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Código penal al mono, que es de goma


Recuerdo cuando, hace treinta años, en las clases de Derecho Penal de la Universidad barcelonesa, el sapientísimo profesor Córdoba Roda criticaba la inclusión de nuevas conductas en el Código. Decía que la tendencia había de ser justamente la contraria y que los bienes jurídicamente protegibles debían serlo por vía tan dura muy en última instancia y, sobre todo, teniendo como prioridad la vida, la integridad física y la libertad de las personas; y que, salvo en casos muy extremos, las relaciones sociales y sus distorsiones debían ser reguladas mediante otras vías jurídicas (civil, mercantil, administrativa, etc.).





Aún me acuerdo de eso como si tuviera delante los apuntes que tomé en la época, quizá porque decía esto justamente en 1974 y ya sabemos qué director de orquesta conducía la partitura en aquel momento histórico, y aunque la orquesta ya sonaba mortecina y desafinada, aún producía un cierto ruc-ruc en las tripas decir y oir decir según qué cosas.

En los últimos años me he acordado mucho del doctor Córdoba y de sus críticas, quizá porque en estos mismos últimos años el Código penal se va pareciendo cada vez más a la Enciclopedia Espasa. La falta de imaginación, de profesionalidad, de cultura e, incluso, de coeficiente intelectual de los políticos y, además, en su caso, la brutalidad política como criterio para administrar una mayoría absoluta, ha hecho que sobre cada problema nuevo se dé carpetazo a base de añadir un artículo, o grupo de ellos, al ya abultado Código. ¿Que demasiados hombres cascan a las mujeres? Nada de educar a los jóvenes (que suben de un bárbaro inaguantable): Código penal. ¿Que pisamos demasiado fuerte el acelerador? Nada de poner límites a la potencia de los coches: Código penal. ¿Que la gente usa un derecho otorgado por la ley de un modo que disgusta a la $GAE y a la industria discográfica? Código penal. Y así podríamos llegar a la cita que un día encontré en un libro de Vizcaíno Casas («El revés del Derecho», creo recordar, porque cito de memoria), que mencionaba un opúsculo del siglo XVIII o XIX titulado: «Algunas modificaciones que podrían sugerirse a las leyes penales inglesas, efectuadas por un hombre honrado que no está seguro de no ser ahorcado algún día». Y apostillaba Vizcaíno que tan poco seguro estaba el hombre, que se mantuvo en el más absoluto anonimato. Bueno, yo, tanto como la horca, no temo padecerla, a menos que den total satisfacción a los deseos de Teddy Bautista, que el día menos pensado pedirá la pena de muerte para los críticos con la $GAE, pero tampoco estoy completamente seguro -pese a mi acreditada probidad- de no ir a parar, en el futuro, ante un juez de guardia. ¿Acusado de qué delito? Algunos bien posibles, al paso que vamos, podrían ser los de apología del conocimiento libre, apología del “copyleft”, creación musical o literaria sin adhesión a entidad alguna de gestión de propiedad intelectual, importación de soportes digitales sin pago de diezmo a la $GAE y no descarto tampoco una acusación por sedición o rebelión al negarme a adquirir, ni a título oneroso ni gratuito, música sometida a cargas de propiedad intelectual.

En materia de propiedad intelectual (hay que hablar en estos términos y no, desgraciadamente, de derechos de autor) el código penal ha montado un cisco como pocas veces se ha organizado en el mundo forense. Yo no sé si los legsladores del Partido Popular quisieron hacer de propósito algo confuso para quitarse el muerto de encima y, de paso, para utilizar la ley según les conviniera a cada momento, o, simplemente, es que no saben escribir la O con un canuto. Cualquier explicación es plausible. El PSOE se opuso, en trámite parlamentario a esta reforma penal y luego ha experimentado el síndrome “tripartítico” dolencia propia de partidos de izquierda que se caracteriza por hacer malo cuando están en el poder todo lo que era bueno cuando estaban en la oposición y viceversa. En Catalunya estamos empolladísimos de ese síndrome, como he explicado hace breves fechas y no por primera vez. Algunos opinan que el virus se introduce en el organismo cuando el paciente, incapaz de hacer una oposición constructiva y creativa, dedica íntegramente su actividad parlamentaria a echar arena a los cojinetes del partido rival. Víctima, pues, de tan común pero grave enfermedad, el PSOE, pese a haber tenido tiempo sobrado para frenar o enderezar a términos coherentes dicha reforma, pues nada, la ha promulgado como si tal cosa. Y a las pocas horas de hacerlo, ha asegurado que reformaría la reforma, aunque ni pío sobre el sentido de esa nueva recontrareforma, lo que hace temer lo peor y entonar el tradicional y socorrido Virgencita que me quede como estoy dadas, entre otras cosas, la ministra de Cultura y, ostras, doña Carmen Chacón, que está de número dos en la mesa del Congreso, amigas de la $GAE y acreedoras -al menos doña Carmen- de sus agasajos.

Ya es mala suerte: o somos víctimas del partido de la cámara de comercio o somos víctimas del partido deudor de la farándula, pero, los unos por los otros, no salimos del hoyo, si bien vamos modificando nuestra posición; hoy, sin ir más lejos, he leído que ya no somos el tercer país de Europa empezando por la cola en materia de TIC: ahora somos el segundo, con Grecia de farolillo. Hasta Portugal e Irlanda, dos países europeos bastante más desgraciados que el nuestro en cifras socioeconómicas globales, están por delante en materia tecnológica. Lo cual quiere decir que, de sostenerse esta relación, dentro de poco ya no serán países tan desgraciados y nosotros sí lo seremos mucho más que ellos, y no sólo en materia tecnológica. Pero como la gente ya está contenta con el Window$ o con aquello de yo, de informática, no entiendo, pues no hay novedad, señora baronesa y todo será seguir llorando porque tenemos a los chavales entre el paro y el contrato basura.

Sic transit gloria mundi.

Javier Cuchí es miembro de la Asociación de Internautas http://blogs.ya.com/elincordio/200410.htm#22

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