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Archivado en Noticias, Sin Canon

Algunas formas de infringir (presuntamente) la Ley de Propiedad Intelectual.


La Ley de Propiedad Intelectual es una ley sobre la que se ha escrito mucho, a favor y en contra. Pese a que intentan que el "debate" esté sesgado, muchos creemos que incluso el propio concepto de propiedad intelectual está desfasado, ya que desde el momento en que una obra puede ser digitalizada, pierde sentido regular el contenido como si fuera el soporte. Consideraciones económicas y culturales aparte.





Pero mientras la ley esté vigente, hay que cumplirla. Podemos debatirla, criticarla, proponer reformas, modificaciones o aboliciones. Pero no podemos infringirla mientras esté vigente.

Por curioso que parezca, algunos de los que más se afanan por defender la ley y su modelo anacrónico a capa y espada, son luego los primeros en vulnerarla. Como se suele decir "por la boca muere el pez". Esto no tendría mayor importancia (y menos para la gente que, como yo, defiende el intercambio de información y cultura de un modo absolutamente libre), si no fuese porque muchos de estos "defensores de la propiedad intelectual" arremeten contra consumidores y ciudadanos a ciegas, intentando criminalizar (falsamente según piensan algunos profesionales del derecho) hábitos y comportamientos que no deberían ser ni siquiera reprochables.

Así que me voy a permitir analizar en este artículo tres formas de infringir (presuntamente) la Ley de Propiedad Intelectual, y los diversos puntos en los que dicha vulneración se pueden encontrar. Este es un listado incompleto, pero espero que les resulte ilustrativo (al fin de al cabo, esa es la finalidad de este y muchos otros de mis artículos: la docencia y la crítica sobre temas de actualidad). Por cierto, ya que "Ahora la ley actúa" (o sea, actuación de oficio en caso de presunta vulneración) esto debería bastar para abrir investigaciones.

Empecemos por la presunta reproducción y difusión ilegal de contenido protegidos. O como dice la infame campaña de publicidad del Ministerio de Cultura y FEMAP: "La difusión de contenidos ilegales por internet es un delito castigado incluso con la cárcel". Ejemplo: ACAM. Esta asociación, que viene siendo la "portavoz oficiosa de los mensajes más impopulares e intransigentes de SGAE" (como la defensa pública del canon sobre discos duros, o el ataque a los internautas), publicó en su web, el día 12 de octubre, un más que discutible artículo del antiguo director de la oficina para la defensa de la propiedad intelectual de la SGAE, Pedro Farré, de un modo presuntamente ilegal. Según Ana Barberá, Asesora Jurídica de la Editorial Aranzadi (Editores del artículo que ha publicado ACAM), se trata de un "artculo de un autor de Aranzadi para el que NO hemos dado autorización".

Luego tenemos el peor (a mi entender) de todos los delitos que se pueden cometer contra la creación: el plagio. Los ejemplos, por desgracia, abundan: desde Disney (con el presunto plagio de la película de animación "El Rey León") hasta el Gobierno Británico (con el plagio reconocido del informe sobre armas de destrucción masiva de Iraq), aunque sobretodo ocurren en la industria discográfica.

Por último tenemos el impago de derechos de explotación, como por ejemplo el que presuntamente comete Disney con los royalties de Winnie the Pooh.

Hay que aclarar que existen diversas fases en los que se puede encontrar una presunta violación de los derechos de autor. La primera es la sospecha (que las hay muy bien fundadas, como la del presunto plagio del miembro de la SGAE Nacho Cano al magnífico compositor Wim Mertens). Luego tenemos la acusación (formal, o sea, ante los tribunales, o simplemente en comunicación pública, como el caso del presunto plagio de la SGAE a los contenidos de DiarioRed). Por último tenemos la condena.

Claro que siempre tenemos el recurso del acuerdo extrajudicial para evitar, pagando, la mala fama. En este saco podemos meter a Madonna (en el caso de presunto plagio de las fotografías de Guy Bourdin), o Ana Rosa Quintana (con el " presunto" plagio de "Sabor a Hiel"). Incluso el acuerdo puede llegar antes de alcanzar los tribunales, como en el caso de acusación de plagio de la idea de un portal estudiantil por parte de Microsoft.

Por cierto, que en el mundo del software también ocurren hipocresías de este tipo (como el del Senador de EEUU Orrin Hatch, quien propuso destruir los ordenadores de los usuarios de redes P2P, y unos días después se hizo público que en su web presuntamente se infringían derechos de copyright).

Algo más complicado son actuaciones que no sabría si tipificar presuntamente de intento de apropiación indebida, presunta extorsión, o presunta ... cara dura, como las de la SGAE, quienes a pesar de que saben que la parodia es una excepción a los derechos de reproducción recogida en la LPI, exigen a marcianos.net el pago por la música de una animación flash "avertefué" que es una obvia parodia; quienes intentan cobrar canon de actuación pública en conciertos benéficos; quienes han sido llevados a los tribunales 15 veces por recaudar dinero (más de 12 millones de euros) en contra de la voluntad del autor, y por abuso de posición de dominio ...

Como habrán podido comprobar, la ley tiene muchos matices, pero lo que sí que está claro es el constante intento de manipulación que sufre la ciudadanía y la opinión pública en general por parte de todos estos "santitos" mencionados, que nos intentan convencer de que somos todos unos "piratas". La guerra la empezaron ellos. La llaman "ataque preemtivo". Ahora nos toca a nosotros "desenmascarar" a los verdaderos hipócritas. Esto es lo que les pasa por empezar una guerra en un territorio que no conocen: internet.

Advertencia legal: El presente artículo constituye una sátira de humor irónico de la situación legal provocada por la Ley de Propiedad Intelectual, y por la entrada en vigor de la Ley Orgánica 15/2003, sin que persiga otra finalidad que la estrictamente humorística. Desgraciadamente para todos, están pasando cosas que no tienen maldita la gracia.

Por: Jorge Cortell


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