
El semanario "El Nuevo Lunes edición especal nª 1.000" hace balance sobre la red en España desde 1995 hasta hoy y llega a estas conclusiones:..." A finales de 1998, tres hechos vinieron a cambiar sustancialmente el panorama socioeconómico de la red en España: la petición de la tarifa plana, la compra del buscador Olé por
Teleline y el acceso gratuito a Internet"...
17-06-2002 - María Martinez. Nuevo Lunes.
Para hablar de los orígenes de la red hay que remontarse a la década de los
60 y viajar hasta Estados Unidos. Precisamente fue allí donde por primera
vez se planteó la necesidad de conectar los ordenadores entre sí. Entonces
se trataba de los potentes ordenadores de las universidades y de otros
centros en los que se investigaba y diseñaban prototipos armamentísticos y
espaciales.
En 1965 ya existían ordenadores que se comunicaban entre sí, aunque sólo era
de manera bilateral. Para paliar esta deficiencia, los científicos idearon
lo que se conoce como conmutación de paquetes y que consiste en mandar la
información dividida en pequeños paquetes de datos, que una vez transmitidos
vuelven a unirse en el ordenador de destino.
Una vez conseguido esto, faltaba algo esencial: que todos los ordenadores
conectados hablaran el mismo idioma. Así, en 1970 se creó el protocolo de
control de redes (NCP), el cual fue sustituido en 1983 por el que todavía
aún funciona en la red: el TCP/IP (siglas inglesas de protocolo de control
de transferencias/protocolo de Internet).
Según un trabajo de Félix Badía sobre Internet publicado por el Servicio de
Estudios de la Caixa, a finales de los 80 ya comenzaba a haber un número
importante de personas con ordenadores personales y algunas compañías
entendieron que podían hacer negocio dando acceso a la red a empresas y
particulares. La Administración norteamericana permitió la existencia de
este tipo de sociedades y se crearon los primeros proveedores de servicios
de Internet.
El verdadero despegue de Internet, no obstante, se produjo en la segunda
mitad de los años 90, cuando en Estados Unidos -en línea con la política de
desregulación de las telecomunicaciones del Gobierno Clinton- se comenzaron
a instalar grandes redes de fibra óptica que facilitaran la comunicación a
alta velocidad.
Otro hito importante fue la aparición, en 1993, de la Word Wide Web, las ya
universalmente conocidas tres www. Con todo ello y la llegada de los
navegadores, Internet inició una carrera imparable aún por concluir. En 1996
había en el mundo unos 50 millones de usuarios y el número de servidores
pasaba de los seis millones; en la actualidad, son más de 500 millones los
usuarios de Internet.
Internet en España
Todo empezó en 1995, cuando Julio Linares, actual presidente ejecutivo de
Telefónica, y Bill Gates presentaron, en la sede de la operadora española,
Infovía, el acceso español a Internet. De esta forma nacía Internet en
España y se enterraba definitivamente la gran experiencia pionera de
Telefónica. Ibertex.
Antes de eso, una decena de proveedores de servicios de Internet
(ISPs) -Teleline, Servicom, Goya, CTV y Ram- ya ofrecían acceso a la red
para empresas y particulares a precios que oscilaban entre los 60 euros
(10.000 pesetas) y los 150 euros (25.000 pesetas) anuales. Paralelamente, la
Red Iris había establecido una incipiente red propia para la comunidad
universitaria.
Tras la puesta en escena de Infovía, multitud de ISPs hicieron su aparición
en el mercado. Tal es así que, en enero de 1999, había en España más de
1.000 empresas dedicadas a ofrecer servicios de conectividad.
Esta cifra no sólo era muy superior a la de cualquier país europeo sino que,
porcentualmente, también superaba a la de Estados Unidos. Esto es porque el
número de "internautas" difícilmente llegó ese año a 1,5 millones, un escaso
mercado de audiencia para que los negocios en la conectividad fueran
rentables.
La tarifa plana
A finales de 1998, tres hechos vinieron a cambiar sustancialmente el
panorama socioeconómico de la red en España: la petición de la tarifa plana,
la compra del buscador Olé por Teleline y el acceso gratuito a Internet.
