Archivado en Noticias, Mundo Internauta

35 años de e-mail


Todo comenzó con un intercambio de información entre los ordenadores de dos universidades americanas. Hoy, 35 años después, el correo electrónico o e-mail se ha convertido en el instrumento de comunicación más poderoso





PATRICIA FERNÁNDEZ DE LIS / EL PAIS SEMANAL - 24-10-2004

Amina y María del Mar no se han visto nunca. No se conocen de nada, y es improbable que lo hagan jamás. Amina es nigeriana y estuvo a punto de morir lapidada por una relación adúltera. María del Mar es madrileña y ha superado tres años de infierno personal, en el que se sintió perseguida y acosada. Lo que ambas tienen un común es que la herramienta de comunicación más poderosa de la era digital les cambió la vida. El correo electrónico ayudó a salvar la de Amina e intentó arruinar la de María del Mar.

El correo electrónico o e-mail tiene 35 años de edad. El 29 de octubre de 1969, unos ingenieros estadounidenses lograron transmitir el primer mensaje electrónico de la historia, dando a luz un sistema que ha logrado recuperar viejas amistades, enamorar a desconocidos y crear leyendas urbanas, como la de aquella cadena de alimentación que criaba pollos mutantes para no tener que desplumarlos. Son 35 años de luces y sombras, pero el correo está en plena forma. En España, ningún otro servicio de Internet tiene tanta aceptación: el 96% de los internautas lo usa cada día. “Mi dirección de correo electrónico es mi identidad digital y mi casa virtual: lo que no está en la bandeja de entrada, no existe”, explica Enrique Dans, profesor del Instituto de Empresa, que usa el correo desde principios de los noventa.

Los adictos al e-mail lo consultan varias veces al día, al menos cinco, según varios estudios. Gracias a él, los ejecutivos se comunican con sus clientes; los emigrantes, con sus familias; los oyentes de radio, con los locutores. Hasta el Papa lo usó una vez para disculparse por los abusos de la Iglesia en el Pacífico sur. Y es que, como cualquier otra herramienta, el correo sirve para diferentes cosas. Quizá el mejor ejemplo del uso del e-mail en positivo lo tiene la sección española de Amnistía Internacional (AI). El año pasado, cuando se supo que la nigeriana Amina Lawal había sido condenada a morir lapidada por cometer adulterio, AI puso en marcha una campaña de recogida de firmas mediante el e-mail. No hay internauta español que no recibiera el mensaje. AI logró recoger 10 millones de firmas en todo el mundo y Amina fue absuelta.

Amnistía cree que el correo electrónico es “el arma más poderosa” que ha tenido nunca en sus manos. El organismo cuenta con una red de 25.000 españoles que se movilizan cuando hay que realizar una petición concreta, y según Miguel Ángel Calderón, responsable de comunicación, “las condiciones de las víctimas mejoran en dos tercios de los casos”. Pero AI es cautelosa. No quiere atribuir a los correos todo el peso de la liberación de Amina, y, además, las mejores noticias tienen su lado oscuro: la campaña se mezcló con un falso correo, atribuido a AI, que alertaba de la inminente ejecución de la joven y reclamaba más firmas. Nunca se supo quién lo puso en marcha y qué beneficio sacó de ello, aunque es fácil suponer que se trataba de un spammer.

El correo no solicitado o ‘spam’, la vigilancia silenciosa de nuestra intimidad, los falsos rumores. Ésa es la cara oculta del e-mail. Los internautas muestran tal fidelidad por la herramienta que muchas veces creen cualquier cosa que leen desde que ven que tienen un mensaje. “Confiamos en la tecnología porque hemos comprobado sus ventajas”, explica Dans. “No tenemos capacidad, en cambio, para prever los problemas”. Lo demostró ese destructivo virus disfrazado de mensaje de amor. El I love you basó su poder en la correcta presunción de que los navegantes desearían abrir un mensaje con ese asunto, incluso sin conocer al remitente.

