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La aldea no es global


Más de 260.000 hogares españoles, donde viven algo más de un millón de personas, están condenados a vivir sin la Red. Internet no ha llegado a sus casas, donde sólo tienen una línea telefónica rural.


OLALLA CERNUDA
Rubén vive en una hermosa pedanía de Asturias llamada Pinzales. Entre verdes prados y a sólo 15 kilómetros de Gijón, la vida transcurre muy tranquila de no ser por un pequeño detalle: allí, como en otros muchos pequeños pueblos repartidos por la geografía española, no pueden acceder a Internet. Por mucho que el Gobierno proclame a voz en grito la necesidad de embarcarse en la Sociedad de la Información, aquí sigue habiendo ciudadanos de primera y de segunda.

Y es que, a pesar de las promesas de Birulés ahora, y Arias Salgado hace unos años, la aldea global no llega a las aldeas españolas. En nuestro país, un total de 254.262 hogares, cerca de un millón de personas, no tienen la posibilidad de navegar por Internet. Ubicados en zonas remotas, a las que llevar el cable telefónico es caro y difícil, Telefónica decidió hace más de una década dotarlas de un sistema entonces novedoso que llamaron TRAC. Son teléfonos que funcionan con una tecnología celular (por radio, en frecuencias de 900 MHz) tan obsoleta que no permite la transmisión de datos, con lo que acceder a Internet es absolutamente imposible. A veces, incluso mantener una conversación telefónica de lo más normal se vuelve una odisea.

OBLIGACIÓN. Entre los años 1992 y 1994, Telefónica, dispuesta a cumplir con su obligación de dar servicio universal, decidió instalar estos teléfonos en los lugares donde no ha llegado, ni llegará en los próximos meses, el tendido de líneas telefónicas (analógicas, digitales, RDSI o ADSL) ni mucho menos el cable.

Los casi 260.000 sufridos usuarios de esta moderna tecnología ya no saben qué hacer. Rubén, por ejemplo, lleva 15 años intentando reclamar a la región noroeste de Telefónica, y la respuesta es siempre la misma: “No hay las condiciones técnicas adecuadas para que podamos darte una línea convencional”. Él, que se emocionó pensando que la llegada del ADSL solucionaría sus problemas, tiene que seguir bajando hasta Gijón para enviar su trabajo por correo electrónico desde un cibercafé.

Su caso no es único. En Telefónica se amparan en la premisa de que como el acceso a Internet no está incluido dentro de lo considerado servicio universal, ellos no tienen por qué ofrecer esto al 100% del territorio español. “No podemos llevar el tendido a todos los pueblos, o las casas que están en medio de un monte. Es inviable”, asegura Paz Noriega, de Telefónica de España. “Hay que buscar una solución para esta gente, pero a día de hoy, el acceso a Internet no es un servicio universal, y por lo tanto nosotros cumplimos nuestro papel”, afirma.

Sin embargo, en el Ministerio de Ciencia y Tecnología están haciendo lo posible por solucionar esta excusa legal de Telefónica. La ministra Anna Birulés ya aseguró la semana pasada, en la inauguración de Mundo Internet 2001, que la Comisión Europea “ya ha aprobado que este servicio se considere universal, y por tanto, todos los ciudadanos tienen derecho a ello, independientemente de su nivel adquisitivo o de su lugar geográfico”. En el Ministerio aseguran que, una vez terminado el trámite burocrático europeo –que llevará algunos meses– se empezará a trabajar en el asunto, pero ni siquiera saben qué tecnología se va a utilizar para sustituir los obsoletos teléfonos, ni si se va a hacer por concurso o será Telefónica quien esté obligada a prestar el servicio. Y mientras tanto, los usuarios sin poder conectarse a la Red, una situación que según fuentes del Ministerio se prolongará, al menos, otros dos años más.

MOVILIZACIONES. ¿Y entonces, qué pueden hacer estos usuarios? Algunos han empezado a movilizarse, como los de la provincia de Soria, que han montado la Asociación Sininternet, y ya han planteado sus quejas en el Senado. No sin razón. Sólo en Castilla y León son más de 30.000 los afectados, y en Galicia superan los 80.000, por sólo citar algunas comunidades autónomas.

Su solución lógica pasa por otro sistema basado en radio, pero esta vez con mucha más potencia: 3,5 Ghz. Los operadores que ofrecen la tecnología LMDS están listos, pero sus clientes escasean, y esta es una oportunidad perfecta para captar algo de liquidez. Si el Ministerio les deja, porque en Ciencia y Tecnología se agarran a la posibilidad del UMTS como a una tabla en caso de hundimiento. Una opción que no llegará, si llega, hasta dentro de al menos cuatro años

Reproducido de El Mundo

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