El aumento de la llamada local decretado en agosto de 1998, pasando de 0,91
euros (151 pesetas) la hora a 1,74 euros (290 pesetas) en hora punta,
"suponía un freno al aumento del número de usuarios y un estancamiento del
mercado de audiencia", según la Asociación de Internautas (AI). Esto provocó
que miles de usuarios fueran, el 3 de septiembre, a la primera "huelga de
desconexión a la red".
La AI, tras dos años y numerosas movilizaciones tanto dentro como fuera de
la red, comenzó a pedir una tarifa plana para acceder a Internet. El
resultado fue que el Consejo de Ministros del 23 de junio de 2000 implantó
la tarifa plana. Sin embargo, dicha tarifa no satisfacía las aspiraciones de
muchos internautas, que llegaron a bautizarla como tarifa ondulada, ya que
sólo permite acceder a Internet entre las seis de la tarde y las ocho de la
mañana.
La tarifa, que se fijó a un precio de 16,53 euros (2.750 pesetas), no
obstante hizo que el número de usuarios pasara de tres millones a 7,7
millones, según los datos del Estudio General de Medios (EGM) del primer
trimestre de 2002.
Otra medida que se adoptó en aquel Consejo de Ministros fue la
liberalización del bucle de abonado local, medida que puso el punto y final
a la liberalización de las telecomunicaciones.
Contenidos y acceso gratis
En 1998, el negocio de Internet en España pasaba por la conectividad. Los
medios de comunicación españoles presentaban tímidamente y sin demasiada
convicción contenidos en la red, algo que sin duda hay que achacar al escaso
mercado de audiencia existente en ese tiempo.
Dos buscadores, Ozú y Olé, competían en aquel momento por atraer visitas y
fue entonces cuando Teleline, el proveedor afecto a Telefónica, compró Olé.
Aunque aún se especula con la cifra pagada, el precio rondaba los 18
millones de euros (cerca de 3.000 millones de pesetas), una cifra
excesivamente elevada en relación a los contenidos a Internet.
De este modo es como nació Terra, compañía que un año después entraba en el
Nasdaq batiendo récords históricos, antesala de lo que más tarde se
conocería en el mercado como burbuja tecnológica.
Se había dado el pistoletazo de salida a la "Redonomía", tal como la definió
la norteamericana Esther Dyson, la mujer más influyente en la red. A partir
de entonces, la palabra de moda en la red fue business plan: multitud de
proyectos se presentaron a los grupos de inversión y capital riesgo y muchos
de ellos consiguieron sumas millonarias, aunque no todos triunfaron. Sólo
sobrevivieron los proyectos basados en el business to business (B2B) y en el
business to consumer (B2C) que presentaban una buena planificación
estratégica apoyada en criterios de red. Hoy en día, el B2B nueve en España
unos 28.000 millones de euros, cifra nada comprable con los números que
arrojan las transacciones empresa-consumidor.
De esta experiencia nació una industria de contenidos que iba más allá de la
conectividad y entraron en juego las bases del comercio electrónico, cuyo
desarrollo actual debe mucho a aquellas primeras experiencias.
El tercer hecho de relevancia en la consolidación de Internet en España fue
la creación, por parte de las operadoras, de los grandes portales:
Eresmas-Retevisión, Ya-Jazztel, Wanadoo-UNI2, Arrakis-BT. Estos nacieron con
unos objetivos básicos: suscribir y fidelizar a miles de usuarios a sus
servicios, rentabilizar sus inversiones mediante las cuotas de
interconexión, hacerse con el mercado de los contenidos en la red y obtener
ingresos por publicidad.
La fórmula adoptada para conseguirlo fue el acceso gratuito a la red, lo que
"chocaba" con el negocio de los ISPs, que hasta entonces cobraban por el
acceso. Tal decisión convulsionó el mercado de la conectividad, de modo que
los pequeños y medianos proveedores de servicios de Internet optaron por
integrase en esos grandes portales.
Algunos se especializaron en los servicios de conectividad empresarial o en
la producción de aplicaciones y diseño de web, "reconvirtiéndose en agencias
interactivas de desarrollo de espacios y sitios web", comenta un experto. En
la actualidad estos grandes portales compiten por los accesos a Internet por
la Red Telefónica Básica y por la banda ancha.
