando aventuras fantásticas e ideas extrañas. Cuanto más extrañas, mejor. Los juegos de simulación son un pasatiempo raro, pero los jugadores no han tenido que pedir el permiso del Servicio Secreto para poder jugar. Los juegos de guerra y de rol son viejos pasatiempos, muy defendidos por adultos honrados y por estrategas profesionales y belicosos. Actualmente los juegan centenares de miles de entusiastas en todo Norte América, Europa y Japón. Los libros de juego dejaron de ser un pasatiempo restringido, a ser populares para venderse enérgicamente en franquicias como de B. Dalton y Waldenbooks. Steve Jackson Games, Inc., de Austin, Texas, era una compañía de juegos dentro de la media. En 1989, SJG ganó alrededor de un millón de dólares. Jackson, obtuvo una buena reputación en su industria, como un talentoso e innovador diseñador de juegos más bien poco convencionales, pero su compañía fue algo menos que un titán del campo -claro que no como la compañía multimillonaria TSR , o el gigante Británico Games Workshop. El cuartel general de SJG en Austin, era un modesto bloque de oficinas de dos pisos, en ladrillo, atestada de teléfonos, fotocopiadoras, máquinas de fax y computadoras. Mostraba una actividad semi-organizada y llena de carteles promocionales y novelitas de ciencia ficción. Junto a las oficinas, había un almacén de techo metálico con una pila de hasta veinte pies de cajas de cartón llenas de juegos y libros. A pesar de todas las invenciones calenturientas que corrían por allí, el cuartel general de SJG era un lugar bastante cotidiano. Parecía lo que era, el espacio de un editor. Tanto Guerras de Coches como Illuminati eran juegos bien conocidos y populares, pero lo principal de la organización de Jackson era su Sistema de Juego de Rol Genérico Universal . El sistema GURPS se consideraba como algo sólido y bien diseñado. Pero quizás el rasgo más popular de GURPS era que permitía que los amos del juego -los directores- pudieran diseñar escenarios que recordaran de cerca libros, películas y otras obras de fantasía bien conocidas. Jackson había obtenido las licencias y adaptado obras de muchos autores de ciencia ficción y fantasía. Había un GURPS Conan, un GURPS Mundo del Río, un GURPS los Clanes del Caballo, un GURPS Mundo de las brujas, nombres perfectamente familiares para los lectores de ciencia-ficción. Y también había un GURPS Operaciones Especiales, sobre el mundo del espionaje fantástico y la guerra no convencional. Y también había un GURPS Cyberpunk. Cyberpunk es un término que se usa para describir a ciertos escritores de ciencia-ficción que entraron en el género hacia los años 80. Cyberpunk, tal y como implica la etiqueta, tiene dos características diferenciadas: en primer lugar, los escritores tienen un gran interés por las tecnologías de la información, un interés muy cercano a la fascinación que sentían los primeros escritores de ciencia-ficción con el viaje espacial. Y en segundo lugar, esos escritores eran punks, con todos los rasgos distintivos que ello implica: bohemios, aficionados al arte, jóvenes desmadrados y un aire deliberado de rebelión, ropas y pelo curiosos, unas ideas políticas peculiares, cierta afición por el rock and roll abrasivo. En una palabra: problemas. Los Escritores de 'CF Cyberpunk' eran un pequeño grupo de personas, la mayoría de las cuales tenían educación universitaria, blancos de clase media cultivada y distribuidos por los Estados Unidos y Canadá. Sólo uno, Rudy Rucker, un profesor de ciencias de la computación en Silicon Valley, podría acercarse a ser un humilde hacker informático. Pero con la excepción del profesor Rucker, los autores cyberpunk no eran ni programadores ni expertos en hardware; ellos se consideran artistas -y también el profesor Rucker-. Sin embargo, todos estos escritores son propietarios de computadoras y se tienen un interés público intenso en las ramificaciones sociales de las industrias de la información. Los ciberpunks tenían muchos seguidores entre la generación global que había crecido en un mundo de computadoras, redes multinacionales y televisión por cable. Su perspectiva se considera mórbida, cínica y oscura, pero, de todas formas, también es la perspectiva de sus compañeros de generación. Los ciberpunks, como cualquier otra generación, maduró y aumentó en fuerza e influencia. Por lo que hace a su trabajo como escritores