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Carta a Movistar


Estimado/a Movistar:

Soy una de esas personas “imprudentes” que prefieren confiar en la integridad de las empresas que contratan, a tener que pasar la vida repasando extractos bancarios y analizando el detalle de cada factura, de cada anexo, de cada e-mail comercial, para cerciorarse de que no me están cobrando de más. Para tí, un panoli.






>Es por ello que acabo de averiguar que hace meses me cambiaste las condiciones de mi contrato “Fusión”. Dejé de pagar los 60€ al mes pactados, a pagar 75€, y luego 80. A estas alturas debería ser un gran accionista tuyo, pero lo cierto es que ni siquiera me aproveché de tu burbuja de canales y gigas.

 

Creo que cualquier persona con sentido común entiende que subir un 33% el precio de un servicio contratado es una alteración sustancial, radical y poco ética de las condiciones pactadas por la prestación de dicho servicio. A no ser que:

1. Dicha alteración se anticipe y se concreten sus términos en el momento del acuerdo.

2. La lleves a efecto después de informarme como cliente, mediante una comunicación segura y efectiva (aquella que garantiza que el destinatario recibe el mensaje), y tras haber constatado mi conformidad de manera expresa. Osea, pasando por el proceso de persuasión y venta. Dicho en plata: currándotelo como Dios manda.

Esta sería la forma íntegra y honesta de proceder de las empresas que tienen una vocación verdadera de servicio público e intereses alineados con el beneficio de sus usuarios. Compañías con vestigios de decencia tras el telón sobre el que proyectan su propaganda corporativa, que en tu caso vende una imagen de tí tan ideal como artificiosa.

Es la millonaria carrera publicitaria por ser la marca de telefonía más cool del mercado.

Pero, en la realidad de mi caso, tú, no sólo has variado de forma unilateral y arbitraria las condiciones, sino que lo hiciste a mis espaldas, usando subterfugios como la última cláusula del contrato y una supuesta notificación por carta, acompañando una factura.

Llama la atención que notifiques estas cosas en el anexo de una factura, y que renuncies a canales de comunicación más efectivos (menos cobardes), como una llamada telefónica. Un método idóneo, que deja de ser intrusivo si este se usa para advertir al usuario de una “clavada” imprevista, y que, no obstante, sí empleas a tu conveniencia para solicitar valoraciones de tu atención telefónica, hacer encuestas o vender algo. Recursos para ello creo no te faltan.

 

Por contra, el medio que has empleado es aquél que exige al cliente “prudente” (el que sí duda de la transparencia y de la honestidad de la compañía que contrata) una atención vigilante y continua de todas las comunicaciones. Si es que esta persona dispone, además de la voluntad, del tiempo y la energía necesarios para prevenir tus triquiñuelas de trilero venido a más, o trilero corporativo, como la que motiva esta carta.

En tu Dpto. de Marketing saben bien que las personas tienen poco tiempo, y que su capacidad de percibir y procesar mensajes está desbordada por la infinidad de impactos y de ruido comercial que reciben, en su día a día ya bien cargadito de problemas.

Por ello, sólo se puede ver en esto la falta de voluntad por que yo, cliente tuyo fiel desde hace 14 años, tuviera conocimiento de tu cambio. A fin de asegurarte un provecho económico desleal. A costa de mi perjuicio.

Lamento que hayas abusado de mi confianza; contigo, “mi imprudencia”.

Hasta la vista.

 

P.D.: No he podido aprovechar tu carísimo producto “Movistar Plus-Fútbol”. Hace más dos años que no tengo whatssap y hace casi uno que deje de usar mi smartphone-idiotizador. Apenas enciendo la televisión. He cambiado tus gigas por tiempo con mi guitarra. Para colmo, tampoco me gusta el fútbol. Supongo que me asignaste este paquete sólo por ser hombre, ya que optaste por no preguntar.

 

Reproducido del blog Hipocritic


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