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RETIARIO DE PEPE CERVERA

Internet, o el terror de los políticos


Pobre presidente Rodríguez Zapatero: no le dejan ni morirse (políticamente) en paz. Hasta sus últimas voluntades legislativas se las están machacando, a pesar de que es obviamente su deseo dejar cerrados ciertos temas que ya le han costado a él y a su partido mucho capital político, como la famosa, temida, y no poco discutida Ley Sinde. El hombre ha debido decidir que, ya inmolado, al menos dejará hecho Aquello que Es Necesario para España, con el fin de que la historia (lejana) le reivindique como estadista.




Y la Ley Sinde, debe considerar, es necesaria, porque ¿no es la obsesión de todos los técnicos del ministerio de Cultura y el empeño personal de su ministra homónima? ¿No han ejercido intensa presión los Amigos Estadounidenses? ¿No es uno de los pocos asuntos que la antigua oposición y futuro gobierno no ha usado para atizarle (mucho) en la cabeza, quizá porque también ha recibido las atenciones de la embajada de Serrano? ¿No es la preocupación unánime de todos los artistas que le han visitado, en especial los más caros a su ideología, gente como Sabina o Victor Manuel? ¿No era el tema único de conversación de Teddy Bautista, cuando todavía era un héroe de los autores y la cultura? ¿No es el único asunto en el que los periódicos se han mostrado unánimes, desde los que le aborrecen con saña feroz a los que sólo le odian y le desprecian? ¿No hay señales inequívocas de Génova (que gobernará por muchos años) en el sentido de que agradecerían que este molesto asunto quedase zanjado antes de su toma de posesión? ¿No está, por tanto, el Universo entero (o la parte más cercana a Moncloa) a favor de la Ley Sinde?

Pero Rodríguez Zapatero se ha encontrado de repente entre la espada y la pared. Este enojoso asunto, un tema menor, algo prácticamente sin importancia que que es una modificación normativa menor lleva provocándole serios dolores de cabeza políticos desde diciembre de 2009, cuando se filtró el primer borrador. La respuesta a aquel borrador, con la famosa reunión de la ministra González-Sinde con un grupo de internautas, magnificó lo que ya era una espléndida tormenta en la Red. La sensación de desapego que generó la posterior aprobación de la norma, contra la vociferante oposición de una gran cantidad de internautas, contribuyó decisivamente a poner en marcha los movimientos que se habrían de convertir después en el 15M. A su vez la contestación social en la calle restó, nadie duda de ello, no pocos votos al PSOE en las últimas elecciones. En titulares, en malestar y en activismo internáutico la Ley Sinde se ha convertido de tema técnico menor en incesante dolor de cabeza que continúa hasta el día de hoy.

Por supuesto que nadie en su sano juicio puede pensar que sólo la movilización de las gentes de Internet ha conseguido hacer tropezar al ministerio de Cultura, con su ministra al frente, a las asociaciones de autores y editores, a la embajada estadounidense y al súnsun corda. Es cierto y evidente que dentro del propio gobierno y en el mundo real, sector economía, había voces muy opuestas a la nueva norma. El ministerio de Industria, encargado de supervisar entre otros sectores el de la industria electrónica y las telecomunicaciones, ha librado una guerra burocrática sin cuartel, consciente de que los deletéreos efectos de la Ley Sinde van a perjudicar notablemente a una de las pocas áreas de la economía nacional que aún están vivas y crean riqueza, e incluso empleo. Las empresas de telecomunicaciones, como Telefónica, la mayor multinacional española, estaban en contra por razones puramente económicas: aumenta sus gastos y sus riesgos legales. Por supuesto que a las empresas de la Red no les gusta, y se han movido; aunque nadie haya podido oír en público gran cosa en contra de los gigantes de Internet que operan en España (¿Google, Amazon, Facebook, Tuenti?). Las pequeñas, y más dinámicas y activas, empresas que hacen negocio en y para la Red sí que protestaron y llamaron la atención sobre el contrasentido de intentar salvar a una industria vieja y en decadencia dañando a una industria joven y creciente. Organizaciones internacionales de defensa de los derechos civiles en Internet mostraron su preocupación por las consecuencias de implantar un modelo de bloqueo de páginas web sin orden judicial.