de ciencia-ficción, lo cierto es que les iba bastante bien. Hacia finales de los años 80, su trabajo había atraído la atención de las compañías de juegos, incluyendo Steve Jackson Games, Inc., que planeaba una simulación de cyberpunk para el floreciente sistema de juego GURPS. Parecía que los tiempos ya estaban maduros para un proyecto así, que ya había sido probado en el mercado. Ya había una primera compañía, con un producto atrevidamente llamado cyberpunk, como desafiando posibles violaciones de propiedad intelectual. Se trata de un grupo que acababa de empezar, llamado R. Talsorian. El Cyberpunk de Talsorian era un juego bastante decente, pero los mecanismos de simulación dejaban mucho que desear. De todas formas, comercialmente, al juego le fue bien. El siguiente juego cyberpunk todavía tuvo más éxito. Se trataba de Shadowrun de la FASA Corporation. Los mecanismos de este juego no estaban mal, pero el escenario se había estupidizado al incluir elementos de fantasía casposa como elfos, trolls, magos y dragones, algo ideológicamente muy incorrecto, según los estándares duros y de alta tecnología de la ciencia-ficción cyberpunk. Otros diseñadores de juegos estaban interesados en el mercado. Entre ellos resultaba prominente The Mentor, un caballero, que al igual que la mayoría de sus amigos de la Legion of Doom, era un auténtico devoto del cyberpunk. The Mentor creía que ya había llegado la hora para un libro juego cyberpunk real, uno en el que los príncipes de la maldad computacional de la Legion of Doom pudieran jugar sin morirse de risa. Este libro, 'GURPS Cyberpunk', tendría autenticidad cultural on-line. The Mentor estaba particularmente bien cualificado para una tarea así. Desde luego, sabía mucho más de intrusión en computadoras que cualquier otro autor de cyberpunk. No sólo eso, además era bueno en su trabajo. Una imaginación vívida, combinada con una afinidad instintiva con los sistemas y, especialmente, con los bucles que hay en ellos, son excelentes cualidades para el diseñador profesional de juegos Hacia el 1 de marzo, 'GURPS Cyberpunk' ya estaba prácticamente listo, preparado para ir a la imprenta y empezar a distribuirse. Steve Jackson esperaba que se vendiera muy bien, lo cual permitiría mantener a su compañía a flote durante varios meses. 'GURPS Cyberpunk', como los otros módulos GURPS, no era un juego como el Monopoly, sino un libro. Un libro con el tamaño de una revista, con portada en color y páginas llenas de texto, ilustraciones, tablas y notas. Se anunciaba como un juego, y se usaba como ayuda para jugar, pero era un libro con su número de ISBN, publicado en Texas, con Copyright y que se vendía en librerías. Y ahora, este libro, que estaba almacenado en una computadora, se había ido por la puerta, en custodia del Servicio Secreto. El día después del registro, Steve Jackson visitó los cuarteles generales del Servicio Secreto local con un abogado. Allí se enfrentaron con Tim Foley -que todavía estaba en Austin por aquel entonces- y pidió que le devolvieran su libro. Pero hubo problemas. 'GURPS Cyberpunk' -según alegaba un agente del Servicio Secreto ante el atónito hombre de negocios, Steve Jackson- era un manual para el crimen informático. -¡Es sólo ciencia-ficción! -dijo Jackson. -¡No!, es real. Esta frase fue repetida varias veces, por diferentes agentes. El ominosamente correcto juego de Jackson, había pasado de ser una fantasía a baja escala, pura y oscura, para convertirse en la fantasía impura, ampliamente comentada y a larga escala, de La Caza de Hackers. No se hizo ninguna mención a las razones reales de la investigación. Según la orden de registro, los asaltantes esperaban encontrar el documento E911 en la BBS de Jackson. Pero la orden de registro estaba sellada, un procedimiento que la mayoría de agencias del orden, usarían sólo cuando claramente hay vidas en peligro. Los verdaderos motivos de los asaltantes, no se descubrieron hasta que los abogados de Jackson consiguieron retirarle el sello a la orden de registro. El Servicio Secreto y el Grupo de Abuso y Fraude Informático de Chicago, no dijeron nada a Steve Jackson de una amenaza al sistema policial del 911. No dijeron nada de los tres de Atlanta, nada acerca de PHRACK o de Knight Lightning, nada sobre Terminus. Se dejó a Jackson que creyera que sus computadoras habían sido incautados, porque intentaba