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JUAN CUETO

Topmanta/bandaancha


No olvidemos que hace apenas un año en las semivacías salas españolas de cine nos reñían, momentos antes de la película, con spots financiados por el Ministerio de Cultura contra esa piratería del top manta de mercadillo gestionada por extracomunitarios de color recién desembarcados de la patera o del cayuco, y después, por si la bronca fuera poca, nos disuadían de utilizar nuestros prehistóricos móviles y cámaras como sofisticados videorregistradores. También recuerdo muy bien que en Madrid hubo manifestaciones callejeras y muy nacionalistas contra esa piratería extracomunitaria que estaba arruinando la industria norteamericana de los Blockbuster y de los tarantinados videoclubes de barrio, en donde era una rareza encontrar pelis españolas recientes o antiguas, discriminación que también ocurría y ocurre en las carteleras de los muy legales y multinacionales Multiplex.





TRIBUNA: Juan Cueto ELPAIS.com Sociedad EPS Un año después sabemos más cosas de esa piratería que está arruinando el cine español. Sabemos que aquella histérica criminalización del top manta ante todo sirvió de acicate a la Guardia Civil para empapelar a tantos sin papeles, los únicos malos de la película, y también sabemos que aunque el top manta que alfombra los mercadillos del casco viejo de la ciudad sigue ocupando los mismos metros cuadrados que entonces, la piratería extracomunitaria del DVD, que llegó a ser (sic) "todo un récord europeo", ya no es el problema mayor de nuestra industria cinematográfica, sino que ahora mismo, en un pispás, hemos pasado de aquel enemigo analógico y callejero al enemigo digital, friki y casero de los descargadores ilegales de películas a través de la Red. Conclusión: la piratería española del cine no sólo se ha triplicado luego de las campañas contra el top manta, sino que otra vez volvemos a ser récord de Europa (resic) en número de abordajes ciberpirata a las ficciones de hora y media.

No sólo lo dicen los nuevos 'spots' disuasorios del Ministerio de Cultura, que han reducido al mínimo en sus nuevos tráileres aquella obsesiva criminalización de los mercadillos; sobre todo lo proclaman las conclusiones de esa Primera Mesa del Cine: Todos contra la piratería que hace semanas se celebró en Madrid y que, por primera vez desde que está en marcha la famosa Ley del Cine, ha logrado reunir pacíficamente a todos los presuntos implicados en esta estratégica industria nacional; aunque cada uno vaya por su lado, y ya me dirán cómo es posible que sumen los intereses de los representantes de los Multiplex, los Blockbuster, las productoras o distribuidoras de las franquicias multinacionales, con esos intereses patrióticos que se le suponen a la Academia del Cine, las salas cinéfilas, los productores caseros, los videoclubes de barrio o el Ministerio de Cultura. Nunca había visto reunidas tantas haciendas tan opuestas en una mesa más o menos redonda, pero me alegro de que lo haya conseguido esa nueva piratería que abandona definitivamente el muy analógico y antiguo top manta como principal problema de la ruina del sector y ha encontrado repentinamente en el contrabandista digital el único enemigo a combatir.

Ahora bien, tampoco es así. Ni cuando aquel top manta de los deuvedés de mercadillo ni cuando esta repentina filibustería de las descargas ilegales de pelis en Internet somos en Europa récord de nada. Una cosa es que este país sea muy cinéfilo, que seguramente lo es, y otra muy distinta que nos pasemos la vida en los mercadillos regateando copias piratas como hasta hace un año o encerrado en casa, como ahora, bajando pacientemente en el ordenador pelis ilegales.

Según la nueva alarma de esta muy incestuosa primera Mesa del Cine, en este país hubo en 2006 nada menos que 132 millones de descargas ilegales de películas y la cifra para este año superará los 200 millones, una plusmarca europea. Lo cual sencillamente no puede ser, y esas cosas ya no las mide el ministerio de Cultura de Carmen Calvo ni la Academia del Cine de Ángeles González-Sinde ni ese extraño lobby piadoso de Pedro Pérez, sino el secretario de Estado de Industria para la Sociedad de Información, Francisco Ros.

Si en España, como afirma la Primera Mesa, habrá este año 200 millones de descargas ilegales vía Internet, eso quiere decir, ante todo, que la banda ancha de este país (cable + ADS) ya está implantada en todos los hogares españoles (diez millones y pico) y la utopía famosa de la Sociedad de Información ya es tan real aquí como en los países escandinavos, incluida Irlanda, lo cual encantaría al secretario de Estado de Industria, pero él sabe que no es así ni de lejos. Pero en la hipótesis de que este disparate fuera posible, habría que saber, mis queridas Ángeles y Carmen, dos cosas esenciales para el negocio del cine español, que es de lo que se trata: cuántas pelis caseras se piratean aquí, sea por el método analógico del top manta o sea por el abordaje digital de la banda ancha. Si la proporción es la misma que el consumo de cine español en las taquillas legales, como me temo, pues olvidémonos de echarle la culpa de todos nuestros males al top manta, la banda ancha y las tecnologías piratas que vengan. Y no olvidemos la mayor: que cuando la gente no quiere venir, nada ni nadie la detendrá.

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