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Magnatune. Nace una alternativa.


Berliner, inventor del gramófono, debió ser, se me ocurre, el primer pirata moderno. Los dueños de los teatros que ofrecían la música en directo a precios prohibitivos probablemente se echaron las manos a la cabeza y llevaron el grito al cielo al ver que ahora la gente podía escuchar discos en sus casas tantas veces como quisieran y sin pasar por taquilla con cada audición.





Ese era un invento del diablo y no me extrañaría nada que le acusaran de hacer perder puestos de trabajo, de acabar con la música y del agujero de la capa de ozono. Pero, irremediablemente, el invento se iba con la música a otra parte y los intentos de aquellos empresarios por paralizar el tiempo fueron vanos. La industria tuvo que reconvertirse. El propio Berliner dio el primer paso fundando la "Gramophone Company" que daría lugar a la discográfica EMI que es una de las que más alto alzan la voz para criticar el cambio de los tiempos que en su momento le hizo multimillonaria y que poco le importó que dejara en el camino a los que no quisieron o no supieron adaptarse.

Como se ve la historia se repite aunque a los actores se les haya cambiado el papel y hoy, como ayer, todo cambio tecnológico que no signifique poner más dinero en las menos manos que ya lo tienen es calificado de piratería. Pero de poco sirve. Los tiempos cambian y cuando esto se acepta es el momento en el que aparecen las alternativas.

La última en salir a la luz ha sido Magnatune. Esta especie de sello discográfico online permite escuchar completamente las canciones antes de comprarlas y el precio a pagar está directamente relacionado con lo que tú quieras y puedas dar: pagas lo que te parece justo. Es cierto que esta empresa cataloga el precio mínimo de justicia en 5 dólares pero una vez pagados la persona que adquiere la música, al ser de libre distribución, puede compartirla gratuitamente con todo aquél que le plazca sin miedo a que la RIAA te lleve esposado.

Desde Magnatune se explica la razón de la iniciativa y ésta, dicen, no es otra que la de ofrecer una alternativa que sea rentable no sólo para la empresa sino también para los músicos y para el interés social que son los más castigado con el actual sistema. Los autores de las obras vendidas no se llevan con Magnatune el triste 8% al que la industria discográfica actual les tiene acostumbrados sino que se llevan el 50% de los beneficios. Beneficios que, por otro lado, no dejan de subir a pesar de, o gracias a, que su música una vez adquirida es de libre distribución en redes P2P.

El tiempo se ha tomado su tiempo en dar la razón y muchos insultos, denuncias y amenazas sufren y siguen sufriendo los que creen que tienen derecho a disfrutar de la cultura y de los avances que nos la acercan. Este tipo de iniciativas es al fin y al cabo lo que se demandaba. Iniciativas que se saben adaptar al cambio y que compaginan su interés lucrativo con el interés social de libre difusión de la cultura. No se trataba ni de acabar con la música ni de acabar con los artistas y mientras ustedes pierden el tiempo señalándonos como los causantes de todas las calamidades de este mundo nosotros seguimos recordando una frase: "Ladran, Sancho, señal que cabalgamos".

Noticia comentada por David Bravo Bueno

david_bravo@supercable.es

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