
«Spamdemic», el primer mapa de correo basura publicado en Internet, muestra
quiénes y cuántos configuran este negocio de mensajes no solicitados. Así,
desvela cómo la información pasa de mano en mano, intensificando esta
práctica tan molesta para los usuarios que ven cómo su buzón se convierte en
un vertedero.
24-07-2002 - Marta Villalba, Madrid. -Cuanto más se intenta controlar el envío de mensajes no solicitados o correo basura (conocido como «spam»), más aumenta, dicen los últimos estudios. Los «e-mail» basura invaden nuestro correo electrónico,
convirtiéndose en una plaga muy difícil de extinguir. Los «spammers»,
eslabones de una misma y extensa cadena responsable de esta práctica,
encuentran direcciones de correo electrónico en servidores, páginas web,
weblogs, grupos de noticias o foros de discusión. Estas direcciones corren
como la pólvora entre estas empresas, se las intercambian, como muestra
«Spamdemic», el primer mapa del «spam» publicado en Internet por la
organización Clueless Mailers (www.cluelessmailers.org) cuyo responsable es
el activista anti-spam Bob West.
El minucioso e intrincado mapa desvela las relaciones entre las empresas,
cómo comparten información y cómo venden a compañías de márketing datos de
direcciones y clientes. Bob West, augura un aumento cuantioso del «spam» en
los próximos años. West comprobó cómo a su buzón de correo electrónico le
llegaban mensajes no deseados cuando él no había dado su dirección a ninguna
de las empresas incluidas en el mapa. El «Spamdemic», refleja que cuando una
dirección llega a un «spammer» todos los demás de la cadena, antes o
después, la tendrán. «El único modo de solventarlo es airear el problema a
los cuatro vientos y quejarse enérgicamente del abuso», puntualiza.
Congestión del tráfico
Cuando llega un correo basura el coste es mayor para quien lo recibe que
para quien lo envía. El internauta tiene que pagar un servicio -la línea
telefónica para conectarse- para recibir el «spam», mientras que el emisor
envía de una sola vez centenares de miles de mensajes, casi sin costo. Como
consecuencia, congestiona el tráfico de los proveedores de Internet. Los ISP
pierden mucho tiempo en procesar el «spam» y esto ralentiza inexorablemente
la conexión de los internautas. Una solución para solventar el problema es
el uso de filtros. Pero los ISP los descartan porque la criba retarda aún
más el procesamiento y, por tanto, la conexión. A los proveedores de
Internet, ante esto, no les quedan muchas salidas; o dejan que los usuarios
tengan una conexión más lenta, o pagan por más ancho de banda, inversión que
luego pagarán los internautas con un aumento de las tarifas.
Pero lo que más molesta es el tiempo que se nos escapa cuando entramos en el
vertedero de nuestro buzón. A menos que el título sea obvio, el usuario
siempre pierde tiempo en abrir el correo y leer una parte de él para darse
cuenta de que es un «spam», sin contar el tiempo que también habría que
perder para que den de baja de la lista su dirección de correo electrónico.
Además, muchos mensajes tienen instrucciones para que el receptor los
reenvíe a una o varias personas.
El «spam» es el máximo exponente del abuso al consumidor, se atrae al
cliente con ofertas engañosas o directamente falsas, de productos o
servicios que suelen ser ficticios tipo «hágase rico rápido», «obtenga un
móvil gratis», etcétera. Suelen apuntar a personas que, por no estar
correctamente informadas de este tipo deprácticas, pueden caer en los trucos
que se les presenta.
Pero además suele ser ilegal. Juega con la disparidad de los diferentes
marcos legales de protección al consumidor que existen en los países y la
dificultad para ubicar a quien los envía, convirtiéndose así en la mejor vía
para promocionar productos o servicios ilegales o rechazables, como cadenas
de dinero, acceso a pornografía, difusión de pornografía infantil y otros.
Por otra parte, las prácticas habituales de recolección y tráfico de
direcciones se basan en el engaño a los clientes y en falsas promociones
para conseguir direcciones de usuarios.
«Can Spam»
El Comité de Comercio del Senado de Estados Unidos ha aprobado una
resolución, conocida popularmente como «Can Spam» (enlatar el correo
basura), que propone multar a los «spammers» con diez dólares por cada
correo ilegal y solicita que en los mensajes se incluya la opción de
borrarse de la lista de destinatarios. Pero esta iniciativa (hasta ahora la
más importante) que en breve deberá pasar por el Congreso para su
aprobación, tampoco solucionaría el problema pues los mensajes basura, como
es propio de Internet, rebasan las fronteras. «El problema es
tecnológico -opina Ken Scheneider, director de tecnología de Brightmail
(empresa californiana que lucha contra el «spam»)- y, por tanto, sólo la
tecnología puede solucionarlo». Existen filtros y programas especiales para
mitigar esta lacra pero acabar con los «spammers» es, dice el vicepresidente
de Gartner Joyce Graff, «como pisotear cucarachas en la cocina. Puedes
deshacerte de algunas, pero siempre salen más».
Una primera solución: resignarse y borrar con paciencia los mensajes. A la
vuelta de las vacaciones puede encontrar un mensaje de su proveedor
anunciando que su buzón está por encima del límite de su tamaño y hasta que
no lo limpie no le llegarán más correos. La segunda: quejarse.
Reproducido de ABC.
