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NSA: un compendio del escándalo


Qué civilizados nos hemos vuelto. O qué pasivos. Un escándalo como el de la NSA hubiera tenido que provocar dimisiones en masa. En otro tiempo ese espionaje internacional y masivo quizás (probablemente) hubiera sido motivo suficiente para declarar una guerra.




Javier Pastor - Xataca.com- Pero no ahora, en una época en la que afortunadamente la diplomacia lo resuelve todo. Parece dar igual que la NSA y Estados Unidos hayan estado espiándonos a todos de forma indiscriminada “en aras de la seguridad nacional“. O quizás no: el descubrimiento del espionaje a diversos líderes mundiales parece haber dado por fin una razón suficiente a esos gobernantes para pedir explicaciones por este absoluto escándalo.

Ten a tus amigos cerca

El escándalo de la NSA ha alcanzado otro nivel: el descubrimiento de la monitorización de las llamadas realizadas desde el móvil de Angela Merkel y ese espionaje a otros líderes mundiales ha disparado las alarmas.

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Aún no ha quedado claro si entre ellos están nuestro presidente actual, Mariano Rajoy o su antecesor, Rodríguez Zapatero, pero sí se empiezan a conocer detalles sobre las cifras del espionaje de la NSA en nuestro país.

España ha pedido explicaciones y convocará al embajador de Estados Unidos en nuestro país, y otros gobiernos han tomado medidas similares. La propia Merkel, como explican en Spiegel Online, realizó una violenta llamada a Barack Obama el pasado miércoles en el que criticó duramente la actitud del gobierno estadounidense. “El espionaje entre amigos, eso no se hace. Ahora la confianza debe ser reconstruida“.

Espiándolo todo y a todos

El pasado 6 de junio de 2013 se desataba el escándalo. Comenzaban a aparecer los primeros documentos que indicaban que Estados Unidos y su NSA recolectaban metadatos de llamadas telefónicas realizadas desde dispositivos móviles.

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The Guardian de forma destacada —este artículo fue el detonante— y otros como The Washington Post o Der Spiegel —y su versión online— han sido los principales medios que han ido desvelando gradualmente más y más detalles sobre el alcance de las operaciones de espionaje de la NSA.

Pero si hay un protagonista en esta historia es Edward Snowden, el ingeniero que trabajó en subcontratas de la NSA y de diversos organismos de inteligencia de los Estados Unidos. Este joven recolectó la información y se puso en contacto con estos medios de comunicación para desvelarla gradualmente.

Como las capas de la cebolla, el escándalo iba mostrando más y más caras. No solo se recolectaban llamadas: también se recolectaban ingentes cantidades de datos de nuestras comunicaciones en Internet. las grandes de la tecnología aparecían implicadas —ellas, por supuesto, lo negaban, aunque aparecieran documentos que incluso indicaban que habían cobrado por esa colaboración—, pero resultaba aún más sorprendente el hecho de que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, defendiera a la NSA y a programas como PRISM (el más célebre, pero solo uno de los muchos integrados en este dantesco proceso de espionaje). La propia NSA reconoció la interceptación de comunicaciones como base de esa famosa lucha contra el terrorismo.

Pronto se supo que PRISM no se ceñía solo a los Estados Unidos —donde la recolección de datos es absolutamente asombrosa—, sino que también Europa y otros continentes estaban afectados.

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Los esfuerzos de la NSA parecían afectar a todo y a todos. Se cerraron servicios de correo seguro que Snowden parecía haber utilizado para sus comunicaciones, se sospechó (para luego descartarse) de la seguridad ofrecida en Linux, y se estudió también la seguridad de las plataformas móviles más convencionales: Android, iOS y BlackBerry demostraban ser vulnerables al espionaje de la NSA según Spiegel Online.

La NSA también espiaba pagos internacionales, e incluso se habló de la suplantación de Google y otros servicios por parte de la NSA para recabar información.

Nuestros compañeros de Genbeta han realizado también un completo seguimiento del escándalo, y de hecho hablaron con expertos españoles en seguridad para debatir el polémico tema. Pero por supuesto, ahí no se detenía la avalancha de detalles sobre este espionaje masivo. Los grafos sociales construidos por la NSA, la monitorización de servicios que teóricamente proporcionaban anonimato como Tor o la recolección masiva de agendas de correos electrónicos fueron la antesala de ese salto en los detalles del alcance de los programas de espionaje de la NSA. En este proceso de espionaje masivo no solo parecía implicada la NSA: organismos como el CGHQ del Reino Unido también trabajaron para lograr descifrar protocolos seguros que también comenzaban a hacer que nuestra opinión sobre ellos se tambaleara.

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Y es que en los últimos días nos hemos enterado de detalles como el espionaje del presidente de México, y los más recientes descubrimientos de espionaje de llamadas en países europeos como Francia o España.

Solo son la puntilla: esa monitorización y espionaje a líderes mundiales ha sido quizás la gota que ha colmado el vaso en el terreno diplomático. Hasta ahora las “naciones amigas” parecían haber perdonado los “pecadillos” de los Estados Unidos y casi se mostraban afines con esa lucha contra el terrorismo —nuestro gobierno hizo muy pocas declaraciones abiertamente críticas contra esos procedimientos—. Sin embargo, parece que una cosa es espiar a los ciudadanos de un país, y otra muy distinta a sus gobernantes.


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