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La plaga del “spam”


La publicidad electrónica sirve para poco, pero es barata. De ahí la proliferación del “spam”, el correo publicitario electrónico no solicitado, que de un tiempo a esta parte poluciona hasta extremos agobiantes la red. Son llamadas perdidas de antemano, en su inmensa mayoría, que sin embargo no dejan de multiplicarse.





LLÀTZER MOIX

Internet es la autovía de la moderna comunicación, y el “e-mail”, su 600. Si la masificación del célebre utilitario cambió en los años 60 las costumbres sociales, la generalización del “e-mail”, paradigma comunicacional de principios del XXI, ha revolucionado en un par de años nuestros hábitos. J. F., que se ufana de estar al día, se sienta todas las noches ante la pantalla de su ordenador para despachar el correo. Es la hora de saber de amigos y familiares desplazados, de recibir alguna nota de colegas profesionales, o de recuperar el contacto con compañeros a los que hace tiempo se perdió el rastro. Esto último resulta bastante sencillo: basta con aventurar una dirección electrónica, escribiendo el nombre de la persona, @, el nombre de un servicio de mensajería y su correspondiente dominio. Con cierta frecuencia, hay suerte y la nota llega a su destinatario. Por desgracia, esa idea la tienen también los emisores de mensajes publicitarios no solicitados. Así que cuando J. F. despliega su pantalla “in box” se tropieza con escasos mensajes personales, perdidos en un océano de postales bobas, ofertas de pornografía, medicamentos, cursos de inglés, escuelas de canto y baile o, directamente, virus. J. F. es, como la mayoría de los usuarios de “e-mail”, una víctima del “spam”, esa plaga que ha polucionado el correo electrónico hasta convertirlo en intransitable basural publicitario.

Dicen que la efectividad de los anuncios en la red es limitada. Pero, al ser muy barato, el “spam” prolifera. En Estados Unidos, en tan sólo nueve meses, se ha triplicado su volumen, ante la impotencia del usuario (las firmas que preparan software para su filtrado se declaran desbordadas) y la pasividad administrativa, que ha dejado languidecer hasta una docena de iniciativas parlamentarias para contenerlo (pese a que cada día se presentan alrededor de 40.000 quejas al respecto). En el Parlamento Europeo, en cambio, el 30 de mayo se aprobó una normativa anti-“spam”.

La plaga, en cualquier caso, continúa. Y dado que, a veces, los servicios de filtrado filtran más de la cuenta y desvían al limbo electrónico mensajes deseados, muchos usuarios optan por empuñar personalmente la escoba y eliminar todos los mensajes sospechosos de “spam”, sin ni siquiera abrirlos. Cuesta imaginar un modelo de llamada perdida más perdida que ésta, que muere a los pies del receptor, sin haber sido admitida. Y que a la postre propicia, cuando el volumen de “spam” es ya asfixiante, el abandono de una dirección electrónica y la apertura de otra, con una clave inimaginable. Así va creciendo en Internet, la moderna autovía de la comunicación, la red de direcciones abandonadas, fantasmales, atestadas de mensajes que ya nadie recibirá, ni abrirá, ni borrará

Reproducido de La Vanguardia


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