publicar un libro de ciencia-ficción que la policía consideraba demasiado peligroso como para publicarse. Esta confusión se repitió una y otra vez, durante meses, ante una audiencia cada vez más grande. No se trataba del verdadero caso, pero según pasaban los meses, y esta confusión se imprimía para el público una y otra vez, se iba convirtiendo en uno de los hechos conocidos públicamente acerca de la misteriosa Caza de Hackers. El Servicio Secreto había incautado una computadora para detener la publicación de un libro de ciencia-ficción cyberpunk. El segundo capítulo de este libro El Underground Digital, está ya casi acabado. Hemos conocido a las figuras principales de este caso, que realmente pertenecían al meollo de la intrusión informática. Ya sabemos algo de su historia, sus motivos, el modus operandi general. Ahora sabemos, o al menos eso espero, quienes son, de donde vienen, y más o menos lo que quieren. En el siguiente capítulo de este libro Ley y Orden, dejaremos ese meollo y entraremos directamente en el mundo de la policía de crímenes informáticos de América. Pero en este momento hay otro personaje que quiero presentar: yo mismo. Me llamo Bruce Sterling. Vivo en Austin, Texas, donde trabajo como escritor de ciencia-ficción. Más específicamente: un escritor de ciencia-ficción cyberpunk. Como mis colegas cyberpunk en los Estados Unidos y Canadá, nunca me he sentido completamente feliz con esta etiqueta literaria, sobre todo al convertirse en un sinónimo de criminal informático. Pero una vez edité un libro con cuentos de mis colegas, llamado 'MIRRORSHADES: the Cyberpunk Anthology' y me he dedicado durante un tiempo a escribir manifiestos de crítica literaria sobre ciberpunks. No soy un hacker en ninguno de sus sentidos, aunque tengo lectores dentro del underground digital. Cuando tuvo lugar el asalto a Steve Jackson Games, Inc., evidentemente me generó un interés intenso. Si los libros cyberpunk eran prohibidos por la policía federal, en la ciudad donde vivía, empecé a preguntarme si yo mismo podría ser el siguiente. ¿Se incautaría de mis computadoras el Servicio Secreto? En aquel momento estaba en posesión de un anciano Apple IIe que ni tenía disco duro. Si me asaltaban, acusándome de ser un autor de manuales de crimen informático, la pérdida de mi procesador de texto tampoco generaría muchas simpatías. Conocía desde hacía años a Steve Jackson, como colegas, pues frecuentábamos las mismas convenciones de ciencia-ficción. He jugado con los juegos de Jackson y reconozco su inteligencia, pero desde luego nunca me había dado la impresión de ser una mente criminal especializada en la informática. También sabía un poquito de las BBS. A mediados de los años 80 había tenido un papel activo en una BBS de Austin llamada SMOF-BBS, una de las primeras BBS dedicadas a la ciencia-ficción. Tenía un módem, y en alguna ocasión me había conectado a Illuminati, que siempre me había parecido como algo muy colgado, pero también inofensivo. En el momento del registro de Jackson, no tenía ninguna experiencia en BBS underground. Pero sabía que nadie de Illuminati hablaba de entrar ilegalmente en sistemas, o de robar a las compañías telefónicas. Illuminati ni siquiera ofrecía juegos de computadora pirateados. Steve Jackson, como muchos otros artistas creativos, era muy sensible al tema de robo de propiedad intelectual. Me parecía que o bien Jackson era claramente sospechoso de un crimen -en cuyo caso le acusarían pronto y tendría que ir a los tribunales- o bien era inocente, en cuyo caso el Servicio Secreto le devolvería enseguida su equipo, y todos nos echaríamos unas risas. Esperaba más bien las risas. La situación no dejaba de tener su lado cómico. La incursión, conocida como el asalto cyberpunk en la comunidad de la ciencia-ficción, estaba ganando mucha publicidad a nivel nacional, tanto por el mismo Jackson como por los otros escritores de ciencia-ficción cyberpunk. Además, es típico malinterpretar a la gente de la ciencia-ficción. La ciencia-ficción es una ocupación colorista, llena de aspectos extraños y, desde luego, por eso nos gusta. Las flipadas pueden ser un accidente de trabajo en nuestra profesión. La gente que lleva disfraces de Halloween a veces se confunden con monstruos. Érase una vez, allá por 1939 en Nueva York, los escritores de ciencia-ficción y el Servicio Secreto de los Estados Unidos