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Cuidados paliativos para un enfermo sanísimo


Hace cosa de una semana fui invitado por la Secretaria de Telecomunicacions i Societat de la Informació de la Generalitat de Catalunya a un acto que se ha celebrado esta mañana para que administraciones públicas, educadores, empresas, gente de la sociedad civil, mundo asociativo y demás hierbas, reflexionáramos en común sobre el tuturo del software libre en Catalunya y, de paso, para presentar el recién nacido ¿portal? ¿comunidad? del software libre catalán «La Farga» (en castellano, «La Forja»).





Después de mi poco amigable artículo «Las TIC administrativas y educativas catalanas a bandazos» que publiqué a principios de julio pasado, me sorprendió -y agradezco- tal invitación. ¿Que por qué me sorprendo? Ciertamente, la cosa no debería causarme esa admiración porque la democracia es precisamente así, pero es que en época aún no demasiado antigua (unos meses, en realidad), por la mitad de eso hubiera sido declarado enemigo de Catalunya y hasta de la civilización cristiana. O sea que algo hemos avanzado.

Bien, después de este justo y necesario homenaje al buen rollo, vamos a la menos elegante tarea de comentar los hechos y dichos que han acontecido en tan brillante jornada. La reunión se ha estructurado sobre la base de un breve parlamento de diez minutos a cargo de un invitado seguido de otros diez minutos de turno abierto de intervenciones. En lo que respecta a los parlamentos por parte de invitados prefijados, ha habido de todo. Veamos...

En primer lugar, ha intervenido Eduard Elias, decano del Colegio Oficial de Ingenieros Informáticos de Catalunya, cuyas líneas esenciales han consistido en defender que el software libre es una oportunidad para las PYMES y para el desarrollo de aplicaciones en catalán. También ha pedido que el software libre se venda, no que se predique, ya que las empresas no son ONG y compran productos o servicios para su negocio y que, por lo tanto, de lo que hay que convencerles es de la calidad de ese producto o servicio y no de filosofías filantrópicas. Es, en mi opinión, un argumento muy plausible, que no es la primera vez que oigo y que debería significar el abandono de las actitudes tipo “grupo parroquial” para ir a la expansión definitiva del SL en el mundo empresarial.

Tras el turno libre de intervenciones se dio paso a Sergio Talens-Oliag, desarrollador del proyecto Debian, que describió unas sencillas normas para establecer, de acuerdo con las necesidades concretas, las características ideales de una distribución; y de ahí pasó a describir someramente metodologías para elegir las aplicaciones a adoptar. Específicamente sostuvo que las administraciones públicas deberían acogerse prácticamente siempre a las licencias GPL, pero sin rechazar, para casos concretos y excepcionales, las licencias libres BSD que permiten ulteriores desarrollos bajo licencia privativa.

Seguidamente, David Poblador, administrador de Puntbarra.com, habló de la calidad, haciendo hincapié en que el libre acceso al código fuente es un hecho que, ya por sí mismo, garantiza la calidad del software libre (hay que decir que de esta idea se discrepó en algunos casos, tanto en las intervenciones libres como en los parlamentos de otros invitados). Se lamentó de que fuera cierta, cuando menos parcialmente, la objeción de que el tejido empresarial para dara las PYMES servicio técnico y de apoyo en el ámbito del software libre es aún muy rudimentario y de que las pocas empresas existentes sean aún muy pequeñas y no ofrezcan suficientes garantías comerciales (que no es lo mismo que técnicas).

Òscar del Pozo, uno de los más caracterizados factótums de Softcatalà y su portavoz habitual, protestó por el hecho de que el catalán fuera aún desproporcionadamente minoritario en las TIC catalanas. Explicó que la adaptación lingüística no consiste solamente en “parchear” al catalán una aplicación en castellano o en inglés sino en realizar en catalán otros elementos como la documentación y la asistencia técnica. Responsabilizó del déficit del catalán a las empresas desarrolladoras puesto que son ellas quienes tienen la obligación primera de desplegar el catalán en sus productos, siendo la única obligación de la administración pública procurar un marco legal adecuado.