Usuarios estancados
En España, uno de los países con menor penetración de Internet de la Unión
Europea, el número de usuarios sigue aumentando pero de una forma mucho más
lenta que hace unos años.
Según la última oleada del Estudio General de Medios (EGM), entre febrero de
2000 y marzo de 2001 se incorporaron a la red 3,5 millones de internautas,
pero entre febrero de 2001 y marzo de 2002 sólo han accedido 840.000. En la
actualidad hay en total 7,73 millones de usuarios, lo que supone una
penetración del 22,2%, mientras que la media europea se sitúa en torno al
34%. En los países más avanzados entre un 55% y un 65% de la población está
conectada a Internet.
En la Asociación de Usuarios de Internet (AUI) se cree que, a medio plazo,
el ritmo de crecimiento disminuirá y que se mantendrá una población estable,
aunque es todavía difícil saber dónde se encuentra el techo de usuarios. No
obstante, es previsible que a comienzos de 2003 ya haya en España unos 15
millones.
Este parón en el crecimiento hay que buscarlo en la escasez de ofertas en
Internet, como puede ser la tarifa plana de 24 horas, o en que los actuales
usuarios de Pcs son internautas desde hace años. Por tanto, tendría que
haber nuevos usuarios de Pcs para que se "engancharan" a Internet. Las
previsiones apuntan a que el número de internautas crezca al año en la misma
proporción que los usuarios de Pcs.
Otro factor que tampoco está influyendo positivamente en el aumento de los
internautas en España son las ofertas de ADSL. Estas, que irrumpieron con
fuerza a finales de 2001, no son un impulso para la penetración de Internet,
ya que los usuarios que contratan estas líneas son internautas desde hace
tiempo. Además, para el uso residencial sigue siendo caro, explica Víctor
Domingo, presidente de la AI.
Hoy en día, España cuenta con 900.000 conexiones de banda ancha a Internet,
de las que un 60% son líneas ADSL y el resto cable, según datos de las
operadoras al cierre del primer trimestre del año. A pesar del crecimiento
que estas cifras suponen, España ocupa todavía el sexto lugar de la Unión
Europea en hogares con líneas ADSL y el cuarto por la cola en el acceso por
cable, de acuerdo con el Eurobarómetro de junio de 2001.
La banda ancha, no obstante, también puede venir por telefonía móvil de
tercera generación (UMTS) y por la televisión interactiva, lo que junto al
cable de fibra óptica y al ADSL serán los motores de la expansión de
Internet en la presente década, a juicio de los expertos.
Distribución desigual
El reparto de los usuarios de Internet no es homogéneo, ni económica ni
socialmente. Por áreas geográficas, al igual que ocurre en Europa, las
comunidades autónomas con un mayor número de internautas son aquellas en las
que la riqueza es mayor, diferencia que tiende a desaparecer. Así, según el
EGM, a finales de 2001 Cataluña encabezaba el ranking de comunidades, con
más del 26,6% de penetración, seguida del País Vasco, La Rioja y Madrid.
Este orden varía, no obstante, en los primeros meses de 2002, situándose el
País Vasco en primer lugar.
Respecto a la clase social, en 1996 cuando sólo había un 1,6% de usuarios,
dos tercios pertenecían a la clase alta y media alta. Ahora, la clase
media-media acapara la mayor parte de los internautas, con un 42,1%.
Algo parecido ocurre en la distribución por sexos. Mientras que en los
inicios del despegue de Internet el uso de la red era básicamente masculino
(un 75,4% eran hombres en 1996 frente a un 24,6% mujeres), en la actualidad
las mujeres han acortado distancias: el 61,2% de los usuarios son varones y
el 38,8% son mujeres.
Por lo que respecta a los contenidos, los provenientes de Estados Unidos
ganan la partida. España cuenta con el 1,1% de los dominios de Internet, de
los que el 50% se encuentran en Madrid y Barcelona. Estados Unidos y Canadá
poseen el 45% de los sitios web en el mundo. Esto supone que una inmensa
mayoría de los contenidos que circulan por la red están en lengua inglesa,
algo que para algunos es otro de los frenos a la "popularización" de
Internet en España.
