Copie su CD por un euro


Dos valencianos han inventado una máquina para copiar CD que funciona con monedas. Duplicar un disco de una hora cuesta un euro y tarda cuatro minutos. Un juez acaba de decidir que no hay delito.




ALBERTO DE LAS FUENTES
Es la historia periodística del año en el sector tecnológico. De éste y del anterior. Desde la aparición de Napster, prácticamente no hay semana en la que no aparezca una noticia importante relacionada con palabras como piratería musical, Internet o copiado de CD. Y no es extraño.

Las nuevas tecnologías permiten copiar archivos musicales -y de vídeo, y programas informáticos- tantas veces como se quiera, y con un coste muy bajo. Algo que está provocando un fenómeno increíble de multiplicación de la cultura. Pero que pone los pelos de punta a los directivos de la industria discográfica.

La última amenaza para su negocio viene de Valencia. Se trata de una máquina para copiar discos compactos -CD- que funciona con monedas. Copyplay, que así se llama el invento, se instala en cualquier lugar público. Su funcionamiento no puede ser más sencillo: se compra un disco virgen, como si fuera una lata de refresco; se introduce junto con el original en unas bandejas, se paga un euro y en pocos minutos se tiene duplicado el disco compacto.

Para luchar contra ésta y otras posibilidades tecnológicas -grabadoras de CD, servidores de Internet tipo Napster-, la industria apenas cuenta con un arma: la defensa ante los tribunales. Como decía la maldición gitana, "así tengas juicios y los ganes". Y es que, incluso si al final sale victorioso, los quebraderos de cabeza, a quien se vea envuelto en litigios, no se los quita nadie.

En el caso de Copyplay, esta presión legal ha supuesto casi dos años de litigios. Aunque no puede decirse que les pillara de sorpresa. De hecho, fueron sus propios inventores, José Vicente Ortiz y Roberto Herrai, quienes avisaron a la Sociedad General de Autores (SGAE) y a la Asociación Fonográfica y Videográfica de España (Afyve) de la existencia de su invento. Incluso, se ofrecieron voluntariamente a pagar un canon por disco copiado, como ocurre hoy en día con el negocio de las fotocopiadoras. Pero los representantes de la industria se negaron en redondo.

Entonces los dos inventores instalaron varias máquinas en un local abierto al público. Y, nuevamente, avisaron a la SGAE de su existencia. Ésta envió un inspector que realizó una copia ilegal, en la que se basó la posterior denuncia. Finalmente, en junio de 2000, la Policía Local de Valencia intervino tres de las máquinas y las requisó junto a varios folletos y la recaudación.

Ahora, el juez del caso ha determinado el sobreseimiento de la causa, a instancias del fiscal. No hay delito, al menos por parte de la empresa, ya que la máquina no atenta contra la propiedad intelectual. Ocurre como con las fotocopiadoras: es el usuario quien se responsabiliza de usarla para fines lícitos.

La decisión del juez valenciano abre el camino para la comercialización de la máquina en toda España. En breves días, Copyplay tendrá su propio sitio web (www.copyplay.net). Sus inventores están hablando con varios fabricantes y quieren montar una franquicia para extenderlo por toda la geografía española. De hecho, como explica José Vicente Ortiz: "Ya nos han llamado hasta de Noruega: la noticia la dio EL MUNDO de Valencia, alguien la leyó en un avión y nos han llamado para interesarse".

Y la copiadora de CD por monedas no es el único proyecto de estos inventores. Ya tienen lista otra máquina que graba DVD, lo que permitiría copiar películas en tiempo récord y a bajo precio. Y podría haber otra más para pasar discos de vinilo a formato CD.

Discos ¿seguros?

Un simple rotulador. Eso es todo lo que hace falta para saltarse la protección anticopia de los nuevos CD seguros desarrollados por Sony y promovidos por las empresas discográficas. Y es que ante la pujanza del mercado de los manteros y la imparable costumbre de grabar discos para los amigos, la industria intenta con poco éxito proteger sus productos con un nuevo sistema anticopiado. Estos nuevos discos se pueden escuchar en reproductores de CD, pero no en el ordenador.

Ahora resulta que estos sistemas de protección son tan endebles que cualquiera se los puede saltar. Y no es necesario ni crackear el software, como ocurre en el caso de los DVD, ni recurrir a ningún complicado aparato ni tener ningún tipo de conocimiento especial, sólo al alcance de hackers y expertos informáticos. En realidad basta con recubrir el borde externo de los nuevos CD con un sencillo rotulador marcador. O con tippex. O con un poquito de cinta aislante. Al no leer el código antiprotección, el ordenador puede reproducir el CD con normalidad.

Reproducido de El Mundo

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