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Una portada potencialmente muy importante

Una portada potencialmente muy importante


Esta portada del semanario alemán Der Spiegel que vemos en la ilustración en su versión inglesa (la original en alemán, aquí) tiene mucha más importancia de la que inicialmente podría parecer.

Al margen del importante problema diplomático que un hipotético viaje de Edward Snowden a Alemania para testificar ante el Parlamento podría representar para unos Estados Unidos que ya han dejado clara su nula voluntad de reconsiderar su posición con respecto a quien ha evidenciado los abusos de su política, de lo que estamos hablando es de un posible desafío que pone en cuestión muchas cosas. Un desafío, además, no solo natural considerando la gravedad de los hechos, sino además, jaleado desde la base de la sociedad alemana, que simpatiza de manera clarísima con la cruzada de Snowden y con una tesis tan clara como sencillamente expresada: “decir la verdad no es un crimen“.

Que Alemania quiera más información acerca de un escándalo que ha llegado incluso a comprometer las comunicaciones de su Presidenta es algo completamente razonable y legítimo. Que esa información quiera obtenerla precisamente de quien ha llevado a cabo las filtraciones que han permitido al mundo ser consciente de la magnitud del problema es absolutamente lógico, más aún cuando lo único que han obtenido de los Estados Unidos hasta el momento han sido comentarios del tipo “todo el mundo lo hace” y un muy poco creíble “no volverá a ocurrir”. Que para obtener la información que precisa, Alemania pueda tomar la decisión de suspender temporalmente los acuerdos de extradición y permitir que Edward Snowden se desplace a su país o incluso llegue a obtener asilo político en él no es algo que aparezca como un escenario completamente descabellado. Las últimas votaciones en el Senado norteamericano demuestran claramente que sus intenciones no son precisamente suspender sus programas de escuchas indiscriminadas, sino incluso aumentar su incidencia.

Hablamos de unos Estados Unidos que persiguen de manera implacable a quien osó revelar los secretos de sus más profundas cloacas, frente a las actitudes cada vez más claras de países que, gracias precisamente a esa persona, son ahora conscientes de los excesos que los Estados Unidos cometieron. No, que todos los países tengan servicios secretos y espíen no es una disculpa válida: no todos los países tienen la influencia y posibilidades que otorga ser el lugar donde se asientan la inmensa mayoría de las empresas de la red y de los organismos que la regulan. En ese “todos lo hacen” o “en este local se juega” se esconde una noción del juego completamente megalomaníaca y desequilibrada.

Que además Edward Snowden se encuentre refugiado en Moscú y que Rusia esté como loca por encontrar aliados que le permitan compartir el asunto en confrontación con los Estados Unidos es algo que añade todavía más ingredientes de interés. Estamos hablando de una confrontación entre los Estados Unidos, el país que más espía y más vulnera los derechos de sus ciudadanos y de los de otros países, y Alemania, seguramente el país más consciente de la importancia de la privacidad y los derechos civiles. El país que espía a medio mundo, supuestos amigos y aliados incluidos, frente al que tiene todavía fresca en su memoria colectiva los excesos de la Stasi. Dos formas radicalmente diferentes de entender la gestión de la información, la seguridad, los derechos de los ciudadanos y las relaciones internacionales.

Estamos viviendo un momento histórico importante: la plasmación del modelo de información y del equilibrio entre libertad y seguridad, interpretadas en dos posiciones radicalmente distintas. Entre una Pax Americana que nos acerca cada día más al 1984 de George Orwell, y una Alemania que en muchos sentidos ya está de vuelta en este tipo de temas, ustedes escogen.