Elecciones UE 2019, NO al articulo 13


Archivado en Noticias, Sin Canon

Música desafinada


Si usted paga dos euros por una cajetilla de tabaco, espera encontrar 20 cigarrillos cuando abre el paquete. Ni uno más ni uno menos. Lo extraño es que desembolse los dos euros de rigor y dentro haya diez pitillos.





Guillermo Rodríguez / LIBERTAD DIGITAL . Poco más o menos es lo que sucede con la polémica de los CD grabables. Los usuarios asumen mal que bien la subida de precios (entre 17 céntimos y 1,40 euros por unidad), pero a cambio pueden realizar copias privadas de los álbumes que adquieran. Por lo tanto, es inconcebible que las discográficas editen discos con protección anticopia. A la patente contradicción, se une el atentado contra los consumidores, que pagan por un servicio del que no pueden hacer uso.

De la denuncia que la Asociación de Internautas ha presentado contra la discográfica Warner por implantar un sistema anticopia en el último disco de Alejandro Sanz, sólo puede decirse una cosa: es coherente. La Ley de Propiedad Intelectual es clara al respecto: se permite la copia de cualquier disco "siempre que sea para uso privado del copista".

Luis Eduardo Aute ya lo recordó en una memorable canción: "una de dos, o me llevo a esa mujer, o entre los tres nos organizamos, si puede ser". En este caso, la disputa se dilucidaría entre los compradores de discos grabables y las sociedades de gestión de derecho de autor. La mujer, claro, es el canon que grava los CD vírgenes.

Día y sí y día también SGAEs, RIAAs y discográficas reinciden en sus contradicciones. Pero lo que hasta el momento ha podido entenderse como una broma pesada se convierte en un problema que atenta contra nuestro derecho como consumidores. O se elimina el canon que soportan los CD vírgenes o desparecen todos y cada uno de los sistemas que impiden la copia privada de un disco. Así de claro.

Entre tanto paso en falso, tanto ridículo hecho y tantas ideas equivocadas, al menos surge de vez en cuando una voz que permite albergar un poco de esperanza en el futuro. Universal Music –una de las cincos mayores discográficas del mundo– ha anunciado la rebaja en el precio de los discos de un 30 por ciento, hasta situarlos entorno a los 13 euros por unidad.

Han hecho falta tres años, múltiples juicios e incalculables dolores de cabeza para que una discográfica haya tomado no el mejor camino, sino el único posible para su supervivencia. Comprobado cómo la piratería actúa a la misma velocidad que las discográficas y que el intercambio de canciones en Internet es, simplemente, imposible de erradicar, las productoras no tienen otra opción que reducir el precio de sus discos si quieren seguir con vida. Más vale tarde que nunca: es la primera vez que descienden los precios de los CD desde que comenzaron a comercializarse a principios de los años 80.

Al mismo tiempo, la Asociación de la Industria Discográfica de América (RIAA, por sus siglas en inglés) retoma la estrategia del palo y la zanahoria al más puro estilo Al Capone. Hace tres meses amenazó con demandar a todos los internautas que se hubieran bajado una canción de Internet gratuitamente (60 millones sólo en Estados Unidos), provocando no poco pánico entre muchos de ellos. Visto que enjuiciar a todos le llevaría la inabarcable cifra de 2.191 años, acaba de anunciar que se conforma con que los piratas entonen un mea culpa y borren los archivos de su disco duro (tipo yo me acuso). Pero claro, la RIAA también da el palo, porque si no dejaría constancia de su debilidad: 261 internautas de Estados Unidos acaban de ser demandados por copiar y distribuir canciones por Internet.

Tras esta macha atrás –hace tres meses prometió llevar a juicio a todos los piratas de EEUU- queda comprobar dónde meten la cabeza las más de 38 empresas de software que prometieron demandar a 95.000 usuarios de las redes P2P en España. ¿Asumirán en solitario, lanza en ristre como Don Quijote, la lucha por erradicar la piratería?

Nunca está de mal recordar cómo acabó el hidalgo: "embistió con el primero molino que estaba delante; y, dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo".