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OPINIÓN DE ENRIQUE DANS

Los editores y su trastorno de identidad disociativo


Los movimientos posteriores al anuncio del anteproyecto de modificación de la ley de propiedad intelectual que pretenden establecer el canon de la AEDE están dejando claras muchas cosas: la primera de ellas, que el movimiento tiene mucho de corrupto, de reparto irregular y tendencioso de dinero con el fin de comprar “buena prensa”, o mejor, “propaganda”, de cara a un año electoral.




Los movimientos posteriores al anuncio del anteproyecto de modificación de la ley de propiedad intelectual que pretenden establecer el canon de la AEDE están dejando claras muchas cosas: la primera de ellas, que el movimiento tiene mucho de corrupto, de reparto irregular y tendencioso de dinero con el fin de comprar “buena prensa”, o mejor, “propaganda”, de cara a un año electoral.

Algo que evidencia la necesidad imperiosa de imponer mecanismos de transparencia radical en el reparto de la publicidad institucional entre los diferentes medios, principal moneda de cambio que el gobierno está utilizando en esa especie de bazar en el que han caído ya los directores de La Vanguardia, El Mundo y El País. El gobierno actual, como ya hicieron los anteriores, se ha apuntado a repartir el dinero de los ciudadanos de forma discrecional y sin ningún tipo de mecanismo de control más allá del “cuánto le damos a este o a aquel”.

En tan edificante panorama, la promesa de un pago a los medios por parte de los agregadores introducida a última hora en el texto de la ley por Soraya Sáez de Santamaría es, simplemente, un elemento más de esa “compra de voluntades”. Un pago, además, que pretenden recaudar mediante una entidad de gestión, en modo supuestamente “irrenunciable”, y sometido a criterios tan carentes de lógica como “las pérdidas en las que haya incurrido cada medio”, impresionante manera de incentivar la mala gestión y la inadaptación al medio. Básicamente, más de lo mismo: recaudemos de donde se pueda, que ya lo repartiremos según nos convenga.

Pero lo más interesante, si cabe, es la evidencia de enormes diferencias en eso que se ha dado en llamar “los editores”: en primer lugar, entre los miembros de AEDE y el resto. No existe ninguna razón, más allá de un supuesto elitismo, que lleve a pensar que “unos son más editores que otros”, y sin embargo, podemos ver ya las evidentes diferencias entre la posición de los medios pertenecientes a AEDE y las de, por ejemplo, aquellos asociados a la Asociación de Editores de Publicaciones Periódicas, AEEPP. Mientras los primeros hablan de supuestos “robos”, los segundos, en boca por el momento de diarios como 20Minutos mencionan a los agregadores como aliados, colaboradores y fuente de oportunidades.

AEDE, por el momento, está logrando un hito histórico: superar en antipatía y en reacciones adversas el nivel que consiguió en su momento la SGAE. La perspectiva del canon de AEDE ya ha conseguido, por ejemplo, que los usuarios de un sitio como Menéame se auto-organicen para votar negativamente las noticias de los medios pertenecientes a esa asociación para que no lleguen a portada, e incluso de desarrollar plugins para marcarlos en rojo y que no sean votados ni por error, o para que te avise si intentas visitar sus páginas desde tu navegador. Las acciones de rechazo llegan hasta hackeos de su (primitiva, por decir algo) página web, una aplicación de móvil para consultar medios no inscritos en AEDE, o páginas de movilización. Lo siguiente, seguramente, será promover acciones como el unfollow masivo de esos medios en redes como Twitter, Facebook o Google+, siguiendo el ejemplo vivido recientemente por el presidente turco, Abdullah Gul, y que le costó perder casi cien mil followers. O un boicot, que contrariamente a lo que algunos pretenden implicar, no deja de ser una opción completamente legítima y democrática.

Pero más allá del trastorno de identidad disociativo entre los editores de AEDE y el resto de la profesión, se evidencia algo todavía más llamativo: la misma disfunción existe dentro de las redacciones de los propios medios de AEDE. Por razones obvias no puedo poner vínculos en esta parte, pero desde el anuncio de esta medida he tenido oportunidad de hablar con más de diez personas en medios digitales de esta asociación, y aún no he encontrado a ninguno de ellos que se mostrase a favor de la reforma o del canon de AEDE. Es posible que haya tenido muy mala suerte, pero repito: no he encontrado a ninguna persona que, trabajando en un medio digital, defendiese la idea de cobrar un canon a quienes simplemente utilizan el titular y un breve snippet de sus noticias para enviar tráfico a sus medios.

Posiblemente, lo mejor que podría hacer AEDE es… encontrarse a sí misma y dar marcha atrás. Plantearse que cuando ni los propios trabajadores de tu parte digital están de acuerdo contigo, es que tienes un serio problema. Que no vas a poder pretender que rentabilicen nada si eliminas de la ecuación factores como el tráfico que les traían los agregadores. Y que, o mucho me equivoco, o lo que ha logrado AEDE, además de provocar importantes daños colaterales a terceros, ha sido poner a Google en una situación de auténtica trampa diabólica: aunque desde un punto de vista de recursos económicos pudiese llegar a plantearse el pago, no puede hacerlo, porque eso significaría traicionar la naturaleza abierta de la web y poner a todo el resto de países del mundo a la cola. Sinceramente, dudo muchísimo que eso pueda llegar a pasar.

Al final, nada bueno para AEDE. Es lo que tiene poner el periodismo y la línea editorial en función de la compraventa de favores con el gobierno de turno.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Spain newspapers, so out of step with the digital age“) Reproducido del blog de Enrique Dans


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