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Archivado en Noticias, Seguridad

Premios de lotería y subastas principales ganchos de las estafas por Internet


La policía ha detectado un millar de fraudes en todo el mundo que se han perpetrado desde Málaga Las víctimas llegan a pagar hasta 300.000 euros por un premio falso tras entrar en un club de apuestas





JUAN CANO/MÁLAGA Diario SUR Digital

El manual tenía un título muy atractivo para un primerizo en la red: 'Seguridad en el comercio electrónico'. Menudo engaño. Por la obra maestra le clavaron al cliente nada menos que 1.200 euros. «Resultó ser una estafa en toda regla. No recibió los libros de la oferta, y perdió todo el dinero», explica el coordinador de la Asociación de Usuarios Bancarios (Ausbanc) en Málaga, Ángel Yagüe.

Ventajosas subastas en la red y, sobre todo, falsos premios de lotería son los principales ganchos utilizados por los estafadores. Se trata de golpes 'fantasma' en los que no se deja ninguna huella. Los dominios temporales desaparecen o conducen hasta un cibercafé ajeno al fraude en el mejor de los casos. No hay hebras de hilo por ningún lado para tirar de la manta. Ni tampoco límites geográficos. La trampa se puede urdir desde cualquier rincón del planeta conectado al océano de Internet.

Según se desprende de las estadísticas policiales, puede haber más de un millar de afectados en todo el mundo por fraudes en la red que se han perpetrado desde la Costa del Sol. «Málaga es la provincia española donde más bandas se han desarticulado», afirma el jefe de la sección de Delitos contra el Patrimonio, Juan Titos.

Las estafas más importantes giran en torno al elaborado timo de la lotería. La banda echa sus redes con un correo electrónico -también se envía por carta, fax o incluso teléfono- en el buzón de las víctimas. En él se les explica que han sido seleccionados para entrar en un club de apuestas en la Lotería Nacional española. «Buscan gente de todo el mundo; se han detectado casos en Australia, Groenlandia, Finlandia, Canadá...», enumera el jefe de la sección de Delitos contra el Patrimonio.

El anzuelo consiste en el regalo de las primeras cuotas del sorteo, por lo que, al principio, no pagan nada. «Les dicen que a partir de ese mismo día juegan un dólar». Luego viene la trampa. La banda envía otro correo con la buena noticia. El club ha ganado una apuesta millonaria y el pastel se divide entre unos pocos afortunados, «unos 80.000 dólares por cabeza».

Pago de impuestos

A miles de kilómetros, las víctimas se topan con el afortunado correo electrónico. Continúa el bombardeo. Los siguientes e-mails les confirman la entidad bancaria donde se ha ingresado el dinero. Llega el quid de la cuestión: los impuestos. Para que el hipotético premio salga de España hace falta enviar antes una cuota a Hacienda. La estafa. «Tuvimos que frenar a un norteamericano que había dado 300.000 euros e iba a ingresar 120.000 más». No obstante, la cantidad media oscila entre 15.000 y 30.000 euros, pero no suelen pedir cifras redondas para despistar.

Aunque el perfil de los estafadores es cada vez más variado, suelen ser jóvenes y curtidos en la piratería informática. «Saben cómo tienen que actuar para que no les puedas seguir el rastro». Según el jefe de la sección de Delitos contra el Patrimonio, las bandas más activas están integradas por marroquíes y, sobre todo, por nigerianos.

En 2003, la policía desarticuló en Málaga 15 redes organizadas y detuvo a unos 20 de sus miembros. Los beneficios son millonarios: uno de los últimos detenidos había ingresado 84.000 euros en una sola semana en un banco del Paseo de los Tilos. Juan Titos confiesa que se han intervenido cuentas con 600.000 euros. «Algunos habían recibido hasta 20 transferencias millonarias en una semana».

La nacionalidad de sus inventores sirvió, precisamente, para bautizar un timo que se ha cobrado otras tantas víctimas. Se trata de las cartas nigerianas en Internet. En este caso, la víctima recibe un correo remitido por unos funcionarios que han conseguido reunir un capital considerable y quieren sacarlo de su país como sea.

Número de cuenta

Los estafadores necesitan una cuenta corriente solvente, y ofrecen a cambio una comisión de hasta el 20 por ciento de la millonaria suma. «El estafado se 'descuelga' por 5.000 dólares y les da todos sus datos bancarios», dice Titos. La banda se cobra su saldo vía transferencia y, después, desaparece.

Las subastas también campan por la red a sus anchas. Las ofertas virtuales de «vendo (muy barato), ¿quién compra?» son un apetitoso manjar difícil de rechazar. «Colocan un artículo muy barato, y ofrecen un número de cuenta donde hay que hacer el ingreso para adquirirlo».

El comprador pasa a estafado poco después. El producto -por lo general, un móvil de última generación- no llega nunca y la cuenta se esfuma del banco. «Es un menudeo a tener en cuenta; el fraude es menor en cuanto a dinero, pero cae más gente», asegura. Las víctima puede perder hasta 1.000 euros.

Bancos falsos

La Asociación de Internautas advierte a los usuarios de otra estafa bancaria que se ha puesto de moda en los últimos meses. Al parecer, los clientes reciben un correo electrónico -con el membrete oficial del banco- que les lleva a páginas web falsas, «donde se les pide que introduzcan su nombre de usuario y su contraseña». La asociación insta a las entidades financieras a que envíen circulares a sus clientes sobre las precauciones que deben tomar.

Pero la mayoría de las quejas se quedan en el banco. Según afirma Juan Titos, sólo una décima parte acaban en denuncia. Además, muchas de las compras se hacen en portales extranjeros, por lo general, «paraísos fiscales sin legislación al respecto», apostilla el coordinador de Ausbanc, que recibió un centenar de quejas en 2003. Ángel Yagüe se pregunta: «¿Dónde se produce el delito y qué tribunal es competente?». Quién lo sabe. Internet, mientras tanto, se ha cobrado su peaje.

Las estafas

Lotería Nacional: La víctima entra en un club para apostar a la lotería española. Le regalan las primeras cuotas y, a los pocos días, gana el premio gordo. La banda le pide una transferencia de los impuestos para poder cobrar la suma.

Cartas nigerianas: Un grupo de funcionarios quiere sacar un capital de su país y se pone en contacto con alguien para que le dé sus datos bancarios a cambio de una suculenta comisión.

Páginas falsas: Envían un correo del banco y le piden, por un motivo ficticio, que introduzca sus datos.


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