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¿Necesita España otro modelo de telecomunicaciones?


Tres años después de liberalizarse el mercado de telecomunicaciones, el sector mantiene un intenso debate para determinar qué es lo que ha fallado.




M. Á. PATIÑO

Desde hace meses, a raíz de la publicación de los datos sobre la cuota de mercado que los nuevos operadores han arañado a Telefónica, el consenso es absoluto: después de tres años de liberalización del mercado, algo no funciona.

Según la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones (CMT), Telefónica de España mantenía el pasado año el 91,57% del negocio de telefonía fija.

Apenas 2,7 puntos menos que en 1999. Para este año, y con muchos nuevos operadores en crisis, ni los más optimistas esperan que Telefónica baje de la barrera del 90% de cuota. Ante esta situación, el sector ha pasado página. El debate ya no es si los competidores tienen una cuota del 10% o del 25%, una discusión estéril teniendo en cuenta que todas las cifras siempre son relativas.

Lo que se cuestiona ahora es todo el proceso de liberalización y si hay que cambiar sus cimientos. Sólo con un repaso de los comienzos de la liberalización se podrían obtener conclusiones.

Pensado a imagen y semejanza del de otros países europeos, el modelo español, sin embargo, partía de peculiaridades propias que ahora pasan factura.

Cuando el mercado español se abrió a la competencia –primero con Retevisión, en enero de 1998, y después con los demás operadores–, Telefónica era una empresa totalmente privada con un grave problema de reequilibrio de tarifas que resolver. Estos dos hechos han marcado todo el proceso de liberalización en España, hasta el punto de hacerlo inefectivo.

A diferencia de Francia y Alemania, donde los monopolios telefónicos eran todavía estatales, con una inmensa plantilla burocratizada y poco eficiente, Telefónica había acometido un duro reajuste laboral y de costes. Resultado: los nuevos operadores en Alemania y Francia compiten con operadores dominantes mucho menos eficientes que lo que encuentran los nuevos operadores en España.

Mientras que Telefónica gestionó 490 líneas por empleado el pasado año, France Telecom gestinaba 250 líneas y Deutsche Telekom 289 líneas.

Es el comienzo del círculo vicioso. La competencia en España ha hecho más eficiente a Telefónica. Cuanto más eficiente es, más capacidad comercial tiene y mejor puede competir. Más competencia, más eficiencia, y más capacidad.

Así, hasta el punto de agotar a la competencia. A partir de aquí entra en juego la CMT, con una regulación asimétrica a favor de los nuevos operadores y en contra de Telefónica. El círculo vicioso no sólo no se rompe, sino que se amplía.

La Comisión del Mercado de Telecomunicaciones (CMT) obliga a Telefónica a parar gran parte de sus ofertas para evitar el estrangulamiento del mercado, y además, fuerza a la compañía a rebajar sus tarifas de interconexión, para mantener el margen de los nuevos operadores. Es sólo un parche al problema.

El parón de las ofertas, en contra del interés de los usuarios, sólo es sostenible a corto plazo. La rebaja de la interconexión también. Llegará un momento en que no pueda bajar más. Los nuevos operadores se quedarán sin margen.

Sólo estableciendo redes propias podrán salir adelante, algo que difícilmente pueden hacer si están afixiados por la eficiencia de Telefónica. El círculo se cierra. Sólo una política que impulse la creación de redes para que los nuevos operadores sean independientes de Telefónica podrá evitar el bloqueo del mercado.

Tanto la CMT, como el Ministerio de Ciencia y Tecnología, deberían reconsiderar sus prioridades y apoyar iniciativas como el cable y el compartir infraestructuras.

Reproducido de Expansion

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