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Un «Gran Hermano» en cada oficina


Uno de cada cinco jefes confiesa que vigila el correo electrónico de sus empleados




Casi todos los trabajadores que desarrollan su labor dentro de una oficina disponen de un ordenador para realizar su tarea diaria. Y, al igual que el teléfono se usa muchas veces para efectuar llamadas personales, el e-mail puede servir para enviar el último chiste a un amigo. También podemos ir preparando el fin de semana buscando información sobre hoteles o rutas en Internet, pero ¿es ético el uso personal de las tecnologías que nos presta la empresa? Y, sobre todo, ¿tienen derecho nuestros jefes a vigilar qué hacemos en cada momento?

Delia Rodríguez - Madrid .-
Todos tendemos a pensar que lo que hacemos delante de un ordenador mientras trabajamos es poco menos que un acto íntimo. Que nadie sabe cuánto tiempo pasamos redactando ese pesado informe, pero tampoco cuáles son los lugares poco recomendables que visitamos, ni lo que escribimos en los correos personales que enviamos a nuestra libreta de direcciones. Y por supuesto, estamos convencidos de que nuestro «nick» (alias utilizado en los chats) es algo así como un secreto de Estado. Sin embargo, no hay nada más fácil en las actuales «oficinas inteligentes» que conocer qué hemos hecho en cada minuto que permanecemos frente a la pantalla.

«Desde el mismo momento en que estás conectado en una red –lo habitual en cualquier oficina– se puede ver absolutamente todo», afirma A.L., administrador de sistemas de una conocida empresa madrileña, «porque todos los datos que entran y salen de esa red pasan siempre por el mismo lugar». Ese punto, denominado servidor, puede ser un ordenador cualquiera que se puede programar fácilmente para que guarde una copia de todos los e-mails que adjunten «mp3», fotos o chistes o para que no permita la entrada a ciertas páginas web o a los «chats», según la política que la empresa aplique al respecto.

Además, afirma A.L., ese ordenador «suele guardar un registro de las direcciones de Internet que se visitan» y puede ser programado para almacenar todo el correo electrónico generado en la empresa durante un tiempo, de manera que, aunque sea eliminado en el ordenador del usuario, una copia permanece en el servidor central. Y aplicar «filtros» en el servidor de la empresa es lo mínimo. A partir de ahí, las compañías pueden adquirir programas comerciales que a veces parecen oscuras utilidades de «hackers» más que un «software» legal cada vez mas popular entre las empresas. Por ejemplo, Spector, que se puede comprar en http://www.spectorsoft.com y cuya publicidad lo dice todo: «Espíe secretamente a su mujer, sus hijos o sus empleados mientras están conectados».

El ordenador «chivato»

Según explica David Casacuberta en Kriptópolis (www.kriptopolis.com), este programa se basa en una idea muy sencilla pero muy eficaz: fotografía la pantalla del ordenador vigilado cada pocos segundos, y luego lo proyecta «como un show de diapositivas». Puede tomar instantáneas del correo electrónico mientras es escrito y «chivarse» de todos los webs que ha visitado el trabajador. El programa español «El Espía» (www.el-espia.com) permite, según sus autores, «saber lo que nuestros empleados hacen en el ordenador, averiguar qué programas se utilizan, cuándo y durante cuánto tiempo, recuperar la información que se ha escrito o copiado al portapapeles: direcciones, teléfonos, anotaciones, etc», e incluso, «el control de la actividad en casos de tele-trabajo y averiguar qué programas se utilizan».

Pero, ¿para qué querría una empresa espiar a sus empleados? «Una orden del jefe puede hacer que se vigile a una persona que ya está bajo sospecha o de la que se desconfía, bien por su bajo rendimiento o porque pasa información a la competencia», explica A.L, y añade que «puede ser el “puntillazo” para echar a alguien».

Según datos de KPMG (www.kpmg. com), uno de cada cinco empresarios espía el correo electrónico de sus empleados y su navegación, lo que lleva al despido cuando se descubre un mal uso como, por ejemplo, el consumo de pornografía o el envío de mensajes ofensivos o amenazantes.

Vault.com (www. vault.com) señala que el 31 por ciento de las compañías controla o restringe el uso de Internet y del e-mail. Los datos enarbolados por las empresas para justificar estas prácticas de ética dudosa también son preocupantes: IDC (www.idc.com) calcula que casi el 40 por ciento del tráfico de Internet desde las empresas no tiene nada que ver con el trabajo. «Se trata del mismo método que se usaba antes, cuando se buscaban las “pruebas” del delito dentro la papelera del “sospechoso”», reflexiona el administrador de sistemas, «pero ahora es mucho más difícil destruir la basura, porque es electrónica».

Reproducido de La Razón

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