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DIGITAL Y TAL , Gustavo Bravo

Rechazo, ira, negociación


La psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross publicó en 1969 un libro titulado Sobre la muerte y los moribundos (On death and dying) en el que se hablaba por vez primera del concepto de los cinco estadios del duelo, que son aquellos que conducen a la superación de una gran pérdida. A saber: rechazo, ira, negociación, depresión y, finalmente, aceptación.




Gustavo Bravo – EL Confidencial Este jueves, en la rueda de prensa organizada por la Coalición de Creadores, se nos presentaba un informe alarmista en el que se hablaba de récords de “piratería” en la música y en el cine, niveles altísimos en los videojuegos y de un “horrible” crecimiento de descargas no autorizadas en los libros.

En este contexto, se nos habló a los periodistas presentes de una necesidad de autocontrol entre los internautas para evitar que los gobiernos se entrometan en la neutralidad de la Red, en aras de proteger los derechos de autor. Sonaba a amenaza, pero era una negociación disfrazada de cifras y letras. La neutralidad en la Red es el pilar más importante para la Asociación de Internautas –reconocido públicamente por su presidente, Víctor Domingo-, y las coaliciones de creadores y las entidades de gestión de derechos de autor lo saben.

Conscientes de ello -y de su poder e influencia con el Gobierno actual-, la teoría expuesta por el presidente de la Coalición, Aldo Olcense, venía a decir: “No es que nosotros queramos entrometernos en la neutralidad de la red, pero, como los usuarios se empeñan en piratear, no nos dejan otra opción que presionar a los gobiernos para que actúen”. Todo ello, aderezado con una gran dosis de paternalismo y condescendencia, en la que incluso se permitieron hacer un guiño a los periodistas presentes, ‘víctimas’, como ellos, de una crisis de modelo de negocio. De modelos privados, no se distraigan.

Y no es baladí. Ya está pasando. El primer ministro británico, James Cameron, apostó este jueves por revisar las leyes de propiedad intelectual de su país a fin de "hacerla apta para la era de Internet", al tiempo que la ciudadana estadounidense Jammie Thomas-Rasset fue condenada a pagar 1,5 millones de euros (1.060.820,37 euros) por descargar 24 canciones. Lo que explica, de forma cristalina, las presiones internacionales que recibe el Gobierno español en materia de propiedad intelectual y, a la vez, supone una auténtica revelación para comprender por qué la ministra de Cultura es Ángeles González-Sinde.

Depresión, aceptación

Como ya le sucediera a la industria audiovisual (videojuegos, música y cine), la industria editorial está condenada, a menos que reaccione y evolucione. Algo que parece más bien lejano en el horizonte .

En esa misma reunión, los que se suponen los representantes de los intereses de los autores y de los creadores aseguraron -a los periodistas presentes- su rechazo total a los libros electrónicos y a los tablets como el iPad, porque –y cito textualmente- “harán los libros más pirateables”.

Si los representantes de una industria (privada, quédense con ello) no son capaces de ver por sí mismos los devenires de su propio negocio, ni el Gobierno ni los ciudadanos pueden ni deben intervenir. Mucho menos ser presionados, señalados o castigados.

A razón de la noticia publicada este jueves en El Confidencial, este periodista recibió un correo electrónico que, por su interés, reproducimos a continuación:

Soy lectora habitual. Calculo que leeré unos 30 libros al año que compro, me  regalan, prestan o tomo prestados de la biblioteca. Tengo un iPad desde que se empezó a vender en España hace unos cinco meses y he abandonado el papel.

Y sí, pagaría por los e-books si los hubiera, como ya he hecho con los pocos que hay en la tienda de Apple. Es curioso, "gratis" encuentro toda la oferta que quiero, bien sistematizada y fácil de descargar, pero comprarlos en alguna página oficial es sencillamente imposible.

Lo de Libranda* es... cómo diría yo, cómico, ineficaz, ¿poco realista? Porque no pensarán sus editores que los lectores vamos a pagar por un libro electrónico casi el mismo importe que por uno en papel para tenerlo que leer en el ordenador¿ verdad? Y ¿ por qué ahora no voy a poder compartir un libro con un amigo?

Pues nada, sigan tratando de ponerse de acuerdo sobre cómo evitar la copia ilegal y mientras los lectores ya nos buscamos alternativas.


A esto, queda poco más que añadir. Después de haber rechazado a los ciudadanos acusándolos de piratas, después de haber enfocado sus iras contra los internautas desde que la red existe y después de haber negociado como se intentó, mediante la prensa, este miércoles… sólo queda decirles que, por favor, representantes y entidades de gestión, no demoren más el caer en depresión. Cuanto antes lo hagan, antes llegará la aceptación.


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