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Victor


Tenía que escribir. No es que me apetezca, la verdad es que no me apetece nada, y hoy menos aún. Pero hoy, precisamente hoy, tengo que escribir, porque no es día de quedarme callado.

Anoche murió Víctor Domingo. Víctor, el presidente de la Asociación de Internautas, el compañero, el amigo. Después de casi dos meses intentando remontar un infarto y un ictus, por fin su cuerpo no pudo más y anoche, como digo, a las 21:00, acabó su sufrimiento.





Lo conocí en la primavera de 2002, cuando asistí a la primera asamblea de la Asociación de Internautas, recién ingresado yo en la entidad, que se celebró, precisamente en Barcelona, casi dos años después del primer gran éxito de la Asociación y de Víctor: la consecución de la tarifa plana, reivindicación que dió lugar a la AI tras fusionarse varias entidades que tenían ese mismo fin. Me entusiasmó la actividad que había en la Asociación y la energía que desplegaba Víctor y, evidentemente, me contagié de ellas, así que me integré activamente en el proyecto.

Así empezó mi relación con él. Con el paso de los años, descubrí a un hombre jovial, despierto, con una aguda capacidad de análisis, con una asombrosa capacidad de trabajo (y de ubicuidad), con un don de gentes como pocos he visto, tenaz, amigo de sus amigos, compañero de sus compañeros y con una verdaderamente asombrosa capacidad de trabajo. Pero lo que más te acababa llamando la atención sobre él es que era una excelentísima persona, un buen tipo, como lo han calificado, con toda intención, sus amigos de Libertad Digital en un tuit de hoy mismo.

Nos despertamos con la triste noticia de que se nos ha ido @victordomingo, presidente de la Asociación de @internautas y colaborador de Libertad Digital y @esRadio y, sobre todo, un buen tipo al que todos echaremos de menos. Descanse en paz. Libertad Digital (@libertaddigital) June 12, 2019

Desde aquel día, con Víctor Domingo he hablado, me he escrito, hemos discutido, nos hemos reído, hemos celebrado éxitos y hemos compartido preocupaciones junto con los demás compañeros de la Asociación. Desde aquel día del 2002, Víctor Domingo ha sido una constante, frecuentemente diaria, en mi vida.

Y hoy ya no está.

Esta mañana, al levantarme (silencio el móvil por las noches) he visto parpadear la lucecita del guasap y allí estaba el mensaje: Víctor ya no estará más con nosotros. Al menos, vivo.

He llegado al trabajo y me he disparado sobre el ordenador para reservar hotel en Madrid y comprar los billetes de AVE, pero no ha sido posible. Resulta que en Madrid hay un congreso turístico o algo así y los hoteles estaban a reventar. Lo poco que había libre, a unos precios desorbitados, lo mismo que el AVE y los aviones. No he podido ir a despedirme de él por última vez. Y aún suerte que fui a Madrid el viernes pasado, precisamente a sustituirle en un acto, y pude escaparme a verle, cosa que, aunque no fue posible, me permitió, al menos, compartir unos minutos con Lourdes, su mujer. Tere me consolaba este mediodía diciéndome que, de alguna manera, ya me había despedido de él ese día.

Pero escribo esto -son las siete y media de la tarde- a menos de dos horas de la ceremonia de despedida que se realizará en el tanatorio y me siento casi como un desertor, con la amargura de sentir como si, en el último momento, no hubiera cumplido, por última vez, con mi deber.

La última vez que habló con nosotros -con nosotros, entiéndase, incluyéndome a mí- fue en la lista de correo, poniendo paz -una paz que, de todos modos, no había estado en peligro- en una discusión que se estaba enconando un poco.

Ibámos a vernos todos dentro de diez días, el sábado 22, para el que está convocada la Asamblea anual de la Asociación. Y nos veremos, claro.

Pero ese día habrá un hueco, un vacío, muy, muy, muy grande.

Que la tierra te sea leve, Víctor, compañero y amigo.

Javier Cuchí


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