Entre sanciones anda el juego


Los defensores de los derechos de propiedad intelectual, esos que hace tiempo perdieron el norte, hoy día siguen embarcados en un gigantesco buque pero con un destino incierto y peligroso.




No es la primera vez que abordo este tema y al parecer no será la última. Pero es que los dichosos cánones, piratas, cifras diversas y otras vainas, no dejan de aparecer en los medios. Es algo así como la historia interminable.

Curiosamente, la guerra abierta por parte de instituciones y entidades es la que ha desatado más pasiones. Entre su afán de recaudación y el intento de criminalización de la sociedad, han desatado las iras de los ciudadanos y, curiosamente, en muchos casos de sus propios defendidos. En este apartado hay que decir que los medios de comunicación hemos jugado un papel muy importante a la hora de la demonización de las Sociedades Gestoras (véase la SGAE en España, por ejemplo). Desde este mismo espacio, sin ir más lejos. No olvidemos la máxima de “no hay mejor noticia que una mala noticia” y, en esta guerra no declarada por las audiencias, aquí el que no corre vuela.

Pero la verdad es que nos lo ponen fácil. Creo que ellos solos y sin la ayuda de nadie han cavado una tumba muy profunda. La defensa de los derechos de unos pocos no puede afectar a los derechos de unos “muchos”. Si donde empieza la libertad de los autores se acaba la del resto del mundo, vamos mal. Pongamos por ejemplo el dichoso canon sobre los CD’s o DVD’s vírgenes. Yo mismo soy un gran consumidor de CD’s, hago copias de seguridad, grabo maquetas, fotografías de mi familia y amigos, paso vídeos de la cámara y los grabo en un CD o DVD y mil historias más. Creo que como muchísima gente. Pero no sólo eso, mi impresora vomita textos e imágenes de forma continuada. ¿Por qué demonios debo pagar un canon por eso? Ya puestos, pongan un canon a los bolígrafos y al papel. Me niego a pagar el dichoso canon. De hecho, no he comprado un solo CD engordado artificialmente.

Entiendo que el propósito que se persigue no es malo, pero la forma de conseguirlo sí. Y es que el fin no justifica los medios. Si para que los creadores estén protegidos yo debo pagar una gabela, el sistema falla. El mecanismo de castigo a la mayoría por las fechorías de la minoría lo único que consigue es presentarnos un panorama muy desalentador. De un solo plumazo nos dejan muy claro la carencia total de ideas para resolver problemas. Estoy totalmente de acuerdo que a las mafias que se dedican a la venta de copias ilegales de música hay que perseguirlos con toda la fuerza de la ley, pero no sólo a esos. ¿Qué me dicen de las copias de moda, gafas, etc, etc...? ¿Por qué no le ponen un canon a las máquinas de coser, al hilo, a los tintes, al cristal óptico, etc, etc? Por si no se han enterado, el daño a la industria textil por la piratería es muy superior al daño creado a la industria de la música.

Me parece que las campañas por la protección de la propiedad intelectual deben de tomar otro camino, que no es desde luego la sanción a diestro y siniestro. Y digo sanción, porque esos cánones no son otra cosa que una multa injusta. Lo único que consiguen es que el conjunto de la población piense que los señores de la SGAE y por extensión el resto de entidades gestoras, no son otra cosa que unos piratas, consiguiendo justo lo contrario de lo que pretenden. Y claro, basta que te prohíban algo para que te resulte atractivo. Pero si además llevan sus acciones al límite, entonces ya suena a coña. Y para muestra un botón: las guarderías de Finlandia deben pagar un canon porque los niños cantan el “Cumpleaños feliz”.

Que las discográficas no hayan sabido adecuarse a los nuevos tiempos o que las Sociedades de Autores sean incapaces de encontrar fórmulas adecuadas, no es culpa de los demás. Si no saben adaptarse a los nuevos tiempos, cierren su negocio. No me puedo imaginar que dado que la industria textil está en crisis, tuviésemos que pagar un impuesto especial para que ellos se lo repartan y así puedan seguir con su negocio, incluso en el caso de que nos hiciésemos nuestra propia ropa en casa. A los únicos que les parecería bien, evidentemente, sería a los empresarios textiles. Pues esto es lo mismo, nos atizan un canon porque no saben hacer su trabajo.

