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Francia legaliza en un «descuido» el intercambio de música y cine por internet


Un descuido del Gobierno francés permitió anteayer, de madrugada y en una Asamblea Nacional casi vacía, que un grupo de diputados hostiles a la prohibición de la descarga de ficheros por internet diera la vuelta al proyecto de ley que pretendía poner orden en el ámbito de los derechos de autor de los millones de obras intelectuales que se intercambian gratuitamente en la Red.

Una Asamblea vacía da luz verde a una ley que permite las descargas por una tarifa plana

Javier Gómez / La Razón / París En contra de la directiva europea con la que pretendía armonizarse, Francia legalizó ayer la reproducción de ficheros por internet, que se lleva a cabo principalmente mediante los programas «peer to peer» (P2P), que permiten descargar ficheros que otro ordenador pone a disposición de otros usuarios (sólo en enero 780 millones de nuevas carpetas están disponibles en la red). En contrapartida, los artistas recibirán una compensación, aunque se ignora si se pagará por cada «descarga» o en forma de cuota mensual a los proveedores de internet. En todo caso, la cantidad recibida por la industria musical será siempre menor que la percibida si alguien compra un disco o una película en una tienda.

Al cierre de esta edición, el Gobierno intentaba forzar una segunda votación para imponer su proyecto, pero no había contado con la oposición de su grupo parlamentario, la UMP, decidido a imponer la validez de lo aprobado en la víspera.

Controlar contenidos.

La intención del Ejecutivo, que contaba con el apoyo de las sociedades de autores y la industria cultural, era que los proveedores de internet fuesen designados responsables del control de los contenidos a los que dan acceso y pusiesen trabas técnicas en su banda ancha para evitar la descarga de archivos protegidos por los derechos de autor. El proyecto de ley preveía castigar con un delito de falsificación a quien subvirtiese la ley, lo que podía acarrear penas de hasta 3 años de cárcel y 300.000 euros de multa.

El proyecto inicial de ley pretendía poner fin a la copia de archivos digitales mediante cualquier tipo de «software», incluso a través del envío de archivos adjuntos en los mensajes electrónicos, lo cual antepondría la lucha por el respeto de los derechos de autor por encima de la privacidad de las comunicaciones.

Por un ajustado resultado de 30 contra 28 (lo que significa que 519 diputados se abstenían en esas intempestivas horas de cumplir con su presencia), la Asamblea aprobó el miércoles dos enmiendas que extendían a internet el derecho a hacer copia para uso privado que ya rige en el resto de soportes, como un DVD o un CD. Una ligera modificación que permitía echar por tierra el blindaje de la Red que preparaba el Ejecutivo galo. Aunque siga estando prohibido el fin comercial de estas copias, la autorización de reproducir con fines privados impide que la industria aplique nuevos «candados» tecnológicos a los productos para bloquear su «pirateo».

Al ministro de Cultura, Renaud Donnedieu de Vabres, ardiente defensor de ponerle puertas al campo tecnológico, todavía le dolió más que el parlamentario que presentó la enmienda fuese de su propio partido, la conservadora UMP. El debate sobre internet ha roto las trincheras tecnológicas y enfrenta posturas opuestas en el seno de una misma formación. «La gratuidad de la cultura en internet es un embuste, porque la remuneración de los creadores no sólo es legítima, sino necesaria para preservar la creación y la diversidad cultural», argumentó el ministro, que había presentado su texto como una vía intermedia entre «la jungla de la desregulación ultraliberal» y «la cárcel».

El Partido Socialista aplaudió el resultado final de la votación y recordó que sería preferible un sistema de «licencia global», que también apoyan algunos diputados del centroderecha. Esta propuesta pretende legalizar las descargas y copias mediante el pago de una cuota, que podría añadirse al coste de la tarifa plana, o específica por cada archivo. Quienes se quedaron compuestas y sin ley son las industrias de la música y el cine, que se quejan de no percibir ningún beneficio de los millones de copias de sus productos que se llevan a cabo a diario por internet (el 40 por ciento de los últimos títulos estrenados han sido pirateados). Las asociaciones de usuarios, en cambio, estaban en contra de este proyecto, y ayer se felicitaron porque podrán «apropiarse, con toda seguridad jurídica, de un nuevo espacio de libertad».

Hollywood, en la red antes del Oscar

Ya se pueden encontrar en internet copias «piratas» de las películas que probablemente competirán por el Oscar. El origen de las copias estaría en los DVD que los estudios envían a los miembros de la Academia de Hollywood, informa Fax Press. La empresa norteamericana BayTSP, que estudia la red, indicó que ya hay títulos como «Northern Country», en la que actúa una de las posibles candidatas al Oscar, Charlize Theron. En 2004 fueron procesadas dos personas por copia y divulgación por internet de «Mistic Rivier» y «El último Samurai». Las copias que reciben los miembros de la Academia son especialmente buscadas por los piratas ya que son de mejor calidad que las grabaciones clandestinas que se pueden lograr con cámaras introducidas en los cines.

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La SGAE ve la medida como «una devaluación de los derechos de autor»

M. Ayanz / La Razón / Madrid- Desde la Sociedad General de Autores y Editores de España (SGAE) se contemplaba ayer la ley recién aprobada en Francia con cierta cautela, al no tener aún el texto definitivo para poderlo valorarlo. Pablo Hernández, director de servicios jurídicos de la entidad, aclaraba que, para empezar, el texto le parece «un cambio radical al planteamiento que estaba en el borrador del proyecto». Hernández defiende la idea de que sean los autores los que fijen de qué forma se usa su obra, y asegura: «Con esta medida se elimina este derecho y se sutituye por una especie de remuneración fija. Me parece una devaluación de los derechos de autor que no coincide con la tradición francesa».

Optar por el pago de una cantidad para descargar archivos como se ha aprobado, en vez del control que proponía el anteproyecto, añade, «es un mecanismo de derrota. Ante la imposibilidad de controlar los usos de las obras en internet, se opta por una solución que tampoco va a beneficiar a los consumidores».

Acerca del polémico proyecto original, que para muchos anteponía los derechos de autor a la privacidad de los correos electrónicos, cree Hernández que en ningún caso se trataría de investigar el contenido de un «e-mail», sino de que las empresas pudieran incluir mecanismos de control en sus productos. Por último, explica, «no creo que la nueva ley se ajuste en absoluto a la directiva europea, porque se sustituyen derechos exclusivos del autor por dejar la obra a disposición de todo el mundo y queun tercero fije el precio».

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