Los problemas son diarios. Sufrimos angustia por el correo no contestado, y agobio por el tiempo perdido en hacerlo. Los españoles dedican, de media, dos horas diarias a la lectura de los mensajes. El correo también provoca malentendidos porque tiene sus propias reglas. Los internautas utilizan símbolos para paliar la pérdida de contacto visual y la posibilidad de enfatizar o matizar una expresión. Hay una notable diferencia entre decir “cómo estás :-)” o “cómo estás :-(”. En la primera frase, estamos sonriendo; en el segundo caso, estamos diciéndole a nuestro interlocutor que se está poniendo insoportable.

El e-mail provoca también conflictos muy serios entre empresas y trabajadores. María del Mar Cruz lo explica con su ejemplo. Esta madrileña de 32 años llevaba más de diez trabajando en el mismo lugar cuando recibió una carta de despido. Su contenido la dejó atónita. En el documento se explicaba que en los PC estaba instalado un programa que permitía saber, “desde que usted enciende su equipo hasta que lo apaga”, los trabajos desarrollados en él. La carta continuaba detallando conexiones al correo que María del Mar niega haber realizado. La joven, que ganó su demanda laboral por despido improcedente, denunció a la empresa por violación de su intimidad. Un juzgado madrileño desestimó el caso, pero ella recurrió a la Audiencia Provincial, que le ha dado la razón y ha devuelto el asunto al juzgado.

El derecho de los empresarios a revisar el correo de los trabajadores es un asunto de disputa permanente, y diferentes jueces han dado distintas soluciones. Pero, como dice Javier Mestre, defensor de María del Mar Cruz, “si quieres probar que hay mala fe en la conducta de un empleado no necesitas violar su intimidad”. María del Mar tiene ahora otro trabajo, y usa el correo de la empresa para asuntos estrictamente profesionales. Ya no envía un “llegaré tarde” o “compra azúcar” a su novio. Si tiene que hacer una gestión personal usa su móvil. ¿Y el e-mail? “Jamás”.

A pesar de virus, programas espía y correos basura, el uso del e-mail crece un 30% al año. Y es ya mucho más que un medio de comunicación. Los internautas procesan tanta información, y desde tantos lugares, que utilizan el correo como archivo virtual. “La gente almacenará información y la compartirá con sus amigos; organizará parte de su vida en torno al mail”, explica Pelayo García, de MSN.

El correo electrónico es ya, de hecho, parte irrenunciable del día a día de quienes lo utilizan. Hay quien, como Enrique Dans, tiene varias cuentas, y en su “esquizofrenia” –confiesa– se envía mensajes a sí mismo para manejar sus múltiples personalidades virtuales. Los hay que, como María del Mar, usan el correo sólo por motivos de trabajo y nunca reenviarán mensajes como el de Amina, que salvó su vida porque el correo convirtió su invisible condena en una causa visible. Y su poder e influencia crecerá aún más porque la mayoría de los habitantes de este planeta no ha recibido chistes, ni virus, ni falsos rumores, ni disculpas eclesiásticas. No saben siquiera que el correo existe. Estamos hablando de unos pocos. Sólo el 12% de la población mundial tiene acceso a Internet.

El hombre que hizo clic

Leonard Kleinrock. En 1969 dirigía un grupo de ingenieros de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA), que investigaba el envío de información entre ordenadores. El 29 de octubre lograron mandar un mensaje (“login”) a la Universidad de Stanford. Había nacido el e-mail.

