
Las operadoras de móvil acusan el uso de las líneas sin que exista comunicación entre los usuarios
28-08-2001 - 'Dos timbrazos y bajas'; 'Tres toques y me esperas en la puerta'; '¿Por qué
descuelgas? ¡Llámame tú!'. Contraseñas de este tipo, habituales entre
veinteañeros, parejas de novios o matrimonios y hasta empresas de seguridad
privada o repartidores están haciendo un agujero en el negocio de las
compañías de móviles de toda Europa. En España, Telefónica Móviles, Airtel y
Amena reconocen que la práctica del 'trimbrazo', el 'cuelgue' o el 'tres por
tres' se extiende cada día más.
Las operadoras han detectado que un grupo creciente de usuarios (hay más de
25 millones de usuarios de móvil en España y cerca de 200 millones en toda
Europa) no termina las llamadas realizadas, es decir, que marca el número de
la persona con la que desea contactar y antes de obtener una respuesta al
otro lado, cuelga.
Las compañías estudian facturar desde que se transmite la señal, haya
contestación o no
De ese modo, el que llama se ahorra el coste de la comunicación, espera a
que la persona llamada le conteste (generalmente desde un teléfono de
empresa) porque ha podido visualizar el número llamante o, como es cada vez
más habitual, sencillamente pone fin a la comunicación porque mediante un
código establecido previamente, y basado en el número de timbrazos que
escuchan uno y otro, ya saben a que atenerse.
El empleo de estas llamadas no terminadas causa un daño múltiple a las
operadoras. Con estas prácticas dejan de ingresar por llamadas realizadas
desde un móvil o, en el mejor de los casos, consiguen que se establezca la
comunicación desde de un teléfono de empresa (con tarifas más bajas que las
establecidas para particulares). En el peor escenario, es decir, cuando los
comunicantes se limitan a intercambiar timbrazos no facturables por el
operador, la compañía ve como los usuarios utilizan su red (se han invertido
cerca de 1,5 billones de pesetas en infraestructuras de telefonía móvil en
España) sin cobrar por ello.
'No es un fraude, pero se acerca a ello', afirma el portavoz de una de las
consultoras habituales del sector, empeñada en dar una solución a un
problema creciente. En su opinión puede definirse como fraude en
telecomunicaciones 'el envío de cualquier transmisión de información a
través de una red de telecomunicaciones con el objetivo de eliminar o
disminuir el precio que se paga a los operadores de dicha red por el uso de
sus servicios'.
Sin embargo, la legislación no contempla entre las acciones punibles la
interrupción de la llamada antes de que alguien conteste. Según las
operadoras consultadas, las llamadas no terminadas 'suponen todavía un
porcentaje mínimo del tráfico total cursado' (no alcanza el 1% según
estimaciones del sector sobre un total de 17.000 millones de minutos de
tráfico que generan ingresos de 647.711 millones de pesetas a Móviles,
Airtel y Amena en 2000). Las operadoras reconocen, no obstante, que este
procedimiento 'se está convirtiendo en un fenómeno a considerar', aunque aún
no ha provocado problemas de saturación de red.
Telefónica, Airtel y Amena reconocen que los ratios de eficiencia de red,
medida en función de los minutos facturados sobre el total del tráfico
gestionado, muestran una ligera variación en los últimos meses que puede
atribuirse a este fenómeno, pero descartan que pueda afectar a la calidad de
tráfico o a los resultados.
Según sus propias informaciones, esta forma de comunicación no se ha
extendido sólo entre los jóvenes, que suelen emplear códigos de 'toques'
para quedar e incluso transmitirse información según el número de timbrazos.
'Cada mensaje me cuesta 25 pesetas, creo, a no ser que haya alguna oferta o
que sea para mi novia que tiene un móvil de la misma compañía que yo. Pero
si sólo tengo que decirle que baje, basta con que llame y cuelgue antes de
que conteste. ¡Y es gratis!', relata Alfredo, de 21 años, uno de los
artífice de los ya cerca de 30 millones de mensajes que se intercambian
diariamente entre móviles.
También emplean este sistema los vigilantes de seguridad que comunican la
existencia o no de incidencias en el turno o en el recorrido por los
recintos a su cargo mediante un cierto número de timbres. 'No hace falta
decir nada. Así es más rápido', afirma un vigilante jurado de una empresa de
tamaño medio ajena a las ventajas que ofrecen tecnologías alternativas al
GSM con aplicaciones específicas para comunicaciones de seguridad (TETRA).
Es precisamente el desconocimiento de las nuevas tecnologías una de las
armas que las compañías utilizan para combatir este fenómeno. Citan como
ejemplo el de los transportistas, acostumbrados a dejar la carga del cliente
a la misma hora cada día. Este tipo de usuarios emplea el móvil para avisar
de su llegada a las calles con dificultades para aparcar mediante una
llamada sin terminar al establecimiento al que se dirigen.
Para remediar este uso ineficiente de la red, Móviles, Airtel y Amena
comercializan ya servicios de localización de flotas a través del móvil, un
sistema que permite a la central de la compañía de transporte dirigir a sus
empleados para evitar problemas de tráfico y aparcamiento.
Otras compañías europeas, sin embargo, han preferido cortar por lo sano y
estudian facturar desde el momento en que se transmite la señal, haya
contestación o no al otro lado, en concepto de uso de la red.
Reproducido de EL PAIS.
