La SGAE, portal de descargas


La batalla entre los defensores de las descargas P2P y la industria cultural española se mueve en múltiples frentes. Mientras ambos bandos se arrojan vídeos aleccionadores desde la retaguardia, otros saltan la valla. El colectivo Derivart -o qué hacen trabajando juntos un programador, un experto en finanzas y un artista- defiende el libre acceso a la cultura desde el búnker de los anti-descargas: el propio portal de la SGAE.




El Mundo - Han desarrollado un complemento del navegador Firefox, de libre uso desde su página web, que transforma el repertorio de la asociación de autores en un portal de descargas. Instalado 'El Inspector', al lado de cada una de las canciones que lista la SGAE aparece un sombrerito. Es el enlace a su descarga vía torrent.

imagen del complemento

"Es una herramienta útil también para los inspectores de la SGAE", explica Jesús Rodríguez, el artista del trío, con media sonrisa: "¿Quieren eliminar las descargas de las canciones sobre las que tienen derechos? Aquí las tienen".

Uno de los argumentos más habituales entre los críticos con la política de la SGAE es la "poca transparencia de su repertorio", repite Jesús. Es este documento el que debería servir a un ciudadano que, por ejemplo, quiere poner música en su boda, para saber qué canciones debe pagar a la SGAE por su uso y cuáles son gratuitas. La propia página web de la asociación de autores aclara sobre el repertorio: "Es orientativo y la SGAE no se hace responsable de esta base de datos".

Si seguimos con la teoría de la boda, el organizador no tendría más opciones que: a) buscar una a una las canciones en este listado "orientativo" ó b) lanzarse a poner canciones y esperar a que el inspector de turno haga factura. Aquí es donde entra en juego el segundo proyecto de los chicos de Derivart: el 'Manager', un programa que criba y separa las canciones -de una carpeta concreta, por ejemplo- que están bajo licencia SGAE y las que no.

Ambos proyectos buscan "reflexionar sobre los medios de difusión y la cultura libre y gratuita", una de las últimas aventuras de este colectivo, formado por Daniel Beunza, sociólogo financiero y profesor en la London School of Economics; Mar Canet, ingeniero informático afincado en el Futurelab de Ars Electronica en Austria, y el propio Jesús.

Videojuegos para la alfabetización financiera

Antes de ponerse a jugar con la web de la SGAE, los tres de Derivart hicieron inventario de las casas vacías en España, invitaron a explotar burbujas inmobiliarias y convirtieron el parqué en un videojuego. Y es que su objetivo fundacional es contribuir a la "alfabetización financiera". Partiendo de la base de que cuanto más sabes, mayor es tu capacidad de elección, han desarrollado 16 proyectos en cuatro años de vida en el camino hacia una democracia macroeconómica.

"Un chaval puede estar cinco horas jugando al 'World of Warcraft' y un hombre no soporta media hora trabajando en Excel, pero ambos manejan datos, la diferencia es la interfaz", explica Jesús. Por eso ellos optan por la visualización de bases de datos de manera creativa y ahí es donde el programador es nexo entre el artista y el sociólogo financiero.

El proyecto 'Casas tristes', por ejemplo, alía la herramienta Google Maps con una multitud de colaboradores para engendrar un mapa-inventario de casas vacías en España. La 'Hipotecadora' calcula, basándose en precios de la vivienda por localidades, metros cuadrados y salario y edad del comprador, los años que tendrá cuando acabe de pagar la fianza. Y la cara que se le queda. En el 'Burbujómetro', el objetivo es explotar a disparos burbujas inmobiliarias. Cada una de ellas representa a una ciudad española y su tamaño es proporcional a la inflación de la vivienda en esa zona, partiendo de datos actualizados en tiempo real. 'El Contable' juega a descubrir los engaños de las tarjetas de crédito y 'Gamebroker' son tres juegos sobre las tres grandes crisis de la economía española para GameBoy.

Uno de los últimos proyectos 'Finance Art' de este colectivo es el 'Spreadplayer', que transforma los flujos bursátiles en una melodía en la que cada sonido representa las cotizaciones. Pretende, a la vez, convertirse en un instrumento útil para invidentes y crear arte desde esa retahíla de números que se suceden en los paneles.

Derivart juega ahora con las encriptaciones, insertando códigos en el interior de un cubo -Rubikode- y prepara una iniciativa en la que mostrará los bancos como catedrales, edificios que forman parte de la tradición cultural y social de nuestros días. Habrá que seguirles la pista.

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