chocaron en un caso cómico de confusión de identidad. Este extraño incidente implicaba un grupo literario bastante famoso en la ciencia-ficción, conocido como los futurianos, entre cuyos miembros figuraban genios futuros del género como Isaac Asimov, Frederik Pohl y Damon Knight. Los futurianos eran tan raros y flipados como cualquiera de sus descendientes espirituales, incluyendo a los ciberpunks, y se dedicaban a la vida en común, actuaciones espontáneas de opereta y exhibiciones nocturnas de esgrima en el césped. Los futurianos no tenían BBS, pero tenían el equivalente tecnológico de 1939, mimeogramas y una imprenta privada. Las usaban continuamente, produciendo un río de fanzines de ciencia-ficción, manifiestos literarios, y artículos raros, que recogían de lugares grasientos extraños jovenzuelos con gabardinas. Los vecinos se empezaron a alarmar ante el comportamiento de los futurianos y los denunciaron al Servicio Secreto como posibles falsificadores. Era el invierno de 1939 y una patrulla de agentes del Servicio Secreto de los Estados Unidos con las pistolas desenfundadas asaltaron la Casa Futuriana, preparados para confiscar los billetes falsos y las imprentas ilegales. Allí descubrieron un fan de la ciencia-ficción llamado George Hahn, un invitado de la comuna futuriana que acababa de llegar a Nueva York. George Hahn intentó explicar lo que él y sus compañeros hacían, y el Servicio Secreto decidió dejar a los futurianos en paz a partir de entonces. -Desafortunadamente, Hahn murió en 1991, justo antes de que descubriera este sorprendente paralelo, así que no pude entrevistarle para este libro. Pero el caso de Jackson no llegó a un final cómico. No llegaron respuestas rápidas ni para mí, ni para él, en ningún momento se nos tranquilizó diciendo que todo iba bien en el mundo digital. En mi papel alternativo de periodista de ciencia popular, entrevisté a Jackson y su equipo para un artículo en una revista británica. Los detalles extraños de la incursión me dejaron aún más preocupado que antes. Sin sus computadoras, la compañía está indefensa, financiera y operacionalmente. La mitad de la fuerza de trabajo de SJG, un grupo de personas completamente inocentes, habían tenido que ser despedidas, perdiendo su estilo de vida tras la incautación. Empezó a apuntar en mi cabeza la sospecha, de que los autores -los escritores americanos- podrían perder sus computadoras, al incautarlas mediante órdenes de registro, sin ningún cargo criminal y eso, como Steve Jackson había descubierto, no tenía una solución fácil. No era ninguna broma; no era ciencia-ficción: era real. Decidí dejar a un lado la ciencia-ficción hasta que descubriera qué había pasado y de donde venían los problemas. Era el momento de entrar en el mundo real de la libertad de expresión electrónica y del crimen informático. De ahí este libro. De ahí el mundo de los telecos, el mundo del underground digital y, después el mundo de la policía.
3 Ley y Orden De las varias actividades anti-hacker de 1990, la "Operación Diablo del Sol" fue la que recibió la mayor difusión pública. Las arrasadoras incautaciones de computadoras en todo el territorio nacional no tenían precedente de tal envergadura, y fueron -aunque selectivamente- muy divulgadas. Al contrario de los operativos efectuados por el Grupo de Tareas Contra el Fraude y el Abuso Informático de Chicago, la "Operación Diablo del Sol" no se propuso combatir la actividad de los hackers en cuanto a intrusiones informáticas o incursiones sofisticadas contra los conmutadores. Tampoco tenía algo que ver con las fechorías cometidas con el software de AT&T ni con documentos de propiedad de Southern Bell. Más bien, la "Operación Diablo del Sol" fue un castigo severo al azote del bajo mundo digital: el robo de tarjetas de crédito y el abuso de códigos telefónicos. Las ambiciosas actividades en Chicago y las menos conocidas pero vigorosas acciones anti-hacker de la policía estatal de Nueva York en 1990 no fueron nunca parte de la "Operación Diablo del Sol" como tal, que tenía su base en Arizona. Sin embargo, después de las espectaculares operaciones del 8 de mayo, el público, engañado por el secreto policial, el pánico de los hackers y la perplejidad de la prensa nacional, configuró todos los aspectos del acoso policial en el territorio nacional entero, bajo el nombre universal de "Operación Diablo