Noticias - 19/Abril/99

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Felicidades, Telefónica

 

El fin de la edad dorada

Las cuentas de Telefónica empiezan a reflejar la ausencia de gestión y los excesos en el gasto. Aumenta los beneficios, pero con menos amortizaciones y de mayor endeudamiento

JESÚS MOTA,

En las cuentas de resultados de las empresas aparecen siempre huellas, unas veces nítidas, otras borrosas, de las ventajas y dificultades de su gestión. En las de Telefónica empiezan a aparecer desequilibrios financieros, los efectos de una muy incipiente liberalización del mercado y, por supuesto, las huellas dactilares de la gestión de su presidente, Juan Villalonga, tres años ya al frente de la empresa española de mayor volumen y presencia internacional. El grupo Telefónica obtuvo en 1998 unos beneficios netos de 217.584 millones de pesetas, el 14,5% más que en 1997.

Un análisis detallado de las cuentas de la compañía revelan, sin embargo, incertidumbres serias de gestión y debilidades en el negocio. Son incógnitas más graves que la reconocida ralentización de los ingresos derivada de la liberalización de la telefonía fija. La tímida apertura del mercado y la crisis en Latinoamérica son las coartadas más utilizadas para justificar las debilidades del negocio.

Contradicciones

Los beneficios de 1998 están soportados por el acelerado crecimiento del negocio de teléfonos móviles. El desequilibrio es muy relevante. El negocio de los móviles representa el 13,8% de los ingresos del grupo, pero el 37% de los beneficios globales. Mientras tanto, los beneficios contabilizados de la telefonía fija, que representa el 48% de los ingresos del grupo, crecen a un ritmo del 2,8%.

La tasa de crecimiento de la telefonía fija es normal en el entorno europeo. Como es evidente que en años sucesivos no habrá crecimientos tan explosivos de la telefonía móvil (el beneficio del negocio aumentó el 189%), el ritmo de los resultados de la compañía se aproximará más al 3% o 4% anual que al 14,5% de 1998.

Espejismos

Telefónica presenta un beneficio de 217.584 millones de pesetas en 1998, frente a 190.063 en 1997. Pero para valorar correctamente las cifras ha de tenerse en cuenta que en los resultados del año pasado se imputa una amortización del Fondo de Comercio a 20 años, por un cambio en la normativa legal que así lo permite, mientras que en 1997 la amortización era a 10 años.

El resultado es muy preocupante. En 1997, la dotación fue de 33.312 millones; en 1998, incorporando las amortizaciones que correspondan por la importante operación de Brasil, la aportación por este concepto es de 21.135 millones. Este descenso indica que el Fondo de Comercio puede haberse utilizado como válvula de ajuste para alcanzar un nivel predeterminado de beneficios. Sobre todo si se advierte que en las cuentas oficiales del tercer trimestre aparecía una dotación de 29.000 millones.

Recursos estancados

El cash flow está prácticamente estancado (1,084 billones el año pasado frente a 1,079 en 1997, con un crecimiento del 0,4%). El conocido motivo de jactancia de Juan Villalonga, siempre dispuesto a explicar lo que podía hacerse con diversos periodos de tiempo del cash flow de su empresa, empieza a demostrar ya una indisimulable fatiga. Si se profundiza un poco más, la situación empeora. El cash flow por acción ha bajado casi el 8%, de 1.149 pesetas a 1.057. Ello significa que con los recursos generados, el accionista obtiene menos beneficio o menos amortización; o un beneficio menos saneado.

Este indicador es uno de los puntos neurálgicos que demuestran los efectos de las decisiones de los actuales gestores en la salud financiera de la empresa. El descenso del cash flow por acción es un efecto también de las ampliaciones de capital (la más importante, de 427.000 millones a mediados del año pasado) que ha ejecutado Telefónica. Pero una ampliación de capital implica, evidentemente, nuevos compromisos de remuneración en el futuro.

Más endeudamiento

El volumen de deuda es, se quiera o no, una medida de la salud financiera de una empresa. En el caso de Telefónica se ha roto la tendencia al descenso que se había consolidado en años anteriores. La tasa de endeudamiento financiero, que entre 1994 y 1996 había caído más de cinco puntos, en 1997 subió 2,6 puntos, hasta el 47,3%, y en 1998 simplemente se ha disparado hasta el 51%. Este crecimiento, igual que las ampliaciones de capital, está relacionado con la política de adquisiciones -prácticamente a cualquier precio- de la compañía, tanto en su área de negocio como en las llamadas diversificaciones. El caso más llamativo es el de los activos de la telefónica brasileña, en los que se invirtieron en torno a 800.000 millones de pesetas, y que se han depreciado después. De hecho, la pérdida de valor de las concesiones en Brasil, adquiridas a tan costoso precio, ha obligado a provisionar 119.374 millones en las cuentas de 1998, lo cual equivale a reconocer una pérdida mínima en el valor del activo del 15%.

