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LA DIANA

Inermes sin Internet


Nuestra dependencia de las nuevas tecnologías es tal que nos mostramos como una sociedad inerme, perdida, absolutamente mutilada cuando pasa, como nos viene sucedido en estos días, un “apagón electrónico” que durante 24 horas nos privó del móvil, mantiene saturadas aún las líneas telefónicas fijas y, lo que es peor, sigue impidiendo la comunicación telemática vía Internet.




Por Irene Flores en el Faro de Ceuta y Melilla Ayer no se pudieron realizar giros postales desde Melilla, las operaciones bancarias y en los cajeros resultaban casi imposibles. Tampoco se pudieron hacer apuestas de lotería ni hacer pagos con tarjeta en los comercios, amén de otras limitaciones para las comunicaciones vía Internet con los consiguientes perjuicios para empresas y negocios varios, incluido el Aeropuerto, donde resultaba harto difícil comprobar los billetes electrónicos.


Somos extremadamente dependientes de la telemática, de Internet o la comunicación vía digital, llámenlo como quieran, porque se ha convertido en un instrumento tan crucial para nuestras vidas como las propias fuentes de energía doméstica, léase la luz o el gas.

No podemos vivir sin Internet como no podemos vivir sin energía eléctrica o sin teléfonos. El hombre moderno vive inmerso en el progreso tecnológico pero también es cada vez más preso de las máquinas y sus limitaciones. Ya no se trata del simple rudimento que nos sirve de útil instrumento como puede ocurrir con una cuchara o incluso objetos dotados de un sencillo mecanismo. A mayor progreso, mayor sofisticación y complejidad incluso en la vertiente más áspera de las responsabilidades y consecuencias cuando algo falla.

Melilla, como ocurre cuando se nos satura la fabrica de Endesa, se ha mostrado tal cual es: una ciudad isla en la que reparar los problemas que nos separan del Primer Mundo y nos colocan en situaciones tercermundistas resulta más complicado, más largo y difícil.

La rotura del cable de fibra óptica, el mismo que se instaló hace ya quince años aproximadamente, ha puesto una realidad tangible sobre la mesa: nuestras limitadas y lentas posibilidades de reacción cuando se estropea una instalación tan crucial y única para la prestación del servicio.

El cable de fibra óptica, roto a cinco kilómetros y medio de la costa melillense, se encuentra a cincuenta metros de profundidad y en Telefónica aún no se sabe qué ha podido ocurrirle. Un barco cablero de la compañía llegará en los próximos días para abordar las labores de reparación. Desde la Delegación del Gobierno se calculaba que el servicio de Internet, vía ADSL, tardará en restablecerse a la ciudad en un plazo de siete o quince días. Ahí es nada. Muchos de nosotros ya andamos haciendo cábalas sobre cómo vamos a resolver los trabajos previstos que exigen de comunicación rápida vía correo electrónico, sin perjuicio del peso de los archivos.

La conexión sólo es posible por el sistema analógico antiguo, vía teléfono convencional y mediante modem. Mucho más cara, lenta y limitada. Es la cruda realidad y a ello tenemos que ajustarnos, pero no sin pasar por alto lo sucedido.

Las primeras voces que alertaban de nuestras limitaciones y la necesidad de replantearnos la situación actual provenían ayer de la Ciudad Autónoma. Tanto el portavoz del Gobierno local como el consejero de Fomento señalaban que es momento de pensar en instalar un segundo cable de fibra óptica, tanto para dotarnos de alternativas en caso de averías como para poder ampliar los servicios y calidad que se prestan a Melilla y entorno magrebí. Hay que tener en cuenta que la costosa y sofisticada instalación nos llegó en gran medida por la vocación de Telefónica de ampliar su cobertura y negocio con el Magreb circundante. Por tanto, no es sólo por nosotros que tanto el negocio como la prioridad del servicio requieren de nuevas alternativas que nos rescaten del tercermundismo en el que hemos quedado sumidos.

Hasta la avería en la telefonía móvil, que duró 24 horas, resulta pecata minuta con el colapso en la sociedad telemática actual. Por lo pronto, la Delegación del Gobierno, la Ciudad Autónoma, la Comandancia General, la Comisaría de Policía, la Guardia Civil, el Hospital Comarcal, el Puerto y el Aeropuerto van a contar con el servicio de Internet, pero a los demás nos toca aguardar entre una y dos semanas para recuperarlo. Y lo peor también, en este mundo de progreso sofisticado, es que reclamar y a quién no resulta fácil ni gratuito. No obstante, al menos es de esperar de nuestras autoridades que velen por nuestros intereses y fuercen a Telefónica a que adopte medidas motu proprio para compensarnos como mínimo por el servicio cobrado y no prestado.

Frase
Es hora de plantear alternativas tras lo sucedido con el cable de fibra óptica de Telefónica

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