Te cambio una de Sabina por una de Aute


El 5 de enero, un estudio reveló que los aficionados a bajarse música de internet habían descendido a la mitad. Dos semanas después, otro afirmaba que han subido un 6%. Ambas conclusiones son ciertas. Usuarios y expertos coinciden: la descarga indiscriminada de canciones ha bajado. Pero está emergiendo otra forma de compartir basada en la seguridad, la confianza y el gusto compartido por un estilo musical o un género de películas determinado. Llega la Era de las comunidades del intercambio.Y la industria musical norteamericana está acelerando el proceso.





MIGUEL ÁNGEL CRIADO / Ariadna La oleada de demandas contra quienes comparten su música –esta semana se han presentado otras 532– ha provocado la desbandada de los usuarios de las redes que son espiadas. Es el caso de Kazaa, que bajó hasta los tres millones en diciembre. Pero no dejan de descargarse canciones, simplemente se hace desde otro lado. Los beneficiados son otros que, como Emule, tienen sistemas de filtrado de direcciones IP. Estas direcciones son las que usan las discográficas para cazar a los usuarios. Para evitar el rastreo, programas como el español P2P hazard han devuelto el golpe. Esta aplicación, que se puede integrar en el Emule, impide que los ordenadores de la RIAA, la SGAE o incluso la Guardia Civil puedan fisgonear qué hay en su PC y qué hacen con ello.

ANONIMATO. “Esto es como un juego: a cada ataque de la industria, la comunidad responde con avances tecnológicos”, dice José Cabello, de HispaMP3. Y la historia del P2P le da la razón. Las discográficas dieron a Napster en su punto débil. Al tener un servidor central donde buscar las canciones, le acusaron de favorecer la piratería. Los fans del intercambio contraatacaron creando programas que, como Gnutella, carecían de servidor central. ¿Que hoy el arma usada es el espionaje a los usuarios? Pues se refuerza la seguridad. “No dejan de surgir aplicaciones que buscan proteger el anonimato de las personas”, comenta Cabello. Mute es la última. Este programa crea IP falsas que enmascaran la dirección real.

Además de la guerra de las IP, la presión de las discográficas está provocando la creación de redes cerradas. Estos grupos, de entre 10 y 100 personas, construyen una red inaccesible a los extraños. Arturo, veterano intercambiador, usó el programa Waste para hacer la suya. “Somos unos 40 y nos pasamos de todo, pero sobre todo películas. Cada uno se encarga de ripear una o dos al mes”. Pero Arturo cree que la seguridad no es la única razón para montar una red privada. “La confianza y compartir las mismas aficiones también cuentan”.

Jipi, un madrileño de 38 años, refleja bien la nueva forma de compartir. Preocupado por la seguridad, su cortafuegos detiene cada día varios intentos de entrada en su ordenador desde las discográficas. Pero Jipi ha abandonado Kazaa no sólo por el espionaje. También por la desconfianza que le inspira. No en vano, según TrueSecure, el 40% de los archivos que van por esta red son virus o MP3 corruptos. “Alguien quiere cargárselo”, asegura. Por eso, ahora sólo intercambia con conocidos. “Ya no habrá más un programa rey del intercambio, sino comunidades pequeñas de gente que se conoce y tiene los mismos gustos”.

El programa TrustyFiles (archivos de confianza, en inglés) es un buen ejemplo. Frente a los tradicionales, diseñados para buscar por redes de miles de usuarios, éste permite la conectividad entre amigos, formando minirredes. El más popular de la tercera generación del P2P es el híbrido SoulSeek. Parece un programa de intercambio de archivos como el resto, pero es algo más. En primer lugar, dentro del mismo programa hay una serie de foros creados por los usuarios. Cada foro es de un estilo musical distinto. Los hay dedicados al flamenco y hasta al rap polaco. Además, SoulSeek permite crear una lista cerrada de amigos. Sólo ellos tienen acceso a tu música. El envío de archivos se realiza mediante FTP.

Y como SoulSeek hay otras 260 aplicaciones similares. Unas impenetrables, como las creadas con el Waste. Otras anónimas, como Freenet. Y muchas tan especializadas como Porn Digger, reservada para adultos, o Snackster, donde se comparten recetas de cocina. Cuatro años después de que Napster tuviera 38 millones de usuarios, hay el doble de personas compartiendo.


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