Asociación de Internautas

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Ros y Sebastián se hacen trampas al solitario


Hacerse trampas al solitario es quizá la forma más eximia de la estupidez, especialmente cuando se trata de política. Porque los ciudadanos, señores Ros y Sebastián, no son tontos, y distinguen ente realidad y apariencia. No hagan política de escaparate: cambien la cosa, y la apariencia de la cosa mostrará sus acciones. No pasen a la historia como los tipos que hicieron perder a España el tren del futuro con malabarismos matemáticos y triquiñuelas de párvulos.

No se sabe qué hemos hecho los internautas españoles para merecer semejantes dirigentes políticos. La política relacionada con Internet desde siempre y con todos los partidos políticos ha oscilado ente dos extremos: desconocimiento e indiferencia, o implicación estúpida y desastrosa. Por amargas experiencias anteriores los internautas hemos acabado por preferir la indiferencia, porque cuando los políticos españoles se meten en la Red es invariablemente para liar las cosas. Baste recordar las reformas iniciales del gobierno Aznar; para fomentar la creación de dominios .es multiplicaron su precio, consiguiendo el efecto contrario, y para facilitar la publicación en castellano crearon la LSSI, aumentando la burocracia. Estamos acostumbrados a sufrir, y a que el ministerio de Industria (más incluso que el de Cultura) actúe como un lobby defensor de las empresas de su ramo en lugar de proteger a los ciudadanos españoles. Pero las últimas declaraciones de los capitostes del ministerio sobre la banda ancha en España son un compendio de estulticias que eleva la habitual inanidad de los politicos en este tema a un nuevo nivel. ¿Que las medidas europeas de banda ancha dejan a España en un mal lugar? Pues se toman medidas inmediatas: cambiaremos la vara de medir europea para obtener mejor puntuación. Si el solitario no nos sale, haremos trampas, porque ¿qué importa la esencia de la cosa, si la medida es buena? Al fin y al cabo los internautas son imbéciles y no se van a enterar de la diferencia entre apariencia y realidad…


Las declaraciones de Francisco Ros y de Miguel Sebastián no sólo son intelectualmente pobres, sino que toman partido por las empresas de telefonía frente al ciudadano y suponen una bofetada al internauta de a pie, al que toman por tonto. Si las medidas sobre la banda ancha dejan a España en mal lugar en cuanto a calidad y precio, como experimenta a diario cualquier paisano, no es porque se mida mal: es porque la banda ancha española es mala y cara. Si España fue pionera en la materia, peor aún que hayamos llegado a esta situación, porque significa que hemos desaprovechado nuestra ventaja relativa, como demuestran las cifras que nuestros políticos quieren manipular. Cambiar las reglas de medir para que el resultado sea el que uno quiere no sólo es deshonesto y estúpido, sino moralmente repugnante, un truco de tahúr barato típico de la peor política. Porque lo que importa son las realidades y no las apariencias; engañarse a sí mismo haciendo ver que todo está bien (como los hidalgos del Lazarillo que se echaban migas d pan en la pechera cuando no tenían qué comer) nunca soluciona nada. Y al final, como ya ha descubierto algún partido, este tipo de política se acaba pagando en las urnas.



Porque la obligación del ministro de Industria y del secretario general de la Sociedad del Conocimiento no es defender a las empresas que actúan en su ramo frente a la verdad, sino defender los intereses de la ciudadanía y del futuro, frente a las empresas si hace falta. Los directivos de empresas como Telefónica pueden ser muy agradecidos, pero suman muy pocos votos. Los partidos que quieren ser líderes en el futuro deberían ser conscientes de que beneficiar a unos pocos insultando la verdad y a sus electores no lleva más que a la oposición. ¿O es que lo ocurrido al PP en las ultimas elecciones no prueba a dónde lleva la política de las apariencias? Hacerse trampas al solitario es quizá la forma más eximia de la estupidez, especialmente cuando se trata de política. Porque los ciudadanos, señores Ros y Sebastián, no son tontos, y distinguen ente realidad y apariencia. No hagan política de escaparate: cambien la cosa, y la apariencia de la cosa mostrará sus acciones. No pasen a la historia como los tipos que hicieron perder a España el tren del futuro con malabarismos matemáticos y triquiñuelas de párvulos.



Reproducido de Perogrullo