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Opinión de Ignacio del Castillo

¿Fútbol o fibra?


El pasado 3 de septiembre de 2015, Luis Miguel Gilpérez, presidente de Telefónica de España, intervenía en el Encuentro de Telecomunicaciones de la UIMP en Santander y anunciaba, en un encuentro con los medios, la intención de la operadora de implantar un plan masivo de despliegue de fibra óptica hasta el hogar (FTTH). Su plan tenía previsto cubrir con FTTH 28 millones de unidades inmobiliarias en 2020, lo que suponía prácticamente toda España. Eso significaba cubrir con fibra todas las poblaciones grandes, medianas y pequeñas, y llegar con la fibra hasta las de mil habitantes. O sea, más del 90% de la población. En la práctica era acabar con la brecha digital e implantar en España la mejor red de telecomunicaciones de Occidente, sólo equiparable a las de Japón o Corea y, desde luego, mejor que las de Alemania, Reino Unido, Francia o Italia. O sea, cambiar el país, para siempre y para bien.




Gilpérez estimó entre 1.300 y 1.500 millones de euros los recursos necesarios para acometer su plan de fibra para alcanzar los 28 millones de hogares, a los que habría que sumar otro 40% en el redimensionamiento de la red troncal principal para atender el aumento de tráfico que supondría, lo que hubiera supuesto una inversión total de unos 2.100 millones de euros. Independientemente de que el cálculo pareciese un tanto optimista -el coste medio por hogar pasado va aumentando lógicamente según desciende el tamaño de la población- la apuesta millonaria para cambiarle la cara a España tenía ya un precio concreto.

El gancho. El anuncio de Gilpérez, claro está, no era gratuito. Estaba condicionado a que la CNMC dejará la regulación como estaba entonces, es decir, sin que los rivales pudieran tener un acceso total a las redes de fibra de Telefónica. Y como se sabe, no le salió bien. La CNMC decidió a finales de 2015 que Telefónica va a tener que ceder sus redes de fibra a sus rivales a precio regulado como si las hubiera construido durante el monopolio. Esa imposición condicionará todo el despliegue futuro de la fibra por Telefónica, y aunque aún no está claro que pasará, si parece obvio que no va a servir para impulsar los incentivos de Telefónica a seguir con el despliegue, sino todo lo contrario. Si no paraliza del todo las inversiones, que no parece, las frenará, y ya hay signos preocupantes para fabricantes e instaladores de que el frenazo está en marcha. Desde luego, lo lógico sería que por ahora, concentrase las inversiones en las famosas "ciudades libres", esas 34 ciudades -que pueden acabar siendo más de 50 si la CNMC cumple su compromiso de usar estadísticas no anticuadas, es decir, de 2015 y no de 2014- que para la CNMC tienen competencia suficiente y que por tanto no van a estar reguladas. La cobertura de Telefónica en esas ciudades no es del 100% y parecería lógico que, por ahora, concentrase sus esfuerzos en llegar al 100% de los hogares de esas cincuenta y tantas "ciudades libres", una tarea que seguro que mantendría ocupada a su fuerza de despliegue a lo largo de 2016.

La noche triste. Ahora bien, en la noche del pasado martes, 12 de enero, (que para mí va a ser "la noche triste de las telecomunicaciones"), Telefónica y BeInSports (una compañía participada, no se sabe exactamente en que proporción, por Al Jazeera y por la catalana Mediapro) llegaban a un acuerdo para que Movistar TV pudiera emitir el bloque de los 8 partidos de Liga durante las tres próximas temporadas (2016-17, 2017-18 y 2018-19). Movistar también compraba los derechos de Champions y Europa League para lo que queda de esta temporada y las dos siguientes (2016-17 y 2017-18). Lo que Telefónica le compra a BeInSports le costará 2.400 millones. A esa cifra, hay que sumar los 750 millones que ya se había comprometido a pagar Telefónica por las tres temporadas del llamado "Partidazo", que incluye el teóricamente mejor partido de la jornada, preferentemente del Real Madrid o el FC Barcelona. Así, la factura de Telefónica por el fútbol para los tres próximos años (dos temporadas de Champions y tres de Liga) se elevará a unos 3.080 millones de euros, ya que a la suma de 2.400 + 750 = 3.150 millones, hay que restarle los 70 millones que corresponden a lo que queda de Champions por esta temporada. Y a esos 3.080 millones habrá que sumar, además, el coste de la Champions de la 2018-19, que aún no se ha licitado.

