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Iva, discos, depredación........


Ya tardaba. Ya tardaba, pero llegó. No podía ser menos y, frente a la virulencia de la indignación ciudadana contra la insaciable codicia de la SGAE y de las discográficas, el PSOE se ha visto obligado a dar no sabemos si la cara o las posaderas ante el enrarecido ambiente ciudadano provocado por el canon buitresco.





Según informa Europa Press, el Grupo Parlamentario Socialista en el Senado, encabezado por Carlos Chivite, ha pedido hoy al gobierno la rebaja del tipo de IVA de los discos del 16% al 4%, el tipo reducido cuatro veces inferior. Los argumentos... los recurrentes, los de siempre: que si todo es cultura por qué el libro sí y el disco no, que si discriminación, que si rasgamiento de vestiduras...

Lo cierto es que mientras en otros países se han decidido, por fin, a bajar el precio de los discos y muchos otros más lo están pensando ya como una solución (ciertamente realista) al fenómeno de la piratería, en España, país, a lo que parece, de piratas, corsarios y bucaneros (o sea: no sólo el 'top manta', sino también, además, y en el mismo plano, la SGAE y las discográficas propias o -más comunmente- sucursales norteamericanas) la rebaja (presunta rebaja, como luego veremos) vendría dada por una rebaja de los impuestos.

La jugada, bien mirado, es magistral. Como ahora los españolitos ya pagábamos dos veces por lo mismo (canon por el mecanismo reproductor, canon por el soporte consumible, y ambos en absoluta y dolosa ignorancia de su uso real mayoritario, que es el informático), en el futuro lo haremos tres veces: además de las anteriores, la merma de ingresos fiscales utilizables para gastos e inversiones de interés público. Genial: ellos ganan lo mismo, se rebaja en un 10% (grosso modo) el precio de venta al público de sus discos ("nadie tiene ahora excusa para acudir al top manta", dirán en la apoteosis de su cinismo) y los ciudadanitos ya nos apañaremos para ir tirando cuando veamos qué nos queda dentro de diez años para las pensiones públicas.

Después iremos a ulteriores consideraciones pero, tras nuestra experiencia ciudadana (no sólo consumimos informática ¿saben?) en materia de hidrocarburos (vulgo "gasolinas") y de sector inmobiliario, sobre todo de este último, sospechamos que la SGAE y las discográficas no iban a conformarse con el irrisorio aumento de volumen de mercado que supondría esta rebaja (un disco de 20 euros pasaría a costar, poco más o menos, 18, con lo que la tentación del 'top manta' no se eliminaría en absoluto) sino que pasarían, directamente y en poquísimos meses, a absorber -es decir, apropiarse- de esa rebaja fiscal. De esta forma, si esa rebaja fiscal se aprobara hoy, de aquí a navidades habríamos vuelto a pagar lo mismo (¡y aún dirían que el precio de los discos no habría subido pese a la tendencia especulativa de las fechas!) y buitres y quebrantahuesos, o sea, sgaes, discográficas y subsidiarios (alejandritos y compañía) incrementarían todos ellos sus ingresos, graciosa y alegremente, en un 10%, que no está mal, ojalá me subieran a mí el sueldo en la mitad de esa proporción.

Y vista la estafa económica y presupuestaria de esa medida, que cae por su propio peso, quedan otras consideraciones. Vamos al lloriqueo socialista (por delegación 'bautista' más que evidente, porque los argumentos no son nuevos)... Para empezar, la comparación con el libro es absolutamente falaz, como lo es -y lo ha sido siempre- el meter en el mismo saco de los mismos derechos de autor al libro y al disco. En fin, la comparación de sus circunstancias, cae por su peso.

Es verdad que hay tres o cuatro grandes editoriales (sólo una de ellas propiamente española, por cierto: las demás pertenecen a grupos extranjeros) cuya sinvergüencería alcanza cotas similares a la de las discográficas más potentes; pero un cierto segmento del mercado del libro está mucho más repartido y hasta podríamos decir que un poco mejor repartido: hay multitud de editoriales medianas y pequeñas que van tirando a trancas y barrancas y que prestan un servicio social inestimable sacrificando muchas veces parte de los posible beneficios a la divulgación de ideas o de éticas con las que estaremos o no de acuerdo pero sí convendremos en que son parte de un necesario debate cultural o social; ese fenómeno también existe, afortunadamente, en el mundo del disco pero por causas diversas -costes de producción, publicidad y distribución mucho mayores- ese sector es aún más reducido.

Otro valor añadido del mundo del libro: se descataloga muy poco, pero el paréntesis que va desde la descatalogación a la edición barata es muchísimo más corto. Ojalá se reeditaran tantos discos como libros y que las reediciones discográficas fueran tan asequibles como sus primas literarias. Pero no: la única reedición discográfica barata son las obras del Fary; una reedición de los Beatles se vende al mismo precio que se vendería si Johnn Lennon estuviera aún recuperando el resuello tras tantas horas de trabajo. Y, naturalmente, no se reedita, ni de lejos, en la misma proporción que el libro.

Ya no entraremos en el comentario sobre el infinitamente mayor servicio que presta a la lengua española el mundo de la editorial bibliográfica (con una mayoría abrumadora e importantísima, en cantidad y en calidad, de autores españoles e hispanoamericanos) que la discográfica que sólo contribuye, entre otras muy perniciosas cosas, a fomentar el imperialismo cultural anglófono en detrimento del nuestro propio (porque, en general -y hablo sólo de los superventas discográficos- el sector hispano da pena). Si de la lengua castellana pasamos a la catalana, la valenciana, la gallega o la vasca (y no digo nada sobre otras como el bable o el aragonés y más que me dejo) las desproporción es aún mayor, la zanja más ancha y el agravio más sangrante.

Pero el señor Chivite va más allá en su servilismo y en su calidad de "organismo pagador" del Partido Socialista por los favores de la clase dominante en la SGAE: manifiesta que hay un "consenso en el sector". Y uno se pregunta... ¿qué consenso? ¿El del mejunje discográficas-SGAE-PSOE- grandes distribuidores comerciales? Porque en el sector económico ampliamente entendido que, además de los anteriores (salvo el PSOE, que está donde no debe estar), comprende a pequeños distribuidores y comerciantes, no sé yo si habrá tanto consenso. Dudo del consenso de los pequeños comerciantes, a poco que pensaran en el aspecto absorbible de la rebaja (absorción que a ellos no les beneficiaría en nada) y, por supuesto, estoy al cabo de la calle en lo que respecta a los consumidores.

En fin, que ya vemos que en el PSOE no ha habido travesía del desierto y que sigue imperando la doctrina Solchaga: este es un país en el que cualquiera [cualquier sinvergüenza] puede hacerse rico fácilmente: le basta con propugnar la cuadratura del círculo, establecer impuestos privados a la trágala hitleriana, poner la mano y vivir del cuento. Pagará por ello, estamos seguros, una importante factura electoral: quizá no tanto (aunque no poco) por el problema musical, muy en segundo plano ante ámbitos como la educación, la vivienda, los transportes y las mismas telecomunicaciones, como por la actitud de corrupción y de sometimiento a intereses particulares que de ello se trasluce y que no hace aún tantos años costó al Partido Socialista el gobierno. El prestigio, no: ése ya lo había perdido. Exactamente igual que ahora.

Artículo de Javier Cuchí Burgos miembro de la Asociación de Internautas.

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