del Sol". "Diablo del Sol" todavía es el sinónimo más conocido para el La Caza de Hackers de 1990. Pero los organizadores de "Diablo del Sol" de Arizona no se merecían esa reputación, como tampoco todos los hackers se merecen la reputación de hacker. Sin embargo hubo algo de justicia en esta confusa percepción del público. Por ejemplo, la confusión fue promovida por la división de Washington del Servicio Secreto, que respondió a aquéllos, que bajo la ley por la Libertad de Información solicitaron información, refiriéndoles a los casos públicamente conocidos de Knight Lightning y los Tres de Atlanta. Y además, "Diablo del Sol" fue sin duda el aspecto más amplio de la operación de castigo, el más deliberado y el mejor organizado. En su función de castigo al fraude electrónico, "Diablo del Sol" careció del ritmo frenético de la guerra contra la Legion of Doom; los objetivos de "Diablo del Sol" fueron elegidos con fría deliberación a lo largo de una compleja investigación que duró 2 años completos. Y una vez más los objetivos fueron los sistemas de BBS, que pueden ser de mucha utilidad en el fraude organizado. En las BBS clandestinas circulan discusiones extensas, detalladas y a veces bastante flagrantes de técnicas y actividades ilegales. La discusión sobre crímenes en abstracto o sobre los detalles de casos criminales no es ilegal, pero existen severas leyes federales y estatales contra la conspiración para delinquir a sangre fría por grupos. A los ojos de la policía, la gente que conspira abiertamente para cometer fechorías no se consideran ni clubes ni salones de debate; ni grupos de usuarios ni amigos de la libertad de expresión. Los fiscales tienden más bien a acusar a esa gente de formar pandillas, organizaciones corruptas; o tal vez de ser chantajistas o personajes del crimen organizado. Además, la información ilícita que aparece en las BBS fuera de la ley, va mucho más allá de configurar simples actos de expresión y/o posible conspiración criminal. Como hemos visto, era normal en el bajo mundo digital facilitar a través de las BBS códigos telefónicos hurtados, para que cualquier phreak o hacker abusara de ellos. ¿hay que suponer que el hecho de facilitar un botín digital de esta laya, caiga bajo la protección de la Primera Enmienda? Difícil, aunque esta cuestión, como muchas otras del ciberespacio, no está enteramente resuelta. Algunos teóricos argumentan que el simple recitado de un número en público no es ilegal -sólo su uso es ilegal. Pero la policía anti-hacker señala, que revistas y periódicos, las formas más tradicionales de la libre expresión- nunca publican códigos telefónicos robados. -aunque hacerlo pudiera muy bien aumentar su circulación. Los números robados de tarjetas de crédito, más arriesgados y más valiosos, se ponían con menos frecuencia en las BBS, pero no hay duda de que algunas BBS clandestinas ponían en circulación números de tarjetas, generalmente intercambiados por correo privado. Las BBS clandestinas también contenían útiles programas para explorar velozmente códigos telefónicos y para incursionar en las compañías emisoras de tarjetas de crédito, además de la de por sí, molesta galaxia de software pirateado, claves violadas, esquemas para cajas azules, manuales de invasión electrónica, archivos anarquistas, pornográficos, etc. Pero además del molesto potencial para extender el conocimiento ilícito, las BBS tienen otro aspecto vitalmente interesante para el investigador profesional. Están repletos de evidencia. Todo ese ajetreado intercambio de correo electrónico, todas esas fanfarronadas, jactancias y despliegues de vanidad del hacker, aún todos los códigos y tarjetas robados, pueden muy bien convertirse en esmerada evidencia electrónica de actividad criminal recogida en tiempo real. El investigador que incauta una BBS pirata, ha dado un golpe tan efectivo como intervenir teléfonos o interceptar correo, sin haber, sin embargo, intervenido ningún teléfono o interceptado ninguna carta. Las reglas sobre la obtención de evidencia a través del pinchazo telefónico o la interceptación de cartas son antiguas, estrictas y bien conocidas tanto por la policía, como por los fiscales y la defensa. Las reglas sobre las BBS son nuevas, confusas y no las conoce nadie. "Diablo del Sol" fue el acoso a las BBS, más grande de la historia mundial. El 7, 8 y 9 de mayo de 1990 se