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Los muchachos de Zarzis


Si tú vas a Túnez, para la Cumbre de la Sociedad de la Información, no te olvides de estos muchachos, presos y condenados a pagar largas penas por navegar en Internet en el país anfitrión




Rita Freire,--Si buscas un ciber-café en Túnez, durante la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, recuerda: alguien más por ahí puede estar muy curioso por detectar visitas que duran algún tiempo en determinados sitios, por ejemplo los de Medio Oriente, o chusmeando emails o comunicaciones consideradas sospechosas. Algunos sitios de noticias, posiblemente, estarán bloqueados.

El gobierno de Túnez se volvió blanco de los defensores de las libertades de expresión e información, cuando el país fue confirmado como sede de la etapa final de la I CMSI, programada para noviembre de 2005. Esto sse debe a que el control sobre la Internet es un hábito conocido de la represión estatal, que no duda en sacar de circulación a los que intentan usar la red libremente para actividades ciber-disidentes. Hasta un fanzín electrónico puede ser motivo para mandar a sus creadores al sótano. ¿Exageración?

El hábito de controlar la información es antiguo. Desde 1991, está preso el periodista Hamadi Jebali, editor del semanario “Al Fajr”, por crimen de opinión. Y hasta ahora no escucharon al movimiento internacional que intenta convencer a las autoridades de Túnez, para que lo saquen de la cárcel. Con la popularización de Internet, el abanico se amplió.

En 2002, detectado en uno de los ciber-cafés de Túnez, un joven fue llevado directamente del teclado alquilado a la prisión. La noticia repercutió fuera del país, por tratarse del editor de un sitio conocido por fanzineros, el TuneZine, fundado en 2001 por Zouhair Yahyaoui, que escribía bajo el pseudónimo de “Ettounsi”, que en árabe quiere decir “ el tunecino”. Fue el primer sitio que publicó una carta denunciando el sistema judicial del país. El juez Mokhtar Yahyaoui, se la dirigía al presidente de la República. Así como Hamadi Jebali, el crimen de Ettounsi fue su propia actividad. Preso por hacer TuneZine, sólo fue liberado en 2004, luego de cumplir una condena marcada por innumerables huelgas de hambre y temporadas sin ver el sol.

Salió uno, pero entraron 8. Los jóvenes, en su mayoría, tienen entre 19 y 21 años: Hamza Mahrouk, Amor Farouk Chelandi, Amor Rached, Abdel-Ghalfar Guiza, Aymen Necharek y Ayoub Sfaxin fueron condenados, el año pasado, a estar encerrados casi por el mismo tiempo que su edad: 19 años y tres meses de prisión. Ridha Hadj Brahim, tiene 38 años y recibió la misma pena. Abderrazak Bourguiba, que tenía 17 años cuando fue acusado, fue condenado a 2 años y un mes. El octavo condenado, Tahar Gemir, es considerado el jefe de la ‘banda’. El tiene 19 años y recibió una pena de 26 años.

El crimen del grupo es descargar documentos de Internet, pero la condena es por fomentar el terrorismo, bajo acusación sin pruebas según la red Reporteros sin Fronteras. “Los procesos de estos jóvenes demuestran que la justicia tunecina desprecia ultrajantemente el derecho a la defensa. La simple consulta de algunos sitios de Internet no puede constituir la prueba de un complot terrorista”.

Las autoridades tunecinas creen que el grupo “intentaba establecer contacto con el movimiento terrorista Al-Qaeda, para apoyo logístico” en planes alocados como atacar una escuela secundaria. “ El régimen tunecino intenta aterrorizar a los internautas y sofocar la disidencia”, alerta la organización Reporteros sin Fronteras.

Exposición de control digital

En la época en que Túnez fue confirmada como anfitriona de la CMSI, la propuesta de los organizadores estaba orientada hacia una cumbre casi exclusivamente corporativa, patrocinada por grandes conglomerados de Tecnología de la Información y sus socios gubernamentales o multilaterales, y restricta a estos actores. Más o menos como lo es hoy. Pero los movimientos sociales, en aquel momento, todavía no habían pasado de su condición de excluidos a la de invasores del debate, poco a poco admitidos como co-participantes secundarios o decididos a hacer ruidos del lado de fuera.

