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Una canción no es como un reloj


Nueva campaña de confusión 'antipiratería', esta vez en el Senado





A todo el mundo le caen bien los autores. Todos somos autores, y cada vez lo vamos a ser más. Es por eso que necesitamos leyes que protejan y fomenten la autoría, en sus aspectos económicos y morales, con la mayor eficacia posible. Lo cual no significa exigir leyes más estrictas, hechas cumplir de forma más draconiana, y justificado todo ello con falacias lógicas y morales. Señores y señoras de la Mesa Antipiratería, señor Presidente del Senado, por muchas veces que ustedes lo afirmen una canción no es como un reloj. Y como es injusto tratar igual cosas diferentes, no podemos basar nuestras leyes en estas idea. Para proteger la creación debemos adaptar las leyes al futuro, no al pasado. O sufriremos todos, autores y consumidores de cultura. Y todo porque a la industria le conviene confundir las canciones con los relojes.

Se llama la Falacia del Joyero, y se resume así: la propiedad intelectual es fundamentalmente diferente del resto de tipos de propiedad, porque se puede compartir de forma no exclusiva. Una canción no es como un reloj, porque si yo tengo el reloj usted no puede disfrutarlo: es uno u otro pero no los dos (uso exclusivo). Sin embargo la canción puede ser escuchada por ambos a la vez sin que el uso que hace uno altere su disfrute por parte del otro. Si ambos tipos de propiedad son diferentes, no se pueden tratar ambas de la misma forma.

En otras palabras, la Mesa Antipiratería y el Presidente del Senado español ofuscan la verdad. Y lo hacen de una forma muy peculiar y tradicional: favoreciendo a sus editores.

En efecto, la Falacia del Joyero es antigua, anterior incluso a la curiosa idea de la Propiedad Intelectual. Ya desde que el 1710 se crease la primera Ley de 'copyright' en el Reino Unido los editores han estado intentando confundir la propiedad intelectual con la propiedad, digamos, de una casa, un terreno o un mueble. Su objetivo siempre ha sido el mismo: ampliar la extensión del monopolio de uso que supone la Propiedad Intelectual, a poder ser hasta el infinito; al fin y al cabo nadie pone límites temporales a la propiedad inmobiliaria, ¿verdad? Para ello los editores llevan casi 300 años usando a los autores, intentando convencer a los juristas de que la propiedad de una obra es completa y eternamente de su autor. ¿Por qué? ¿Y por qué los editores?

Muy sencillo: son los principales beneficiarios. Sean cuales sean los derechos de los autores al final los ingresos acaban en manos de los editores; cuanto más tiempo duren los derechos y más estrictos sean, mejor. Pero no para los autores: para los propietarios de los derechos. Que son los editores.

Un dato: los editores litigaron durante decenios para establecer un derecho eterno de propiedad intelectual en el Reino Unido. No lo consiguieron: a diferencia de los relojes la propiedad de las ideas ha estado siempre limitada en el tiempo desde su nacimiento.

Pero se extendía 28 años cuando nació, y hoy es de 70 años tras la muerte del autor (90 años cuando la propiedad es de una compañía). Juzguen ustedes mismos: la incesante presión de los editores (y autores, como estandarte de aquellos) lleva tres siglos intentando confundir las canciones con los relojes; el mundo de las ideas con el mundo de lo inmobiliario. Poco a poco lo están consiguiendo en la práctica.

No sólo se confunde y pervierte así el sentido original de la propiedad intelectual (un pacto de beneficio mutuo entre autor y sociedad), sino que se hace un flaco servicio a la economía. La mejor manera de sobrevivir en el mundo que se nos viene encima no es endurecer las leyes de propiedad intelectual actuales, sino aumentar su flexibilidad y proporcionar más posibilidades de protección.

Por mucha simpatía que tengamos a los creadores, por mucho respeto que tengamos a las instituciones democráticas, si se siguen empeñando en actuar en contra de la lógica y la razón nos veremos obligados a rechazar sus ideas. Y es que por más que se empeñen los interesados en que así sea, una canción no es como un reloj.

Weblog/ Retiario de José Cervera con enlaces relacionados en El Navegante

NOTA DE LA ASOCIACIÓN.-

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...Es como un cuento perverso en el que los poetas atracan a su pueblo, los cantantes llaman piratas o pendejos electrónicos a los ciudadanos honestos, los músicos cambian sus instrumentos por calculadoras y a los autores les inspira la letra de las leyes y de los reglamentos para aplicar tasas. Una verdadera pesadilla, para salir de la cual basta con abrir los ojos y no dejarse engañar.


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