Mesa redonda: Privacidad y gestion de los datos en el mundo digitalt


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opinión de Víctor Domingo

La falsificación digital añade valor a la autenticación y a la acreditación por terceros


El reciente anuncio de que investigadores británicos han desarrollado un software capaz de replicar la escritura humana ha vuelto a poner en primera plana el debate sobre uno de los grandes riesgos de la era digital en la que nos adentramos sin remisión: la falsificación digital.

Ningún archivo está a salvo ya. Así sea en texto o imagen, la falsificación digital ha dejado de ser un trabajo de la delincuencia profesional que opera con equipos y productos hardware y software muy caros y sofisticados. La caída de los precios de la tecnología y la implantación masiva de esos productos y servicios y el acceso a todo tipo de información sobre cómo aplicar estas técnicas, han hecho que cualquiera con unos conocimientos mínimos pueda falsificar cualquier tipo de documento escrito, imágenes, fotos y vídeos.





Las polémicas inundan la red cuando se difunden "fakes", fotos y videos falsos, como  el reciente video falsificado de Obama  que  no solo ha corrido como un reguero de pólvora por las redes sociales sino que ha visto ampliada su difusión en medios de comunicación tradicionales que han contribuido a ello  ya sea porque caen en la trampa de los falsificadores o simplemente para denunciar que han descubierto su falsedad. En definitiva, el objetivo del falsificador se cumple con creces porque su obra ha dado varias veces la vuelta en este nuevo mundo digital.

Lamentablemente, si los internautas intentamos comprobar si la imagen  que tenemos en nuestra pantalla es auténtica, tenemos que echar mano del sentido común y de la comparación en buscadores de imágenes como tineye.com o google.com. Si la falsificación es buena, solo una investigación informática forense que investigue los metadatos del archivo sería capaz de acreditar su autenticidad. De hecho, se acaba de publicar un estudio que indica que casi la mitad de la población es incapaz de detectar las imágenes manipuladas y, no llega a la mitad quien es capaz de detectar qué ha sido manipulado en la imagen que se les presenta como falsa. (Fake news: Study tests people's ability to detect manipulated images of real-world scenes) Y todo esto sucede en un mundo, el de las imágenes y videos donde la manipulación se utiliza con frecuencia como recurso humorístico y de entretenimiento.

Es en los documentos en papel donde  se amplían las posibilidades y consecuencias nefastas de la falsificación digital. Si en los viejos tiempos era relativamente sencillo vincular un papel a una máquina de escribir en función de las características de las teclas, ahora la cosa se complica y la industria tecnológica está trabajando muy seriamente en posibilitar que las impresoras tengan características especiales tanto en sus componentes como los cilindros rotatorios que al ser imperfectos son distintos unos de otros, o en establecer de manera programada marcas de agua que sirvan como alertas de autenticación de los documentos impresos. Aún así, en estos casos sigue siendo imprescindible contar con el informe pericial de informáticos forenses que avalen la veracidad del origen del documento.

Ni tan siquiera los datos biométricos como el iris o nuestra huella dactilar están a salvo de la falsificación, precisamente por la tecnología de acreditación táctil. Si nuestra acreditación mediante huella dactilar se utilizara  en un único sitio posiblemente no tendríamos mayor problema pero cuantos más servicios y establecimientos nos requieran nuestra huella dactilar como método de identificación y nosotros accedamos a facilitársela, más vulnerables seremos, porque más dependeremos de la seguridad que nos ofrezca el proveedor del servicio al que se la estamos entregando. La vulnerabilidad principal aquí consiste en que si alguien se hace con la reproducción de tu huella, gracias a la tecnología táctil, tiene acceso abierto a tu mundo digital. Mientras que, por un lado nuestra huella es única e indeleble en nuestro cuerpo; por otro,  las contraseñas las podemos y deberíamos cambiar con bastante regularidad, lo que, a priori, ofrece mayor seguridad; siempre y cuando estemos hablando de contraseñas robustas.

Autoridades como el Banco Central Europeo se tienen que servir de la tecnología que usan los falsificadores para imprimir billetes falsos y se han tenido que esmerar, desde que apareció el euro como moneda única, incluyendo medidas de protección para evitar la falsificación con marcas de agua, la impresión calcográfica, el hilo de seguridad, las tintas OVI o las fibrillas invisibles luminiscentes. Sin embargo, los falsificadores consiguen eludir cuantas medidas de seguridad se implanten y así se suceden continuamente las incautaciones de billetes falsos; su proliferación ha hecho que los comercios y establecimientos financieros se hayan dotado de dispositivos que determinen que los billetes que reciben son auténticos.

Pero no está todo perdido y la falsificación no lo puede todo en este mundo digital. La firma digital nos permite firmar documentos electrónicos con la misma validez y seguridad, incluso más, que la tradicional firma manuscrita en lo que respecta a falsificación.

Para firmar documentos de forma digital hay que tener un certificado digital emitido por una entidad certificadora que pueda corroborar a un tercero que dicho certificado es válido y corresponde a la persona que identifica. Antes incluso del inicio del desarrollo del polémico e ineficaz DNI electrónico , que incluye un certificado digital, ya era posible obtener un certificado digital emitido por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre (FNMT) y sin necesidad de ningún dispositivo lector o software especial para autentificar nuestra relación con la Administración Pública con ciertas garantías de seguridad y firmar todo tipo de documentos públicos y privados.

En cualquier caso en este nuevo mundo digital cobra valor poder  acreditar el original frente a posibles falsificaciones que como podemos comprobar día a día son masivas y variadas y por ese motivo adquieren especial importancia los servicios y la colaboración de expertos que desde distintas especializaciones, informática, jurídica, legal e industrial, den fe de qué es original y de qué es falso.

Víctor Domingo, presidente de la Asociación de Internautas en Escritura Pública

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