Andreu Ibáñez, director comercial de IWS (y compañero de pro en las tareas de Hispalinux, añado por mi cuenta) habló de la estructura de las empresas desarrolladoras de software libre como poco diferenciada de las que trabajan bajo licencias privativas y recordó la existencia del Libro Blanco del Software Libre (promovio por el amigo Alberto Abella) como vademecum que incluye una lista -que intenta ser exhaustiva- de las empresas que prestan servicios bajo SL.

A don Raimon Dalmau, director del Centro de Competencia Open Source de T-Systems de nuestro dolores, le tocó convencernos de que, tras un buen porrón de años -no menos de seis o siete, desde que Debis se hizo con el Centre Informàtic de la Generalitat- de no querer saber nada del software libre, ahora están enamoradísimos de esta genialidad para la cual van a desarrollar proyectos sin cuento; ahora, eso sí, no en exclusiva, que el software privativo es lo de toda la vida, el tortellet de los domingos, como si dijésemos... También propone joint ventures con microempresas al estar éstas muy especializadas y ser muy solventes técnicamente pero (¡ooooooohhhh!) ser poco potentes a nivel de proyectos. Si esto llega a suceder, ya veremos el reparto, pero yo estoy casi seguro de que ya lo sé ;-)

Xavier Drudis, de l'Associació Caliu, nos hizo una breve e ilustradora disertación sobre el siniestro cocido de las patentes de software, en la que aportó algunos datos curiosos y alarmantes: por ejemplo, que en la lucha por defender las patentes, las compañías se compensan las unas a las otras: “lo que tú me des, yo te lo daré; lo que tú me propines, yo te lo propinaré”; un poco la teoría MAD de la guerra fría: disuasión y contención por vía de «mutua destrucción asegurada». El problema es que empieza a haber quienes coleccionan patentes (siendo como es tan fácil patentar gilipolleces pergeñadas en una noche de cogorza) sin intervenir para nada en proceso alguno técnico ni comercial del software, con lo que se rompe el equilibrio: pueden dañar sin temor a ser dañados. Simples especuladores del conocimiento, en definitiva. No sé si habrá sido prudente escribir esto, sabiendo que los soplones de Teddy Bautista están por todas partes poniendo la oreja...

Después de Xavier, nos habla Alain Jordà, concejal-delegado de Presidencia y Tecnologías de la Información del Ayuntamiento de Manresa, quien nos explica que las administraciones públicas pueden dar al software libre una credibilidad en los mercados y a ojos del público común que, hoy por hoy, le falta. Apuesta por la Administración de la Generalitat para ir motivando a los ayuntamientos catalanes hacia el SL aunque -objeta y se lamenta- dentro de la propia Generalitat hay mucha división de opiniones.

Es, efectivamente, así porque tras Alain comparece el más preclaro ejemplo del sector reticente, es decir, don Ferran Ruiz, subdirector general de Tecnologías de la Información del Departament d'Educació (sí, sí: los de la foto con Rosa de España; bueno, no la que canta: la otra, la de Micro$oft). A don Ferran le ha tocado -se nota a veinte metros- comerse el marrón; no sé a quién le habrá pisado el juanete, pero da talmente la impresión de que lo han echado a las fieras. Así que adopta el acreditado método Urdaci: se sienta, empieza a hablar a cien por hora (no dice -a tanto no llega- lo de “ce-ce-o-o”, pero juro que es la única diferencia) y habla de dificultades ciclópeas, cósmicas, para la implantación del software libre en la enseñanza catalana. En un momento determinado (si fuera una parturienta diría que el ginecólogo se ha pasado con la oxitocina y casi nos la mete en la sala de partos vía urgencias) llega a anunciar (así lo ha recogido esta misma tarde «La Farga») que se está cociendo una distro propia y catalanísima para la enseñanza de nuestros xicots pero que -no seamos impacientes- no la esperemos hasta dentro de un año. Largo me lo fiáis, y conste que lo ha dicho él mismo.