La nueva ley
También hay que contar con el temor de los usuarios a sufrir estafas o
engaños en la red, sobre todo en sus transacciones económicas. Para paliar
esto, el Gobierno español aprobó en febrero de 2002 el Proyecto de Ley de
Servicios de la Sociedad de la Información y Comercio Electrónico. Este
proyecto, que ha sido objeto de un gran debate y al que los partidos
políticos, incluyendo el PP, han presentado numerosas enmiendas -la mayoría
rechazadas- todavía se encuentra en el Senado.
En rasgos generales, el proyecto afecta a todas las transacciones que se
realicen en Internet, pero también a las que tengan lugar por otros medios,
como la telefonía móvil, la TV digital o el cable; prohíbe el "spam" (envío
de publicidad no solicitada a través del correo electrónico o mensajes a
móviles); obliga a las empresas a que inscriban su nombre en el Registro
Mercantil y a especificar en su web todos sus datos.
También otorga un factor de seguridad jurídica a las compañías que tienen
página web o prestan servicios de acceso a la red, ya que no las hace
responsables de la existencia de contenidos ilícitos en sus servidores a no
ser que sean conscientes de ello y no hagan nada por evitarlo.
Un factor importante que introduce el proyecto es que los únicos que pueden
acordar el cierre de una página web que realice actividades comerciales son
los jueces. Por otro lado, se han reducido las sanciones previstas en un
principio, aunque sólo afecten al mínimo establecido; pero no se descarta
que el Senado reduzca también el límite máximo. Lo relevante, en este caso,
es que se tome en consideración la dimensión económica del infractor a la
hora de establecer la sanción correspondiente.
Comercio electrónico
Hoy en día el 90% de las empresas de la OCDE tienen acceso a Internet, pero
en España la mayor parte tiene a la red como algo marginal. Sin embargo, en
algunos ámbitos de actividad, como banca, turismo o distribución, Internet
ha pasado a ser una herramienta esencial para el negocio de las empresas. No
en vano, Internet reduce costes, agiliza sobre manera la operativa y capta
clientes. Esto es ago que parecen haber entendido muy bien los bancos y
cajas de ahorro que, incluso, venden productos y servicios en su página web
que nada tienen que ver con el negocio bancario.
No obstante, ni la publicidad en la red está teniendo el efecto deseado ni
el número de usuarios que adquieren algún producto o realizan alguna
transacción en la red termina de crecer. Según la Asociación de Empresas de
Comercio Electrónico (Aece), en 2000 sólo el 12,7% de los usuarios
españoles -concretamente 970.000- realizaron alguna compra por Internet.
Música, libros y viajes fueron los productos más demandados.
Sin embargo, a finales de 2001 el comercio electrónico en España al
consumidor final (B2C) alcanzó un volumen de 525,12 millones de euros, más
del doble que en el año 2000, y por encima de las previsiones de la Aece,
que lo cifraba en 459 millones de euros. La falta de información y la
desconfianza en los medios de pago son las principales razones que
argumentan los internautas para no realizar sus compras por Internet. Según
una encuesta de la Asociación para la Investigación de Medios de
Comunicación (AIMC), cerca del 40% de los usuarios de Internet no tiene
confianza en el sistema de pago a través de la tarjeta de crédito.
Pero aquí también se está experimentando un cambio de tendencia. Mientras
que en 2000 el 25,1% de las empresas alegaba haber tenido problemas de
desconfianza en el sistema de pago, ahora sólo lo hacen el 23,2%.
Las principales conclusiones del último estudio de la Aece son que se está
dando una racionalización del mercado y se está pasando el efecto moda de
Internet, que llevó a la desaparición de muchas de las "puntocom";que las
empresas empiezan a utilizar los mismos criterios empresariales de la
economía tradicional y que los consumidores están aprendiendo a darle un uso
racional. En resumen, que el comercio electrónico en España seguirá
creciendo.
No obstante, primero deberán que solucionarse algunos flecos que todavía
quedan pendientes, a saber: el incumplimiento de la ley por parte de algunas
empresas que obligan al pago anticipado, los retrasos en la entrega de los
pedidos o la falta de garantías de seguridad, que también fomentan los
ataques de los piratas informáticos y la proliferación de virus a través de
la red.
