Asociaci贸n de Internautas

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Canon digital: 驴En guerra otra vez?

Canon digital: 驴En guerra otra vez?


En el verano de 2003, hace ahora trece a帽os, se desencaden贸 una guerra, una guerra que ya ven铆a larv谩ndose desde un tiempo antes, desde que las entidades de gesti贸n de derechos de autor pretendieron que los soportes de informaci贸n digital -en aquel entonces los CD y DVD- eran id贸neos para contener material sujeto a derechos econ贸micos de autor y, por tanto, susceptibles de que se les aplicara el gravamen compensatorio por copia privada que todos conocemos. En el mes de julio, supimos que, tras perder un par de juicios en primera instancia, la industria se pleg贸 y cedi贸 ante el famoso canon.

No voy a describir todas las incidencias de esa guerra, pero creo no exagerar si la califico de desastre. De enorme desastre. La estructura dirigente de la SGAE, la m谩s incisiva -y, por tanto, la m谩s odiada- de las sociedades de gesti贸n de derechos, sufri贸 un aparatoso hundimiento al descubrirse, adem谩s de un entramado societario sumamente sospechoso, un conjunto de important铆simas inversiones de necesidad poco acreditada que, adem谩s, se constataba en ese mismo momento -hemos avanzado ahora al a帽o 2011- que hab铆an sufrido una brutal merma de su valor. Poco tiempo despu茅s, la jurisdicci贸n europea invalidaba una parte sustancial de la percepci贸n del canon digital (caso Padawan) para, posterior y m谩s recientemente, invalidar asimismo el triste e ineficaz parche gubernamental: la compensaci贸n por v铆a presupuestaria estatal.

Adem谩s de la estructura de la SGAE, se produjeron much铆simos m谩s da帽os: diversos autores que se alinearon firmemente con la posici贸n de la sociedad y realizaron un agresivo activismo, fueron objeto de boicots e incluso represalias por parte de su p煤blico, boicots y represalias que alcanzaron incluso a la industria cinematogr谩fica, que hab铆a tomado firme posici贸n contra sus propios espectadores.

A tal punto lleg贸 la polarizaci贸n, que la acci贸n del propio Gobierno y de varios partidos pol铆ticos, cediendo vergonzosamente a la presi贸n de los lobis autorales y de la industria de contenidos e incluso escenificando parlamentariamente de manera descarada y sin recato alguno esa entrega, desencaden贸 (no digo motiv贸, cuidado, simplemente digo -y creo firmemente que es cierto- que fue el detonante) las ya hist贸ricas protestas del 15-M.

Tampoco el otro bando, el sector anticanon, sali贸 ileso, ni mucho menos, de la contienda: juicios civiles y penales, perdidos unas veces, ganadas las m谩s, pero a modo de victoria p铆rrica, con da帽os imposibles de reparar. Establecimientos cerrados, comerciantes arruinados... La propia Asociaci贸n de Internautas, que hab铆a liderado la guerra contra el canon, tuvo que enfrentarse a un pleito interpuesto por la SGAE y por Teddy Bautista que, perdido incluso en la 煤ltima instancia del Tribunal Supremo (procedimiento del que a煤n hay mucho que hablar y sin duda se hablar谩 en un futuro quiz谩 no muy lejano), supuso afrontar tales indemnizaciones que s贸lo el impulso solidario de miles de internautas espa帽oles evit贸 que la Asociaci贸n desapareciera.

Finalizando el 2016, m谩s de 13 a帽os despu茅s de que se iniciara aquella guerra, insisto, desastrosa, el Gobierno espa帽ol amenaza con reanudarla mediante la divulgaci贸n -casual o no- de un borrador que recuperar铆a el canon pr谩cticamente en las mismas condiciones que en 2003, con la misma unilateralidad y parcialidad con que se condujeron los gobiernos de aquel Zapatero de triste memoria.


En la tranquilidad de la paz -una paz a la vista est谩 que precaria y que intuyo muy mal aprovechada- he dedicado mucho tiempo a meditar alrededor de esta tem谩tica, de todo este mundo de autores, derechos, remuneraciones, c谩nones y dem谩s? para llegar a la conclusi贸n de que no hay soluci贸n. De que no hay soluci贸n que sea, a la vez, eficaz y justa.

Gravar con el canon el soporte original, como alguna vez hemos propugnado desde la propia Asociaci贸n de Internautas, es inviable actualmente, sobre todo porque sus soportes materiales, b谩sicamente CD y DVD, se han derrumbado (pese a alg煤n eventual y, a estos efectos, intrascendente repunte de los discos de vinilo).

