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Adiós, Fernando.

Savater y la Ley Sinde


Escuchemos al diletante de su puño y letra. Esto es un extracto de El País miércoles, 22 de diciembre de 2010.




Fernando Savater, filósofo.

"Desde luego, tiene que haber una legislación. Es una vergüenza que España esté entre los países del mundo con un índice más alto de piratería. Por otro lado, es increíble la amoralidad de los comentarios que se oyen sobre lo que son las descargas. Hay que hablar de verdadera "imbecilidad moral" por parte de gente que no ve el mal que está haciendo a la creación artística y literaria".

"Si algo hay que reprocharle a la ley Sinde es su tibieza. Tendía a ser muy moderada. Para mí es más efectiva la ley francesa, que primero advierte a los usuarios y luego actúa contra ellos, como se hace con los delincuentes, es decir, no solo contra las páginas, porque los usuarios deben saber que lo que hacen es un delito. Los argumentos de los defensores de las descargas no son una defensa de la libertad sino todo lo contrario: es un auténtico asalto a la libertad de creación".

"Y luego están los políticos. La torpeza de un Gobierno que mete esta ley como una mera cláusula dentro de una ley genérica y el espectáculo lamentable de todos los grupos votando en contra. Algunos tendrían sus reparos a la ley, pero la mayoría lo hizo por populismo barato, por miedo a contrariar a los internautas, que se han convertido en un grupo mafioso de presión. Ha sido desolador".



Fernando, Fernando. Permíteme que te tutee, aunque no me conozcas, yo a ti sí, desde hace décadas y me resulta extraño otro tratamiento. Soy de los que se han criado con la lectura obligatoria de la Ética y de la Política para Amador, de los que te han seguido desde los inicios ácratas de juventud, te he apoyado en privado en tu lucha por las libertades de (la mayoría) de las víctimas del terrorismo y he apreciado la introducción de un gran filósofo como Ciorán en España a través de tu tesis doctoral. He disfrutado de tus opiniones en periódicos y tertulias y he leído antes tu Nietzsche que "Así habló Zaratustra". Soy partidario de tu ironía, tan sagaz y tan temida. Eres, supongo, apreciado entre tus compañeros ideológicos, y temido entre tus enemigos. Pero hace ya algún tiempo que te has apartado de la filosofía, del amor a la sabiduría, y del quehacer del filósofo, por eso me despido de tu ser analógico.

Tu postura con respecto a la Ley Sinde, Fernando, me recuerda a la histérica adhesión de Unamuno al levantamiento. En realidad, Unamuno ya no entendía su tiempo. Todo había fracasado políticamente para él y no podía ver que entre los jóvenes -Lorca, Alberti, Machado, Picasso- había una nueva forma de entender el mundo. Sólo más tarde comprendió que ya no comprendía nada, que España no era la España que el suponía haber creado. Y, entonces, en un momento de agónica lucidez, dijo aquello de "venceréis pero no convenceréis". El gobierno y tú, podréis ganar esta guerra, pero nunca nos convenceréis de estar defendiendo a los autores, a la cultura y a los ciudadanos. Sólo defendéis a la industria, -a la que Gónzalez Sinde pertence y por la que tiene una causa abierta, dado el posible conflicto de intereses- y a un número muy pequeño de autores, que, como tú no tienen el más mínimo problema económico.

Sufres del mismo mal que Unamuno, Fernando; este ya no es tu mundo. No entiendes qué tienen los jóvenes entre manos, te niegas a razonar el carácter revolucionario de la oposición a la ley y te enfangas en el insulto vacío, síntoma de la decadencia de tu ironía.

Me entristece muchísimo, querido Fernando, no verte enarbolando la bandera de los que se han opuesto a las intrigas palaciegas de un gobierno antidemocrático por su connivencia con la embajada de EEUU y su obscurantismo a la hora de tratar de aprobar una ley que tanto interés ha suscitado. Me sorprende y asusta que te agarres a la ley francesa que criminaliza a chavales de 14 años que se bajan películas, madres de familia que piratean a Stieg Larsson y, en general, a todo un pueblo que, mediante sus acciones (legales y no criminales como tú dices) está pidiendo un acceso razonable a la cultura y el fin de la imposición cultural por parte de la industria y el gobierno.

¿Dónde está el filósofo, Fernando? ¿Dónde está el joven ácrata? Es ahora, Fernando, cuando los jóvenes han dado muestra de su responsabilidad, de su capacidad de acción por la cultura, de sus ganas de implicarse en una política que ha dejado de ser lo que tú conoces para escapársete entre los dedos. No conoces el mundo que habitas, Fernando. Aquí ya no se hace política, se hace hiperpolítica: se intercambia información sin límites, hasta el punto que ningún gobierno puede esperar que la ciudadanía calle cuando trata de imponer una norma a las diez y media de la noche en víspera de la lotería de Navidad, sin debatirla, en una comisioncilla parlamentaria, después de que se haya publicado por Wikileaks (sólo mínima, pero suficientemente) la relación inaceptable entre la embajada de EEUU y la industria de ese país y la ministra Ángeles González Sinde junto con la SGAE. Estuve buscando tu protesta con respecto a esta injerencia del todopoderoso EEUU en nuestro país, puede que haya sido mi impericia, pero no la he encontrado. Te busqué porque echaba de menos al filósofo. Quizá haya muerto en beneficio del vendedor de novelas.

"Mafiosos", "imbéciles", "inmorales", ¿de dónde nace esta histeria tuya, Fernando? Wikileaks nos desvela quién es el mafioso y quién es el inmoral. Los internautas escriben a los diputados, los llaman por teléfono, se manifiestan pacíficamente bloqueando sus páginas, se implican, hacen renacer al pueblo adormecido y tú los llamas mafiosos e inmorales. Dime, Fernando, ¿qué esperabas? que el pueblo callara, que acatara los designios de EEUU, los de las, esas sí, pseudo-mafiosas sociedades de gestión, y de la ministra que orquesta todo el disparate.

Quiero oir ese grito agónico del "venceréis pero no convenceréis" de tu boca. Me gustaría que rectificaras y entendieras que no eres, ni serás, intempestivo, sino que tu tiempo ha pasado, por eso ahora eres reaccionario y conservador. Ves que tu tiempo se aleja y tratas de que no corra. Otros, en el mismo artículo en el que se recogía tu opinión, lo admitían: "No entiendo nada". Admite que no entiendes nada y de ahí y de tu soberbia llamar al pueblo que clama por su libertad "imbécil" e "inmoral". Adiós, Fernando, adiós, si nos volvemos a ver será en el nuevo Ágora, que ha cambiado su nombre por el de Rapidshare o Megauploads, Ares o e-mule, ellos son la cuna de la nueva hipercultura. Tú eres ya un anacronismo analógico, apologeta del sofista, defensor del que se lucra obscenamente transmitiendo cultura,

Hasta siempre,

Joanes


Reproducido de El Blog de Ioanes Ibarra



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