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Europa: ni contigo, ni sin ti...


Se me va arreglando el problema ocular -ya iba siendo hora, menudas dos semanas- y se me vienen a la cabeza muchos de los acontecimientos que han sucedido estos días de mi forzoso silencio, tanto dentro como fuera de la red, que no han sido pocos ni baladíes. Pero, dejando aparte la dolorosa afectación humana de dos o tres catástrofes (el Carmel en Barcelona, la antorcha olímpica de Madrid, el barquito del capitán Rompeolas...) que, pese a su dramatismo, no forman parte de la temática a considerar en esta bitácora, un tema se alza imponente en primer plano: el referéndum de la Constitución europea.




Bien, como es normal, todos han ganado: los del sí, porque ha ganado el sí, los del no, porque han salido muchos noes, aunque hayan perdido; y todos hablan, sí, pero con la boca muy pequeña, de los 19 y pico millones de españoles que le hemos propinado un corte de mangas a la consulta, y que somos prácticamente seis de cada diez de los llamados a votar. Desde luego, la abstención sólo puede ser interpretada por el que se abstiene y no seré yo quien saque conclusiones sobre la misma más allá de decir que, aunque formalmente haya ganado el sí y, por tanto, el gobierno español vaya a refrendar el mamotreto sobre el que se ha consultado (cosa que, dejémonos de historias, iba a hacer de todas formas), lo cierto es que una consulta con esa participación, será legal, no lo dudo, pero es, sencillamente, un fiasco. Y como dice más de uno por ahí, las -malas- consecuencias tanto de esa abstención como del hecho de ignorarla, no tardarán en venir.

Dicho esto, hay una cosa que sí me llama mucho la atención: dejando aparte la abstención, la victoria del sí ha sido rotunda e importante, así en cifras gordas casi un 77% de los votantes en el conjunto español; y este bulto contrasta con muchísimas encuestas realizadas en la red en que los resultados son -quizá sin tanto margen, pero en todos los casos notable- justamente los contrarios. Naturalmente se trata de encuestas poco o nada correctas, técnicamente hablando, y por tanto no pueden compararse a las realizadas en la calle por medios tradicionales, pero supongo que hasta los estadísticos más caracterizados estarán de acuerdo conmigo en que, por lo menos, marcan una tendencia adscrita a un ámbito. Véanse, como simples botones de muestra, esta, esta, o esta, o esta otra, o esta de aquí, esta también, o esta, capitaneada nada menos que por Europa Press. Una simple búsqueda en Google nos llevará a estas y a unas cuantas decenas más, casi todas en idéntico sentido.

Es decir, el mundo de Internet, la gente de la red, circula en sentido contrario a la gente de la calle, creo que esto sí que es obvio...

¿Qué está pasando entonces? ¿Hay en España dos sociedades paralelas, la de la calle y la de la red? ¿O es que, en realidad, se trata de la misma gente pero que guarda comportamientos distintos en la calle y en la red?

Una respuesta afirmativa a la segunda pregunta sería, evidentemente, mucho más consoladora y favorable para el establishment pero creo que sería cuando menos imprudente lanzarse a ella solamente porque es más grata al magno edificio de lo políticamente correcto. Una respuesta afirmativa a la primera sería muy alarmante, pero tiene algunos visos de verosimilitud.

No sería la primera vez que la red da señales de funcionar por libre en materia de opinión. Ya lo dije en cierta ocasión cuando objeté un artículo que Antonio José Chinchetru publicó en «Libertad Digital» y me reitero ahora en ello: el internauta tiene fuentes propias y diferenciadas de las del ciudadano ajeno a la red y, por tanto, el internauta desarrolla opiniones que no siguen los mismos vericuetos que los de la gran masa de ciudadanos ajenos a la red. Si luego el internauta, cuando está fuera de la red, funciona gregariamente, es algo que habría que averiguar.

Pensemos, por no salir de estos días, que mientras se desarrollaba en la calle esta campaña floja, blandengue y asquerosita sobre el referéndum, la red hervía con una nueva boutade de los políticos corruptos de la Comisión Europea, intentando que se aprueben a toda costa las patentes de software, aún contra la petición del Parlamento europeo (por cierto, que a ver cómo se porta el gobierno de Zapatero en esta materia, ahora que tiene detrás una oposición unánime del Senado español a las patentes). Claro, el tema de las patentes se ignora completamente en la calle (apenas se ha escrito línea y media en los medios convencionales) mientras que levanta clamores en la red. ¿Puede ser esta una explicación de la diferencia de tendencias en la red y en la calle? Creo que no, pero sí que puede ser una clave para explicarlo, como puede explicar también que una misma persona se comporte de distinta forma en la red y en la vida presencial, porque uno de los problemas de la democracia tal y como está ahora estructurada, es que con un solo voto hay que resolver demasiadas cosas: el trabajo, la salud, la educación, el bienestar social, la ciencia y la tecnología, las infraestructuras... Los unos hacen bien unas cosas y mal otras y los otros viceversa. Y el ciudadano se mueve entre dudas hamletianas cada vez que es llamado a depositar un voto en una urna, vacilando entre una izquierda que -teóricamente, claro- va a asegurarle un trabajo de calidad y una jubilación con un mínimo decoroso, y una derecha que tenderá -también teóricamente- a proteger la estructura familiar convencional y el cole concertado de los chavales; eso suponiendo que en el espíritu de ese ciudadano no haya también ansias pro o anti nacionalistas; y, claro, si este ciudadano es un internauta habitual, se le añaden problemas como este de las patentes, el coñazo de la $GAE y la LPI, la libertad en la red, etcétera. Demasiadas cosas, demasiados problemas, demasiadas propuestas contradictorias para un solo voto.

Va a tener que evolucionar la democracia, evidentemente. Y va a tener que evolucionar aún muchísimo la atención y la consideración que los políticos prestan a lo que sucede en la red.

Porque un día, Internet les puede estallar en la cara.

Artículo de Javier Cuchí en El Incordio.


ESCASA MOVILIZACIÓN CIUDADANAEl voto electrónico para el referéndum se queda en un 0,54% de participación.


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