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EL INCORDIO

El canon es una ruina

Ayer vi, como muchísimos españoles, la imagen «tradicional» (de cualquier imbecilidad hacen una tradición hoy día: véase, por ejemplo, la pegada de carteles protoelectoral) de la entrada en el Parlamento del proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado. Hasta no hace muchos años, el proyecto de Ley, tres o cuatro gruesos tomos, llegaba en furgón (tantos tomos por trescientos cincuenta diputados); después, fue en una caja que contenía ese número de CD; ayer, por segundo o tercer año, si no recuerdo mal, llegó en un lápiz de memoria USB.

03-10-2008 - 

En el mundo anticanon, el pensamiento ante la escena es recurrente: estos CD de ayer, estos lápices USB de hoy, pagan canon a la $GAE (y al resto del gremio) y no han contenido, ni contienen, ni posiblemente contendrán jamás archivo alguno sujeto a derechos peseteros de autor.

El canon de trescientos cincuenta lápices USB, no siendo grano de anís, es un ínfimo átomo en el procelosísimo mar del tesoro público, pero tiene un doble valor de símbolo, de símbolo de la pastizara pública que se gasta anualmente en totalmente injustificados conceptos de derechos de autor y de símbolo de unos de los aparatos que más injustamente -dentro de la general injusticia que el canon supone- sufre ese maldito impuesto privado.

Es prácticamente incuantificable el inmenso dineral (de nuestro bolsillo, ojo) que las administraciones públicas (una Administración General del Estado, la Administración de Justicia, la Administración de la Seguridad Social, diecisiete comunidades y dos ciudades autónomas, cincuenta diputaciones provinciales, ocho mil municipios… y la cuenta no está completa aún) regalan a la $GAE y compañía por este concepto entre componentes diversos de ordenadores (lector-grabador de CD-DVD, por simple ejemplo), CD y DVD (a montañas enteras), lápices USB, impresoras y digitalizadores… en fin, la parrala.

Es tan inverosímil, tan inaudito, tan tremebundamente injusto, tan claramente perverso, que hasta los jueces -que mira que les cuesta- han llegado a plantearse si esta situación es admisible y han formulado una consulta -dolorosísima para el apropiacionismo por más que la mona aplauda vestida de seda- al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, respecto a la exención de canon para admnistraciones públicas y para empresas. Ya he comentado esto recientemente.

La otra cara del abuso es la tipología de varios aparatos sujetos al canon, otra duda que los propios jueces se han formulado asimismo (ver el auto). Admitiendo el canon como mera hipótesis de trabajo, cabría pensar en su relativa lógica en aparatos de tipo MP3 pero… ¿en memorias flash USB? Pero, bueno… ¿quién utiliza las memorias USB para almacenar música? ¡Si incluso hay quien -mi propia hija, sin ir más lejos- utiliza el MP3 para almacenar archivos de trabajo -que no tienen nada que ver con derechos de autor- para no andar con otro aparatito más encima! Las memorias USB son de uso intensivo en profesionales -informáticos y de todo tipo- mientras que es un adminículo raro en adolescentes. Hombre, no puede negase -siempre como hipótesis, porque yo no tengo conocimiento de ello de ciencia propia-, que alguien pueda eventualmente utilizar un USB para almacenar música, pero de eso a considerar un uso extendido…

Queda claro, en todo caso, que la lista de aparatos sometidos al canon ominoso ha sido confeccionada sin otra finalidad que la de otorgar una suculenta subvención anual a la sopa boba… a cargo de nuestro bolsillo, por supuesto, en un impuesto privado y medieval que no atiende a razones, ni a exenciones, ni a seguridad jurídica alguna. Es una pura y simple confiscación privada. Es en todo análogo a si Teddy Bautista apeteciera el solar sobre el que se edifica mi casa y, notificada la autoridad competente, sin más, afectaran el solar al interés público y me expropiaran mi hogar. La diferencia es únicamente cuantitativa.

No me sorprende, pues -es más: se veía venir de muy lejos-, lo que puede leerse en PC Actual, que tomo del artículo de esta semana de Daniel Rodríguez en «Libertad Digital», reflejando la opinión de Gila Feriduni, gerente en España de Alternate que resume así la afectación del canon a su negocio: «Hasta el pasado mes de julio se venía facturando una media de 250.000 euros netos mensuales por la venta de discos duros. Pero esta cantidad ha bajado un 28% desde la entrada en vigor del canon digital y apenas llegamos ahora a los 180.000 euros mensuales». Con distintas cifras -dependiendo, claro, de sus facturaciones- pero con análogas proporciones (o quizá peores) podrían expresarse todos los fabricantes, distribuidores y comerciantes de productos tecnológicos que operan en España. Estas proporciones podrían aún empeorar -y muchísimo- si el producto en cuestión son los CD y DVD, que entre chinos, negros (¡ups! subsaharianos), Internet y Andorra, se ha logrado que los establecimientos corrientes no vendan una escoba.

La situación, de mantenerse el canon, empeorará para este sector, eso seguro. No sólo por la crisis sino por la evolución de hábitos en el consumidor. Cada vez son más los que compran CD y DVD y aparatos de poco coste (las memorias USB, precisamente, por ejemplo) en Internet; incluso se está extendiendo una suerte de militancia del consumo consistente en comprar a través de la red incluso cuando los gastos de envío equiparan el precio con el del comercio ordinario, al único fin de no pagar ni un céntimo de canon. Con el tiempo, irá aumentando la confianza en la red y en las tiendas on line  solventes (que son muchas y están perfectamente referenciadas en los foros) y se empezarán a comprar aparatos más costosos también por esta vía anticanon.

Los comerciantes de calle, por su parte, se duelen del perjuicio de estos hábitos y de la clara tendencia a su incremento, pero también lo comprenden: sin que sea necesario llegar a realizar compras muy voluminosas ni muy costosas, la mejora de precio que se obtiene soslayando el canon es muy notable y más que apetecible.

Como dice Daniel -cuyo artículo recomiendo- es lo único que le faltaba a una situación de crisis y a un sector tan necesitado de desarrollo como este, y más en España. Pero ahí está esa maravilla de políticos de que disfrutamos y que, encima, hemos puesto ahí nosotros mismos. Debemos ser masoquistas. Por eso dice también Daniel -viniendo a las mías tantas veces expresadas aquí- que quizá tenemos lo que nos merecemos.

Es lo que hay.

El canon es una ruina

October 1st, 2008 por Javier Cuchí

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