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Privacidad y libertad de expresión, en peligro


El principal peligro que acecha a nuestra libertad de expresión y nuestro derecho a la privacidad no es la paranoia gubernamental, sino la avaricia privada. La avaricia y las leyes que la sustentan, al permitir a las empresas bloquear nuestros caminos en la red o seguir nuestros movimientos dentro y fuera de Internet en el nombre de unos supuestos beneficios económicos que no existirán jamás. Alguien debiera explicarle a las empresas que entre las mejores maneras de fomentar ventas no están recortar los usos de sus productos o someter a seguimiento a sus clientes.





La única forma de controlar las copias en el mundo digital es crear una especie de 'estado policial del copyright'. No hay otra; desde el momento en que las novelas, las sinfonías y las películas ya no tienen un soporte material sino que son sólo un puñado de 'bits' la única forma de limitar su copiado es controlar por completo su uso. De ahí que Janus, la recién presentada tecnología de control de Microsoft, entre otras cosas permita que las copias se desactiven tras un tiempo ('esta carta se autodestruirá en 5 segundos'). Por su parte la próxima versión del formato de compresión musical MP3 lleva incluido un útil interruptor que identifica automáticamente las copias ilegales. La lucha obcecada del 'copyright' contra la 'piratería' se está transformando en un verdadero asalto a la privacidad de los usuarios. Mucho más preocupante e inmediato que el furor desatado con el servicio Gmail de Google.

Y es que las empresas está reaccionando de forma enloquecida y contraproducente a lo que perciben como un ataque con ensañamiento sobre sus activos. En lugar de pensar con cuidado qué es lo que más les conviene en el nuevo mundo de Internet, lanzan denuncias judiciales sin cesar y presionan para que se fabriquen nuevas leyes restrictivas). Un ejemplo son los reiterados intentos de la prensa danesa para prohibir que otros enlacen sus artículos... que los jueces han terminado desechando, y no por la razón más obvia: quien sale favorecido de los enlaces es el enlazado.

Como parte de esa reacción la industria está enfrentándose directamente con el sentido común y los más elementales derechos de sus clientes. Y esto no es más que el principio: los formatos de gestión de derechos de propiedad intelectual que informan a los `propietarios de qué se hace, dónde y cuándo pueden ser un problema., Pero ¿qué ocurrirá cuando las 'etiquetas chivatas' estén en todos los artículos de consumo? ¿Quién, si es que hay alguien, nos protegerá de la avaricia y la cortedad de miras de las empresas?

WebLog Retiario de José Cervera en El Navegante


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