Cuando llega el turno de intervenciones libres, aparece -no podía faltar- el inevitable rojo incordiante para refregarle por la cara a don Ferran que los de Extremadura han hecho virguerías sin tanta tragedia trascendental; y don Ferran le hace una manoletina mirando al tendido sobre la base de que, por un lado, el invento que se han montado los extremenos es «muy rígido» (sic) y, por otra parte, Extremadura ha pedido ayuda a los técnicos catalanes para salir de no se sabe muy bien qué problemas y atolladeros al respecto.

Llegados a este punto, uno tiene que remitir al lector a «Asterix en los Juegos Olímpicos». En este episodio del ilustre galo, recordarán sus seguidores que los atletas espartanos se rebelan por la frugalidad de su comida mientras sus vecinos romanos se meten entre pecho y espalda unos banquetes la mar de suculentos. El entrenador les responde: «¡Son unos decadentes!» y el líder de la rebelión le espeta al entrenador: «¡Pues, por Artemisa, yo también quiero ser decadente!». Así que el malogrado Goscinny me va a permitir que lo parafrasee y le diga a don Ferran: «Pues, por los calcetines incorruptos de Richard Stallman, yo también quiero que mis hijas estudien inmersas en una estructura tecnológica “rígida” como la de los extremeños».

Respecto al SOS de los extremeños a los técnicos catalanes, desconozco completamente la cuestión, no tenía la menor noticia de ella y, por tanto, me limito a certificar aquí lo dicho por don Ferran por si alguien quiere recogerlo a los oportunos efectos; yo, me lavo las manos...

Tras venir a decir don Ferran, a preguntas de Joan de Gràcia, presidente de la Associació d'Ensenyants d'Informàtica de Catalunya, otro incordio masónico, que el manifiesto sobre el uso del software libre en la educación publicado por dicha asociación le importaba aproximadamente un pimiento, caló el chapeo, requirió la espada, fuese... y no hubo nada.

Cerró esta parte de la sesión la intervención de David Megias. codirector del Máster internacional en Software libre impulsado por la Universitat Oberta de Catalunya, quien nos ha explicó que, en términos estrictamente científicos, no hay diferencia entre el software libre y el software de licencia privativa, pero que sí hay diferencias fundamentales en lo que se refiere a la implementación empresarial y en materia de seguridad.

Finalmente, llegó la intervención de los políticos, por mí muy esperada porque un pajarito me había “confidenciado” que se iban a decir cosas importantes y sustanciales.

Habló, en primer lugar, Oriol Ferran secretario de Telecomunicaciones y Sociedad de la Información quien, entre otras, enunció las siguientes intenciones de su Secretaria:

· Ratificar el «Acord del Tinell». El acord del Tinell, para los no avisados, es el que suscribieron los tres partidos que componen el tripartito catalán (PSC-PSOE, ERC y IC-EU-EV) a modo de programa de gobierno y en el que las muy parcas líneas en materia de TIC son, eso sí, muy progresistas.

· Realizar en software libre todos los programas promovidos por el DURSI (el Departament d'Universitats, Recerca i Societat de la Informació).

· Ir liberando progresivamente los programas y aplicaciones realizados por la Generalitat o de los que ésta sea propietaria.

· Analizar la política industrial respecto del SL mediante la colaboración CIDEM-CIRIT (los organismos autónomos de carácter promocional de los departamentos de Treball i Indústria y de Universitats, Recerca i Societat de la Informació, respectivamente).

· Equipar la red de telecentros al 100 por 100 con software libre.

· Poner en marcha, también sobre base de SL el plan de alfabetización digital que se espera aparezca en el boletín durante la próxima semana.

