
La SGAE implantará por su cuenta, con las operadoras, el sistema de tres avisos + corte en el servicio de Internet que intenta imponer Sarkozy en Francia. La lógica es implacable: Privatizado el sistema impositivo mediante el canon digital, ¿por qué no privatizar la interpretación de la ley e incluso su redacción, delegándola también en la SGAE
21-08-2008 - Un reaccionario es alguien que, negándose a admitir los cambios en el entorno, es capaz de imponer los cambios legales más violentos con tal de que el orden social o el modelo de negocio que le privilegia siga igual. No hay revolucionario más peligroso que estos que cargan con todas sus fuerzas contra el curso social y tecnológico.
Lo peor es que, amparados e incluso alentados por una clase política que ha roto la base constitucional tácita europea, los nuevos privilegios acumulados por este grupo hacen cada vez más difícil su reciclaje dentro del nuevo sistema productivo. Porque no lo neguemos, lo que queda adelante es la Devolución y la forma natural de llegar hubiera sido… una nueva SGAE.
¿Me volví loco? No. La SGAE no fue siempre lo que es hoy, sus orígenes, de hecho son bien distintos. En 1899 el escritor Sinesio Delgado y el compositor Ruperto Chapí, junto con toda una serie de jóvenes autores, crean la Sociedad de Autores. Su objetivo: que la sociedad comprara el gran catálogo de letras y partituras del poderoso editor Florencio Fiscowich. En aquella época:
El autor no podía imprimir y vender la obra por si mismo puesto que las salas negociaban sobre repertorios, no sobre obras completas, así que realmente sus ingresos se reducían al precio de venta que conseguía obtener del editor, los adelantos sobre obras futuras que este le diera (y que en la práctica les condenaban un estado de deuda permanente) y el “pequeño derecho”. Este consistía en un porcentaje de los ingresos por entradas que el empresario artístico pagaba a la “Asociación Lírico Dramática” de los propios autores.
En la práctica el modelo tendía a la concentración pues los editores negociaban contratos de exclusividad con las salas por un lado mientras por otro ataban mediante adelantos a los autores. Obtenida cierta masa crítica la perspectiva del monopolio se hacía viable, como relata el historiador Mariano Caballero:
Una vez conseguido un notable archivo musical, el más importante editor, Florencio Fiscowich impuso prácticamente en solitario, sus condiciones a salones, cafés-teatro, liceos, bailes, salones de concierto o casinos para la reproducción de sus obras. Realizando tales contratos y manteniendo en sus manos tal archivo, los teatros, autores y libretistas se plegaron a la voluntad de Don Florencio que no dudó en utilizar su fortaleza para conseguirlo, bien en asociación con otros editores o en solitario, teniendo en sus manos a los empresarios teatrales.