El pastón. En cualquier caso, y para no hacer más complicadas las cuentas, esos 3.150 millones suponen alrededor de 1.050 millones anuales para Telefónica y un 50% más que los 2.100 millones que Gilpérez aventuraba en septiembre como necesarios para cubrir de fibra España y cambiarle la cara para siempre a nuestro país. O sea, con lo que Telefónica se va a gastar en fútbol en los próximos dos años, España daría un paso de gigante en su competitividad, productividad e igualdad de oportunidades.   

El problema principal del acuerdo del 12 de enero es, evidentemente, su precio, que es elevadísimo. BeInSports realizó una oferta altísima (1.900 millones por tres años, 633 millones al año) en lo que hubiera podido calificarse de huida hacia adelante, y ha arrastrado a todo el sector de telecomunicaciones detrás. Ahora, Telefónica o Telefónica y sus principales rivales, van a poner en el fútbol muchos de los recursos que, en otro escenario, hubieran podido poner en el despliegue de fibra. Además, no sólo es un alto precio, sino que es casi imposible de rentabilizar, a no ser que los españoles, milagrosamente, nos lancemos de cabeza a contratar TV de pago y la penetración crezca exponencialmente en los próximos años. Con unos 2,3 millones de clientes de fútbol, y aún pagando 25 euros al mes por once meses, son 630 millones anuales, muy lejos de los 1.050 millones que va a pagar Telefónica, y eso teniendo en cuenta que Telefónica sólo tiene 1,8 millones de esos 2,3 millones de clientes.

Obligado te veas. Si no lo va a rentabilizar ¿Por qué los ha comprado y pagado a ese alto precio?. Porque no tenía más remedio. Desde hace tiempo, las cosas se habían ido diseñando para llegar a este resultado. Empezando por el decreto de venta conjunta del fútbol aprobado por el Gobierno (Miguel Cardenal) y siguiendo por el mecanismo de venta diseñado por la Liga (Javier Tebas) y pensado para maximizar su precio.

La Premier, ejemplo y amenaza. Los clubes españoles han sido deslumbrados por El Dorado de la Premier, que ha logrado sacarle a Sky y a BT 7.000 millones de euros en tres años. Eso significa 2.333 millones anuales. Y tiene dos implicaciones: una de emulación y otra de miedo. Es decir, los clubes españoles estaban, como el Tío Gilito, con los ojos llenos del signo del dólar. Forrarse era posible. Pero, además, había la urgencia de hacerlo ya, porque con esa nueva potencia financiera, los clubes de la Premier se disponen a depredar toda estrella, estrellita o potencial crack que despunte en Europa, como ya han empezado a hacer. O sea que había urgencia.

Entiéndanme, el problema no son los clubes de fútbol, la Liga, Tebas, Cardenal, o Roures y está muy bien que las estrellas del fútbol español cobren grandes sueldos -como las estrellas de la NBA o de la NFL- acordes al negocio que generan. Pero esa es la clave: "acordes al negocio que generan". Y por el momento en España, con 5 millones de clientes de TV, de los que sólo 2,3 millones lo son de fútbol y con un 22% de paro, no genera un negocio equivalente a Reino Unido, con 15 millones de clientes de televisión de pago. Pero en vez de ir elevando el coste acorde con el negocio, en España se ha querido -y logrado- coger un atajo. El caso es que una vez que BeInSports había comprado el paquete de 8 partidos, la posición de Telefónica era muy complicada. Es decir, cualquier solución era mala.

El dilema del prisionero. Lo lógico hubiera sido que, a esos precios, ni Telefónica ni Vodafone ni Orange hubieran comprado el paquete de 8 partidos. Eso habría creado un enorme problema financiero a BeInSports y, probablemente, un problema de Estado. Porque a diferencia de lo que pasa con la Champions, donde es la UEFA la que paga a los clubes, aquí es la liga la que paga. Pero así como el "no" inicial de Telefónica a la Champions no ponía en absoluto en riesgo el cobro por parte de los clubes, el "no" de los tres grandes de las telecos hubiera hecho quebrar probablemente a BeInSports, porque la venta de sus derechos vía OTT (o sea, por Internet a través de TotalChannel o Youtube) no hubiera sido suficiente para recuperar la enorme inversión comprometida. Además, y aunque tiene un "primo de Zumosol" financieramente hablando, que es Al Jazeera, directamente vinculada a la dinastía reinante en Catar, el "primo de Zumosol" no tiene el mismo músculo financiero con el petróleo a 100 dólares que a 30 dólares, como está ahora. Y si no que se lo digan a Al Jazeera América, la cadena de cable que emitía en EEUU y que ha tenido que cerrar sus puertas en enero porque la economía de la cadena de TV ya no podía sufragar sus gastos.