· El famoso supercomputador de la Universitat Politècnica de Catalunya funcionará con Linux.

· El de la Universitat Oberta de Catalunya se libera y pasa a ser abierto.

· Apoyo a la creación y desarrollo de la Cátedra de Software Libre de la Politècnica.

· Incremento de las actuaciones conjuntas con el consorcio Localret.

Tras él, intervino, para clausurar el acto, el conseller del DURSI, Carles Solà, quien añadió a lo dicho por Oriol Ferran lo siguiente:

· El Gobierno de la Generalitat se plantea como prioridad la lucha contra la fractura digital, apoyándose en vectores como el software libre y las licencias de Creative Commons.

· El Gobierno también se ha impuesto como objetivo que todas las páginas web de la Generalitat se realicen con estándares libres validables por la W3C de modo que todos los ciudadanos puedan acceder a las aplicaciones de la Generalitat sea cual sea el programario que utilicen para ello.

· El Gobierno de la Generalitat se ha adherido a la Red Internacional de Administraciones Públicas por el Software Libre establecida en la Declaración de Barcelona.

Y así transcurrió la jornada. Seamos claros: la gente no salió contenta y, de verdad, no tengo la menor intención de ser destroyer cuando digo que si hubiera que utilizar una única palabra para describir el sentir general de la concurrencia al finalizar el acto, yo me inclinaría por «escepticismo». Alguno salió triste y decepcionado; hombre, no había para tanto, pero tampoco ha dado la cosa como para saltos de alegría.

Como podemos ver unos pocos párrafos más arriba, las intenciones son buenas, incluso interesantes, pero les falta concreción a las más importantes. Seguimos sin saber en qué estado está la implantación del SL en la administración de la Generalitat y seguimos desconociendo la planificación de la misma: desde dónde se va a partir, a dónde se quiere llegar, qué mínimos y qué máximos se han establecido, qué plazos... continúa el misterio.

Recogemos la promesa de que se va a emprender la limpieza técnica de CAT365 (no efectuada hoy, pero sí hace pocos días) aunque tampoco conocemos más detalles ni sabemos si los dirigentes del invento seguirán siendo los mismos o el aire fresco se los llevará por delante. Se ha hablado de un operador neutral de telecomunicaciones para que el servicio universal alcance al 100 por 100 de la población catalana, pero no tenemos tampoco un perfil medianamente claro de cómo va a ser ese operador en un ámbito que Bruselas va a mirar con lupa.

En el ámbito negativo, tenemos a Rosa de España (ya digo, no la que canta: la otra) haciéndose demasiadas fotos en nuestros edificios públicos y, atención, tenemos a la práctica totalidad de los empleados públicos de la Generalitat (sobre todo los de los cuerpos de administración general, los burocráticos, para entendernos) en la más total y absoluta ignorancia de lo que -parece- se está proyectando, y lo que se está proyectando es el cambio de su herramienta básica de trabajo.

¿«La Farga»? No es una mala idea, en principio y stricto sensu; pero la pregunta es: ¿va a generar el DURSI los polos de atracción suficientes como para llevar a «La Farga» a las comunidades catalanas de desarrolladores y promotores de software libre? No sería imposible, pero para ello, y en primerísimo lugar, hay poner sobre la mesa proyectos concretos y estructurados -o la propuesta de realizarlos desde esta nueva megacomunidad- porque no van a bastar los términos generales, los anuncios globales o las grandes declaraciones.

Y hay que meter en cintura a los discordantes. Aquí la fiesta no puede ir por barrios: o estamos hablando de TODA la Generalitat o nos vamos a jugar al parchís y dejamos de perder el tiempo, pero lo que no se puede tolerar son espectáculos como el que nos dio Educació a principios de este verano por más que luego, aprovechando una media jornada de trabajo, echen a los leones a un subdirector general sin farol al que agarrarse.

Javier Cuchí es miembro de la Asociación de Internautas


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