Huellas en la Red


Empiezan a aflojar las sensacionalistas campañas de demonización de Internet en algunos medios, especialmente los televisivos. No es lo mismo titular que se ha desarticulado una red de pederastas y violadores «en Internet» que señalar que dicho éxito se ha logrado «gracias a Internet». Porque las violaciones y delitos de esa miserable gentuza se producen en sus casas, en los cuerpos de sus víctimas y en sus mentes, pero no en Internet, que sólo es un medio de comunicación. Sería como echar a los teléfonos móviles la culpa de las explosiones de Atocha. Simplezas. Simplificaciones.




Los usuarios de la Red estamos de enhorabuena. Es posible la coexistencia de la privacidad y el descubrimiento y persecución de cualquier delito, el que sea. Víctor Domingo, presidente de la Asociación de Internautas, ha asegurado que «no se puede actuar ilícitamente en Internet, siempre se dejan huellas». Por eso me extrañaron, hace poco, las palabras del asesor del Ministerio de Defensa del Gobierno, presunto experto en delitos cibernéticos, virus y ciberterrorismo, Carlos Jiménez, en la CAEB. Dijo que «Internet es como el salvaje oeste». Ni como exageración nos vale. Es cierto que cada día surgen nuevos virus y que los intentos de fraude, especialmente el llamado phising, son cada vez más sofisticados. Es cierto que recibo de continuo e-mails que suplantan las entidades bancarias más conocidas para obtener mis datos personales. Hay que ser bastante ingenuos para caer en estas trampas. ¿Va usted por la vida comprando estampitas o dando sus números al primero que se los pida? No lo haga. Puede ser perjudicial para su salud.

JUAN PLANAS BENNASAR La telaraña. El Mundo-El dia.com


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