Archivado en Privacidad

El auge de los smartphones dispara en internet las imágenes «robadas» en las playas

Llega el «cibervoyeur 4G»


No son ni Paris Hilton, ni Sylvie Van der Vaart, ni Bar Refaeli. Sin embargo, a pesar de ser mujeres anónimas, sus imágenes en la playa son igualmente codiciadas. Y no por paparazzis, precisamente; son el objetivo de los «cibervoyeurs» digitales. Internet está inundado de cientos de imágenes y vídeos «robados», en los que las «víctimas» ignoran que están siendo grabadas.




Jaime V. Echagüe .  La Razón .- Como de costumbre, la tecnología es un arma de doble filo: si los móviles con cámara incorporada posibilitaron al «cibervoyeur» captar su «botín», el auge de los smartphones y las tablets no sólo ha provocado que puedan «subir» y compartir sus archivos en tiempo real a través de Facebook, Twitter, WhatsApp y demás redes sociales; también que el problema se haya multiplicado. Ni que decir tiene que el verano es la época propicia para estos «cazaimágenes».

Así lo asegura el análisis realizado por Francisco Canals, director de la consultora Identidad Legítima y de la Agencia para la Picaresca. Pueden hallarse sin dificultad centenares de vídeos –con decenas de miles de visitas en algunos casos– en webs del tipo Youtube y en otras de contenido para adultos. Estos «voyeurs» lo tienen fácil. La mayoría, como si fueran un bañista más, simulan encender o apagar su móvil cuando en realidad graban o fotografía a un tercero. Sin embargo, otros están más organizados: cuentan con sus propios «mapas vouyeur» de las playas en internet –las zonas boscosas y los miradores son espacios muy valorados para «camuflarse»– e incluso se reúnen en foros virtuales. Si ya existía el «cibervoyeur», ahora estamos ante el «cibervoyeur 4G», dice Canals, en referencia a la cuarta generación de tecnologías de telefonía móvil.

Pero, ¿es algo que se da especialmente en nuestro país? Según Canals, el «gamberrismo digital, por el que la gente se sirve de internet como factor de burla, es impensable en otros países europeos», mientras que en el nuestro parece asentado. Ésto, unido a que en España ha crecido de manera exponencial el uso de «smartphones» –el 63,2% de los consumidores cuenta con uno, lo que nos convierte en líderes europeos– y a la cultura «playera» de nuestro país, provoca que este fenómeno sea especialmente sensible en la Península.

Webs pedófilas

«Se trata de una conducta que en los últimos cuatro o cinco años se ha normalizado, provocada además porque hay un desconocimiento», afirma Ofelia Tejerina, abogada de la Asociación de Internautas. Incluso existe la posibilidad de actuar de forma más perversa aún y grabar a menores para difundirlo en webs pedófilas. Por ello, hay que tener claro lo que es delito y lo que no lo es, pues las leyes son interpretables.
Tomar una imagen en un lugar público está permitido. Todo depende de su utilización. En principio, la Ley Orgánica 1/1982, sobre la imagen, la intimidad y el derecho al honor, podría ser un argumento legal de peso. Sin embargo, como apunta David Maeztu, abogado experto en nuevas tecnologías, «no ampara una toma de imágenes de personas haciendo "top-less" o nudistas para su uso en webs de tipo erótico o sexual». No en vano, «cuando se desarrolla una actividad al aire libre, y en una zona de libre acceso, uno no puede evitar que otros vean lo que hace».

Ahora bien, si las imágenes se publican con vistas a una explotación económica –una web financiada con publicidad, por ejemplo–, sí que podrían atentar contra dicha legislación. Y es que la toma de estas imágenes, explica Maeztu, sólo está amparada «con ocasión de informaciones sobre sucesos o acontecimientos públicos». En esos casos, las sanciones estipuladas por la Agencia Española de Protección de Datos, afirma Tejerina, pueden alcanzar de los 600 a los 100.000 euros.

Tejerina cree que también está la posibilidad de denunciar el uso de dicha imagen por revelación de secretos, según el artículo 197 del Código Penal. Así lo hizo la concejala Olvido Hormigos, cuyo vídeo erótico dio la vuelta al ciberespacio. Sin olvidar un posible delito de injurias: por ejemplo, que alguien suba a la red una foto de una bañista y se dedique a ridiculizarla. Algo que, como recuerda la abogada, es frecuente en el «ciberacoso» entre menores. Las sanciones en este caso podrían ir desde los 500 a los 1.000 euros.

Los pasos a dar si diéramos con una imagen nuestra en la red –algo realmente difícil de detectar– sería, en primer lugar, dirigirse al responsable de la publicación; si no atiende a razones, acudir a la Agencia Española de Protección de Datos; y si se vulnera de forma flagrante nuestra intimidad, acudir a los juzgados.

Maeztu señala que se ha detectado un «aumento» de las reclamaciones en relación con el derecho a la propia imagen y al honor, motivado por factores «como la disponibilidad de medios de captación de la imagen». Eso sí: el incremento también responde, apunta, a que se trata de un procedimiento exento de tasas judiciales. Algo que, en todo caso, «ayuda a que la gente dé el paso de reclamar por la protección de sus derechos».

En España se calcula que existen al menos unos 500 foros y páginas web que publican y divulgan miles de fotografías de bañistas. Una cifra que sólo es aproximativa, ya que en esta cifra no se incluyen las web de pago ni tampoco los chat.

En general, el perfil de esta ueva tipología de «voyeur» es el de una persona joven que hace las fotos por coleccionismo, por diversión, o simplemente por autocomplacencia sexual, aunque también hay «captadores profesionales» y mirones de pefil delictivos.

En la red también se detectan foros donde se muestran vídeos de corta duración grabados en lugares públicos en los que aparecen personas en pleno acto sexual. No obstante, la posibilidad de que un usuario encuentre su fotografía en un universo tan grande como es la red es remota, lo que dificulta a las personas afectadas la posibilidad de presentar denuncias.

El «voyeur» no suele hacer daño físico a sus víctimas. El riesgo y el secreto son facetas fundamentales en este perfil de tal manera que internet se convierte en un terreno ideal para llevar a cabo sus acciones y operativas.
España no es el único país donde operan estos mirones sin escrúpulos. Además de en las playas, en otros países ya se han detectado fotos robadas en retretes, consultas médicas, habitaciones de hotel, probadores y otros lugares insospechados donde el común de los mortales puede ser observado.




pdfprintpmail