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Los cedés anticopia, el canon y los versos alejandrinos


En ocasiones, ciertas polémicas duraderas en el tiempo se alimentan poco a poco de noticias o nuevas tomas de postura hasta que, en un momento determinado, la coincidencia azarosa de varios hechos relanza espectacularmente el debate y anima la controversia. En el mundo de la música se vive desde hace tiempo la piratería como una cuestión de vida o muerte, en la que no escatiman esfuerzos propagandísticos y mucha demagogia. El litigio que la industria y la SGAE pretende mantener contra esa mayoría de consumidores que copian cedés es la polémica avivada por las últimas noticias sobre el canon de los CD-R y los discos anticopia.





Para empezar, ese extraño acuerdo entre la asociación de fabricantes de discos vírgenes (ASIMELEC) y las entidades gestoras de derechos para dar a luz un canon que grave como impuesto privado la venta de CD-R, ha dado razones de sobra a cualquier consumidor de estos soportes para quejarse por lo que no es sino un abuso demencial del lobby discográfico. No se darán cuenta muchos de los que claman contra el 'top manta', y acto seguido se congratulan por el logro de esta nueva fuente de ingresos, de que la piratería a gran escala y los CD grabables son universos distintos. Lo primero que han obtenido es, como no podía ser de otra manera, el lógico cabreo de tantos contribuyentes involuntarios a la SGAE que no usan los discos para hacer copias fraudulentas.

«Pocas veces la Red española ha estado tan enfadada», como apunta Ignacio Escolar en su blog. Las iniciativas 'sincanon' concitan un apoyo abrumador de los internautas, así no es raro ver cómo algunos músicos se deslizan por su analfabetismo tecnológico cuando cargan contra esos vagos y maleantes informatizados que intercambian canciones y copian cedés. El combate contra el canon está siendo liderado por la Asociación de Internautas (AI), que con audacia ha denunciado la contradicción más vergonzosa en la que incurre el mundo de la música: se cobra por los discos vírgenes y no se permite copiar por el mismo concepto por el cual ponen el cazo.

El sistema anticopia de los CD -bastante inútil, por otra parte, como reconocen las discográficas- es el punto de mayor desencuentro. Ahora, con el lanzamiento del último disco de Alejandro Sanz, la AI ha pedido que sea retirado por incumplir lo establecido en la Ley de Propiedad Intelectual: el derecho a realizar copias para uso privado. En Francia un juez dictaminó que un compacto que no permita la copia privada es equiparable a un producto defectuoso, y no es la primera vez que se pone en evidencia el naufragio de las discográficas en su intento de blindarse ante la piratería.

En Estados Unidos, nos enteramos de que Universal Music va a rebajar un 30% el precio de sus CD: primera respuesta inteligente, de la que tenemos noticia, de la industria musical a los cambios lógicos que la tecnología ha introducido en el sector.

De la misma manera que el canon métrico de cierta época de la poesía lo formaban los versos alejandrinos, en la música algunos están empeñados en mantenerse anclados en el canon, en el patrón industrial, que ha inspirado la comercialización del disco de Alejandro Sanz. Pero todo cambia, y si los versos alejandrinos pasaron de moda alguna vez, no será raro que ocurra lo mismo con el actual modelo -canon incluido- que defiende la SGAE enfrentándose a tantos internautas que son, al mismo tiempo, amantes de la música.

Artículo con enlaces relacionados y comentarios en Diario de un aspirante a tertuliano


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