La utopía del no. Pero ¿Qué hubiera pasado si los tres grandes operadores hubieran dicho, "a ese precio, no"?. Pues, en primer lugar, se hubiera montado un problema político de primer orden. Porque sin el dinero de las telecos, Mediapro no hubiera podido pagar a la Liga y ésta no habría pagado a los clubes. Y eso hubiera afectado principalmente a los más pequeños, que son los más dependientes de los ingresos de TV, mientras que para Madrid y Barcelona sólo suponen el 25% del total. Aquí, conviene recordar, de nuevo, que las dos mayores manifestaciones producidas en Sevilla y Vigo desde la vuelta de la democracia, lo fueron por la decisión de descender al Sevilla y al Celta por problemas de deudas. O sea, que pocas bromas con el fútbol. 

En ese caso, lo lógico es que La Liga hubiera tenido que hacer en marzo, abril o mayo un nuevo concurso y que el precio hubiera ido a la baja. Pero con Mediapro previsiblemente fuera de juego, el ganador evidente habría sido Telefónica. Y pongamos que con una oferta de 400 millones. El problema es que con el mecanismo de distribución aprobado por la CNMC y su reparto de coste, probablemente el resultado hubiera sido peor para Vodafone y para Orange, que si se lo hubieran podido comprar directamente a Mediapro al precio inicial. Como decía un analista sobre Vodafone, "probablemente prefiere pagar un 10% sobre 600 millones que un 20% sobre 400", Es decir, ninguno de los dos rivales de Telefónica tenían incentivo alguno en respaldar un frente común con el ex monopolio, aunque eso supusiera la única posibilidad de racionalizar el coste de un producto que sigue siendo vital para el negocio convergente, pero que se ha desorbitado en precio.

Telefónica era consciente de eso y también era consciente de que Orange era el eslabón más débil en el posible frente anti-Mediapro. El grupo galo tiene, comparativamente, muchísimos menos clientes de TV y particularmente de fútbol, por lo que, aún pagando su parte proporcional del elevado precio fijado por Mediapro, el riesgo era muy pequeño. Y el posible premio, enorme. La posibilidad de que Telefónica se mantuviese firme en su "no" a Mediapro podría dejar a Orange y también a Vodafone -aunque éste a un mayor coste, no en balde su cartera de clientes de TV y de fútbol en particular es mucho mayor que la del grupo galo- con la exclusiva del TODO el fútbol durante tres años.

Las ruedas del Ferrari. Como argumentaba jocosamente un analista del sector, "Telefónica se ha comprado un Ferrari (Canal+) y ahora no le va a poner gasolina del Carrefour y ruedas de Aurgi". Y tenía razón. El cliente de Canal+ quiere TODO el fútbol.  Además, en general, el público del fútbol en TV en España es relativamente pequeño, esos 2,3 millones de clientes, pero muy inelástico. Si no tienen el fútbol, todo el fútbol, con Telefónica, la posibilidad de irse a otro operador -que además ofrece más o menos los mismos servicios de telecos y encima un poco más baratos, aunque el conjunto de su oferta de TV sea peor- es muy alta. Eso significa que si Telefónica no tenía los 8 partidos y sus dos grandes rivales sí, la posibilidad de que en los próximos 3 años perdiese esos 1,8 millones de clientes -que encima estarán, por poder adquisitivo, entre los mejores clientes de todo de Telefónica- era altísima.   

La tensión comercial.  De hecho, una pequeña prueba la tenemos en la portabilidad del negocio fijo de diciembre. Aunque inicialmente en septiembre y octubre Telefónica no parecía haber pagado comercialmente su decisión de no tener la Champions esta temporada -de hecho, septiembre fue el mejor mes del año, que había ido mejorando hasta ese momento-, la tendencia posterior en noviembre y sobre todo los 69.000 clientes perdidos en diciembre no auguraban nada bueno. Especialmente teniendo en cuenta que en la cuesta de enero, Telefónica está teniendo que hacer frente a la bajas de los clientes que tenían contratado el paquete máximo por 10 euros, pero que ahora ha recuperado su precio original de 65 euros.

Mucho más que perder. En definitiva, Telefónica se juega con el fútbol mucho más que Vodafone y muchísimo más que Orange y si no lo compraba todo, el riesgo de descremar lo mejor de su base de clientes era altísimo. Y los propios mecanismos implantados por la CNMC para calcular el coste de compartir los contenidos hacían que sus dos rivales no tuvieran incentivos para unirse con ella en un plante ante el sobreprecio de Mediapro. Así que la decisión de Telefónica era la única posible y probablemente la menos mala. La suerte de Telefónica estaba echada, y con ella, buena parte de los recursos que, en otro escenario, hubieran podido hacer de España el mejor país en cuestión de telecomunicaciones de Occidente. Y eso, además, tendrá otras consecuencias.

Subidas de precio en los paquetes del fútbol. Como los recursos de las operadoras son limitados, lo que se dedica a un capítulo supone que tiene que ser compensado con ingresos adicionales, por lo que es seguro que el precio del fútbol subirá a partir de la próxima temporada y que los 6 o 10 euros que muchos clientes han pagado tendrán que subir a 25 ó 30 euros al mes. Incluso en el caso de que Vodafone y Orange accedan a ese bloque de 8 partidos -bien porque le obligue la CNMC, bien porque Telefónica prefiera compartir los costes-, el reparto del nuevo coste haría muy difícil que ambos grupos mantuviesen los muy agresivos precios actuales.

Aumentos de costes generales. Pero no sólo subirán los precios del fútbol para los clientes, sino que previsiblemente, también subirán los precios de Telefónica -e incluso de sus rivales- para poder hacer frente al aumento de costes. Con un coste para Telefónica de más de mil millones anuales y una base de clientes de fútbol que no llega a los dos millones, debería cobrar 50 euros mensuales a cada uno para rentabilizar la inversión. Como ese precio es imposible desde el punto de vista comercial, previsiblemente subirá los precios de los servicios generales de telecomunicaciones, como los paquetes convergentes, para que los márgenes no sufran demasiado. Es decir, que los usuarios de telecomunicaciones, en general, estarán subvencionando a los usuarios que contraten los paquetes del fútbol.

Parafraseando a Larra. El conclusión, el pacto Telefónica-BeInSports es una buenísima noticia para Mediapro y Al Jazeera, pero también para la Liga, los clubes de fútbol -especialmente los más modestos, ya que cuanto más pequeños más dependientes son de los ingresos de TV-, los intermediarios, los futbolistas y, en última derivada, para los concesionarios y tiendas de Ferrari, Porsche, Prada, Bulgari, y demás marcas de lujo, a donde van a ir parar los recursos ordeñados a las telecos. Habrá que agradecérselo a Cardenal, Tebas, Roures y a la inacción del Gobierno, lo que unido el empecinamiento de la CNMC en abrir la fibra de Telefónica han creado la tormenta perfecta para complicar los nuevos despliegues de fibra. También es una muy buena noticia para los grandes aficionados al fútbol, que verán como el club de sus amores o sus pesares dispone de más dinero que antes para fichar a nuevos jugadores o pagar mejor aún a los que ya tiene o simplemente para evitar que otras ligas más potentes, como la Premier, esquilmen las plantillas españolas. Pero previsiblemente no es una buena noticia para las operadoras de telecomunicaciones, ni siquiera para Telefónica, que verá cómo se elevan de golpe sus costes y sin mucho más mercado para crecer -el de clientes de fútbol de sus dos rivales es bastante pequeño- a no ser que bajen los precios, en cuyo caso no salen los números tampoco. Los recursos de las operadoras son finitos y si se aplican a satisfacer la fuerte inflación en el coste de los derechos -que no está respaldada por una previsión razonable de aumento del negocio en la misma proporción- no estarán disponibles, o lo estarán en menor medida, para otros menesteres, como por ejemplo, los despliegues de redes avanzadas de fibra y 4G, vitales -estos sí, de verdad- para del desarrollo futuro del país. El desenlace del culebrón del fútbol es demostrativo del modelo de desarrollo que el conjunto de las instituciones ha elegido, por acción u omisión, para España: pan y circo. Parafraseando a Larra, escribir de telecomunicaciones en España es llorar.

Opinión de Ignacio del Castillo .Reproducido de TecnoEstrategias


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