Kleinrock no inventó Internet, pero sí contribuyó decisivamente a su desarrollo. Aquel 29 de octubre de 1969, Kleinrock dirigía a un grupo de ingenieros que estudiaba el envío de información por paquetes entre ordenadores. Se trataba de encontrar una manera de que la información no se perdiera en el caso de que alguna máquina sufriera daños. El grupo trabajaba en la UCLA (EE UU), y envió su primer mensaje electrónico a los investigadores de Stanford, cerca de San Francisco. El texto a transmitir era “LOGIN”, y se envió letra por letra. Los investigadores estaban conectados por teléfono, y cuando la UCLA mandaba la I, Stanford gritaba: “¡Tenemos la l!”. El sistema falló, para desolación general, en la G, pero cuando volvieron a intentarlo, el mensaje llegó completo y perfecto, revolucionando las comunicaciones. “¿Que si sabíamos lo que estábamos haciendo?”, se pregunta hoy Kleinrock al otro lado del teléfono. “Sí y no”, responde. El investigador, que aún trabaja en la UCLA, asegura que ya entonces suponían que la Red sería accesible desde cualquier dispositivo y lugar. Lo que nunca llegaron a imaginar “es todo el aspecto social del asunto; sólo a partir de los años setenta pensé: ajá, así que esto es de lo que se trata, de gente hablando entre ella y no de ordenadores”. A Kleinrock, que utiliza mucho el e-mail, sólo le preocupa la seguridad. “Internet, en aquellos primeros días, era abierto porque lo diseñamos así, todos confiábamos los unos en los otros. Nunca pensamos en protegerla, y ésa es su debilidad”.

Colombia, a un toque de ratón

Giovanna (32 años). Acude a diario a las aulas de la Fundación Bip Bip, en la sede de la ONG Amigos del Pueblo Latinoamericano, para ver su correo electrónico y hablar con su hijo, que vive en Colombia.

Giovanna es una joven colombiana que se oculta bajo este nombre porque no tiene papeles. Hoy se da prisa por ir a la sede de la Asociación de Amigos del Pueblo Latinoamericano (APLA). Tiene media hora larga de camino desde la casa donde limpia, pero merece la pena. Hoy es un día especial: ha nacido su sobrina en Madrid, y esta inmigrante quiere contárselo a su hijo Jeisson, de 11 años, que vive con su abuela en su Cali natal. “Soy soltera y sólo tengo a mi niño. Hablo todo lo que puedo con él por correo electrónico, y él me contesta desde un cibercafé en un centro comercial. Estoy muy contenta de haber aprendido este medio porque me permite hablar con mi hijo más a menudo que por teléfono; es mucho más barato, y además esta ONG nos facilita Internet gratis a los latinoamericanos”. Hoy está de suerte porque no ha tenido que guardar cola para consultar su correo electrónico. “Muchas veces me voy sin haberlo consultado”.

Giovanna es una de las más de 500 personas que desde 2003 acuden cada día a las aulas que la Fundación Bip Bip, una ONG dedicada a integrar a colectivos en desventaja social a través de las nuevas tecnologías, tiene donadas a APLA. Su historia no es muy distinta a la de otros compatriotas. “Somos casi todos inmigrantes sin papeles, sin derecho a nada. Aquí nos ayudan y nos enseñan a manejar el correo electrónico. Gracias al e-mail podemos dar una dirección fija cuando solicitamos trabajo, y con lo que ya sé de informática, si yo tuviera papeles podría trabajar de auxiliar y no sólo limpiando casas”. Van llegando compañeros de Giovanna, y según abren sus correos electrónicos en los ordenadores les cambia la cara. “Es que le ha escrito su marido”, susurra Giovanna refiriéndose a una paisana. “El correo web nos deja expresarnos mejor que por teléfono, podemos hablar más ratito sin estar pendientes de los pasos del locutorio”, asegura mientras ojea la versión digital del rotativo colombiano El Tiempo. El éxito de estas aulas es tal que la Fundación Bip Bip ha tenido que ampliar y renovar los equipos dos veces en año y medio. May Escobar, la directora de esta entidad, lo aclara. “No hay suficientes terminales para todos. Necesitamos que las empresas nos donen sus viejos equipos para poder reciclarlos y acercar herramientas de comunicación, como el correo electrónico, a los colectivos más desfavorecidos”.

Pasado y futuro de la comunicación

Equipo de la excavación arqueológica de Tiermes (Soria) y del proyecto Life Tiermes. Acaban de estrenar Internet y correo electrónico que pueden utilizar en pleno campo.

