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La triste obsesión por el control de Internet


Pocas cosas hay más patéticas que la obsesión de los políticos que no entienden Internet por censurar sus contenidos. Mañana, día 27, concluye el plazo para presentar alegaciones al proyecto de Ley de "Impulso" de la Sociedad de la Información (interesante manera de "impulsar" nada), con el que el Gobierno pretende otorgar potestad a los organismos administrativos para clausurar páginas web sin necesidad de que medie para ello un mandamiento judicial. Una posibilidad que, sin ir más lejos, contraviene frontalmente las libertades garantizadas en la Constitución Española, en su Artículo 20.




Enrique Dans - Es, sin lugar a dudas, uno de los ataques más duros a la libertad de expresión que un Gobierno de este país habrá comentido nunca, al mismo nivel de medidas tan tristemente famosas como la "Ley Corcuera", conocida como la ley de "la patada en la puerta". Y por supuesto, aunque la red ha dado sobradas pruebas de su oposición a este proyecto de ley, los responsables (o mejor, "irresponsables") de su puesta en marcha permanecen completamente al margen de lo que pueda decirse en un medio cuya naturaleza y funcionamiento no sólo desconocen, sino que además hacen gala de desconocer. Pretender controlar Internet, secuestrarlo como quien secuestra un periódico o una emisora de radio, es en sí un intentao tan patético como inútil. Como mucho, lograrán introducir ruido en el sistema, una serie de inconvenientes que habrá que saltarse de la mejor manera posible, engorros que obligarán a los responsables de determinadas páginas web a radicarse en servidores extranjeros, o a no considerar directamente opciones de hosting en nuestro país para evitar caer bajo el ámbito de aplicación de una ley tan injusta como arbitraria. Internet trata la censura como un daño al sistema, y se las arregla para buscar formas de evitarla. De la misma manera que ha ocurrido dentro del sector privado, en el que intentos de censura acaban dando como resultado un impacto mucho mayor de aquella información que se pretendía censurar, una ley como la que se pretende aprobar daría como resultado una amplificación de aquellos contenidos sujetos a una censura que pueda considerarse arbitraria

Esperemos que los Reyes Magos les traigan a algunos aprendices de censores y amantes del precinto un poco de sentido común. En el contexto político actual, sin duda, el menos común de los sentidos.

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