Mucha gente ha intentado hablar con los partidos políticos, razonar con ellos, explicar que no se trata de un asunto de defender el ‘todo gratis’ o de cobijar a los ‘piratas’, que no es un intento de boicotear la defensa de la ‘propiedad’ intelectual, que no se desea dañar a los autores. Explicar que la Ley Sinde es ineficaz, puesto que no podrá detener lo que pretende detener, y tiene terribles efectos secundarios indeseables. Que el bloqueo administrativo de páginas web es una aberración, porque puede ser una amenaza a los derechos humanos y un vehículo de censura; que el efecto de incertidumbre jurídica dañará a las nuevas empresas de Internet al aumentar el riesgo y disminuir la inversión; que las nuevas responsabilidades legales perjudicarán a los gigantes de las telecomunicaciones aumentando sus costes, y dañarán el progreso de nuestra sociedad hacia un futuro conectado. Mucha gente ha querido explicarle a los partidos cuáles van a ser las nefastas consecuencias económicas y políticas de la Ley Sinde para intentar evitarlas, para intentar al menos modificarla, si no detenerla.

Pero no nos engañemos: al final la presión pública ha sido fundamental. Si el primer borrador de la Ley Sinde se cambió, introduciendo nuevos controles judiciales (aunque insuficientes y a posteriori) fue por el escándalo mediático que rodeó a la famosa reunión. Si el Partido Popular, de modo más o menos oportunista, llegó a declararse en contra y exigió nuevas modificaciones para dar su aprobación fue por la vergüenza pública. Y si hoy ha habido un enfrentamiento en el penúltimo Consejo de Ministros de la Era Rodríguez Zapatero ha sido por la que se ha montado, otra vez, en la Red. ¿Alguien duda de que sin el Manifiesto, y el remanifiesto, a estas horas la Ley Sinde y su reglamento estarían aprobados y en plena vigencia? ¿Alguien cree que el Consejo de Ministros se iba a dividir en este asunto sin presión en la Red? ¿A nadie le parece significativa la ruptura, publicada por @cesarcalderon, entre ministros ‘profesionales’ (a favor) y ministros que pretenden seguir viviendo de la política (en contra)?

Esto lo ha parado (momentáneamente) una combinación de presiones internas y externas, es cierto. Pero también es cierto que por primera vez Internet ha podido percibir el miedo de los políticos. Lo ha percibido en sus acciones; en la convocatoria de aquella reunión por la ministra González-Sinde, en los cambios introducidos al proyecto de ley, en la postura del Partido Popular y en su deseo de que le aparten este cáliz antes de llegar al gobierno. Lo ha visto en la reacción de los políticos profesionales del gobierno Rodríguez Zapatero, que abiertamente han argumentado el daño político que aprobar ese reglamento iba a hacerle a su partido y a las posibilidades de que jamás vuelva a ser alternativa de poder en España.

La Ley Sinde no la ha parado solo Internet. Pero por primera vez la Ley Sinde ha demostrado el poder de Internet en la política. 


Y no se equivoque nadie: esto no ha terminado. Las fuerzas que sustentaron e impulsaron la Ley Sinde siguen ahí. Algunas, como la SGAE, ha quedado muy debilitadas por culpa de sus propios conflictos internos. Otras, como la Embajada Estadounidense de la calle Serrano de Madrid, siguen tan potentes como siempre, presionando. La Ley está aprobada, con los votos del Partido Popular, y el reglamento tal vez se adapte o modifique, pero se aprobará; al fin y al cabo el responsable de Rajoy para temas culturales (Jose María Lassalle) es un defensor de la medida. Internet ha ganado un par de batallas, pero no la guerra. Es probable que la siguiente la pierda. Diablos, incluso es posible que el empecinamiento personal de Rodríguez Zapatero le lleve a volver a sacar el asunto en el último consejo de ministros de su presidencia.

Pero a partir de ahora los políticos van a tener que pensar antes de hacer algo que pueda movilizar en su contra a la Red, porque por primera vez han de ser conscientes de que al hacerlo deberán pagar un precio. Cuando varios ministros socialistas se han opuesto a la aprobación del reglamento de la Ley Sinde pensando en sus consecuencias futuras estaban reconociendo que tienen miedo de la Red; que son conscientes de que enfrentarse a la ciberopinión tiene un coste. Rajoy y sus futuros ministros tendrán de su lado el poder del estado y de la ley, y la capacidad (indudable) de irritar a la gente de la Red con esta y otras medidas. Pero harían bien en aprender del miedo de sus rivales, y en analizar el precio que el gobierno Rodríguez Zapatero ha tenido que pagar por no escuchar, por empeñarse en hacer lo que su cerrado universo de influencias y presiones le decían que era lo correcto. Internet ha contribuido (¿poco, mucho, decisivamente?) a torcerle el brazo a un gobierno, varias veces. Los políticos que no se haya dado cuenta y que no haya cogido un saludable respeto, miedo o incluso terror a Internet recibirán pronto un despertar brusco, y desagradable. Porque a veces hasta el terror es saludable, si te evita peligros graves.



Opinión de Pepe Cervera reproducido de Retiario Blog de Ciencia RTVE.es


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