“En un yacimiento celtíbero y romano de las dimensiones de Tiermes, las cerca de 70 personas aquí empleadas en temporada, entre arqueólogos y estudiantes en prácticas, necesitan el correo electrónico para no trabajar a medias. Se maneja una cantidad ingente de información que necesitamos difundir, contrastar o pedir, y la inmediatez de la Red es primordial. El haber estrenado hace apenas unos meses cobertura de móviles nos sirve incluso para consultar el e-mail a pie de excavación desde nuestros teléfonos sin necesidad de ir a las oficinas. Esta histórica mejora de las telecomunicaciones supone mucho para el yacimiento, y sobre todo para la olvidada comarca de Tiermes, que tiene apenas 52 habitantes en 600 kilómetros cuadrados”. Santiago Martínez, director de la excavación arqueológica, está exultante. Llevaban dos años solicitando cobertura de móviles e Internet para un parque arqueológico que recibe unas 40.000 visitas anuales, y que se convierte cada año en una universidad campestre donde se imparten talleres de restauración, lavado, dibujo de piezas, inventario, topografía o planimetría. Pero Martínez y su equipo no querían quedarse ellos solos con los beneficios de estar online. Pusieron en marcha el proyecto Life de la Unión Europea para que “la promoción del patrimonio medioambiental, cultural y arqueológico actuara como un motor de desarrollo para una comarca que, integrada por los municipios de Montejo de Tiermes, Retortillo, Liceras y Caracena, es una de las más deprimidas y con mayores problemas de despoblación de Castilla y León”.

“Es paradójico el hecho de que hace siglos este lugar fuese elegido por sus buenas comunicaciones para asentar Termes, una urbe romana de casi 2.000 habitantes, y ahora es una zona deprimida. Por eso nos era tan necesaria la Red.

Es imprescindible no sólo para nuestra actividad como arqueólogos, también implica que un paisano pueda poner una casa rural y que se pueda reservar vía e-mail, o que se instale gente en la zona y gracias al correo electrónico pueda trabajar desde casa viviendo en plena naturaleza”. De momento, ya tienen un rincón virtual en www.tiermes.net, que en apenas cinco meses desde su nacimiento encabeza la lista del buscador Google para términos como “yacimiento” o “celtiberic”.

El termómetro del estado de la Red

Víctor Domingo. Presidente de la Asociación de Internautas (AI). Todas las comunicaciones, iniciativas y debates de la AI se realizan por correo electrónico.

La lucha de los internautas españoles para conseguir una tarifa plana de acceso a Internet, en 1999, es el germen de la Asociación de Internautas. Los miles de españoles que se movilizaron entonces lo hicieron sólo por chat y correo electrónico. La AI tiene ahora unos 2.000 miembros, que se organizan, informan, discuten y comunican por una única vía: el e-mail. “Todos los debates de la organización se generan así”, explica Domingo, presidente de la AI y adicto al correo desde 1998. “El e-mail lo es todo para nosotros”, añade. Las ventajas son “la constante interactividad, la velocidad a la que se pueden discutir los problemas y la ubicuidad de la herramienta”. Entre los problemas, uno grave es que “si se cae un servidor o hay un virus, quedas incomunicado; pero es como los atascos: hay que vivir con ello”. Domingo recibe 500 correos al día –“que valgan, 200”–, lo que le obliga a estar permanentemente conectado, aunque ha aprendido a gestionar su tiempo con listas, filtros o alertas.

Cree que el correo le ha “cambiado la vida” a mejor, incluso en sus relaciones personales. “Ahora escribo más que nunca”. La AI consiguió la tarifa plana, pero quedan causas pendientes: una Red donde la intimidad no esté constantemente expuesta, una banda ancha barata y accesible en toda España o el derecho de los internautas a realizar copias de sus CD para uso privado sin pagar. El arma seguirá siendo el e-mail. “El correo es nuestro termómetro del estado de la Red, y nuestra asamblea global y continua”.


pdfprintpmail