Menos inversión

La empresa se está desentendiendo paulatinamente de la inversión como método de generación de valor empresarial y progreso. En 1998, Telefónica ha reducido su inversión en más de un 10%. Es una pésima política, porque Telefónica opera en un sector de fuerte crecimiento en el que se requiere constante aportación de capital para hacer frente a la intensa renovación tecnológica. El efecto de esta política errónea -invocada como un gran acierto en diversas ocasiones por el propio Villalonga- se hará sentir a medio y largo plazo, cuando quizá ya sea irremediable.

¿Y la estrategia?

En la gestión del grupo se detecta una gran frivolidad respecto a la definición de estrategias internacionales. El acuerdo con WorldCom-MCI, presentado en su día como una operación estratégica de gran alcance que dotaba a Telefónica de los anclajes con la tecnología punta en telecomunicaciones y permitía su consolidación en otros mercados, simplemente se ha dejado que perezca por inanición, una vez conseguido el efecto propagandístico del anuncio del acuerdo. Los puntos de actuación potencial del acuerdo no se han desarrollado; y en unas recientes declaraciones públicas, el presidente de Telefónica equiparaba el acuerdo con WorldCom-MCI a otros pactos de asociación con otras compañías europeas y estadounidenses. Dicho de otro modo, no existe definición empresarial de cuál es el futuro económico, industrial y tecnológico de la compañía. Y lo que es más preocupante, parece que tampoco importa.

En 1997, Juan Villalonga explicaba a los accionistas (presentación de la Memoria) que los objetivos de Telefónica eran el crecimiento y constituirse en el primer operador de habla hispana (presumiblemente, a través de operaciones como la de Brasil). Una año después ya no existen tales referencias. La entrada accionarial en parte del antiguo monopolio brasileño Telebras presenta graves problemas de gestión y una pérdida continua de valor patrimonial por la crisis de los mercados de la zona. No hay impulso de gestión en las áreas tradicionales (como la telefonía fija); y el crecimiento de otros negocios, como el de los móviles, es un movimiento incontrolable.

Valor bursátil

Las decisiones del equipo ejecutivo parecen moverse única y exclusivamente en función del valor de la acción. Casi todos los movimientos están orientados a elevar su cotización. Su valor en dos años ha pasado de 4.300 pesetas a 6.300 y en 1999 su cotización está ya en torno a las 6.700 pesetas.

El potencial de revalorización de Telefónica es reconocido. Primero, porque es una de las empresas más baratas del sector, y porque las posibilidades de crecimiento del negocio de teléfonos móviles todavía son muy amplias.

A este respecto conviene recordar que en 1997 Telefónica suscribió un Plan de Fidelización con los 100 directivos más importantes del grupo. Ese plan implica que en febrero del año 2000 esos 100 directivos percibirán un bonus especial -además del que perciben anualmente, claro- cuya cuantía está en función del valor que alcance la acción a esa fecha.

En varias ocasiones se ha repetido que la Telefónica de Villalonga no tiene capacidad de gestión. Es cierto. La capacidad de los gestores permite tomar medidas que estimulan el crecimiento en negocios afectados por fuertes traumas. Como el que produce la liberalización del mercado de telecomunicaciones. Pues bien, la Telefónica de Villalonga se enfrenta al problema de que carece de gestores capaces de atenuar los impactos exteriores (liberalización, crisis en Latinoamérica) al mismo tiempo que las nuevas inversiones que, al parecer irresponsablemente, ha afrontado la compañía -Brasil, medios de comunicación- son mucho menos rentables que las tradicionales. Para Telefónica ha acabado la edad dorada y el cash flow interminable, sin que los gestores actuales sean capaces de encontrar el nuevo rumbo.

 

Un plan contra reservas

Telefónica tiene un plan de jubilaciones y prejubilaciones de carácter voluntario y para empleados mayores de 52 años. Este plan afectará en los próximos dos años a unos 14.000 trabajadores, y, naturalmente, tiene un coste para la empresa.

Con el fin de sufragar el plan, "la Compañía ha estimado oportuno reflejar en balance la necesidad de afrontar dichos costes mediante la dotación al 31 de diciembre de 1998 de una provisión por importe de 459.500 millones de pesetas con cargo a Gastos Extraordinarios", dice la Memoria de la sociedad. "Adicionalmente se ha registrado un abono a ingresos extraordinarios por dicho importe con cargo a Reservas de libre disposición y a Impuestos Anticipados por importe de 298.675 millones y 160.825 millones, respectivamente".

Es decir, el coste del Plan de Jubilaciones no se imputa contra la cuenta de resultados, sino contra reservas e impuestos anticipados. Porque, dice Telefónica, si se hubiera mantenido la provisión "sin realizar el cargo a reservas de libre disposición", el resultado hubiera sido dantesco: "El beneficio neto del ejercicio 1998 se vería afectado, disminuyendo el resultado neto en 298.675 millones de pesetas, quedando cifrado en un resultado negativo de 81.091 millones de pesetas".

Este método ha provocado una controversia aguda entre los expertos. Para algunos, la contabilización es ilegal y fraudulenta; proporciona base suficiente para un recurso de impugnación de las cuentas. Para otros, incluido el auditor de Telefónica, Arthur Andersen, la contabilización es ortodoxa.

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