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La cultura digital impulsa alternativas al 'copyright'


La industria del entretenimiento juega en un campo cuyas reglas están marcadas por las leyes de copyright y derechos de autor. Cada innovación tecnológica que ha surgido (desde la radio a la televisión, pasando por el fonógrafo, las fotocopiadoras o el vídeo) ha dado lugar a nuevos modelos de negocio (la música grabada, las retransmisiones de eventos deportivos, las películas de vídeo...) y ha obligado a cambios en las leyes de copyright. Internet y lo digital no son una excepción.




En la nueva cultura chocan usuarios con capacidad para realizar infinitas copias y empresas que tratan de mantener un modelo de negocio basado en el pago por cada copia de las obras. En medio ha surgido un movimiento llamado copyleft, que traza un camino intermedio entre la piratería y el copyright. Su idea es permitir la copia de los contenidos y fundar sobre esa premisa una mayor difusión de la cultura y nuevas actividades empresariales.

Uno de los buques insignia de este movimiento es Creative Commons (CC), organización sin ánimo de lucro que surge en la Universidad de Stanford. CC tiene una plataforma legal que facilita la distribución de contenidos abiertos a ser copiados. Precisamente esta semana se presentaron en Madrid las licencias traducidas y adaptadas al español.

'Creative Commons no va contra los derechos de autor ni contra el copyright, lo que queremos es que se haga un uso racional y legítimo de los derechos de autor que permita el acceso a la cultura', dice Ignasi Labastida, de la Universidad de Barcelona y responsable del grupo que ha adaptado las licencias de Creative Commons.

El nuevo lema habla de 'algunos derechos reservados', en contraste con 'todos los derechos reservados' propio del copyright. Cuando un autor o un editor usa una licencia Creative Commons en su obra (un disco, una novela, una película) permite su copia y distribución bajo una serie de condiciones que establece previamente. Entre otras, si puede usarse la obra con fines de lucro, si puede modificarse, etcétera.

'La digitalización produce un cambio de paradigma en el sector de producción cultural', explica Jorge Cortell, profesor de la Universidad Politécnica de Valencia, 'el problema con la propiedad intelectual ya existía, pero la digitalización lo ha incrementado y Creative Commons es la cura', dice este crítico con el endurecimiento de las leyes de la propiedad intelectual.

Autores individuales e instituciones públicas como algunas universidades han comenzado a usar este tipo de licencias para sus obras en España. Y algunas empresas están ensayando modelos de negocio en los que permiten que los usuarios copien sus contenidos y hagan un amplio uso de ellos.

En España, una de las primeras empresas que ha abrazado este esquema es la editora del diario gratuito 20 Minutos. 'El uso de esta licencia nos beneficia', dice Ricardo Villa, redactor jefe, 'obtener lectores es muy complicado, por eso 20 Minutos se diseñó como un periódico gratuito para conseguir más lectores y ganar más publicidad'. Permitir que además copien los contenidos persigue el mismo objetivo: ganar audiencia.

Sin embargo, no está claro que puedan desarrollarse modelos de negocio sostenibles basados en un uso de la propiedad intelectual tan flexible. Tampoco está demostrado que no pueda hacerse, arguyen los defensores del copyleft.

En la Universidad Politécnica de Valencia, por ejemplo, han optado por permitir que circulen libremente los materiales docentes de un par de másteres. 'El negocio de la universidad está en enseñar, no en el material docente, explica Jorge Cortell. Pero extender esta idea a otros sectores (discográfico, cinematográfico...) requerirá esfuerzo.

Enrique Dans, profesor del Instituto de Empresa, comenta que puede haber actividad basada en Creative Commons: 'Es complejo desarrollarla, pero el hecho de que no sea fácil no significa que se deba renunciar al cambio', señala, 'no cabe duda de la existencia de posibilidades, la cuestión es echarle imaginación'. En esa tarea están las gentes de Creative Commons y los defensores del copyleft.

Lo gratuito no es enemigo de lo rentable

1 La televisión pública británica ha sido una de las grandes instituciones a favor del modelo de Creative Commons para difundir algunos de sus contenidos. A mediados de 2004 anunciaba la constitución de la iniciativa llamada Creative Archive (archivo creativo) que permitirá la descarga de material de la BBC con permiso para que pueda copiarse, redistribuirse y modificarse siempre que sea sin fines comerciales. Para dar cobertura a su proyecto usará una licencia de Creative Commons.

2 Grupos musicales de todo el mundo, incluido España, han comenzado a distribuir por internet, gratuita y libremente, sus temas. Junto a pequeñas iniciativas han surgido algunos sellos que venden su música en el canal virtual usando una licencia Creative Commons, como por ejemplo Magnatune. Las descargas se distribuyen gratuitamente con el permiso para hacer copias. Quienes apuestan por el modelo aseguran que es con los conciertos como hacen dinero la mayor parte de los músicos. Por esta razón, distribuir la música libremente es una forma de hacer seguidores que acudan a los conciertos.

3 Algunas editoriales, así como autores, ya usan licencias que permiten que se copien los libros libremente, como O'Reilly en EE UU. El modelo ensayado por otras es publicar en internet gratis y con licencia de libre distribución el mismo título que en papel, como Traficantes de Sueños o Acuarela en España. El novelista de ciencia-ficción Cory Doctorw ha distribuido gratis en la red medio millón de copias de su última novela al tiempo que ha vendido unos 30.000 ejemplares en papel, por encima de lo habitual.

4 La Universidad de Barcelona tiene un programa para que sus docentes publiquen sus materiales con licencias Creative Commons. Pero es el MIT el que ha desarrollado el proyecto más ambicioso: distribuir en internet el material de varios cientos de cursos para que estudiantes y profesores de todo el mundo puedan usarlo y copiarlo.

El proyecto de un profesor de Stanford

Lawrence Lessig, profesor de derecho de la Universidad de Stanford, fue uno de los fundadores de Creative Commons (CC), junto a algunos otros académicos. Su intención fue crear una plataforma legal que permita a los autores, empresas e instituciones, distribuir y vender sus contenidos con condiciones que permitan un uso flexible. De este modo podrían ser copiados libremente. Lessig es un cotizado conferenciante sobre libertades en el entorno digital. Como no podía ser de otro modo, sus charlas suelen ser de acceso gratuito.

Reproducido de Cinco Días

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