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La crisis que no cesa de la CMT


La escalada de tensión entre el presidente del regulador de las telecomunicaciones y el Gobierno, lejos de amainar, amenaza con desestabilizar el conjunto de la institución y perjudicar la tarea pendiente.


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La intervención de Carlos Bustelo, presidente de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT), en el Senado el pasado miércoles, no ha dejado a nadie indiferente. Muchos consideran que el conjunto de su medida intervención y su carácter irónicamente provocador sólo pueden obedecer a la actitud mental de alguien que ya está mentalmente de vuelta y ha decidido liberarse de cualquier inhibición.

De hecho, la posibilidad de que Bustelo esté evaluando presentar su dimisión como presidente del regulador en las próximas semanas es un rumor recurrente en el sector desde hace días. Estos comentarios son consecuencia, evidentemente, de la subida de tono en la tensión entre el titular de Industria, José Montilla, y el propio Bustelo, a raíz de la aprobación de una resolución por parte de la CMT para poner en marcha el traslado de la sede del organismo a Barcelona, tal y como pactaron el presidente del Gobierno y el de la Generalitat. Esa resolución cometió varios ‘pecados’ a ojos del Gobierno, aunque unos más evidentes que otros.

El más notorio era que aprobaba el mantenimiento sine die de unas dependencias en Madrid. Además, establecía que cualquier traslado de personal sería voluntario, lo que era tanto como depositar el éxito del cambio de sede en manos de la plantilla. Y, por último, recalcaba que la realidad es tozuda y que a pesar del traslado, “el sector” –operadores, fabricantes, TDC, Audencia Nacional– seguiría estando en Madrid. A raíz de esa resolución, Industria, el ministerio con competencias en las telecomunicaciones, montó en cólera y amenazó públicamente con la destitución del ‘díscolo’ presidente. Esta advertencia no se había producido ni siquiera cuando, unas semanas antes, Bustelo tildó de “deportación” el traslado a Barcelona.

Con la excepción de esa estocada dialéctica, Bustelo, que fue nombrado presidente del regulador de las telecomunicaciones en diciembre de 2002, a propuesta del Gobierno del PP, había procurado mantener, aunque con dificultades, una apariencia de cohabitación con Industria. Por eso, la reciente salida de tono de Bustelo en el Senado –que además ha fracturado el apoyo al presidente en el consejo del organismo– marca un antes y un despúes. Porque supone un ataque directo a la política de telecomunicaciones del Gobierno, a la que acusa nada menos que de “enredar” en el sector. Sería ingenuo interpretar la crítica sólo como el fruto de la irritación que le ha producido a Bustelo el que el Gobierno inste solemnemente a la Comisión a que analice el nivel de competencia en la telefonía móvil, como si el Ejecutivo no supiera de sobra que la CMT lleva meses realizando esa tarea como consecuencia directa del mandato de Bruselas.

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