Cuando se dispuso a ser sede de este proceso, Túnez aceptó también el deber de la casa de tratar igualmente a los que van al CMSI para defender derechos de comunicación e inclusión digital y a los que ven la cúpula como una óptima oportunidad de hacer un mapeo y un loteo de los mercados para las empresas de TI y de control digital – las mismas que inventan chips para marcar inmigrantes ilegales, sistemas de vigilancia en las fronteras, etc. Y mostrar más respeto por la libertad de impresión.

Durante la primera parte de la CMSI, en 2004, en Suiza, quedó claro que la casa no dio el ejemplo. De hecho, la contraparte suiza no fue una buena muestra de democracia. Los primeros días de la conferencia, la policía de Ginebra estuvo ocupada en desalojar a los participantes de una iniciativa llamada Poli Media Lab, que era un contra evento libre e independiente, en la región más antigua de Ginebra. El ambiente del evento oficial era más el de una exposición de ingenios de control – comenzando por las modernas identificaciones rastreables de los participantes – que un evento de inclusión. Y la participación tunecina tampoco fue de lo más simpática.

Lejos de merecérselo

Poco habituado a convivir con personas y medios que dicen lo que tienen que decir, un grupo tunecino que era señalado en los corredores como grupo de vigilancia al estilo propio, se mostró tan discreto en Ginebra como un smoking en un conteiner de ropas donadas. A tal punto de secuestrar una pila entera de ejemplares del periódico Terra Viva, de IPS, en tierra ajena y de interferir en los debates donde la palabra Túnez y democracia fueran pronunciadas de forma antagónica.

Fue lo que ocurrió, por ejemplo, en la mesa promovida por el Sindicato de Medios de Comedia, de Suiza, en un evento de los movimientos sociales, paralelo a la conferencia, y del cual participaba el periodista tunecino refugiado en Paris, Habid Tahar. Ver a este hombre libre ser el centro de la atención, con un micrófono en la mano, fue algo difícil de digerir para un batallón de tunecinos que se puso a interpelar a la mesa en bloque, tratando de impedir la continuidad del debate. La provocación recibió del periodista Ignacio Ramonet, una protesta vehemente contra la aceptación de Túnez como sede de la conferencia. Entre otras cosas, por ser un país líder en no dejar a los internautas en paz, y en no respetar la libertad de prensa.

En febrero de 2004, apenas dos meses después de la CMSI parte I, las autoridades de Túnez impidieron por tercera vez la legalización del semanario independiente bilingüe “Kalima”, de la periodista Sihem Bonsedrine, y bloquearon el acceso de los tunecinos a su versión electrónica, hospedada fuera del país. Dos meses después Túnez condenaba a ocho de sus jóvenes internautas a prisión, siete de ellos a pasar su juventud entera tras las rejas.

La fama y las denuncias que no cesan condujeron a la organización de una misión de investigación para verificar de cerca lo que ocurre con las libertades de expresión y civiles en el país que va a recibir a los invitados de la CMSI en ocho meses. La conclusión es que el gobierno todavía debe andar bastante para merecer la honra y hay ‘serios motivos de preocupación’ como las grandes restricciones a la libertad de prensa, a los medios de comunicación, a la publicación de informaciones y a Internet.

El resultado de la investigación hecha por el Grupo de Vigilancia de Túnez (TMG) de Intercambio Internacional por la Libertad de Expresión (IFEX), formada por 13 organizaciones nacionales e internacionales, está en un documento de 60 páginas llamado “Túnez: libertad de expresión sitiada”, publicado en la secuencia de la segunda reunión de la Comisión Preparatoria para la CMSI, el último febrero. Violaciones y torturas están entre los problemas señalados, que incluyen también vigilancia policial de emails, bloqueo de sitios de noticias, restricciones a la libertad de asociación y prisiones políticas.

Liberar a sus presos de opinión, periodistas y jóvenes internautas es lo mínimo que se espera para aceptar que la CMSI se realice en Túnez. Si tú vas para allá, recuerda de preguntarte si esos jóvenes ya salieron de la cárcel.

Reproducido de Planeta Porto Alegre

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