Pero la cosa no queda ahí. Es curiosísimo el hecho de que los artistas más descargados en las redes de intercambio son los más vendidos. O que al final y ante la incapacidad de infinidad de buenos artistas de poder trabajar al amparo de una discográfica honesta, se han convertido en su propia discográfica, productora, promotora y no se cuantas cosas más. Y curiosamente aprovechan Internet como medio.

Recientemente llegó a mis manos un disco que ha nacido de esta forma. Su autor, César Doménech, grabó su último trabajo, lo editó y lo comercializa a través de su propia web. Pero el disco venia acompañado de un texto que me resultó revelador en muchos sentidos y que me permito transcribir a continuación:

“En el planeta de la música corren tiempos de autogestión, autoedición, autoproducción, autopromoción, auto..... Nadamos en el océano de Internet (navegar, navegan los de siempre), instalados en la cultura del "todo gratis" (todo lo que puede ser "descargado") así que... quedaremos los que hacemos música por placer, vocación, vanidad etc... y los monstruos que provocan el fetichismo de los que desean y pueden permitirse tener el CD original. Mientras tanto, se van extinguiendo las compañías discográficas que no se han adaptado al ritmo vertiginoso de los acontecimientos tecnológicos (ellas no existen por amor al arte). Contrariamente a la especialización general, en este mundillo se impone el estilo de "yo me lo guiso, yo me lo como" o, mejor dicho, "yo me lo guiso y luego ayuno". Somos al mismo tiempo compositores, músicos, programadores, técnicos de sonido, de vídeo, productores, directores artísticos, de promoción, managers, webmasters... lo que haga falta. Y todo ello en tiempo de OCIO... porque hay que alimentarse, vestirse, pagar los mil y un aparatos electrónicos que nos permiten mostrarnos al mundo. Mientras tanto a ver si entramos en el "Top Manta" que parece ser un síntoma de estar teniendo éxito !!! Ironías de la vida !!!”

Ciertamente estamos en tiempos de cambio, pero nuestro amigo César Doménech no podría llegar a miles de personas si no fuese por un medio como es Internet. En su web www.cesardomenech.com dispone de una plataforma de bajo costo y con grandes posibilidades. Así que la idea esa de poner un canon a la navegación por Internet mejor la olviden, ya que están castigando a gente como nuestro amigo César.

Las prácticas de sanción son una mala idea y para que no digan que sólo les meto caña, hoy les voy a dar una idea y de paso daré una información muy curiosa al resto de los lectores. Imaginen que la semana que viene voy a dar un concierto. Voy a cantar mis propios temas, los he compuesto íntegramente, letra y música. Alquilo una sala, hago publicidad y vendo entradas para mi concierto (no hay que olvidar que la mayoría de los ingresos de los artistas viene de sus conciertos y no de la venta de discos). Bien, imaginemos que he vendido 200 entradas a 10 euros. He tenido una recaudación de 2.000 euros. A priori, son unos números muy interesantes, a dos conciertos así al mes, tremendísimo negocio. Pues resulta que no es oro todo lo que reluce. De entrada le debo abonar a la SGAE el 20 % de la recaudación. Luego debo pagar el alquiler de la sala, los costos de promoción, etc., etc. Vamos, que si me descuido tengo que poner dinero. De los 400 euros que le he tenido que pagar a la SGAE para poder trabajar, 320 me los devolverán en la liquidación periódica, el resto, 80 euros, se los queda la SGAE.

Por si alguien no lo ha entendido -es muy alucinante, lo sé-, voy a intentar explicarlo con algo más de detalle. Para poder actuar e interpretar mi música debo pagar y por adelantado (creo que no conozco otras profesiones donde se dé este hecho tan singular), pero además debo prestarle a la SGAE el 16% de mis ingresos durante un tiempo determinado y pagarle el 4 % de mis ingresos por ser mi gestora. ¿Qué sucede en el caso de que yo no sea socio de la SGAE? Exactamente lo mismo, pero deberé esperar mucho más tiempo para rescatar ese dinero, ya que la SGAE liquidará contra la gestora de la cual yo sea asociado.

Así que pueden empezar a quitar esa norma estúpida y de entrada le harán un favor a sus propios socios, se podrán vender las entradas más baratas y de esta manera más gente ira a más conciertos y los artistas (que son esos a los que ustedes defienden a ultranza) se ganaran un poquito mejor la vida.

Francamente, dudo que me hagan caso.

Texto: Daniel Comin . La Tronera de Zona Musical





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