La injusticia del canon sobre los soportes digitales no necesita mayor argumentaci贸n: hasta la saciedad se ha puesto de manifiesto y demostrado en la web de la Asociaci贸n de Internautas. Y esa misma argumentaci贸n, pero m谩s extendida a煤n (de usuarios de material digital pasamos a ciudadanos en su totalidad) sirve para impugnar la estupidez supina de cargarlo a los Presupuestos Generales del Estado.

Por otro lado, los ciudadanos queremos que se mantenga el derecho de copia privada, porque es un veh铆culo indispensable para la extensi贸n cultural y tecnol贸gica en el seno de nuestra sociedad; exigencia curiosamente compartida tambi茅n por las sociedades de gesti贸n de derechos de autor, que han hallado en la copia privada una de sus mejores fuentes de financiaci贸n (otro d铆a hablaremos de si esa financiaci贸n, esa cuant铆a, es o no adicionalmente injusta o cu谩l deber铆a ser el perfil y alcance del derecho de copia privada, pero ahora no toca). La industria, sin embargo, se opone radicalmente a la copia privada en cualquier modalidad, al suponer que pierde ventas sin verse compensada por ello (y, de hecho, sin querer ser compensada por ello: simplemente no quiere que exista el derecho a la copia privada).

Tampoco est谩 en discusi贸n la justicia -as铆, in abstracto- de la remuneraci贸n de los autores: su derecho a la misma es de caj贸n, cuando menos si alguien hace circular dinero con su obra por cualquier procedimiento (la casu铆stica de lo que deber铆a suceder si no circula dinero con el uso de esa obra ser铆a objeto de otro debate en el que no voy a entrar ahora).

驴Entonces? 驴C贸mo, por d贸nde y de qu茅 manera hay que romper este c铆rculo vicioso?

No s茅 si otras personas o colectivos habr谩n meditado igualmente sobre ello y a qu茅 conclusi贸n han llegado, en ese caso, pero la m铆a es que no hay por d贸nde romperlo, que no hay soluci贸n. Que no hay soluci贸n justa y equitativa para todos, quiero decir?

Por tanto, no hay m谩s salida que hacer sangre. Hay que ser injusto con alguien. Hay que romper huevos para hacer esta tortilla. O, de otro modo, se puede repartir la injusticia entre todos, de manera que cada parte interesada sufra lo m铆nimo (aunque, inevitablemente, deber谩, en este caso, sufrir algo).

驴Qui茅n sufre la injusticia? O bien 驴c贸mo se reparte (si 茅se ha de ser el modo)? 驴C贸mo se retrocompensa, si ello es posible y viable, al que sufre la injusticia? Y, lo m谩s importante: 驴c贸mo se imparte la injusticia?

La l贸gica m谩s elemental nos indica que eso s贸lo es posible con la anuencia, la conformidad del perjudicado y 茅sta s贸lo puede obtenerse si el perjudicado es, a su vez, compensado (retrocompensado, he dicho m谩s arriba) por ese perjuicio que se le causa, por esa injusticia que se le inflige.

Y esa anuencia, esa conformidad s贸lo puede obtenerse de una negociaci贸n entre los interesados. Los colectivos anticanon, las asociaciones de consumidores, las sociedades de gesti贸n de derechos de autor, la industria tecnol贸gica y las productoras fonogr谩ficas tenemos que sentarnos en una mesa de negociaci贸n. Una mesa dif铆cil, complicad铆sima, dura y larga, pero que no tiene ninguna otra alternativa.

Porque la 煤nica alternativa a ese di谩logo es otra guerra seguramente mucho m谩s dura y cruenta que la anterior. En la anterior, los internautas 茅ramos, como quien dice, cuatro con un burrito; hoy, somos toda una sociedad que dispone de recursos de comunicaci贸n propios, las redes sociales; el control de los medios de comunicaci贸n -manteniendo a煤n cierta importancia- no ser谩 ni mucho menos tan esencial como la otra vez. Y en esta ocasi贸n nos ser谩 much铆simo m谩s f谩cil bajar esta guerra al ruedo pol铆tico: recu茅rdese, de nuevo, el 15-M y recu茅rdese tambi茅n que aquel cabreo social no s贸lo no ha disminuido desde entonces sino que se ha multiplicado.

Estas son las dos 煤nicas opciones: o manos abiertas o pu帽os cerrados. Yo creo que todos tenemos claro -o deber铆amos tener claro- qu茅 es lo mejor y yo, personalmente, apuesto por las manos abiertas.

En cualquier caso, si hay alguien que crea que eso lo soluciona 茅l con el Bolet铆n Oficial del Estado, que vaya pidiendo hora al imbecil贸logo. Le va a hacer mucha falta.

Javier Cuch铆

Miembro de la Asociaci贸n de Internautas