La Utopía de Internet


Y, no nos engañemos, solo con un Internet libre, esto es, solo sin una Ley Sinde hecha a medida de los poderosos, se podrá hacer un trabajo realmente creativo. Solamente si el creador es libre, así como lo debe ser su medio, se podrá resucitar el arte. El arte no es entretenimiento. El entretenimiento es el verdadero populismo, el circo de la posmodernidad.




A map of the world that does not include Utopia is not worth glancing at, for it leaves out the one country at which Humanity is always landing. And when Humanity lands there, it looks out, and, seeing a better country, sets sail. Progress is realization of Utopias (Oscar Wilde)

Tomás Moro nunca podría haber predicho que el nombre asignado a su mundo perfecto sería el más adecuado para definir el lugar que hoy quieren convertir en Mercadotopia. Utopía, el lugar sin espacio, el lugar de ninguna parte, el que no existe, Internet. ¿Qué es Utopia?, ¿Qué es el pensamiento utópico? Así se designa, por lo menos desde el marxismo, a todo pensamiento que prima la libertad por encima de la propiedad y el gobierno, y que desconfía del poder y la autoridad. Y es, precisamente desde Marx, que utópico es sinónimo de “iluso libertario”, como alguno ha denominado a quién defiende la libertad en Internet. En la utopía de Internet, cada persona está orgánicamente ligada a sus semejantes. No hay que abogar por la utopía futura, ya está en nuestras manos. No se trata de un ideal pendiente, se trata del aquí y del ahora. Hemos progresado, porque habitamos una utopía, Internet, y como decía Oscar Wilde: “el progreso es la consecución de utopías”.

Recordemos el tan repetido como falaz “el futuro es de los jóvenes”. Resulta que el futuro no existe y que los jóvenes dejan de serlo para que el presente pueda pertenecerles. Mientras, sólo les queda capear con el pesimismo metafísico español, el tan repetido “es lo que hay” o el aún más vil “son lentejas”. “Es lo que hay” es la frase favorita del esclavo. Para que rompa sus cadenas tiene que saber que lo que es (lo que los filósofos llaman el Ser) es inaprehensible, pero “lo que hay”, es decir, lo que está en la existencia, se produce a través de nuestra voluntad. Nuestra voluntad puede ser activa y aferrarse sin miedos ni complejos a la libertad de Internet, o pasiva y dejar que la dirija el estado, la SGAE o las grandes compañías de entretenimiento. Ya lo han dicho otros muy acertadamente: Internet será lo que nosotros queramos. Y yo añadiría… a través de nuestra voluntad creativa.

Y, no nos engañemos, solo con un Internet libre, esto es, solo sin una Ley Sinde hecha a medida de los poderosos, se podrá hacer un trabajo realmente creativo. Solamente si el creador es libre, así como lo debe ser su medio, se podrá resucitar el arte. El arte no es entretenimiento. El entretenimiento es el verdadero populismo, el circo de la posmodernidad. Los que confunden el derecho de los ciudadanos a expresar su opinión y hacérsela saber a los gobernantes con el populismo se han olvidado de una obviedad: la democracia es el gobierno del pueblo. Populismo es proporcionar a las masas carnaza o entretenimiento para que se olviden de que cada individuo es, lo quiera o no, un ser político. Democracia real es la acción del pueblo en el gobierno, y eso es lo que se hizo en vísperas de la votación de la Ley Sinde.

En concreto, la ministra no entiende qué es la democracia. Cuando le preguntaron si pensaba dimitir, respondió que ella trabajaba para un presidente que tiene la capacidad de cesar a sus ministros. Esto será así, supongo, en la junta directiva de Microsoft, pero en las democracias parlamentarias los representantes del pueblo trabajan para los ciudadanos y estos han dejado claro que no la consideran apta para sus funciones. La dimisión no es una cesión propuesta por el presidente, sino el acto que aúna moral con política y devolvería a Sinde su credibilidad como persona y como trabajadora del arte.

“Fascistas”, “mafiosos”, “inmorales”, los descalificativos han cambiado ahora por el indulgente “ilusos libertarios”. Hablemos de los “ilusos libertarios”, como, recordemos, alguien ha llamado a los defensores de la libertad en El País. ¿Son ilusos libertarios aquellos que criticaron al PP por mentir a la ciudadanía y se manifestaron espontáneamente frente a su sede? ¿Son ilusos libertarios los que creen que la asimilación de los derechos de autor a la propiedad privada traerá, como ya hemos experimentado en las últimas décadas del siglo pasado, entretenimiento en vez de arte, primacía de la superficialidad, además del encumbramiento de algunos (creativos) y la esclavitud de otros (asalariados, con suerte, si no parados)? ¿Son ilusos libertarios aquellos que piensan que aquella modernidad que comenzó con Maquiavelo y su separación entre moral y política ha terminado? ¿Son ilusos libertarios los que opinan que los medios justifican el fin, que el medio por excelencia de nuestra era es Internet y que debe ser libre? En absoluto, los que así piensan son los dueños del presente, los que están creando una nueva realidad, mejor que la anterior, más libre, más creativa, más accesible, más democrática y más igualitaria. No destruirá nuestra Utopía el ansia de dinero y poder o la tentación narcisista del encumbramiento.

Reproducido de El Blog de Ioanes Ibarra

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