incautaron alrededor de cuarenta y dos sistemas informáticos. De esas cuarenta y dos computadoras unas veinticinco contenían una BBS. -La vaguedad de esta estimación se debe a la vaguedad de (a) lo que es un sistema informático y (b) lo que significa contener una BBS en una, dos o tres computadoras. Cerca de veinticinco BBS se esfumaron, al caer bajo custodia policíaca en mayo de 1990. Como hemos visto, en EE.UU. hay aproximadamente 30.000 BBS hoy. Si suponemos que uno de cada cien tiene malas intenciones respecto a códigos y tarjetas -porcentaje que halaga la honradez de la comunidad de usuarios de BBS-, eso significaría que quedaron 2.975 BBS que el operativo "Diablo del Sol" no tocó. "Diablo del Sol" confiscó aproximadamente la décima parte del uno por ciento de todas las BBS de EE.UU. Visto objetivamente, este ataque no es muy comprensible. En 1990 los organizadores de "Diablo del Sol" -el equipo del Servicio Secreto en Phoenix, y el despacho del Fiscal General del Estado de Arizona- tenían una lista de por lo menos trescientas BBS que consideraban merecedoras de órdenes de registro e incautación. Las veinticinco BBS que fueron realmente incautadas figuraban entre las más obvias y notorias de esta lista de candidatas mucho más grande. Todas ellas habían sido examinadas con anterioridad, ya sea por soplones, que habían pasado impresiones en papel al Servicio Secreto, o por los mismos agentes del Servicio Secreto, que no sólo estaban equipados con módem sino que sabían usarlo. "Diablo del Sol" tuvo varias motivaciones. En primer lugar, ofreció una oportunidad de cortarle el paso al crimen de tipo fraude electrónico. Rastrear los fraudes de tarjeta de crédito hasta llegar a los culpables puede ser espantosamente difícil. Si los culpables tienen un mínimo de sofisticación electrónica, pueden enredar sus pistas en la red telefónica dejando sólo una maraña imposible de rastrear, pero arreglándoselas para estirar la mano y robarle a alguien. Las BBS, sin embargo, llenas de códigos, tarjetas, fanfarronadas e hipérboles, ofrecen evidencia en un formato cuajado muy conveniente. La incautación misma -el solo acto físico de retirar las máquinas- tiende a descargar la presión. Durante el operativo, un gran número de muchachos adictos a los códigos, vendedores de software pirateado y ladrones de tarjetas de crédito se encontrarían despojados de sus BBS -su medio de establecer su comunidad y de conspirar- de un solo golpe. En cuanto a los mismos operadores de las BBS -que con frecuencia eran los criminales más arriesgados-, quedarían despojados de su equipo y digitalmente enmudecidos y ciegos. Y este aspecto de "Diablo del Sol" se llevó a cabo con gran éxito. "Diablo del Sol" parece haber sido una sorpresa táctica completa -lo contrario de las confiscaciones fragmentadas y continuadas en la guerra contra la Legion of Doom, "Diablo del Sol" fue ejecutada en el momento perfecto y fue totalmente arrolladora. Por lo menos cuarenta computadoras fueron confiscadas durante el 7, 8 y 9 de mayo de 1990, en Cincinnati, Detroit, Los Angeles, Miami, Newark, Phoenix, Tucson, Richmond, San Diego, San José, Pittsburgh y San Francisco. En algunas ciudades hubo incursiones múltiples, como las cinco incursiones separadas en los alrededores de Nueva York. En Plano, Texas -básicamente un barrio de las afueras del complejo formado por las dos ciudades Dallas/Fort Worth, y eje de la industria de telecomunicaciones- hubo cuatro confiscaciones. Chicago, siempre en la delantera, tuvo su propia confiscación, llevada a cabo por Timothy Foley y Barbara Golden, agentes del Servicio Secreto. Muchas de estas acciones no tuvieron lugar en las mismas ciudades, sino en los barrios residenciales de la clase media blanca de las afueras; lugares como Mount Lebanon en Pennsylvania y Clark Lake en Michigan. Unas cuantas se efectuaron en oficinas, pero la mayoría se hicieron en viviendas privadas, en los clásicos sótanos y dormitorios de los hackers. Las acciones de "Diablo del Sol" fueron registros e incautaciones, no una serie de detenciones masivas. Sólo hubo cuatro detenciones durante "Diablo del Sol". Tony, el Basurero, un adolescente considerado bestia negra mucho tiempo atrás por la unidad de Fraudes de Arizona, fue detenido en Tucson el 9 de mayo. Dr. Ripco, administrador de sistema de una BBS ilegal que desgraciadamente funcionaba e |