El sueño de la fibra Óptica


Los cables fueron instalados por varias empresas que gastaron más de 57.000 millones de euros para cablear el planeta. Ahora, muchas de estas empresas están en quiebra





Las llamadas de teléfono mundiales, los faxes y los e-mails viajan a través de hilos no más gruesos de un pelo humano, a través de países y continentes mediante pulsiones de luz multicolor.

Los hilos están metidos en cables que recorren las calles de las ciudades por debajo del asfalto y las aceras, a través de pasos de montaña y bajo el mar.

Los cables fueron instalados por una serie de empresas que gastaron más de 57.000 millones de euros o más en los últimos años para cablear el planeta. Estas redes masivas servirán para las telecomunicaciones del planeta durante años, desarrollando y distribuyendo los beneficios electrónicos de la Era Digital.

Pero las empresas que implantaron este sistema no están demasiado satisfechas. Muchas se encuentran en ruina financiera. Las últimas crisis de Global Crossing y otras compañías de comunicaciones han exasperado a los mercados financieros y han costado miles de millones de euros a los inversores y a los empleados.

¿Cómo pudo este triunfo de la ingeniería provocar tal panorama empresarial?

Todas las empresas partieron de la premisa de que si construían redes de comunicación con una capacidad nunca vista hasta entonces, los clientes no tardarían en usarlas de modo masivo.

Pero el problema es que había demasiadas empresas con un mismo sueño, y construyeron demasiadas autopistas digitales hacia los mismos destinos. Los precios de las redes a larga distancia bajaron, pero mucho más lentamente de lo que se esperaba en un principio, y la demanda de servicios aumentó, efectivamente. Pero no tanto como para amortizar todo el dinero que se había gastado.

Como resultado, muchas de las empresas pioneras en la implantación de las redes digitales no pudieron conseguir el suficiente dinero para pagar los intereses de los préstamos pedidos antes de la instalación de tantos cables. Este fracaso ilustra el ciclo del capitalismo de alta tecnología. La innovación tecnológica puede crear empresas y después destruirlas.

«La gente comenzó a instalar toneladas de fibra óptica en el subsuelo», dice el analista de Internet Tony Marson. «Y hay una gran posibilidad de que una gran mayoría no se llegue a utilizar nunca».

Popularización de Internet

Si hay una persona que inspiró esta fiebre por la construcción de redes, ese fue un informático inglés llamado Tim Berners-Lee. Este experto en almacenaje y recuperación de datos inventó el World Wide Web (www) en 1989 cuando trabajaba en un laboratorio europeo de investigación nuclear.

Antes de este descubrimiento, Internet era un mundo poco menos que esotérico donde los pocos usuarios tenían que teclear complicados códigos para buscar archivos en la red. Gracias a Berners-Lee, todo podía encontrarse a golpe de ratón.

Después de varias mejoras en tiempo récord, Internet incrementaba a pasos agigantados el número de usuarios cada año. El tráfico explotó, y «se pensó que nunca habría suficiente fibra óptica para abarcar tanta afluencia», explica el analista Paras Bhargava. Pero no fue así.

Los capitalistas intrépidos abrieron sus chequeras para financiar las nuevas redes y los equipos necesarios. Los inversores irrumpieron en el mercado de valores tan pronto como se ofrecieron al público las primeras acciones. Poco después, los ingenieros se emplearon en cablear el planeta con fibra óptica.

Hoy en día, hay 16 redes de fibra óptica transcontinentales que compiten tan sólo en el mercado americano, según Larry Roberts, experto en equipo de alta tecnología. Esta cifra es tres veces mayor de lo que existía hace dos años. Entonces, ¿qué ocurre con esa gran demanda que se supone que iba a ser la savia de la industria?

El hecho es que la cantidad de datos que fluyen por la red actualmente ha revertido sus primeras tasas de incremento, y aunque sigue aumentando, ya no lo hace a un ritmo tan vertiginoso como en los primeros años. Es decir, hay muchos bits que mover, pero no tantos como para llenar todas las redes que se construyeron durante el ‘‘boom’’.

Otro elemento que ha provocado que caiga la demanda es que muchos usuarios no están dispuestos a pagar un precio extra por una linea de alta velocidad porque, desde su punto de vista, Internet no es algo tan importante como para justificar el gasto.

Algunos analistas y fabricantes de equipos argumentan que la demanda crece más rápido que lo que indican las estimaciones actuales y que las redes se colapsan tanto en algunas zonas que las empresas de banda ancha tendrán que construir más dentro de unos meses. Pero incluso estas estimaciones de crecimiento se quedan muy cortas con respecto a los proyectos más pesimistas de hace unos años. Y la situación podría empeorar más antes de mejorar si el Tribunal de Bancarrotas permite que Global Crossing y otras empresas insolventes anulen su deuda y sigan en servicio.

DEIA


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